sábado, 21 de abril de 2018

FICCIONES. Soliloquio del asesino



"Un círculo iluminado: un islote de un blanco refulgente rodeado por un mar de densa oscuridad. En el centro del círculo hay algo. Se distinguen algunas manchas de color rojizo, tal vez azulado, pero nada más. El plano es tan lejano que por ahora el espectador es incapaz de determinar qué es lo que ocupa el centro de la escena. Poco a poco, muy lentamente y en un acusado picado, la cámara va aproximándose al círculo de luz. Una voz en off acompaña el desplazamiento de la cámara; es apenas un susurro que se repite varias veces:

VOZ EN OFF: Esta nostalgia de una brutalidad inocente, esta nostalgia de una brutalidad inocente, esta nostalgia de una brutalidad inocente, esta nostalgia…"

Puedes leer el relato completo en el nº 11 de Triadæ Magazine, pp. 32-34:


https://issuu.com/triadamagazine/docs/triad__magazine_-_n.11_-_abril_2018
*Antes en FICCIONES.

jueves, 8 de marzo de 2018

NOVEDADES. Organismos (relatos).



“En las páginas de esta antología habitan cuerpos femeninos y masculinos en movimiento, organismos posibles que son también cuerpos inverosímiles, degradados y maravillosos, enfermos y a la vez dotados de hermosura: distintas formas de la materia buscando sobrevivir más allá de la imagen cosmética mediática y de los sistemas filosóficos, gubernamentales y disciplinarios que regulan nuestra armonía y desarmonía, así como nuestra felicidad y congoja. Este es un libro sobre el dilema del otro y las fuerzas del biopoder, y sobre la lucha de los cuerpos extraordinarios en un mundo bello y feroz”.


sábado, 24 de febrero de 2018

ROLAND TOPOR: La carcajada como arte marcial





« Celui qui ne sait pas rire, ne doit pas être pris au sérieux. »
Philippe Sollers


Topor: el azar y la necesidad


Es curioso cómo el azar –qué cabrón- acaba convirtiéndose en destino. Dejen que les cuente, las cosas –creo- fueron más o menos así. En 2014, Juan Jiménez García tuvo la ocurrencia de publicar en Détour una reseña sobre un libro de relatos que yo, por mi parte, había tenido la impertinencia no solo de escribir sino también de dejar que publicasen. El libro en cuestión se titulaba Convertiré a los niños en asesinos y a Juan le parecía que apestaba a Topor por los cuatro costados, tesis elogiosa que, por supuesto, él razonaba y justificaba muy sabiamente. A lo que parece, la semejanza radicaba sobre todo en el trato que ambos dispensábamos a nuestros personajes y en el modo que teníamos de sazonar sus desabridas existencias: auténtica gastronomía caníbal, en resumidas cuentas. ¿Roland Topor? ¡Pero qué demonios!

            Tres años y tres libros después, Juan y yo deambulamos por los alrededores del mercado de Mosén Sorell, en el corazón mismo del barrio valenciano de El Carmen. Por fin caro et sanguis, después de tanto tiempo existiendo solo como fantasmas digitales. Estamos en invierno, ya ha anochecido y por las callejas del casco antiguo circula un viento que es más escocés que levantino, otro intruso en la ciudad: se diría que hasta el edificio del mercado tiene algo de castillo gótico en miniatura. El espectro de Topor también nos acompaña, como es natural. “Oye, ¿pero de verdad habías leído a Topor o eran solo cosas mías?”, me pregunta. “Pues claro que lo había leído, ¡por quién me tomas! Lo leí por primera vez siendo adolescente. Todavía conservo mi vieja edición de Acostarse con la reina (Anagrama, 1982) para demostrarlo”. Pero también es cierto que lo tenía un tanto olvidado y que, desde luego, no lo tenía presente cuando escribí Los niños asesinos. O al menos no conscientemente presente. “Tú eres el culpable de que haya vuelto a Topor –le acuso-. O de que el fantasma de Topor haya vuelto a nosotros, no sé”. Luego le recuerdo una anécdota que sin duda él ya conocía, pero calla como si no:

http://detour.es/paisajes/diego-luis-sanroman-roland-topor.htm

jueves, 28 de diciembre de 2017

Stalingrado - Roland Topor (1989)





Poco después de la guerra mi madre recibió una carta desde Moscú de su hermana, uno de los pocos miembros de la familia que había sobrevivido al exterminio nazi: “Mi hijo Choura era piloto de caza. Murió en Stalingrado. Me he enterado de que en París hay una estación de metro que se llama Stalingrado. Te pido que, si por casualidad pasas por allí, tengas un recuerdo para Choura”.

