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viernes, 8 de noviembre de 2024

Johnsons & Shits (Burroughs político)

 



La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de… los johnson contra los mierdas. La ontología política, o tal vez sería mejor decir la mitología política, del escritor estadounidense William S. Burroughs (1914-1997) podría reducirse a estos dos elementos en conflicto: la familia Johnson y los mierdas o shits.

    Burroughs solía referir una anécdota aparentemente anodina. Cierto día estaba sentado en la terraza de un pequeño café tangerino con sus amigos Brion Gysin e Ian Sommerville cuando vieron pasar a un español de unos cuarenta o cincuenta años de porte desastrado. Los tres dejaron escapar casi al unísono un “¡Dios mío, ahí va una persona de aspecto inofensivo!”. Su paso fue como el de un cometa, añade Burroughs, que les recordó lo raro que es encontrarse a gentes de tal condición, individuos que se ocupan de sus propios asuntos y tratan de apañárselas lo mejor posible en un mundo poblado por seres a los que solo mantiene vivos la esperanza de fastidiar a los demás. De inmediato se supieron en presencia de un miembro de la familia Johnson.


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viernes, 15 de enero de 2016

¡ENCERRADLOS a todos! Pierre Clémenti en las cárceles italianas.


 

I


            D’où vient la prison? Je répondrai : « D’un peu partout ».
Michel Foucault



           

El veinticuatro de julio de 1971 Roma amanece bajo un calor asfixiante. En pleno corazón del verano, Italia bulle todavía sobre los rescoldos del autunno caldo. Aún no se han enfriado los diecisiete cadáveres de Piazza Fontana, Valpreda está en el trullo y a Pinelli la pasma le ha enseñado en qué consiste practicar el vuelo sin motor. Una vez más el Estado italiano le ha declarado la guerra abierta a su sociedad civil, y de momento parece ir ganando. Gladio hace de las suyas y se encarga de aplastar a esas fuerzas subversivas que la burocracia sindical y estalinista no consigue encauzar de manera eficaz. La mafia, la extrema derecha y las fuerzas del orden oscilante, bajo la protección de la CIA, llegan a donde no alcanzan los esfuerzos recuperadores de las viejas organizaciones de la clase obrera. Las cárceles de toda la península empiezan a llenarse de rebeldes, pero la ola represiva barre también con todo aquello que pueda identificarse de lejos o de cerca con estas nuevas clases peligrosas. Puede que los hippies, los fumetas, los capelloni no constituyan más que la periferia lúdica del movimiento, pero su rechazo del trabajo y de las instituciones tradicionales del viejo orden burgués los convierte cuando menos en enemigos potenciales del Estado asediado. Carne de talego, pues.

            Así que situémonos. Veinticuatro de julio de 1971, primera hora de la mañana, Roma, número cuarenta y cuatro de la via di Banchi Nuovi, el comienzo de lo que en otra época se conocía como “via papalis”, un punto más o menos equidistante entre el lugar en el que el puente del Príncipe Amadeo cruza el Tíber y la famosa Piazza Navona. El centro del centro de un país que está viviendo los efectos de una contraofensiva contrarrevolucionaria. Un coche se detiene ante el portal de este viejo edificio renacentista ubicado entre los palacios Taverna y Farnèse: la guardia di finanza, los estupas italianos, han recibido información de que en uno de los apartamentos del inmueble se consumen sustancias estupefacientes ilegales de forma regular. El piso en cuestión está a nombre de una tal Anna Maria Lauricella, una joven a la que en las calles del Trastévere se conoce como la Medusa, tal vez por esas guedejas de color escarlata que la mujer acostumbra recoger en un moño vertical en lo alto de la cabeza. El teniente Betti hace sonar el timbre y un chavalín de unos cinco o seis años abre la puerta. El crío se llama Balthazar, como el burrito de la película de Bresson, Balthazar Clémenti.     
 

http://detour.es/tiempo/diego-luis-sanroman-pierre-clementi.htm



[Este prólogo corresponde al libro de próxima aparición de Pierre Clémenti, que publicará Pepitas de Calabaza].

jueves, 30 de octubre de 2014

EL HORROR de Neoamérica. Lovecraft político.






The oldest and strongest emotion of mankind is fear,
and the oldest and strongest kind of fear
is fear of the unknown.


Convendría empezar por preguntarse si debemos tomarnos en serio la “obra política” de Howard Phillips Lovecraft, o antes incluso si existe algo así como una obra política lovecraftiana. A nadie se le escapa que Lovecraft no es conocido como ensayista político, ni siquiera como un ensayista sin más adjetivos. Según se nos ha dicho, Lovecraft era un escritor de ficción, y lo que es más, un escritor especializado en un subgénero literario muy concreto: la fantaciencia y el terror. Sin embargo, me atrevo a afirmar que en efecto existe un pensamiento político en el autor de El horror de Dunwich y que además existen razones para dedicarle algo de tiempo y de interés. Se podría apelar, en primer lugar, a la simple curiosidad –por no decir voracidad- que empuja al fan a querer saberlo absolutamente todo del objeto de su veneración. Pero no es este el motivo más decoroso, ni más digno ni de mayor peso. Cabría, por otro lado, plantearse la pertinencia de la lectura en clave política de algunos de los relatos más conocidos del autor, y a este respecto basta con pensar en textos como El horror de Red Hook, Él, La sombra sobre Innsmouth, El color que cayó del cielo o algunos otros. Ya se ha hecho y tampoco estaría de más, pero no va a ser lo que aquí nos ocupe. Aquí vamos a centrarnos en el Lovecraft directa y conscientemente político, aquel que se interesa por la cosa pública sin protegerse tras el parapeto de la literatura de ficción.

