miércoles, 14 de febrero de 2007

PEQUEÑA FILMOTECA PORTÁTIL. Truffaut / Godard (1958)











En 1958 buena parte de la región de Ile-de-France está anegada. Un joven aspirante a cineasta de 26 años, colaborador además de la revista Cahiers du Cinéma, del que se conocen ya dos o tres cortometrajes y que había trabajado como ayudante de dirección con Roberto Rossellini, rueda un documental sobre la pequeña catástrofe meteorológica. Muchas de las tomas las juzga inutilizables. Otro miembro del equipo de Cahiers, sólo dos años mayor que él, considera que aún puede darse un buen empleo a esos residua de celuloide y se propone hacer una suerte de remix cinematográfico con los materiales desechados por el primero. El uno se llamaba François Truffaut; el otro, Jean-Luc Godard. El resultado: una peliculita de poco más de once minutos a la que se dio el título de Une histoire d’eau.

Ni uno ni otro habían producido aún sus dos primeras obras de largometraje, pero casi. Apenas un año después Godard rueda su À bout de souffle, que por cierto partía de una idea original de Truffaut, y este último se estrena con la extraordinaria Los cuatrocientos golpes, que inauguraba la saga del enternecedor e inolvidable Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud). Une histoire d’eau tiene seguramente más de Godard que de Truffaut; sobre todo, del primer Godard. El corto está a medio camino entre la broma cinematográfica y el ejercicio metalingüístico (el mismo título es un juego de palabras que hace referencia a la conocida novela erótica de Pauline Réage), algo que podría considerarse una constante en la obra del viejo Jean-Luc, pero carece de la carga ideológica explícita de sus trabajos de los años sesenta y siguientes. El tono es naïf y juguetón, cercano al de Charlotte et Véronique, otro cortometraje de la época rodado prácticamente por el mismo equipo y también interpretado por Jean-Claude Brialy, coetáneo de los dos cineastas, que sería un actor habitual en el cine de la Nueva Ola y que haría una breve aparición en el primer largo de Truffaut. El ritmo está marcado por el intercalado de las tomas documentales (sonoramente subrayadas por una percusión selvática) entre los planos de una pequeña ficción galante. Hay ecos del cine mudo, y en la voz en off se entreveran los chistes con esas referencias librescas (Poe, Aragon, Baudelaire, Petrarca, Chandler, etc.) tan del gusto de Godard.



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