            Mi madre nos leyó la carta. Se nos hizo un nudo en la garganta. Debo decir que mi hermana y yo pasábamos cuatro veces al día precisamente por Stalingrado. Para ir y venir del instituto. Durante los días siguientes adoptábamos un gesto grave dos estaciones antes de llegar a Stalingrado. Pero cuando el tren se detenía, era más fuerte que nosotros y el ataque de risa hacía que nos dobláramos por la mitad. Y eso que hacíamos esfuerzos desesperados por mantenernos serios. Nada que hacer. La risa acababa siempre por imponerse. Una risa formidable, inextinguible, que nos dejaba rotos, con el estómago dolorido y el rubor de la vergüenza en la cara.

-         ¡Eso no está bien, de verdad! –protestaba mi hermana- ¡El pobre Choura!
-         ¡Pero si has empezado tú!
-         ¡Ah, no! ¡Has sido tú!

Vano esfuerzo. Hasta el día de hoy, cada vez que pasamos por Stalingrado, ya sea solos o juntos, no podemos evitar reírnos. Pero ya no me da vergüenza. Mi tía se ha salido con la suya: pensamos en Choura.  





Relato de Roland Topor incluido en el libro Les Combles parisiens (Botanique/Librairie Séguier, 1989) y leído por el autor en “Topor intime”, programa emitido póstumamente en France Culture el 14 de febrero de 1998. Traducción de Diego Luis Sanromán.

viernes, 15 de septiembre de 2017

TEXTO de la presentación de Ladran los hombres en Madrid - Javier Sáez de Ibarra.







Diego Luis SANROMÁN, Ladran los hombres, Pepitas de calabaza, 2017.
Doce relatos en este libro como las campanadas que anuncian el advenimiento de un mundo que no creíamos posible.

Como una distopía que no necesita un cataclismo. El fracaso no es exterior, no es natural, no es tecnológico (si es que ya no son la misma cosa), ha sido emitido desde dentro.

Nuestros corazones se han vuelto fríos. Todo es frialdad.
Lo que llamamos amor parece haberse evaporado, las rutinas lo han sustituido.
Aquí ya nadie se besa, nadie se acaricia, nadie se ayuda, nadie se abre, nadie se quiere.

Una falta de amor que se acompaña de otras censuras: la rotundidez de esta sentencia de un personaje: “Mucho he vivido entre los hombres y no he visto nada que fue libre, bueno, franco, sincero”.

La mayoría no se ha dado cuenta, todavía.
La mayoría, que son los otros, no lo sabe.

El mundo guarda celosamente sus apariencias. Construye mascaradas. Se nos dice en un cuento: “La normalidad nos ciega”.

El mundo mantiene las jerarquías a la hora de comer. Mantiene cierto orden, las banderas, los ejércitos, no todos son tan listos como Ubú, mantiene la diferencia entre el teatro y la calle. Mantiene las familias.

En ese mundo ya ladran los hombres. Y los perros llevan calzoncillos. O es cuestión de tiempo. Porque, como se nos dice, “Hace falta tiempo para que pase el tiempo”.

martes, 11 de julio de 2017

Pierre Molinier / Raymond Borde (1966)




"Oscuridad absoluta. Se enciende un proyector. Ha sido manipulado para producir el efecto de la linterna de un ladrón, con un círculo de luz cruda. Este proyector va a explorar el cuarto de Molinier, sumergido en la penumbra, con la mirada del voyeur, y nos mostrará los muebles macizos […], el maniquí pequeño […], la cruz sobre el lecho, etc. Y finalmente: sobre la cama, las piernas de una mujer enfundadas en medias negras entrelazadas a las piernas del maniquí grande; un cuadro de Molinier, también descubierto por la linterna del ladrón […].

Planos de conjunto sucesivos de tres o cuatro cuadros del mismo tipo. Estos cuadros ocuparán toda la pantalla, sin que se vea el marco, y pasaremos de uno a otro mediante fundidos encadenados con el fin, si es posible, de enmarañar de nuevo las formas femeninas. En el último cuadro, rápido fundido a negro.

Sobre un pedestal cualquiera, una estatua de tipo porno, en escayola sulpiciana o en porcelana, representa a la mujer aborrecible: una madre con sus hijos o una Virgen con el niño. […] Molinier destroza la estatua a balazos disparados desde cerca.