A la manera de los estudiosos de Aristóteles, podríamos establecer una distinción entre un Lovecraft exotérico y otro esotérico, y sin duda nos llevaríamos una buena sorpresa. Primero, porque ese Lovecraft que se daba a un público desconocido –que jamás fue, no nos engañemos, el gran público- comenzó publicando ensayo y no ficción: según algunas estimaciones fiables, entre 1915 y 1925, Lovecraft dio a la imprenta alrededor de cien artículos sobre cuestiones relacionadas con la astronomía y también –cosa curiosa- con la política. En lo que respecta al Lovecraft esotérico, ese que escribió más de cien mil cartas, algunas tan extensas o más que el más extenso de sus relatos, llama en particular la atención el interés recurrente por los asuntos de orden político, lo muy elaborado de sus argumentos al respecto y lo bien informado que estaba sobre la situación de la política interna de su país o sobre la de las fuerzas en disputa en el damero internacional de la época. Por otro lado, esta distribución biblioteconómica dual se viene abajo si partimos de la concepción aristocrática que el propio Lovecraft tenía de la escritura. Desde su punto de vista, ha de escribirse por el simple placer estético que puede producir la escritura, y en todo caso para aquellos pocos amigos que están a nuestra misma altura espiritual. Lovecraft no fue nunca, según esto, un escritor, sino un caballero que escribía y que jamás se preocupó por las pequeñeces del mundo editorial o por lo que sus textos pudieran reportarle. Que su obra llegase al mercado era algo que le traía sin cuidado porque el mercantilismo le repugnaba.

Con lo anterior queremos señalar que tal vez debería borrarse esa frontera que separa la escritura destinada a la divulgación masiva de aquella otra que tiene como destinatario a una sola persona o a un grupo reducido de conocidos y que, en consecuencia, en el caso de Lovecraft habría que otorgar un valor similar a sus relatos de horror y a las opiniones, por lo general muy elaboradas, que vierte en sus artículos para la prensa aficionada del momento o bien en su abundantísima correspondencia. Tanto en un caso como en el otro, la audiencia estaba compuesta por una reducida comunidad de pequeños intelectuales continuamente interconectados y más o menos afines, o si se prefiere, por una red analógica de corresponsales que, salvando las distancias, recuerda mucho a las redes sociales digitales de nuestros días. Esto significa que, desde el punto de vista de Lovecraft, lo uno tenía tanta importancia como lo otro. Pero es que además existe un vínculo de raíz más profunda entre el Lovecraft autor de cuentos fantásticos y el Lovecraft ensayista político: la abyección y el miedo. El miedo es el sentimiento primigenio que el relato de horror trata de explotar, pero también constituye la fuente nutricia de la pasión política que mueve al reaccionario. Terror ante lo desconocido y asco provocado por la confusión ontológica y social, esa es la clave.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

NOVEDADES. Quimera Nº 371: octubre de 2014.



SUMARIO
El salón de los espejos
Entrevista a Alberto Olmos, por Daniel López García
Entrevista a Tim Powers, por Adrià Guxens
El cielo raso
Dossier: H. P. Lovecraft
(Coordinador: Iván Humanes
Ilustraciones: Miquel Rof ©)
Iván Humanes: Entrevista a José Antonio Molina Foix
Raúl Herrero: Vida y hazañas del caballero Lovecraft
Roger Ferrer Ventosa: El caos acecha en los abismos siderales
Manel Calderón: La geografía y el mundo de Lovecraft
Diego Luis Sanromán: El horror de Neoamérica. Lovecraft político
Salvador Alario Bataller: El Necronomicón
José Óscar López: Cthulhu, llamadas perdidas que insisten
La vida breve
Setenta días de lluvia, relato inédito de Marina Perezagua
Los pescadores de perlas
Microrrelatos inéditos de Mar Horno
El castillo de Barba Azul
Poemas inéditos de Aitor Francos
La voz humana
Entrevista a Carmen Resino, por Ana Gorría
Einstein on the Beach
Jesús Alacid: Agustín Gómez-Arcos: un escritor intercultural
El ambigú
Gemma Pellicer: Autopsia de Miguel Serrano Larraz
José Antonio Vila: Lento proceso de José Luis Cancho
Ana Prieto Nadal: Lolito de Ben Brooks
Rubén Castillo Gallego: Hablar durante las comidas de Pascual García
Ricardo Martínez Llorca: Voy de Gabi Martínez
Lola Nieto: Carcaj : Vislumbres de Mercedes Roffé
Almoraima González: Nocturno casi de Lorenzo Oliván
José Ángel Cilleruelo: Vomit. Antología de poesía joven norteamericana de
Luna Miguel (Ed.)
El pianista
Librería Black Mask
El tercer acto
Andrade a destiempo, de Martín López-Vega
Literatura en Lanzarote, de Eduardo Moga
Cuento español actual, de Julia Otxoa





viernes, 28 de marzo de 2014

NOVEDADES. Zodaxa





¡ANARQUÍA AHORA!
En torno a la vida y el pensamiento de Albert Libertad



¡Para incitar a muchos a apartarse del rebaño,
para eso he venido! Pueblos y
rebaños se enfadarán conmigo, me gruñirán.

Friedrich Nietzsche, Así habló Zarathustra


Antes de caer en un prolongado olvido, Albert Libertad tuvo que sufrir aún en vida el calvario de la maledicencia. Su antiguo camarada Paraf-Javal habría de denunciarlo como un falso anarquista; el zapatero Jean Grave dirá de él que era un caso agudo de adicción al sexo y hará correr la voz de que se trataba en realidad de un soplón al servicio de la policía; y, en fin, el periodista Henri Rochefort sentenciará con rotundidad que “a nadie le cabía duda de su condición de agente provocador”[1]. Lo cierto es que Libertad se lo había ganado a pulso por bocazas y pisacallos, por mostrarse tan irrespetuoso con todo el mundo y, para empezar, con aquellos que sin demasiados escrúpulos habían decidido autoproclamarse representantes del movimiento revolucionario. Después de su muerte vendrá, sin embargo, algo peor: el silencio. A excepción de algunos folletitos publicados en exiguas tiradas, de Libertad apenas vuelve a saberse nada hasta que el anarco-situacionista Roger Langlois intente rescatarlo allá por el año 1976 para la entonces joven editorial Galilée. Luego otro fundido a negro, que durará casi hasta el día de hoy.



