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lunes, 20 de abril de 2026

¿Qué es el anarquismo? Una entrevista con Miguel Amorós

 


Miguel Amorós (Alcoy, 1949) es autor de una extensa obra como teórico e historiador del anarquismo. En la década de los setenta formó parte de distintos grupos ácratas de existencia efímera como Los Incontrolados o los Trabajadores por la autonomía proletaria y la revolución social y, entre 1984 y 1992, de la redacción de La Encyclopédie des Nuisances, impulsada entre otros por su amigo Jaime Semprun, una publicación que continuaba de forma crítica la línea abierta por la Internacional Situacionista y en la que llegaría a participar el propio Guy Debord. Hace unos meses, la editorial vallecana La Rosa Negra publicaba su último libro, un breve volumen titulado sencillamente ¿Qué es el anarquismo? De él, aunque no exclusivamente, hablamos en la siguiente entrevista.

 

DLS- ¿Qué es el anarquismo? Anarquismo individualista, colectivista, comunista, anarcosindicalismo, posanarquismo e incluso anarquismo de derechas, anarco-capitalismo o nacional-anarquismo… ¿No es un empeño imposible definir lo que parece, por definición, indefinible: un conjunto de tendencias dispares y, en algunos casos, abiertamente contradictorias, que parecen no tener en común entre sí más que aquello que niegan?


MA- Actualmente, en plena crisis del estado de cosas característico de la globalización capitalista e inmersos en un proceso de distorsión ideológica, todavía podemos considerar anarquismo el conjunto de enseñanzas y tareas que persiguen la implantación de la anarquía, un sistema sociopolítico que prescinde del Estado y de toda clase de autoridad. Sin embargo, con la palabra anarquismo ocurre como con todos los “ismos”: que su significado real depende de quién la pronuncie. Esta particular polisemia sirve al orden establecido, cuyas consignas y mensajes se divulgan mediante una provechosa colonización del lenguaje. El empleo unilateral de las palabras por parte de los dirigentes, o sea, su recuperación por el poder, tiene por objetivo la incomunicación, la base fundamental del dominio. Corresponde a los enemigos del statu quo clasista usarlas en su contra, dotarlas de nuevo contenido subversivo, reinventarlas, redefinirlas. Trabajo a la vez positivo y negativo, es decir, dialéctico. El situacionista Khayati dijo en la revista “I.S.” que “una definición es algo siempre abierto, jamás definitivo; las nuestras son válidas históricamente, durante un periodo dado ligado a una praxis histórica.” Cualquier determinación contemporánea del anarquismo ha de contar con eso.


DLS- “El anarquismo ya no es gran cosa” –dices-. “El panorama no es halagüeño”. ¿Crees, no obstante, que hay algún lugar en el que aún pueda reconocerse siquiera un chispazo de ese impulso emancipador que encendió las revueltas del pasado?


MA- Digamos que hoy en día, en la mayoría de países, el anarquismo es un movimiento social insignificante, sin influencia sensible entre los asalariados, incapaz de alterar mínimamente el sistema y de incidir en la mentalidad de quienes lo padecen. No obstante, en algunos “pueblos sin historia”, es decir, en sociedades que se han mantenido más o menos al margen del capitalismo, han persistido lazos comunitarios y modos auto-organizativos lo suficientemente sólidos como para resistir al Estado y administrarse por su cuenta. Tal podía ser el caso de pueblos campesinos indígenas de países como Chile, Ecuador, Bolivia o México, o el de los habitantes de las tierras altas del sudeste asiático como los karen, hmong y lahu. Estamos ante sociedades que se revuelven contra el desolador presente con rasgos inequívocamente anarquistas, a las que añadiríamos la más moderna sociedad kurda municipalista. En el mundo occidental apenas saltan chispazos libertarios en las luchas anti-desarrollistas, en la defensa del territorio y en movilizaciones espontáneas como la de los chalecos amarillos, pero sin conexión espiritual con las revueltas ejemplares del pasado. 


DLS- En el libro señalas que el único modo de superar la confusión de los anarquismos posmodernos, o de las lecturas del anarquismo como una tendencia transhistórica y connatural al ser humano, es la reactivación de la conciencia histórica. Es ella, por ejemplo, la que nos permite discernir el papel decisivo que el movimiento obrero desempeñó en la génesis de las ideas anarquistas. Destacas, creo, dos hitos: la fundación de la AIT y la función de Bakunin como teórico del anarquismo revolucionario, por un lado, y la Revolución Española de 1936, por otro. En ambos casos, se diría que la derrota trajo consigo el declive y la fragmentación del movimiento, así como la sustitución de la teoría revolucionaria por una ideología casi completamente separada de la práctica. ¿No sé si nos podrías contar algo más al respecto?


