miércoles, 23 de noviembre de 2011

ESPECIAL 5º ANIVERSARIO. De-blogging: Blogs, literatura y comunicación distorsionada - Pável Chíchikov




Desde mi patética condición de blogger divulgador y vulgarizador de todo cuanto estudio (lo cual no es poco), observo con un poco de tristeza la cantidad de blogs que, de una manera o de otra, se han adaptado a la lógica del periodismo convencional, ya sea por la forma que adoptan (artículos largos), ya sea por la tendencia a especializarse en una materia y a intentar influir a favor de una causa concreta. 


Desprovistos de los límites comerciales y estilísticos de la prensa escrita, los blogs ofrecen una libertad hasta hace poco inimaginable para el escritor. Para empezar, el blog permite establecer una relación directa entre escritor y lector, de tal modo que éste tiene la posibilidad de refutar los argumentos esgrimidos por el autor e, incluso, puede permitirse el lujo de burlarse de él y animarle a que abandone para siempre sus ingenuas fantasías literarias (de hecho, eso es lo que ocurre la mayoría de las veces). Esta relación directa entre autor y lector establece una novedad no del todo valorada por muchos bloggers. Para mi gusto, el post debería buscar una vía intermedia entre la buena literatura y la comunicación oral, de suerte que cada entrada, lejos de limitarse a transmitir información, se convirtiera en un mero pretexto para estimular un debate acerca del tema propuesto en el título del artículo (y digo título porque los posts, como regla general, no se leen).


En todo caso, los blogs han provocado la aparición de una figura híbrida entre la literatura y el debate oral, o, dicho de otro modo, han dado lugar a una especie de “escritura coloquial”. De pronto la palabra escrita cobra vida, se vuelve ágil, se deja oír. Es una comunicación en la que no hay voz, ni contacto físico, ni tan siquiera presencia, pero que sí está condicionada por el medio visual: utilizamos una tipografía, un tamaño de letra, un avatar, un apodo e incluso muchas personas –mujeres, sobre todo- utilizan emoticones y caritas. En definitiva, se trata de una fórmula de comunicación con unas características propias, híbridas, no del todo definidas, pero que hay que tener en cuenta si no queremos convertirnos en unos nostálgicos a quienes la tecnología barrió de la faz de la escritura.


Frente al rígido formato de la prensa escrita, los bloggers también podemos elegir –con límites, eso sí- el formato de nuestros escritos; podemos publicar lo que más nos apetezca y con la frecuencia que nos convenga, improvisando, experimentando, insultando, cambiando constantemente de registro, añadiendo vídeos o fotografías, e incluso tenemos la posibilidad de formar juegos de palabras o de retorcer la gramática sin miedo a la posible intervención –siempre castradora- del corrector de pruebas. Y así transcurre el juego: escribimos, publicamos, nos releemos, descubrimos nuestros límites y sufrimos nuevos altibajos emocionales, a veces a medio camino entre la frustración y la resignación, pero sin desistir jamás, siempre en busca de nuevos lectores, de esos seres reales pero a los que interesadamente preferimos ver como "virtuales", ya que así podremos deshacernos de ellos cuando nos convenga, con una frialdad robótica y exenta de trasnochados sentimientos de culpa. 


Curiosamente, son pocos los blogs que aprovechan estas posibilidades. Muchos escritores anónimos y solitarios, escondidos tras sus pretenciosos apodos, utilizan este medio para mostrar al mundo su tedio infinito, su soledad mal digerida y su triste condición de individuos desgraciados. Según Houellebecq, cada individuo debería ser capaz de producir por sí mismo una “revolución fría”, simplemente alejándose de la palabra y del flujo informativo-publicitario. No es algo muy complicado; bastaría con apagar la televisión, abandonar la mesa del ordenador, desenchufar los electrodomésticos y renunciar a la tentación de convencer, de influir, de ganarse el aplauso, de provocar, de tener razón. Es tan fácil como quedar inmóvil durante unos segundos. Pero nadie lo hace. Porque nadie es capaz de digerir su soledad. Porque nadie puede soportarse a sí mismo en silencio. Porque nadie puede renunciar a la participación epidérmica, superficial, en el mundo.

22/11/2007


* SI QUIERES SABER DE QUÉ VA ESTO, ECHA UN VISTAZO A ESTA ENTRADA.

1 comentario:

Jacques Oldenburg dijo...

Estoy contigo. No hay nada mejor que la autenticidad, es decir, no escribir lo que se debe sino lo que se necesita, y lo que diferencia nuestros textos del resto.

Gran descubrimiento, espero sigamos en contacto a través de nuestros blogs.

Un besito popfiláctico