[1] Jean Grave, Quarante ans de propagande anarchiste, Flammarion, París, 1983, p. 387.

miércoles, 9 de mayo de 2012

AGITPROV: De Céline al videoclip - Anselm Jappe




El siguiente texto, hasta hoy inédito en castellano, ha sido publicado recientemente, en su versión italiana original, en la revista Agalma, y se traduce y hace público aquí con el permiso explícito del autor.

A comienzos de este año publicaba en Francia una selección de ensayos titulada Crédito a Muerte (1), consagrada especialmente a la crisis financiera y a sus repercusiones sociales. El título constituía evidentemente una inversión del título de la segunda novela de Louis-Ferdinand Céline. No había, sin embargo, ninguna referencia directa al texto de Céline; se trataba tan solo de jugar con las palabras ‘muerte’ y ‘crédito’. Con todo, más tarde me di cuenta de que la referencia a Céline le venía como anillo al dedo y de que había hecho una buena elección sin reparar de entrada en ello. En efecto, mi libro constituye en buena medida una denuncia de las falsas formas de crítica social que suscita la crisis de la sociedad capitalista. En él denuncio sobre todo la polémica unilateral contra las finanzas, los bancos y la especulación, considerados no como el aspecto visible de una crisis más profunda –la crisis de la acumulación del capital-, sino como la causa misma de la devastadora crisis del modo de vida capitalista. Dicha polémica contra la especulación, que puede encontrarse tanto en la izquierda como en la derecha, atribuye todos los males del mundo no a una estructura social, sino a un grupo circunscrito de personas que actuarían por avidez y sed de poder. Hay que defender a los trabajadores y a los ahorradores honestos contra los parásitos de las finanzas: sobre semejante reivindicación parece instaurarse un consenso que incluiría hasta Barack Obama, George Soros y Mario Draghi.

Una postura semejante queda muy lejos de una comprensión de ese nexo entre trabajo abstracto y valor, mercancía y dinero, capital y salario, que conforma la especificidad del capitalismo y es la causa de las actuales convulsiones. Aunque sí es algo que responde a la necesidad, ampliamente extendida, de señalar a un culpable, cuya desaparición lo resolvería todo sin que fuese necesario cambiar nada del resto de la sociedad. Una visión del mundo como esta existe, con múltiples variantes, desde hace más de un siglo, pero siempre se trata de populismo. Y el populismo tiene la característica de existir tanto en la derecha como en la izquierda, a veces con argumentos casi idénticos. En la actualidad, vive un nuevo auge. El populismo sustituye la crítica por los sentimientos, y sobre todo por un sentimiento de fuerza inconmensurable: el resentimiento. No es casualidad que uno de los pensadores más populares en este momento, Slavoj Žižek, haya rehabilitado recientemente el valor político del ‘resentimiento’ (2).

No hace falta subrayar que Céline fue, al margen incluso de cualquier orientación política, un cantor del resentimiento, de un resentimiento en grado sumo, contra todo y contra todos, de un resentimiento cósmico. Ahí se halla su terrible fuerza: en expresar sin mediaciones, de forma desnuda y cruda, las emociones que efectivamente puede suscitar la vida en la sociedad moderna, burguesa y capitalista. Desde este punto de vista, Céline es insuperable. Representa una verdadera tentación. Una primera lectura, en la juventud, del Viaje al fin de la noche puede resultar tan perturbadora como la lectura de Nietzsche o la contemplación de El grito de Munch. Y en todos los casos es necesario un distanciamiento posterior para distinguir su posible contenido de verdad del simple efecto de choque.

domingo, 28 de noviembre de 2010

LIBROS CONTADOS. Diálogo sobre el poder y el acceso al poderoso - Carl Schmitt (1954)



Pieza fundamental en la recuperación de Schmitt como figura intelectual de primer orden en la Alemania de la segunda posguerra, este Diálogo que ahora publica FCE en una traducción actualizada (1) fue, en su origen, una pieza para la radio. Schmitt había entrado en contacto con la radio de Hessen durante el verano de 1951. Por entonces, la emisora andaba a la búsqueda de temas interesantes que pudieran incluirse en su programa Abendstudio, y se pensó en el veterano teórico del derecho público. La idea era que Schmitt debatiera el tema del poder en un diálogo con otro pensador contemporáneo como contraparte. En un principio el elegido fue Raymond Aron, que declinó la oferta por problemas de agenda; más tarde, se contempló la posibilidad de que su lugar lo ocupasen Helmut Schelsky o Arnold Gehlen, pero no se alcanzó acuerdo formal alguno con ninguno de los dos. La alternativa la ofreció el propio Schmitt: él mismo se encargaría de redactar las dos partes del diálogo, una suerte de “juego mental –diría tiempo después-, en cuanto gira en torno a la oposición entre el pensamiento moral y el dialéctico”. Finalmente, el diálogo se emitió el día 22 de junio de 1954 con el título de “Principios del poder”. El éxito del programa llamó la atención del mundo editorial y Günther Neske, a quien Schmitt había conocido por medio de Ernst Jünger, se mostró dispuesto a publicar el texto en forma de libro. La obra saldría a la calle en octubre de ese mismo año bajo el título definitivo de Gespräch über die Macht und den Zugang zum Machthaber y con la vista puesta en la Feria del Libro de Francfort, donde –según parece- “causó sensación” (p. 85).

