domingo, 7 de febrero de 2016

Una insólita reunión



insólito, ta
Del lat. insolĭtus.
1. adj. Raro, extraño, desacostumbrado.

Desde que hace ya casi un año se nos ocurriera reunirnos cada mes en una librería para celebrar los jueves librerantes han sido unas cuantas las ocasiones —una cada mes, para que no se olviden de nosotros, descansando agosto, diciembre y enero— en las que, con esta excusa, la de reunirnos porque sí, nos hemos juntando en torno a nuestros libros autores, editores y libreros. Cada uno de los jueves —que no suelen, por cierto, caer en jueves—, un tema.   El último, este miércoles pasado, fue en torno a lo insólitoEnrique García Ballesteros, Julio Ángel Olivares, Diego Luis Sanromán y Ramón Mayrata se aproximaron a través del cine, la literatura y la fantasmagoría a este escurridizo y, por momentos, inquietante tema.

Como no tenemos fotos (la becaria, apuntito ya de ser fulminantemente despedida, ha vuelto a fallar con la cámara), en esta ocasión se lo vamos a contar con el audio del encuentro (la grabadora sí tenía batería).

Así, esto fue, más o menos, lo que pasó; por partes:







viernes, 15 de enero de 2016

¡ENCERRADLOS a todos! Pierre Clémenti en las cárceles italianas.


 

I


            D’où vient la prison? Je répondrai : « D’un peu partout ».
Michel Foucault



           

El veinticuatro de julio de 1971 Roma amanece bajo un calor asfixiante. En pleno corazón del verano, Italia bulle todavía sobre los rescoldos del autunno caldo. Aún no se han enfriado los diecisiete cadáveres de Piazza Fontana, Valpreda está en el trullo y a Pinelli la pasma le ha enseñado en qué consiste practicar el vuelo sin motor. Una vez más el Estado italiano le ha declarado la guerra abierta a su sociedad civil, y de momento parece ir ganando. Gladio hace de las suyas y se encarga de aplastar a esas fuerzas subversivas que la burocracia sindical y estalinista no consigue encauzar de manera eficaz. La mafia, la extrema derecha y las fuerzas del orden oscilante, bajo la protección de la CIA, llegan a donde no alcanzan los esfuerzos recuperadores de las viejas organizaciones de la clase obrera. Las cárceles de toda la península empiezan a llenarse de rebeldes, pero la ola represiva barre también con todo aquello que pueda identificarse de lejos o de cerca con estas nuevas clases peligrosas. Puede que los hippies, los fumetas, los capelloni no constituyan más que la periferia lúdica del movimiento, pero su rechazo del trabajo y de las instituciones tradicionales del viejo orden burgués los convierte cuando menos en enemigos potenciales del Estado asediado. Carne de talego, pues.

            Así que situémonos. Veinticuatro de julio de 1971, primera hora de la mañana, Roma, número cuarenta y cuatro de la via di Banchi Nuovi, el comienzo de lo que en otra época se conocía como “via papalis”, un punto más o menos equidistante entre el lugar en el que el puente del Príncipe Amadeo cruza el Tíber y la famosa Piazza Navona. El centro del centro de un país que está viviendo los efectos de una contraofensiva contrarrevolucionaria. Un coche se detiene ante el portal de este viejo edificio renacentista ubicado entre los palacios Taverna y Farnèse: la guardia di finanza, los estupas italianos, han recibido información de que en uno de los apartamentos del inmueble se consumen sustancias estupefacientes ilegales de forma regular. El piso en cuestión está a nombre de una tal Anna Maria Lauricella, una joven a la que en las calles del Trastévere se conoce como la Medusa, tal vez por esas guedejas de color escarlata que la mujer acostumbra recoger en un moño vertical en lo alto de la cabeza. El teniente Betti hace sonar el timbre y un chavalín de unos cinco o seis años abre la puerta. El crío se llama Balthazar, como el burrito de la película de Bresson, Balthazar Clémenti.     
 

