viernes, 2 de septiembre de 2016

FICCIONES. Glas.






TRATAMIENTO #1



EXT. DESCAMPADO – CAÍDA DE LA TARDE

Un descampado en las afueras. Viejos montones de basura que por efecto del paso del tiempo han quedado transformados en túmulos irregulares. Nuestro personaje decapita espigas con una rama pelada, patea latas herrumbrosas, escala montículos: pasa de los cuarenta, pero aquí se siente de nuevo un niño explorador.

Durante un instante queda oculto por una de las elevaciones del terreno. Cuando vuelve a aparecer en imagen, lleva en la mano lo que parece una bolsa de viaje. [De alguna manera debe quedar claro que se trata de un hallazgo casual]. Desconfiado, mira a uno y otro lado para comprobar que nadie lo está observando, que no se trata de una broma o de una trampa. Abre la cremallera de la bolsa, mira en el interior, vuelve a cerrar la cremallera. Apretando la bolsa contra el pecho, sale de cuadro.



INT. APARTAMENTO DE X – NOCHE

Una sala de estar estrecha y algo anticuada. En el techo, una lámpara de seis brazos, que ilumina a duras penas la estancia y bajo la cual hay una vieja mesa camilla con las faldas raídas. X deposita la bolsa sobre la mesa, abre la cremallera, mira en el interior, después vuelve a cerrarla. Pasados unos instantes abre de nuevo la bolsa y de ella extrae un subfusil compacto (un Steyr TMP, pongamos por caso) y tres cargadores. La bolsa contiene además varias decenas de miles de euros en fajos bien ordenados, un sobre con una carta y la fotografía del rostro de un hombre.

X lee la carta. En ella se le insta a ejecutar al hombre de la fotografía. El dinero es el pago por adelantado por su trabajo como asesino a sueldo accidental. La carta se cierra con una advertencia: si no mata al hombre de la fotografía –llamémosle Y-, la víctima será él mismo.

Nervioso, apretando el Steyr contra el pecho como si lo acunase, X pasea arriba y abajo por el escueto escenario. Al cabo se detiene y, ocultándose tras los visillos, mira por la ventana que da a la calle.


EXT. CALLE FRENTE AL APARTAMENTO DE X – NOCHE

[Como es obvio, lo que sigue lo vemos desde la perspectiva de X]

Un hombre fuma apoyado contra el poste de una farola encendida. Va enfundado en un abrigo de espiguilla con el cuello alzado, lo que le da un aspecto un tanto sospechoso. Tras dar un par de caladas, deja caer el cigarrillo sobre la acera y lo apaga de un pisotón. Alza la vista en dirección al apartamento de X y después sale de plano por la izquierda.


EXT. DESCAMPADO – NOCHE

El mismo descampado en las afueras de la primera secuencia, ahora pobremente iluminado por la luz amarilla de una farola. El hombre del abrigo de espiguilla patea latas, arroja piedras contra cascos de botella, asciende terraplenes: el tipo maduro se transforma por un momento en el antiguo niño guerrero.

Durante un instante queda oculto por una de las elevaciones del terreno. Cuando vuelve a aparecer en imagen, lleva en la mano lo que parece una bolsa de viaje. [Tiene que quedar claro que se trata de un hallazgo fortuito]. Desconfiado, mira a uno y otro lado para comprobar que nadie lo está observando, que no hay sombras que lo acechen. Abre la cremallera de la bolsa, mira en el interior, vuelve a cerrar la cremallera. Apretando la bolsa contra el pecho, sale de cuadro.


INT. APARTAMENTO DE Y – NOCHE

Una sala de estar estrecha y algo anticuada, muy parecida a la del apartamento de X. En el techo, una bombilla desnuda que ilumina a duras penas la estancia y bajo la cual hay una vieja mesa camilla con las faldas raídas. Y deposita la bolsa sobre la mesa, abre la cremallera, mira en el interior, después vuelve a cerrarla. Pasados unos instantes abre de nuevo la bolsa y de ella extrae un subfusil compacto (un MAC-11, pongamos por caso) y tres cargadores. La bolsa contiene además varias decenas de miles de euros en fajos bien ordenados, un sobre con una carta y la fotografía del rostro de un hombre.

Y lee la carta. En ella se le insta a ejecutar al hombre de la fotografía. El dinero es el pago por adelantado por su trabajo como circunstancial asesino a sueldo. La carta se cierra con una advertencia: si no mata al hombre de la fotografía –que resulta ser X-, será él quien muerda el polvo.

Excitado, apretando el MAC-11 contra el pecho como si quisiera darle calor, Y pasea arriba y abajo por el angosto saloncito. Al cabo se detiene y, ocultándose tras los visillos, observa por la ventana que da a la calle.

[De Microfilms. Para un cinematógrafo portátil]