El libro está organizado, como ya se ha sugerido, en torno al juego de preguntas y respuestas entre un joven estudiante, encarnación del “punto de vista moralista, que siempre evalúa en primer lugar”, en vez de mirar; y un personaje mayor y más experimentado, tras el cual no es difícil reconocer al propio Schmitt. Dividido en media docena de ‘escenas’, en las que se abordan distintas facetas de la cuestión tratada, el diálogo incluye además un ‘Intermezzo’ que hace las veces de ejemplificación histórica de lo que se va discutiendo en términos teóricos. En el ‘Planteamiento’ inicial, una suerte de breve preludio que antecede al debate propiamente dicho, se consideran las distintas perspectivas desde las que es posible atacar el tema del poder. ¿Cabe la posibilidad –se viene a decir- de acercarse a dicha cuestión sine ira et studio; es decir, desde una posición que no esté gravada por los prejuicios hacia el poder que puedan albergar los que disfrutan de él (positivos) y quienes simplemente lo sufren sin poseerlo (negativos)? Schmitt considera que sí: es posible una “tercera posición, la del tratamiento y la descripción desinteresados”. A lo largo de todo el diálogo Schmitt ejercita esta tesis primordial: hay que evitar las especulaciones metafísicas y presentar la dialéctica inherente al poder de forma puramente descriptiva. O en una formulación alternativa: no se trata de “consolar ni atemorizar, sino [de] dar una imagen objetiva del poder humano” (p. 27), “sin retórica ni sentimentalismos, pero también sin cinismo o nihilismo” (p. 35), a poco que se piense, anverso y reverso de la actitud moralista.

La siguiente pregunta hace referencia al origen del poder. “¿De dónde proviene el inmenso poder que Stalin o Roosevelt o cualquier otro que se le ocurra han ejercido sobre millones de otros hombres?” (P. 15). La cuestión, explícitamente genealógica, apunta de forma implícita al problema de la legitimidad del poder: ¿de qué instancias deriva su legitimidad el poder político? Las respuestas se reducen básicamente a tres: o bien el poder procede de la naturaleza (Homo homini lupus), o bien procede de Dios (Homo homini Deus), o bien procede el hombre mismo (Homo homini homo). Hay que desechar –afirma el viejo profesor- las dos primeras opciones: 1. La naturaleza más que ser fuente de poder, ha quedado ella misma sometida al poder humano. 2. Y en cuanto a la apelación a Dios, cuando en la actualidad se pronuncia su nombre, quienes “cuentan con una educación promedio traen a colación automáticamente la sentencia de Nietzsche: Dios ha muerto”, o bien la menos conocida de Proudhon: “Quien dice Dios quiere engañar” (p. 17). Sólo queda, pues, la tercera opción como solución satisfactoria al problema del origen del poder: el poder político es puramente humano, lo cual –añade Schmitt- suena “tranquilizador” (Ib.). ¿O tal vez no?

Sin embargo, hay algo que causa más estupor que el asunto de por qué mandan los que mandan y de dónde derivan su poder, y es la cuestión complementaria de por qué obedecen quienes carecen de él. Pueden darse distintas respuestas parciales –dice el profesor-, pero todas remiten en última instancia a la protección. “La relación entre protección y obediencia –sentencia- sigue siendo la única explicación para el poder” (P. 21). Luego, de forma aparentemente paradójica, el poder político se fundamenta en la debilidad humana. La referencia a Hobbes sigue siendo aquí inevitable e inexcusable, pues Hobbes –recuerda Schmitt- “toma esta debilidad común a todo individuo como punto de partida para su construcción del Estado” (p. 26), siguiendo una cadena cuyos eslabones se engarzan de forma absolutamente necesaria: la debilidad genera peligro; el peligro, temor; el temor, el deseo de seguridad; y el deseo de seguridad, en fin, la necesidad de protección. Los meandros de la discusión llevan a continuación a los dialogantes a un problema que había interesado a Schmitt ya en su etapa anterior: el de las antesalas del poder, su composición, funcionamiento y dialéctica. “Delante de cada espacio de poder directo –señala- se forma una antesala de influencias y poderes indirectos, un acceso al oído, un pasaje a la psique del poderoso” (p. 30). Y es propio del poder político que, cuanto más concentrado se encuentre éste, más aguda y violenta sea la lucha en su entorno inmediato, y es en esa lucha –concluye Schmitt- donde se materializa la dialéctica interna de todo poder humano.

Pero, entonces, el poder ¿es bueno o malo, o qué es? La pregunta sobre la condición moral del poder –podría contestar Schmitt- carece de sentido o, cuando menos, está mal planteada. En primer lugar, porque el poder –como ya reconocieron Maquiavelo o Hobbes- es una magnitud objetiva, determinada por reglas propias y ajenas, en principio, a las reticencias morales. Pero además, y en términos que tienen un cierto regusto nietzscheano, el profesor responde: “tener el poder significa, sobre todo, tener la posibilidad de definir si un hombre es bueno o malo. Es parte de su poder” (p. 40). Sin embargo, la dificultad no queda así solventada y cabe seguir cuestionándose quién tiene razón: si el papa Gregorio Magno, cuando afirma que “sólo la voluntad de poder es mala, pero el poder en sí mismo siempre es bueno” (p. 41), pues procede de Dios; o el historiador Jacob Burckhardt, cuando sentencia: “El poder en sí mismo es malo”. Schmitt reconoce la superioridad de Gregorio Magno, y apunta una coincidencia histórica cargada de significado: “Es precisamente –dice al final de la cuarta ‘escena’- a partir de la época en que parece completarse esta humanización del poder –a partir de la Revolución Francesa- que se difunde de manera irresistible la convicción de que el poder en sí mismo es malo. La sentencia Dios ha muerto y la otra sentencia El poder es malo en sí mismo proceden de la misma época y de la misma situación. En el fondo ambas afirman lo mismo” (p. 44).