MA- Destacaría unos cuantos hitos más ricos en enseñanzas: el movimiento magonista mexicano, la insurrección makhnovista en Ucrania y la revolución asturiana de 1934. En verdad las derrotas comportan retrocesos que resultan desastrosos para la conciencia, puesto que al perderse la capacidad de respuesta a la dominación, desaparece el pensamiento crítico y su lugar queda ocupado por la ideología, el producto doctrinal propio de la conciencia alienada, la cristalización de una visión falsa y maniquea de la realidad. La verdad de este mundo queda sumergida en una nebulosa de ideas abstractas con las que los vencidos tratan de justificar su papel post festum y sus renuncias. En un contexto de decadencia del movimiento obrero, desmemoria, evaporación de las perspectivas revolucionarias y aburguesamiento, la ideología desciende un peldaño más en la degradación y tiende a seguir las indicaciones de las modas juveniles. Así contemplamos en el campo autodenominado anarquista el desfile sucesivo de fórmulas milagreras mesocráticas como la renta básica, el decrecimiento, el especifismo, lo woke, el procès o la payasada nacionalista de “revoltes de la terra”.   


DLS- En el segundo texto incluido en el libro, realizas un análisis de la situación actual, marcada por la parálisis –o la desaparición sin más- del movimiento obrero, la desintegración de las grandes ideas de la modernidad y el ascenso de las clases medias asalariadas. Comienzas afirmando: “la palabra «revolución» ha desaparecido del vocabulario de los oprimidos y explotados”, y más adelante señalas: “[sin democracia directa] no hay revolución”. ¿Podrías desarrollar un poco más esta última idea?


MA- Los cambios sociales desde abajo son muy difíciles, pues unas masas atomizadas, endeudadas y enclaustradas en el consumo no se sienten inclinadas a favorecerlos. Solamente en los momentos en los que pende sobre ellas la precariedad, la amenaza de exclusión, el embargo o el desahucio, en los momentos en que no tienen nada que perder, se ven obligadas a moverse y cuestionar su proletarización. La creciente capacidad represora del sistema dejará entonces de verse como un obstáculo insalvable. Cuanto más prolongado sea el conflicto, más probable será que abandonen el espíritu de clase media y adopten una visión más realista de la superación de sus condiciones de vida, es decir, antiestatal y anticapitalista. La democracia directa es el sistema que mejor responde al funcionamiento autónomo de la población rebelde y el que mejor puede desarrollar sus potencialidades revolucionarias. Las estructuras asamblearias cumplen con la dinámica de auto-organización de los movimientos de masas. El peligro reside en la pérdida de autonomía por la acción de los partidos políticos que persiguen una deriva institucional burocrática, ante lo cual no caben otras medidas que la expulsión de los representantes que actúen por su cuenta o la auto-disolución. 




DLS- El tercer texto incluido en el libro está dedicado al análisis de las causas probables del auge de la extrema derecha, “el fenómeno más llamativo de nuestra época reciente”, como afirmas al comienzo. Leyéndote me acordaba de algo que decía el Comité Invisible en las primeras líneas de su panfleto Ahora: “Todas las razones para hacer la revolución están ahí. Pero no son las razones las que hacen las revoluciones; son los cuerpos. Y los cuerpos están delante de las pantallas”. Tú también apuntas a las redes sociales como el “factor definitivo” en el auge de la extrema derecha. “Las redes –te cito- han desempeñado el mismo papel que jugó antaño la radio en el advenimiento del partido nazi”. Durante algún tiempo, y hasta hace no mucho, algunos albergaron la ilusión de que la WWW podía hacer realidad la democracia directa en las sociedades complejas y densamente pobladas. ¿Qué queda de esto, si algo queda? Cuestiones de orden ecológico al margen, ¿te parece que Internet es necesariamente una herramienta de control?


MA- Cualquier coincidencia mía con el Comité Invisible, forma vanguardista posmoderna del radicalismo infantil, es obra del azar. Aquí tenemos un producto ideológico de escuela primaria hecho con materiales diversos, desde el situacionismo al foucaultismo, hábilmente presentado. Hace ya un tiempo, Jacques Ellul respondía al tópico de “la máquina es neutra, el uso que le demos depende de nosotros”, con el argumento de que no se trataba de un objeto aislado sino de un completo sistema mecánico que no habíamos elegido y no podíamos dominar; bien al contrario, nuestra conducta y nuestra vida quedaba determinada por él. Teníamos libertad para aceptarlo, pero no para rechazarlo. Cuando apareció Internet, lo primero que me preocupó no fue la supresión de puestos de trabajo típica del avance capitalista, sino la virtualización de las relaciones sociales. El desplazamiento de la comunicación y el debate a un espacio imaginario, o sea, fuera del mundo real, banalizante y fácilmente controlable, donde cualquiera podía ejercer de extremista sin moverse de la silla. No faltaron informáticos progresistas que ponderaran las posibilidades ecológicas, democráticas y liberadoras de tal encarnación de la megamáquina de la que hablaba Mumford. A medida que avanzaba, la informatización del mundo terminó revelándose como una fuente inagotable de problemas. Con el advenimiento de las redes sociales, el debate se convertía en pelea de gallos, donde todo estaba permitido y las únicas reglas eran las fijadas por los algoritmos de las plataformas. La viralidad primaba sobre la verdad y la realidad terminaba por esfumarse en medio de una avalancha industrial de fake news, deyecciones y presentismo. El salto cualitativo en la incomunicación y desinformación de las redes dejaba atrás el carácter frívolo y baladí del comienzo y conformaba una temible arma para la dominación, la primera de alcance global. Las redes, refugio de una juventud super-alienada, fomentaban el caos, el medio idóneo de los depredadores político-mediáticos. Y precisamente, junto con el miedo, el caos es hoy, en la fase última del capitalismo, el elemento imprescindible del nuevo estilo de gobierno.  