http://detour.es/tiempo/diego-luis-sanroman-pierre-clementi.htm



[Este prólogo corresponde al libro de próxima aparición de Pierre Clémenti, que publicará Pepitas de Calabaza].

jueves, 17 de diciembre de 2015

El sobrecogimiento literario. Entrevista en el programa Sobretextos

Audio de la entrevista sobre Kwass para el programa Sobretextos, de UniRadio Jaén, con Julio Ángel Olivares. 

http://uniradio.ujaen.es/audio/download/5766/SOBRETEXTOS%20DIEGO.mp3

CLIC sobre la imagen para escuchar la entrevista

lunes, 2 de noviembre de 2015

ENTREVISTA con Ana Gorría para Tamtam Press.




—Tu primer libro de relatos, “Convertiré a los niños en asesinos”, se enfoca hacia el problema del mal en lo cotidiano, ya desde su título haciendo referencia a un asesino en serie  David Richard Berkowitz. ¿Qué buscas encontrar en esta búsqueda narrativa?

—Me interesa sobre todo lo que me asusta, me asquea o me repele. La escritura nos permite acercarnos a la violencia o la muerte –o el mal, como tú señalas– y al mismo tiempo mantenernos a salvo parapetados tras el teclado. Los niños asesinos se abría con un par de citas: una era de Robert Louis Stevenson; la otra, de un tal Óskar Ovseyenko, afirmaba que la literatura es ventriloquia. Tal como yo la interpreto, la frase tiene un doble sentido. Por un lado, hay que tomar lo de “ventriloquia” en sentido estricto, literal; es decir, que se trataría de hablar con el vientre, con las tripas. Pero por otro lado, hace referencia a ese emborronamiento de las identidades que se produce con el hecho narrativo mismo. No sé si me explico: la escritura sería como un teatrillo en el que no queda claro quién maneja los hilos, quién habla por boca de quién. ¿Es el autor el que habla a través de los personajes? ¿O es a la inversa? ¿O ninguna de las dos cosas?

NOVEDADES. Gira de Presentaciones de Extraño Oeste.


sábado, 10 de octubre de 2015

NOVEDADES. Allen y Bill y el solitario de Bas-Meudon



 


“Céline made the Beat Movement possible"
(Jay McInerney)


            Ça a débuté comme ça. La cosa empezó más o menos así, y muy pronto, antes incluso de que se hubiera publicado el Viaje al fin de la noche y antes en consecuencia de que Céline se hubiera transformado en Céline. En 1932 Henry Miller se encuentra viviendo en París y peleándose con el manuscrito de su Trópico de Cáncer, que ya ha sido rechazado por varios editores. En cierto momento, Frank Dobo, un agente vinculado a la editorial Denoël, le hace llegar las galeradas de una obra que está a punto de darse a la imprenta; lleva por título Voyage au bout de la nuit y arranca con una cuarteta de la canción de la Guardia Suiza. Según el fotógrafo húngaro Brassaï, la lectura causó tal impresión en Miller que este decidió reescribir de cabo a rabo su propia novela. A partir de entonces Miller se convertiría en un abanderado de la causa de Céline, un autor al que siempre consideró un “gran hombre” y un “hermano”. Así que si la penetración del virus celiniano en las letras angloamericanas tiene algún responsable privilegiado, ese es sin duda Henry Miller. 


            Es muy probable que William S. Burroughs entrará en contacto con la obra de Céline gracias a la mediación de Miller, y a partir de ahí la enfermedad se extendería entre las principales figuras de la Beat Generation. Nos consta que él fue el primero en leer el Viaje al fin de la noche y que en una fecha tan temprana como 1944 ya había hecho llegar una copia del libro a su amigo Allen Ginsberg. Un año más tarde caía en manos de Jack Kerouac, para quien supondrá una auténtica epifanía.  [...]

lunes, 27 de julio de 2015

OBSCENIDADES TURÍSTICAS. Aquitaine, quinze ans après

OBSCENIDAD. De 'obsceno'. Probablemente, de ob + scenus: Lo que no aparece o no debe aparecer en la escena, por sucio (caenum) e irrepresentable. La paradoja está en que, para adquirir condición de tal, lo obsceno ha de exhibirse.