Pero ¿qué puede decirse del poder en la Modernidad tardía? Aquí salta de inmediato esa Frage nach der Technik que tanto había interesado a los intelectuales de la Revolución Conservadora alemana, pero que también se cuenta entre las preocupaciones nodales de la Teoría Crítica (Anders, Benjamin, etc.). La peligrosidad de los recursos técnicos –advierte Schmitt- ha crecido de forma ilimitada y, como consecuencia, la peligrosidad del hombre con respecto a los demás hombres ha aumentado de forma proporcional. El resultado es que la diferencia entre el poder y la carencia de poder se amplia tanto que es necesario plantearse de nuevo incluso el mismo concepto de ser humano. Pero, en tal contexto, no sólo cambia el ser humano, que queda reducido –y esto incluye también a los ‘poderosos’- a un simple engranaje de los dispositivos técnicos, sino igualmente la naturaleza del poder: “El poder se le ha escapado de las manos al hombre mucho más que la técnica; los hombres que usan esos recursos tecnológicos para ejercer su poder sobre otros ya no están entre iguales con los hombres expuestos a su poder” (p. 48).


(1) Existe una versión anterior en castellano cuya responsable es Ánima Schmitt de Otero, la hija de Carl Schmitt. La traducción apareció primero en la Revista de Estudios Políticos, vol. 55, nº 78, 1954, pp. 3-20, y más tarde fue incorporada al libro Carl Schmitt. Diálogos, Madrid, 1962, que además incluía un prólogo de Schmitt escrito para la ocasión.

* PARA SABER MÁS SOBRE CARL SCHMITT.

* ANTES EN LIBROS CONTADOS.

viernes, 11 de diciembre de 2009

AGITPROV. ¡Abajo los jefes! - Joseph Déjacque (1859)


Obrero decorador, especializado en papel pintado, poeta, revolucionario de los del 48 (1800, se entiende), preso político en diversas ocasiones, anarquista de los de la primera hornada, discípulo respondón de Proudhon, publicista de la Idea, migrante en el Nuevo Mundo, editor del primer periódico comunista libertario de la historia de los Estados Unidos, autor de El Humanisferio, utopía anárquica, Joseph Déjacque o Déjacques (1821-1864), según el caso, es conocido por haber entregado a la lengua francesa el neologismo libertaire.

Hasta hoy había permanecido inédito en castellano; con ¡Abajo los jefes! inauguramos nuestra propia Biblioteca Déjacque.


“Todo lo que no es la libertad está contra la libertad. La libertad no es cosa que se pueda conceder. No corresponde al capricho de cualquier personaje o comité de salud pública el decretarla o el entregarla como regalo. La dictadura puede cortar las cabezas de los hombres, pero no hacer que vuelvan a crecer y que se multipliquen; puede transformar las inteligencias en cadáveres; puede hacer que los esclavos se arrastren y agiten bajo su bota y su fusta, como si fuesen gusanos u orugas, aplastarlos bajo su dura pisada, pero sólo la libertad puede darles alas”.
- ¡Abajo los jefes! (1859).




jueves, 12 de noviembre de 2009

AGITPROV. Todos Coupat, todos culpables - Alain Brossat (Nuevo título para descargar)



En la noche del 7 al 8 de noviembre de 2008, unos ganchos de hierro convenientemente colgados de las catenarias paralizan el tráfico del TGV (Tren de Alta Velocidad) en la región francesa de Seine-et-Marne. Tras el acto de sabotaje, el relato policial reconoce la amenaza de un nuevo terrorismo de extrema-izquierda y, de inmediato, las pesquisas se centran en un grupo de jóvenes metropolitanos recientemente instalados en el pueblo de Tarnac (Corrèze). El 11 de noviembre, miembros de la gendarmería hacen nueve arrestos; entre los detenidos se encuentra Julien Coupat, en el que la policía cree reconocer una versión adaptada del cattivo maestro de otros tiempos: no sólo se le acusa de ser uno de los responsables directos del atentado, sino además el inspirador ideológico de una pequeña célula terrorista, cuyo programa de acción se encontraría en La insurrección que viene, un librito publicado poco antes y del que, según la versión policial, Coupat sería el autor. Resultado: seis meses y medio de prisión antes de obtener la libertad bajo fianza.

El texto que publicamos ahora plantea el affaire Coupat como una suerte de revulsivo que ha sacado a la superficie las muchas miserias que atraviesan el espacio público francés (aunque podría aplicarse –imagino- a cualquier otra formación social): desde los miedos fingidos o reales –aunque previsibles- de los gestores del Capital hasta las lamentables contradicciones y la hipocresía, consciente o inconsciente, de los intelectuales de la izquierda radical. Unos y otros habrían contribuido, según su autor, a vaciar de sentido la propuesta de los chicos de Tarnac y a hacer ilegible un texto tan corrosivo –y, en efecto, tan potencialmente peligroso- como La insurrección que viene.