DLS- Nos conocimos personalmente en el contexto de las movilizaciones del 15-M - ¡hace ya quince años! -. De tus respuestas se pueden derivar claves para el diagnóstico, pero me gustaría saber qué piensas al respecto y preguntarte directamente: ¿Qué falló entonces? Creo que fuimos muchos los que, en ciertos momentos, pensamos que el desbordamiento del orden era posible, y sin embargo no se produjo…


MA- Aquello no fue una movida importante, aunque sí sintomática, coetánea y digna de twitter y facebook. Tras la crisis económica de 2008 se produjo en los retoños de las clases medias, privados de futuro, un aparente despertar que por un instante pudo ilusionar a quienes quisieron ver en aquellas acampadas consentidas la realización de sus fantasías contestatarias. Sin embargo, a tal “indignación” pronto se le vio el plumero. Por activa y por pasiva la juventud indignada dejó claro que no permanecía en las plazas para cambiar el orden político, sino para mejorarlo y ¡ay de quienes quisieran subvertirlo! Con la excusa del pacifismo se despertaban vocaciones de policía; bajo una atmósfera lúdico-festiva y un animoso agitar de manos se alentaba el espíritu delator. Los tópicos ciudadanistas nutrían un lenguaje con el que se expresaba la voluntad de colaborar con el sistema parlamentario por poco que este se reformarse: “Democracia real ¡ya!”. Los indignados se sentían estafados por políticos que no les representaban, ya que no procuraban su bienestar, el del 99 %, y sí el de los banqueros, el 1 % restante. No falló nada; en realidad, el 15-M triunfó, aunque la crisis política no se solucionase con rapidez. La pérdida de credibilidad de los partidos habituales tuvo que conjurarse con la creación de nuevos partidos –Podemos, Ciudadanos, Comunes...- que, a pesar de sus iniciales proclamas regeneracionistas en sintonía con la indignación, supieron apoltronarse a velocidad de vértigo, permitiendo una estabilización tranquila del espectáculo social amparado por el Estado.


DLS- Cinco años antes ya habíamos colaborado en la edición de los textos de la sección italiana de la Internacional Situacionista, tú poniendo el prólogo y yo poniendo la traducción. Y volvimos a encontrarnos en 2018 en De la miseria en el medio estudiantil, con el mismo reparto de papeles. Para terminar, me gustaría preguntarte: ¿Qué queda del legado situacionista? ¿Sus análisis, sus propuestas estratégicas, siguen todavía vigentes en nuestros días?


MA- La crítica situacionista fue la que mejor supo explicar su tiempo y la que más coherentemente indicó la manera de superarlo. ¿Cuál es la parte no vencida de su legado? No ciertamente la corrección hegeliana del marxismo, la fórmula consejista o la fe ineluctable en el proletariado revolucionario. Sí, en cambio, el método dialéctico, la teoría del espectáculo, la crítica del urbanismo, la superación del arte, la práctica del escándalo y la apuesta por la vida. El capitalismo ha colonizado la vida cotidiana de la gente, su abrazo financiero abarca ya a todo el planeta, y en el momento actual se está militarizando a marchas forzadas. Las masas asalariadas van a la deriva y el deterioro mental de la población empieza a ser alarmante. Nunca antes una sociedad alcanzó tal grado de psicosis, indignidad y predación. Hoy, cuando la civilización se desmorona y no se vislumbra una revolución inminente por ninguna parte, ni los análisis de las crisis, ni las estrategias anticapitalistas pueden ser las mismas. Los puntos de ruptura son otros y los actores son distintos. La repetición de las viejas tesis no nos llevaría muy lejos, pero una revisitación transgresora de las teorías situacionistas nos proporcionará elementos críticos que creativamente empleados nos ayudarán a impulsar proyectos sediciosos.

 

6 de marzo de 2026.


ENTREVISTA PUBLICADA EN EL Nº 410 DE



miércoles, 12 de noviembre de 2025

Gianfranco Sanguinetti, in memoriam


 

El mensaje estaba fechado el 30 de noviembre de 2013, en el apartado del asunto podía leerse “Informe Verídico” y “g.sanguinetti@...” en el del remitente. Yo conocía bien la catadura de los situacionistas en general y la de los situacionistas italianos en particular, y en ese momento no pude evitar acordarme de la correspondencia cruzada entre la IS y los responsables de la editorial Feltrinelli a cuenta de la posible publicación del panfleto De la miseria estudiantil, uno de los textos esenciales de las movidas de mayo del 68. En la última de las misivas, al director editorial Gian Piero Brega no solo se le trataba de “pobre gilipollas”, “pedazo de mierda”, “cerdo” e “imbécil”, sino que además se le hacía una advertencia: si persistía en su empeño, los situacionistas se cobrarían la afrenta al precio de “su pellejo”. La carta, con fecha del día de San Valentín de 1972, estaba personalmente firmada por Gianfranco Sanguinetti. Gianfranco Feltrinelli, el fundador de la editorial, había pasado a la clandestinidad un par de años antes y moriría exactamente un mes después de esa carta mientras manipulaba explosivos para una acción de sabotaje. Algunos sectores de la prensa italiana de la época sugirieron que la IS y Sanguinetti podrían estar detrás de aquel “extraño accidente”.