Sobre la cama, Molinier ha dispuesto el “gran ceremonial”. Se trata del maniquí nº 2 (tamaño natural) formado por:
-         unas piernas enfundadas en medias negras,
-         seda negra arrugada en lugar del busto,
-         el rostro, con su crespón de viuda,
-         flores artificiales.

sábado, 27 de mayo de 2017

FICCIONES. Micropornmutaciones #1



 
Dijiste que me dejarías seco.
Que me lo comerías todo.
Que me sorberías hasta los tuétanos.
Y se ve que tú no eres de las que echan la lengua al aire.
Así que aquí estoy ahora.
Media cáscara de nuez balanceándose tristemente sobre su panza arrugada.


sábado, 18 de marzo de 2017

ENTREVISTA sobre la Filosofía para Entre Estudiantes.





Con la LOMCE, la Filosofía ha sido una de las titulaciones más perseguidas, ¿qué futuro crees que depara a estos estudios?
García Calvo decía que el Futuro es de Ellos, del Dinero: es la Muerte. Y en cierto modo, como la Muerte, ya está escrito. Pero por ceñirme a lo que me preguntas, el porvenir de la filosofía en los actuales planes de estudio, y no solo el suyo, se encuentra en una situación de indefinición e incertidumbre. Nadie tiene muy claro lo que ocurrirá tras la paralización de la LOMCE, aunque si tomamos como criterio la deriva que ha sufrido la materia en los últimos tiempos, cabe esperar que no salga muy bien parada. No obstante, más fácil que hacer pronósticos, es señalar lo que ya está ocurriendo. La Filosofía ha quedado muy demediada en el Bachillerato y prácticamente ha desaparecido de la ESO. Tras la implantación de la asignatura de Valores Éticos en esta etapa, los departamentos de Filosofía se han convertido en departamentos subsidiarios del de Religión. De esta suerte, la filosofía queda convertida una vez más en “sierva de la teología”. 

¿En qué medida pueden los filósofos ayudar a mejorar la sociedad?
Difícil decirlo. “Mejorar la sociedad” es una expresión que me produce casi tanto recelo como la palabra “futuro”. En cualquier caso, yo diría que el ejercicio de la filosofía –y no necesariamente los filósofos- puede y debe contribuir a volvernos más lúcidos, menos manipulables. Hasta qué punto algo así puede redundar en beneficio de una “sociedad bien ordenada”, depende en buena medida de qué concepto se tenga de “buen orden”. Acuérdate de la hormiguita aquella de la película Antz: un excesivo cuestionamiento de su condición de obrera acababa por poner patas arriba todo el hormiguero.  

jueves, 16 de marzo de 2017

Torrente, fulgor, grito. Algunas notas sobre Historia del ojo de Georges Bataille.




C’est trop dur à penser un corps
sans commencement ni fin,
 c’est insupportable à penser
Roland Barthes

La littérature est même, comme la transgression
de la loi morale, un danger. Etant inorganique,
elle est irresponsable. Rien ne repose sur elle.
Elle peut tout dire
Georges Bataille





Preguntarse con el viejo Platón de la Gran Crisis: ¿existe la Idea del vello púbico, del lodo, de la inmundicia o de lo excrementicio? ¿Hay algún saber que pueda enredar entre sus mallas conceptuales la mierda y el vómito? ¿Pueden siquiera nombrarse los movimientos corporales que asociamos con lo sórdido, con los humores del bajo vientre? Si la respuesta es sí, ¿de qué tipo de jerga pringosa habríamos de servirnos? ¿Qué saber puede ser este? ¿Y qué sentido tiene?

Lo que se descompone, lo que me descompone, lo que trago y excreto, que es mío y luego ya no. A lo que llamo YO pero luego ya no. Lo que me pone en cuestión, lo que me saca de quicio y pone mis fluidos en comunicación con el fluir perpetuo del ser, lo que me disuelve en la corriente continua de una intimidad sin límites. La intensidad de la vida en una tensión insoportable, el deseo de la aniquilación que engendra la aniquilación del deseo. Lo que ansío hasta romperme y que por eso me angustia. 

Bataille lo sabía bien: se trata de buscar en los límites del lenguaje un lenguaje de los límites que irremediablemente terminará por abocarnos a un silencio extático. A la postre, una experiencia inefable y de lo inefable. Así también, Historia del ojo.



http://detour.es/paisajes/diego-luis-sanroman-georges-bataille-historia-del-ojo.htm