*


Alain Brossat nació en Villefranche-sur-Saône en el año 1946, y es profesor de filosofía en la Universidad París VIII, fundada tras las movidas de Mayo. Es miembro del comité de redacción de las revistas Lignes, Drôle d’époque y Asylon(s), del comité de lectura de Éditions La Fabrique (qué publicó en Francia La insurrección que viene) y del equipo editorial de la red científica TERRA (Travaux, Études, Recherches sur les Réfugiés et l’Asile). Ha publicado una veintena de libros; en castellano, puede leerse La democracia inmunitaria (Palinodia, 2008).





sábado, 19 de septiembre de 2009

AGITPROV. Blanchot y el Comité de Acción Escritores-Estudiantes

Ando últimamente ocupado en la traducción de los Escritos políticos de Maurice Blanchot (de próxima aparición, si nada se tuerce, en Acuarela & A. Machado Libros). Acabo de verter al castellano un texto del que puede encontrarse un fragmento debajo de estas líneas. El contexto en el que fue producido (la aparición del primer número del boletín del Comité de Acción Escritores-Estudiantes en la Francia del inmediato post-mayo) difiere del actual, pero creo que mantiene su interés en este tiempo nuestro, dominado por lo hiper-textual, la Web dos-punto-cero y las redes sociales. Permanezcan atentos a sus pantallas.


1. Los textos serán anónimos. El anonimato no está sólo destinado a levantar el derecho de propiedad del autor sobre lo que escribe, ni siquiera a despersonalizarlo liberándolo de sí mismo (su historia, su persona, la sospecha que se asocia a su particularidad), sino a constituir una palabra [parole] colectiva o plural: un comunismo de la escritura.

2. Los textos, por esta razón, serán de carácter fragmentario: precisamente para hacer posible la pluralidad (una pluralidad no unitaria); abrirle un lugar y, al mismo tiempo, no detener jamás el propio devenir: siempre ya rotos y como destinados a la ruptura, a fin de encontrar su sentido no en ellos mismos, sino en su conjunción-disyunción, su puesta en común, sus relaciones de diferencia.

3. Puesto que el sentido deriva de la puesta en común (la continuidad de una serie de textos siempre discontinuos e incluso divergentes, de formas y “géneros” esencialmente diferentes), no hay motivos para distinguir entre textos ya publicados y textos escritos para la publicación. Hay a menudo en los textos ya publicados, latente en ellos, una posibilidad de cita, es decir, una pertenencia al fragmento, o más simplemente fragmentos, frases, parágrafos, los cuales, puestos en relación con otros, pueden adquirir un nuevo sentido o servir a nuestro trabajo de investigación. Abandonar toda idea preconcebida de originalidad o de privilegio de lo inédito.

4. Asimismo, una información cualquiera extraída tal cual, en su fuerza bruta sin comentarios, puntuando de lejos o poco a poco la serie discontinua de los textos, formará también parte de ese mismo trabajo de investigación.

5. Deberán, pues, y en primer lugar, expresarse o verse expresados, de una manera directa o indirecta, los sin palabras, los no escritores, esos precisamente a los que el discurso no alcanza, incluso si es en este discurso en el que creen hacerse entender mejor.

6. En resumen, el lenguaje no está dado en el contenido de los textos ni en su forma, sino en sus relaciones, en el conjunto, por lo demás, necesariamente discorde que éstas pueden constituir. Gracias a esta discontinuidad, a su ausencia de cierre, aparecerá la búsqueda de un lenguaje más radical, que se sitúe fuera del discurso, fuera de la cultura, un lenguaje que, aun siendo declarativo, debería seguir manteniendo el trabajo de una interrogación incesante.

7. Publicación esencialmente irregular, condenada a la irregularidad tanto en el tiempo como en su formato y formulación.

jueves, 27 de agosto de 2009

NOTICIAS. Biblioteca 'Multitud'

Multitud (la Red Social) inaugura su BIBLIOTECA de libros en formato pdf. Ya hemos incorporado cerca de un centenar de títulos. Para hacer consultas, descargas o donaciones, sólo hay que hacer clic AQUÍ.




"Con el fin de poner un poco de orden en nuestra biblioteca y de facilitar la consulta a nuestros usuarios, más abajo puede encontrarse un listado alfabético de los autores ya incorporados. Tras el nombre de cada uno de ellos figura una sencilla clave de localización de los textos: el PRIMER NÚMERO se corresponde con el de la PÁGINA y el SEGUNDO con la POSICIÓN que ocupa dentro de ella, empezando por abajo. De tal forma que para remitirse, por ejemplo, a los libros de SPINOZA, BARUCH DE – 2. 3, será necesario descender hasta el final de la página visible (la número 1, por defecto) y pulsar en el recuadro 2; una vez en la segunda página, bastará con desplazarse hasta el comentario cuyo número figura en segundo lugar (en este caso, el 3), y así sucesivamente".
[De la Presentación]

BOÉTIE, ÉTIENNE DE LA – 2. 2

DEBORD, GUY – 2. 7

DÉJACQUE, JACQUES – 1. 8

DELEUZE, GILLES – 1. 6

DELEUZE, GILLES (On Hume) – 1. 3

FOUCAULT, MICHEL – 1. 1

GUATTARI, FÉLIX – 1. 7

GUERRERO, DIEGO – 1. 5

HEGEL, G. W. F. - 1. 11

KORSCH, KARL – 2. 5

LEFEVBRE, HENRI – 2.8

LUKÁCS, GYÖRGY - 1. 10

MAQUIAVELO - 2. 1

MARX, KARL – 2. 4

NEGRI, TONI - 2. 6

SPINOZA, BARUCH DE – 2. 3

VIRILIO, PAUL – 1. 9

VIRNO, PAOLO – 1. 4

ZIZEK, SLAVOJ – 1. 2
ÚLTIMAS ADQUISICIONES:
ALAIN BADIOU
CORNELIUS CASTORIADIS
CARL SCHMITT

jueves, 5 de marzo de 2009

AGITPROV. Proletariado Juvenil / Poder como Autonomía - A/traverso (1975)

A falta de algo mejor, recupero un viejo proyecto y, al propio tiempo, un texto primerizo del grupo boloñés A/traverso, vinculado a la mítica Radio Alice, a la que también se ha hecho referencia aquí en alguna otra ocasión. La versión original en italiano puede leerse AQUÍ.