Se comprenderá, pues, que abriese aquel mensaje con “temor y temblor” más que justificados. El texto, muy breve, estaba escrito en francés y encabezado con la fórmula de cortesía de rigor: “Cher Monsieur”. Il signor Sanguinetti, por su parte, me informaba de que, “por puro azar”, había encontrado en Internet mi edición digital de su libro publicado en 1975 bajo el seudónimo de Censor, y de que había leído mi estudio introductorio, que le parecía “muy logrado” (très bien faite). “Se puede decir -añadía- que su edición es la mejor que haya visto hasta el día de hoy”, y luego me preguntaba si también se había publicado en papel. Huelga decir que se me infló el pecho como a un pavo y que de inmediato añoré esos tiempos más felices en los que la gente escribía y recibía cartas. Ya llegaba con un mes de retraso, pero de haberme sonreído más la suerte esa pequeña nota y mi respuesta subsiguiente podrían haber figurado entre los archivos que Sanguinetti acababa de vender a la Universidad de Yale por un puñado nada despreciable de euros. Mi nombre figuraría así entre los de Debord, Vaneigem, Kayhati o entre los de los 520 notables de la sociedad italiana que recibieron el Informe Verídico de Censor en aquel lejano verano de 1975.

En efecto, en agosto de ese año más de medio millar de personalidades de los sectores dirigentes de la sociedad italiana fueron escogidas como destinatarias de un curioso panfleto firmado por ese tal CensorCensor se presentaba a sí mismo como un miembro de la alta burguesía sin cargo político alguno, pero preocupado por la suerte que su clase social pudiera correr en una situación histórica tan inestable como la que Italia atravesaba a la sazón. El texto era, pues, una especie de Manual de uso para mejor mantenerse en el poder que recordaba bastante al Príncipe maquiavélico, tanto por el modo en que ponía al desnudo los mecanismos del dominio político y económico como, y sobre todo, por el brutal cinismo que teñía cada una de sus páginas. En el texto, que llevaba por explícito y dilatado título el de Rapporto veridico sulle ultime opportunità di salvare il capitalismo in Italia se reconocía, por ejemplo, que tras los atentados de la Piazza Fontana de Milán se encontraban en realidad los servicios secretos del Estado, y se proponía una alianza con los comunistas, que según Censor habían ofrecido “pruebas en varias ocasiones de su aptitud para colaborar en la gestión de una sociedad burguesa”, con el fin de neutralizar el mayor peligro que existía entonces en el mundo: “que los trabajadores llegasen a hablarse de su condición y de sus aspiraciones sin intermediarios”. La prensa en su conjunto recibió alborozada la propuesta: los análisis de Censor daban en el clavo, su diagnóstico era plenamente acertado, y también las medidas extremas y escasamente legales y/o democráticas que en el panfleto se propugnaban. En octubre del mismo año, las páginas que habían circulado de forma más o menos clandestina por entre las manos de los poderosos fueron publicadas en forma de libro por una editorial milanesa. Y un par de meses más tarde llegó el escándalo. Censor dejó caer la máscara y se descubrió que tras la careta se hallaba en realidad el rostro de Gianfranco Sanguinetti. El gran burgués, el camarada, se revelaba ahora como un revolucionario burlón que, con un solo gesto, había desenmascarado toda la podredumbre del poder capitalista en su país.

Cuando el mensaje de Sanguinetti apareció en mi correo-e aquel día de finales de noviembre de 2013, yo ya llevaba más o menos una década familiarizado con el Informe de Censor, que había ido publicando primero por entregas en el blog que puse en marcha en 2007 y más tarde en forma de libro digital en Agitprov, una microeditorial de textos en pdf detrás de cuyo nombre no había nadie salvo me y myself en la menguada compañía del señor I. Cuando Sanguinetti me preguntó, la versión castellana de su Informe no existía, pues, en forma de libro como Gutenberg manda, y aún tardaría tres años más en aparecer en el catálogo de la aguerrida editorial Melusina. Ya teníamos listas las galeradas para la última corrección y su autor nos escribió diciendo que pospusiéramos el lanzamiento, pues tenía pensado realizar una edición definitiva que incluyese las respuestas que había recibido del Presidente de la República, del Papa y del resto del patriciado italiano. Además nos ofrecía un librito que acababa de concluir: El coño, ayer y hoy, cuya publicación también tendría que esperar porque quería aderezarla con algunos ex libris eróticos de su colección privada. Ni las unas ni los otros llegaron nunca, y ahora ambos proyectos quedarán para siempre en el limbo de las obras inconclusas.

