martes, 11 de julio de 2017

Pierre Molinier / Raymond Borde (1966)




"Oscuridad absoluta. Se enciende un proyector. Ha sido manipulado para producir el efecto de la linterna de un ladrón, con un círculo de luz cruda. Este proyector va a explorar el cuarto de Molinier, sumergido en la penumbra, con la mirada del voyeur, y nos mostrará los muebles macizos […], el maniquí pequeño […], la cruz sobre el lecho, etc. Y finalmente: sobre la cama, las piernas de una mujer enfundadas en medias negras entrelazadas a las piernas del maniquí grande; un cuadro de Molinier, también descubierto por la linterna del ladrón […].

Planos de conjunto sucesivos de tres o cuatro cuadros del mismo tipo. Estos cuadros ocuparán toda la pantalla, sin que se vea el marco, y pasaremos de uno a otro mediante fundidos encadenados con el fin, si es posible, de enmarañar de nuevo las formas femeninas. En el último cuadro, rápido fundido a negro.

Sobre un pedestal cualquiera, una estatua de tipo porno, en escayola sulpiciana o en porcelana, representa a la mujer aborrecible: una madre con sus hijos o una Virgen con el niño. […] Molinier destroza la estatua a balazos disparados desde cerca.

Sobre la cama, Molinier ha dispuesto el “gran ceremonial”. Se trata del maniquí nº 2 (tamaño natural) formado por:
-         unas piernas enfundadas en medias negras,
-         seda negra arrugada en lugar del busto,
-         el rostro, con su crespón de viuda,
-         flores artificiales.


Una mano de mujer en un guante de encaje negro, y un brazalete en la muñeca con una cadena de oro que sube hasta el hombro [a partir de ahora la llamaremos “la mano negra”] arregla uno de esos detalles: las piernas, por ejemplo.

En el cuarto de Molinier, entre la puerta y el armario. La mano negra, tomada en primer plano, abre el panel desmontable con el gancho fabricado por Molinier; luego hace girar la llave oculta en la cerradura, que se abre; finalmente, se desliza dentro del escondrijo y saca de él un extraño objeto. Es un consolador, envuelto en un velo negro, adornado con flores rojas y arreglado a su gusto por el propio Molinier.

Montaje extremadamente suave, basado en la sugerencia de formas y asociando:
-         dibujos,
-        cuadros y detalles de cuadros (con la exploración de dichos cuadros por la cámara mediante movimientos ondulantes y suaves),
-      objetos, maniquíes, modelos vivientes, fotografiados con el mismo movimiento ondulante, acuático, y con filtros en los proyectores para obtener las tonalidades de la pintura de Molinier.

Es aquí donde se integrarán los cuadros que filmaremos ulteriormente en París y en Toulouse.
 
Habitación. Entra luz por la ventana. Molinier trabaja ante su caballete. Tiene en marcha Le réveil de l’ange.

Una sombra: Molinier, en mallas negras de brujo macho y hembra, de Musidora andrógina, pasa entre la cámara y el lecho.

Molinier-brujo corre sobre el tejado que hay frente a la ventana, […] destacando sobre el crepúsculo, que sigue la línea de los gabletes y las chimeneas.

Atravesaremos el gran trastero por esa especie de sendero que se abre entre el desorden. Bajaremos la escalera, ruinosa y suntuosa a la vez, con su oxidada puerta de hierro forjado y estilo imponente. Desembocaremos en la calle des Faussets. Saldremos del “mundo de Molinier” para encontrar un decorado tranquilizador, cotidiano, asexuado. Pero es preciso que de inmediato una imagen impactante, algo erótico e insólito, estalle en la calle. Es necesario que al salir de la casa de Molinier, de ese universo cerrado y secreto, nos encontremos con las obsesivas sugerencias de su pintura. Habrá pues un falso final, como en un documental clásico: dejamos atrás la casa del pintor. Luego un verdadero final: una imagen de prolongación erótica: dos lesbianas se besan".  


* Extractos del guión manuscrito de Raymond Borde para el documental Molinier (1966).

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