Proletariado juvenil

Eliminar la autonomía, destruir sus contenidos, ése es el objetivo político de esta etapa con la que debe terminarse la crisis. Pero dicha etapa exige además la expulsión de fuerza de trabajo de las fábricas, y, más precisamente, la expulsión del estrato social más radical y conscientemente renuente al trabajo asalariado. A esto ha conducido el ataque emprendido por el capital, durante este último año, contra la ocupación obrera. El proyecto no consiste simplemente en expulsar del espacio productivo a una vanguardia política, sino a un estrato social completo, no consiste simplemente en echar de la fábrica a los niveles organizados de la autonomía, sino en echar a centenares de millares de jóvenes escolarizados, absentistas, igualitarios; echar, en suma, a los conscientes. Contra dicho estrato social se ha puesto en marcha el fondo de desempleo, la desocupación, el trabajo eventual, el subempleo. Sin embargo, de este modo se crea un estrato vastísimo de proletariado juvenil móvil que vagabundea por las metrópolis del área europea. El fondo de desempleo en torno al 93 % del salario en Italia, el despido con el 100 % del último salario percibido en Alemania, el trabajo eventual, la colectivización. Movimiento es el estrato social que se mueve. Y el ataque capitalista contra la fuerza organizada de la clase obrera apunta a una reorganización del trabajo que reduce en conjunto el tiempo de trabajo necesario y transforma radicalmente la relación entre trabajo vivo y trabajo maquínico. Pero, desde el punto de vista capitalista, lo que cuenta es el signo, la cualidad política con la que se determina tal modificación: como reducción de los márgenes de autonomía del trabajo vivo y reactivación de los mecanismos de dominio de la valorización. Un ejército de jóvenes que vive sin trabajar. Y es esta nueva realidad –la formación de ese ejército proletario escolarizado, irreductible a la categoría de ejército industrial de reserva- la que se permite poner en el orden del día cuestiones teórico-políticas relacionadas con la formación de la existencia, con la necesidad de liberación de la vida cotidiana, con la colectivización de la escritura como intervención formativa sobre la realidad, no como temáticas colaterales, sino como elementos de redefinición general de la línea de clase. A este respecto, ya no es suficiente con identificar la vanguardia sólo en la fábrica; el movimiento produce una vanguardia socialmente móvil, que es clase obrera no por su posición en el proceso productivo, sino por la forma de su existencia política, social, cultural.


Poder como autonomía


Hoy, la emergencia de un estrato que se consolidó políticamente a finales de los años sesenta y que después se disgregó políticamente, pero se masifico socialmente, vuelve a poner en cuestión el problema del poder de un modo que es de nuevo irreductible al subjetivismo organizativo y socialista. El poder capitalista es mucho más que la simple máquina de control y coordinación estatal: se configura como sistema de dominio articulado sobre todo el terreno de las relaciones sociales; es el sistema completo de los instrumentos de control que garantiza la reproducción del dominio capitalista sobre el trabajo. Poder obrero no puede significar la transferencia a la maquinaria estatal de la representación política del proletariado; la clase obrera no tiene interés en una identificación con el funcionamiento social y productivo global. El interés obrero se encuentra, por el contrario, en la disgregación del aparato de control sobre la maquinaria y en el reforzamiento de la autonomía como dislocación en otro lugar, como transformación de sí, de la propia figura, por parte de las masas. Todavía, durante una fase histórica completa, la función del capitalismo –como sistema de valorización y de acumulación, aumento de la capacidad productiva de la maquinaria, reducción del trabajo necesario- no se ha agotado y el desarrollo de las potencialidades que el sistema contiene redunda en interés de los obreros. La sociedad capitalista intenta someter continuamente a los movimientos obreros al dominio político de la valorización; poder obrero es capacidad de disociación del desarrollo con respecto al poder político. Obligar al capital a renovarse, a reducir el trabajo necesario, pero impedir la soldadura de las estructuras productivas como mecanismo de dominio. Poder obrero es autonomía del desarrollo dentro del desarrollo. Pero, para que esta dialéctica funcione, es preciso reconocer no sólo que la clase obrera es la fuerza propulsiva del desarrollo, objetivamente hegemónica en la relación productiva, sino también que es, subjetivamente, extrañación respecto al desarrollo, autosustracción a la producción de valor, autoemplazamiento en otro lugar, con respecto al espacio de la producción, en el espacio del movimiento. El poder ha de entenderse, pues, como instrumento de esta necesidad y de esta posibilidad de autonomía respecto a la sociedad del trabajo y del desarrollo, como instrumento de una extrañación que es separación, en un espacio en el que es posible la transformación de la propia existencia en movimiento.


miércoles, 17 de diciembre de 2008

LIBROS CONTADOS. Cabanis, el médico ante el cadalso



El día 17 de julio del año 1793, IV de la República francesa, es guillotinada Charlotte Corday, la asesina de Marat. Conforme al testimonio de algunos de los que asisten a la ejecución, la cabeza decapitada de la joven se sonroja cuando el verdugo le propina un bofetón al tiempo que la muestra, sangrante, al pueblo-espectador. La veracidad de la anécdota se convierte enseguida en centro de una sabrosa discusión, en la que se entremezclan cuestiones de orden fisiológico, moral y jurídico.

¿Qué es el dolor? ¿Qué o quién siente dolor? ¿El invento del doctor Guillotin es aberrante por la intensidad del dolor que inflige en sus víctimas? ¿O hay otros motivos mejor fundados? ¿No será acaso la decapitación mediante la guillotina la forma más humanitaria en que puede aplicarse la pena capital? ¿Es inevitable la aplicación de dicha pena? ¿Cumple, en efecto, con la función que le asignan sus valedores?