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL Nº 405 DE



lunes, 13 de octubre de 2025

Yolande du Luart, la aristócrata letrista


Una discreta esquela publicada en el diario Ouest-France anunciaba que la ceremonia religiosa se celebraría el 16 de noviembre de 2017, a las once de la mañana, en la Iglesia de Notre-Dame des Victoires de Trouville-sur-Mer, y que la cremación tendría lugar a primera hora de esa misma tarde en la calle de l’Abbaye d’Ardennes de Caen, la capital del departamento francés de Calvados. La señora Janette Johannsen Du Luart de Montsaulnin, su hija; el marqués y la marquesa de Luart, su hermano y cuñada; el conde y la condesa de Ribes, su cuñado y hermana; la señora Irène Brooks-Backer, hermana; así como sus sobrinos y sobrinas lamentaban comunicar que Dios había llamado a su lado a la señora Yolande Du Luart De Montsaulnin, de ochenta y siete años de edad. Una escueta y enigmática fórmula identificaba a la finada: la señora Yolande Du Luart, “cineasta comprometida”, podía leerse en el centro de la esquela. Una expresión que, entre los títulos aristocráticos y las invocaciones al Altísimo, podía sonar tan chocante y contradictoria como la de “banquero anarquista”.

 

            Pero retrocedamos medio siglo, o incluso algo más. Mayo de 1952, quinta edición del Festival Cinematográfico de Cannes. Los letristas, ese grupo creado por Isidore Isou que sigue la estela de surrealistas y dadaístas en la inmediata posguerra, continúa su asalto contra el cine oficial en lo que ya en esas fechas es, después de la ceremonia de los Oscars, el mayor escaparate de la producción cinematográfica mundial. El día 4 de mayo, en los márgenes del festival, los letristas presentan en el cine Alexandre III Tambores del juicio inicial, la película “imaginaria, sin pantalla ni celuloide” de François Dufrêne. La “acción” letrista responde a lo que promete: en la sala, sumida en una densa oscuridad, no se proyecta ninguna película. Cuatro “decidores” (Gil J Wolman, Marc,O., Guy-Ernest Debord y el propio Dufrêne) armados con sendas linternas, se limitan a leer los textos que se han repartido antes de entrar. Es un escándalo, pero a los letristas no les basta. Antes de volver a París, aún tienen ocasión de repartir octavillas e interrumpir algunas proyecciones, de emborronar los carteles del festival con pintadas en las que puede leerse “El cine ha muerto” e incluso de provocar algunos altercados que se saldan con una decena de detenidos.

 

            Una de las octavillas que los letristas reparten por la Croisette lleva por título “Se acabo el cine francés” y comienza con la siguiente frase: “Hombres insatisfechos de lo que se les ofrece superan el mundo de las expresiones oficiales y el festival de su pobreza”. Después sigue una lista de títulos: La estética del cine de Isou, Tambores del juicio inicial de Dufrêne, Aullidos a favor de Sade de Debord, El cine nuclear de Marc,O.. “En adelante el cine solo podrá ser nuclear”, afirman los letristas, cuya sola presencia supone la muerte de “esos pequeños comerciantes analfabetos” que se dedican a mercadear en los festivales de cine. Y finalmente se anuncia: “He aquí los hombres de un cine nuevo”, aunque entre ellos hay tres mujeres: Monique Geoffroy, Poucette y Yolande du Luart. Du Luart no ha realizado todavía ninguna película, pero para los letristas era un detalle sin importancia. Al fin y al cabo, el filme de Dufrêne también era una película “imaginaria”, una no-película.

 

            El tercer documento es una fotografía en blanco y negro, tomada también a principios de los años cincuenta,  que muestra a Du Luart al volante de un descapotable. Tiene la cara angulosa, la boca en un rictus circunflejo, el pelo muy corto. Lleva chaqueta, camisa blanca, corbata. Por su aspecto andrógino recuerda a la Sylvia von Harden retratada por Otto Dix. En el asiento de atrás hay otros tres jóvenes, dos chicos y una chica. Uno de ellos le ofrece un periódico a alguien que se encuentra fuera de cuadro, probablemente en la acera de alguna calle parisina. En la portada del periódico puede leerse “SOULEVEMENT de la JEUNESSE” (Sublevación de la Juventud). Poco después del escándalo en Cannes, los letristas se habían escindido en tres grupos de afinidad: los fieles a Isou, que serían conocidos como los “letristas-estetas”; la Internacional Letrista, fundada “arbitrariamente” en Bruselas por Wolman y Debord; y Le Soulèvement de la Jeunesse, en el que se integra Yolande du Luart junto a Marc,O. y Dufrêne. La facción del soulèvement es también conocida como la de los “externistas” y toma su nombre del título de una obra terminada por Isou en 1947 que Gallimard se negó a publicar. Para los externistas, la juventud es una masa no productiva, dependiente, externa al circuito económico, que lucha por transformarlo todo. Si un dispositivo tecnológico a lo Blade Runner nos permitiera ampliar y aclarar esa fotografía, veríamos que debajo de la palabra Soulèvement puede leerse: “Directora-Redactora Jefe: Yolande du LUART”.