TURÍSTICO/A. De 'turista', 'turismo', y éste a su vez de tornus (vuelta, giro). El turista es la degradación post-lo-que-sea del viajero. Propiamente, no viaja; se desplaza: da vueltas para quedarse siempre en el mismo sitio. El turismo es así la negación del viaje: se prepara el desplazamiento y después se muestra su registro gráfico (en diversos soportes) a otros turistas ocasionales, pero entre ambos momentos no hay nada.

*
 






domingo, 28 de junio de 2015

RESIDUA. Lacan y el Origen del Mundo.






"Sin duda fue porque el sexo de la mujer resultaba a sus ojos imposible de representar, de decir y de nombrar por lo que Lacan, siguiendo el consejo de Bataille, adquirió en 1954 el famoso cuadro de Gustave Courbet L’Origine du monde, realizado en 1866 para Khalil-Bey, un diplomático otomano que residía en París.

En él se descubría, en toda su desnudez, el sexo abierto de una mujer después de las convulsiones del amor; es decir, eso que no se muestra y eso de lo que no se habla, si dejamos al margen los discursos y los lugares reservados a la pornografía. El lienzo había provocado el escándalo y causado la estupefacción tanto de los hermanos Goncourt, que lo consideraban bello “como la carne de un Correggio”, como de Maxime Du Camp, que veía en él una “basura” digna de ilustrar las obras del marqués de Sade. Tras la muerte del diplomático, el cuadro se perdió de vista, pasando de una colección privada a otra. Durante la Segunda Guerra Mundial se encontraba en Budapest, donde los nazis lo confiscaron, y a continuación pasó a manos de los vencedores soviéticos para finalmente ser revendido a unos coleccionistas. Durante estos peregrinajes, había sido recubierto por una tabla de madera sobre la que se había pintado un paisaje destinado a ocultar el erotismo -considerado demasiado espantoso- de aquel sexo en estado bruto.

jueves, 29 de enero de 2015

VOCES. El ojo exterminador del filósofo: seis salpicaduras sadianas.








El dos de diciembre se cumplió el segundo centenario de la muerte del marqués de Sade. Tal vez nos queden muy lejos los arrobos místicos que su obra despertaba en los surrealistas o en los estructuralistas, pero Sade aún da que pensar. A pesar de todo, su presencia todavía se percibe en los textos de algunos autores contemporáneos como Pierre Guyotat o Dennis Cooper. Incluso el museo de Orsay le ha dedicado una gran exposición: Sade. Atacar el sol.


“No es contrario a la razón preferir
la destrucción del mundo entero
a tener un rasguño en el dedo”
David Hume, Tratado de la naturaleza humana



 
1. Donatien Alphonse François de Sade murió un dos de diciembre. Un solo dígito lo aleja, pues, de la fecha que la Iglesia Católica reserva desde el siglo XI al recuerdo de los fieles difuntos. Se trata de conmemorar a Sade. Con-memorar: es decir, ligar al ritual gregario de la efeméride la historia íntima de mi primer encuentro con el marqués. Un propósito que enseguida se revela irrealizable. De entrada porque la figura anfibia y monstruosa de Sade rehuye cualquier celebración oficial, para-oficial o anti-oficial. Sade puso todo su empeño en destruir el vínculo social a través de la escritura, de ahí que sea impensable que una comunidad cualquiera pueda verse reflejada en su imagen. Las comunidades humanas no pueden levantar monumentos a semejantes seres. De hecho, si quieren evitar una corrosión fatal, no tienen más remedio que eliminarlos o expulsarlos para siempre de su seno. Y esto incluye también a aquellas comunidades en las que podríamos reconocer al partido de la subversión y que tienen como principal objetivo desbaratar el orden de cosas existente. Parafraseando al Nietzsche del Anticristo cabría afirmar: “En el fondo no ha habido más que un sadiano, y ese murió en Charenton”.

http://detour.es/cosas/diego-luis-sanroman-sade.htm