 

            El último documento es un texto de apenas tres párrafos publicado también en el diario Ouest-France el 28 de noviembre de 2012. “Yolande du Luart, una vida fuera de lo común”, reza el titular. A finales de los noventa, cuenta la propia Du Luart, su hija y ella descubrieron por azar los encantos de Trouville, las callejuelas estrechas, las casitas de pescadores, su “atmósfera artística” (“la luz era fantástica”), y decidieron instalarse allí. De esa supuesta vida extraordinaria, sin embargo, apenas se vislumbra una sombra al comienzo del artículo. Tres décadas antes, recuerda Du Luart, se inscribió en la UCLA para cursar estudios de cine, la misma universidad en la que Angela Davis daba clases de filosofía. Du Luart le pidió permiso para filmarla y Davis accedió. “La filmé por todos lados, salvo en su intimidad. Acumulé kilómetros de película y, cuando supe que el FBI se interesaba por mi trabajo, me asusté, lo metí todo en una maleta y volví precipitadamente a Francia”. El resultado sería Angela Davis: Retrato de una revolucionaria, la única película en la que Yolande du Luart aparece acreditada como directora. 

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL Nº 404 DE


miércoles, 23 de agosto de 2023

Guy Debord o la insumisión de las palabras. Entrevista con Oliver Mancebo

 


El expunk-rocker, working class, neoísta, activista, escritor de culto, karateca y experto en vanguardias culturales —entre un porrón de cosas más— Stewart Home, publicó en su día un artículo en el que analizaba las necrológicas aparecidas tras del suicidio de Guy Debord (París 1931- Bellevue-la-Montagne 1994), un aciago 30 de noviembre. En el ‘Review of the Year 1994’ del Guardianel nombre del situacionista aparecía junto a otros dos suicidas ilustres: el músico Kurt Cobain y el ladrón de trenes, boxeador y florista Buster Edwards. Según Home, “si Debord se hubiera matado a principios de año, los grandes medios de comunicación se habrían olvidado de él.”

Antes de eso, en 1993 —a tiempo de que Debord la leyera y validara— Anselm Jappe publicó Guy Debord, una monografía pionera sobre el autor de La sociedad del espectáculo. En sus páginas, Jappe analiza la contribución teórica de Debord en diferentes etapas —desde los inicios de la Internacional Letrista hasta sus últimos y certeros dardos sobre la sociedad del espectáculo, pasando por la tan larga como fecunda época de la Internacional Situacionista—, a la vez que rehúye hablar de su vida personal más allá de lo estrictamente necesario. Un lustro más tarde, Anagrama trajo este libro a nuestro país, convirtiéndolo en el primer lugar del mundo donde se publicaba en una editorial de amplia difusión. A propósito de esto, Jappe especulaba en el prólogo: “Quizás se pueda deducir de ello que España está hoy más dispuesta que otros países a reconocer el valor de una persona como Debord.”

Han pasado 25 años y la nueva edición revisada, corregida y actualizada del libro más importante sobre la obra de Guy Debord llega a cargo de Pepitas de calabaza, una editorial, en palabras de los propios editores, “con menos proyección que un Cinexín”. ¿Habría que deducir, pues, que el genio y figura de Debord ha perdido fuelle? Puede que sí, en el sentido puramente mercantil del asunto, pero su pensamiento está —o debería estar— hoy en día más vigente que nunca. Y ello a pesar de las múltiples operaciones políticas, mediáticas o policíacas que han tratado de desactivarlo. Nos lo explica Diego Luis Sanromán, encargado la nueva edición y uno de los traductores fetiche de la casa:


*LEER ENTREVISTA COMPLETA EN EL NACIONAL.

jueves, 25 de agosto de 2011

AGITPROV. Autodiálogo acerca de New Babylon - Constant Nieuwenhuis (1971)

“New Babylon, escribió Constant, no se detiene en ninguna parte (porque la tierra es redonda); no conoce fronteras (porque ya no hay economías nacionales), ni colectividades (porque la humanidad es fluctuante). Cualquier lugar es accesible a cada uno y a todos. Todo el planeta se convierte en la casa de los habitantes de la tierra. Cada cual cambia de lugar cuando lo desea. La vida es un viaje sin fin a través de un mundo que se transforma con tanta rapidez que cada vez parece diferente.”


- Siempre has afirmado que New Babylon no podría realizarse jamás en la sociedad actual y que, de todos modos, tu proyecto no funcionaría en las condiciones sociales existentes. Se trata, pues, de un proyecto utópico. Dicho esto, debo señalar que te ocupas de él desde hace más de doce años, como si le dieras la espalda a los problemas del hombre actual, como si huyeras de ellos. En mi opinión, el artista, en lugar de refugiarse en una cultura que inventa de arriba abajo, debe buscar la expresión artística de la cultura de la que forma parte.

0 Por desgracia, no existe tal alternativa. No veo hoy en día una cultura de la que uno podría forma parte, y ésta es precisamente la razón por la que he emprendido el camino de la New Babylon. No se puede elegir entre la cultura existente y una cultura –digamos- posrevolucionaria, que aún está por inventar. La elección auténtica se da entre el abandono completo de toda actividad creativa y la preparación de una cultura futura, deseable, aunque no realizable de momento. Bien es verdad que hay que creer en el éxito de la revolución para optar por está última postura.

- Como protesta contra la sociedad, lo que hacen otros artistas (tergiversación [détournement] del arte, exhibición de los “arteros”, ocupación de museos) me parece más eficaz que la creación de una imagen de sociedad futura que corre el riesgo de ser idealizada.

0 El hecho de que nadie se muestre afectado prueba, por el contrario, la ineficacia de este tipo de manifestaciones. No es el abandono del espíritu creativo, sino el espíritu mismo el que amenaza a la sociedad burguesa. La no-participación puede ser honesta, pero ciertamente no es eficaz. Para cambiar la sociedad, antes que nada, hace falta imaginación.

- Lo que dices me parece inconsistente. Si recusas toda actividad artística moderna, ¿cómo pretendes ser un defensor de la creatividad? ¿En nombre de qué sustituyes el arte por New Babylon?

0 El arte no es más que una forma histórica de la creatividad. Esta forma es típica de lo que yo llamo la sociedad “utilitarista”, la sociedad en la que la casi totalidad de la humanidad se ve forzada a producir para subsistir. En la sociedad utilitarista, la esclavitud de las masas laboriosas es la condición misma de la relativa libertad del individuo creador. Si el enorme potencial creativo de las masas se despierta un día y se pone en acción, lo que hoy se llama “arte” perderá todo significado.

- Es muy posible que en el futuro se haga realidad una cultura de masas. Pero ¿cómo reconocer hoy la forma que asumirá mañana? Con New Babylon, ¿no corres el riesgo de dictar a las masas un comportamiento que aún deben inventar?

0 Se diría que piensas que, una vez establecida la cultura de masas, el comportamiento quedará regulado por siempre jamás, tal como las farsas represivas del pasado o del presente siempre han querido e intentado. Pero lo cierto es lo contrario: la creatividad de las masas liberadas prohibirá todo modo fijo de comportamiento. Es en el cambio continuo de comportamiento donde se sitúa esa vida lúdica que es la vida en New Babylon. El proyecto no contempla sino la creación de las condiciones materiales que permitan asegurar el libre despliegue de las actividades lúdicas. La planificación tal como la conocemos se revelará caduca. Desde ahora es preciso estudiar otra distinta, que permita desarrollar el decorado de la libertad.

- Pero ¿cómo se pueden conocer desde este momento tales condiciones? Tus planos y tus maquetas dan la impresión de un mundo tecnocrático, cuya escala no hace más que producir pavor. ¿No tendrá el hombre del futuro necesidad de un ambiente menos artificial, más ligado a la naturaleza?

0 El miedo a la tecnología es reaccionario. La liberación de las masas se hace posible únicamente gracias al desarrollo técnico. Sin la automatización de la producción, el potencial creativo de las masas sigue siendo una ilusión. Para New Babylon, la tecnología es una condición sine qua non. Por otro lado, creo que la naturaleza ya no podrá ofrecer un decorado satisfactorio para la plenitud cultural del mundo que viene.

- Pero si el comportamiento de las masas en el futuro y el decorado artificial que debe favorecerlo son ambos factores incognoscibles, ¿de qué sirve ofrecer, como tú haces, imágenes o ilustraciones de la vida neobabilónica?

0 Mi proyecto sirve sobre todo de provocación. Las ciudades, tal como las conocemos, jamás podrán convertirse en el espacio de una vida lúdica para las masas. Para crear dicho espacio en un periodo posrevolucionario, necesitaremos de un nuevo principio de urbanización basado en la socialización de la tierra y de los medios de producción. Lo esencial en New Babylon es su principio urbanístico.

- La estructura de New Babylon es una red, mientras que las ciudades existentes están centralizadas. ¿Acaso esta diferencia es verdaderamente esencial cuando se trata de una vida lúdica?

0 Gracias a la automatización de los medios de producción, el hombre deja de ser un productor. Ya no está obligado a establecerse, sedentario. Su vida puede volver a ser nómada, como era antes del neolítico. Independiente de la naturaleza, puede crear su entorno a su antojo. La red neobabilónica representa el trazado de su paso por la superficie de la tierra. En los planos pueden distinguirse con claridad estos trazados urbanísticos que recortan el paisaje natural o artificial.

- Pero, de todos modos, uno no puede pasarse la vida así, siguiendo ciertos trazados. Todo el mundo siente la necesidad de concentrarse en una actividad cualquiera, de conservar los bienes adquiridos o fabricados. Incluso los nómadas…

0 Si los hombres conservan sus bienes y los llevan consigo cuando se desplazan es porque esos bienes son difíciles de adquirir o de restituir. Uno no transporta lo que encuentra por todos lados en abundancia. La cuestión, pues, es saber si será posible producir en abundancia los bienes que el hombre necesita para vivir convenientemente dondequiera que vaya. ¿Es una utopía afirmar que las condiciones de tal abundancia ya se dan, a condición de que se racionalice la producción, algo que solo es posible en el caso de una economía socializada?

- Mi objeción principal es otra: todo el mundo siente de vez en cuando la necesidad de estar solo, de aislarse para hacer el amor, descansar o cuando está enfermo. Estar continuamente en marcha es imposible, insoportable. Hablas de la masa, pero esta masa está compuesta de hombres diferentes los unos de los otros, con necesidades diferenciadas. New Babylon no ofrece la posibilidad del retiro individual.

0 En realidad, la sociedad actual nos obliga a aislarnos, nos impone la soledad por falta de comunicación. Ahora bien, la comunicación es la primera condición de la creatividad. Actualmente, el espacio social de los individuos es extremadamente limitado, y sin relación con el espacio real. En New Babylon estas dos concepciones del espacio se superponen gracias a las fluctuaciones de la población. Ves surgir un problema donde yo no veo más que la solución de un problema. Cae por su propio peso que el retiro temporal del individuo es fácilmente realizable, tanto en New Babylon como en cualquier otro sistema de urbanización.

- La mayor parte del espacio urbano en New Babylon, en cuanto espacio social, está destinado pues al disfrute colectivo. Pero ¿qué relación tiene este espacio con una cultura de masas? ¿No hay que temer que todos estos contactos efímeros entre los individuos frenen la creatividad en lugar de estimularla?

0 En la estructura social actual, cada individuo se encuentra en competencia permanente con todos los demás. La consecuencia de esto es una pérdida considerable de potencia creativa. Por el contrario, en una colectividad dinámica, la composición de todas las fuerzas creativas ofrecerá al propio individuo un material inagotable de inspiración. El acto individual se perderá sin duda, pero lo que resultará es una actividad infinitamente más rica y variada. Es un proceso que supera con creces las capacidades del individuo solitario, y que le permitirá alcanzar un nivel más elevado que su posición personal.

- Pero ¿no podría producirse este fenómeno en un ambiente totalmente distinto? En el que ya existe; pienso, por ejemplo, en ciertos happenings.

0 Es un mal ejemplo, porque el happening no funciona precisamente por falta de comunicación social. A pesar de las intenciones de los artistas, los happenings no pasan de pobres espectáculos para espectadores pasivos. La construcción urbana es la expresión y la imagen de la estructura social que no podemos cambiar sin cambiar primero la sociedad. Mis proyectos no son simples construcciones arquitectónicas. Se trata de construcciones de base para una mayor libertad, para una mayor flexibilidad de medios muy variados, que se componen y descomponen continuamente. Los auténticos constructores de New Babylon serán los neobabilonios.

- EN FRANÇAIS.

- IN ENGLISH.

- SI QUIERES SABER MÁS SOBRE CONSTANT Y NEW BABYLON, ECHA UN VISTAZO A ESTO.

* ANTES EN AGITPROV.

jueves, 29 de abril de 2010

SALE A LA CALLE INTERNAZIONALE SITUAZIONISTA


Llega a las librerias internazionale situazionista, los textos completos de la Sección Italiana de la IS. La traducción es culpa mía; la introducción, muy jugosa, obra de Miguel Amorós.



«Creo que no se ha escrito en Italia nada tan fuerte desde Maquiavelo.»

Guy Debord (1969)




"Aunque la Internacional Situacionista (IS) se fundó en Italia en 1957, no hubo en este país una sección estable de la organización hasta 1969. Para entonces todas las veleidades artísticas en la IS ya habían sido conjuradas. Si bien las teorías situacionistas habían empezado a difundirse años atrás en Italia —malamente, por cierto—, no fue hasta después del Mayo famoso cuando se constituyó en Milán un grupo que demostró ser el más indicado para desarrollar la tarea revolucionaria de la IS, por su visión de conjunto, su idea organizativa y sus capacidades teóricas. En un momento en el que la crítica de la vida cotidiana ocupaba el centro de la crítica social, las ideas situacionistas desplegaron toda su fuerza en Italia ofreciendo una visión lúcida y total de la nueva época. Fue un periodo en el que el malestar en la sociedad italiana estuvo apunto de desembocar en una insurrección generalizada, insurrección que fue liquidada por el trabajo complementario de los servicios secretos del Estado y de las fuerzas de izquierda.


Entre muchas otras cuestiones —como se verá en el libro— la IS italiana se mostró muy acertada a la hora de evaluar in situ lo que estaba ocurriendo con el terrorismo, desvelando para qué estaba siendo utilizado. Así mismo denunció con claridad el trabajo contrarrevolucionario de los llamados partidos comunistas y saludó el retorno de la Revolución Social, no sin antes anunciar los problemas inmediatos que esta tendría que solucionar.


Este libro reúne los textos completos de la sección italiana de la IS (1969-1972), traducidos por Diego L. Sanromán e introducidos por un informativo texto —una breve historia de la IS italiana— escrito por Miguel Amorós".

EDITORIAL PEPITAS DE CALABAZA