El Siglo de las Luces es el siglo de la Revolución, y también el siglo del desarrollo de la cirugía y de la higiene pública, el siglo de la aparición de la clínica moderna (1). Las figuras del médico, del cirujano y del higienista tienden a confluir y se convierten en un referente científico y de legitimación política de primer orden. Su discurso es determinante, por ejemplo, en la adopción de la guillotina como método de ejecución por parte de la Asamblea revolucionaria en el año 1792 (2). Guillotin, Louis o Cabanis eran médicos, y no por casualidad.

Maia Ediciones (3) publica ahora una magnífica versión en castellano de la Nota sobre el Suplicio de la Guillotina del doctor Pierre-Jean-Georges Cabanis. En este breve pero denso texto, el médico se enfrenta a aquellos que quieren asentar el mito de la cabeza sintiente en la razón científica. Eminencias de la época como Samuel T. von Soemmering o Jean Sue defienden la idea de que “las cabezas separadas de sus cuerpos son capaces de sentir enormes dolores”; el primero señala incluso que, al ser la cabeza la residencia natural del alma, el dolor es aún más intenso cuando aquélla se separa del cuerpo; y el segundo, que “un hombre cortado en pedazos siente dolor en cada uno de ellos”.


Téngase en cuenta que la implantación de la guillotina como pena capital se había fundado en la humanidad del método. La guillotina era, en primer lugar, una concreción del ideal revolucionario de Igualdad: un medio de ejecución que, hasta ese momento, se había reservado para nobles y clérigos en cierto modo se democratizaba. Pero además, y lo que es más importante, respondía a los imperativos de modernización –i. e. de humanización y racionalización- del sistema penal establecidos por Beccaria pocos años antes. Se trataba, en realidad, de impactar en la opinión pública y, al mismo tiempo, de evitar el sufrimiento del verdugo, del reo y de sus familiares. Como el propio Marat había propuesto en 1777, el aparato de suplicio “debía ser aterrador, pero la muerte dulce”.

Los argumentos de Soemmering, Olsen y Sue pretendían apoyarse, pues, en las mismas razones que habían servido para defender las virtudes de la sainte Guillotine. Si la máquina produce dolor en el ajusticiado, y además un dolor que en nada desmerece de los sufridos por los ejecutados por el Antiguo Régimen, entonces queda invalidada como instrumento de progreso. Cabanis, sin embargo, anula con elegancia las argumentaciones de sus colegas fisiólogos. “Basta un poco de reflexión –advierte- sobre las leyes de la economía animal para darse cuenta de que se ha partido aquí de un principio falso”. Soemmering y compañía se equivocan al considerar el movimiento orgánico o muscular como un indicio inequívoco de la sensación y el dolor. “Un hombre guillotinado –escribe- no sufre ni en los miembros ni en la cabeza; su muerte es rápida como el golpe que recibe; y si bien en los músculos de los brazos, de las piernas y de la cara pueden verse algunos movimientos […], éstos no demuestran que haya dolor ni sensibilidad, pues dependen únicamente de un resto de facultad vital que la muerte del individuo, la destrucción del yo, no aniquila de modo inmediato en esos músculos ni en sus nervios”.

Y sin embargo, hay motivos para combatir la guillotina. La muerte que la máquina produce es dulce, conforme a los propósitos de Guillotin, Louis y, como hemos visto, también de Marat. Pero ¿es lo bastante aterradora? ¿Sirve eficazmente, como quería Saint-Just, al fin de forjar una conciencia pública? La respuesta de Cabanis es negativa. Si se quiere que la máquina decapitadora cumpla su función es necesario que su uso se haga “más raro y difícil”, pues un empleo excesivo hace que el pueblo se acostumbre “a la visión de la sangre”. Por otro lado –continúa Cabanis-, el valor de la guillotina como espectáculo ejemplificante también deja bastante que desear: “Los espectadores –lamenta- no ven nada, no hay ninguna tragedia para ellos, no tienen tiempo de sentirse conmovidos”. La escenificación es pobre y, paradójicamente, recuerda demasiado a los tiempos oscuros del Régimen anterior.

Y lo curioso es que la conclusión del doctor Cabanis, como la del Robespierre de 1791, es de signo abolicionista: “Si los fisiólogos a los que yo combato –afirma- consiguen sustituir la guillotina por un tipo de muerte igual de dulce, pero más imponente, más capaz de impresionar a los espectadores, y que guarde mejor en el condenado el respeto que siempre se le debe a un hombre, bendeciré sus esfuerzos; a pesar de que, bajo cualquier otro punto de vista, creo que se equivocan. Y bendeciré sobre todo a nuestros legisladores cuando consideren poder abolir una pena que siempre he considerado un gran crimen social y que, en cambio, según creo, jamás ha prevenido ninguno”.



(1) Véase Breve historia de la medicina, José María López Piñero, Alianza Editorial, 2000, pp. 122 y ss.

(2) Daniel Arasse, La guillotine et l’immaginaire de la Terreur, Flammarion, Paris, 1987.

(3) No he podido conseguir información con respecto a esta –para mí- nueva editorial. La dirección digital que aparece en la página legal del libro –www.maiaediciones.com- está inactiva. Lo que sí puedo decir es que habrá que hacerle un seguimiento. Los libros con los que se ha lanzado al mercado son –como poco- interesantes. Entre ellos se encuentra Un Resumen Completo de El Capital de Marx de Diego Guerrero, que acaban de regalarme y del que hablaré en otra ocasión.




miércoles, 12 de noviembre de 2008

CIERTO DESCONCIERTO - BLOC DE NOTAS. Página 7

Una sección compuesta de apuntaciones sueltas –como diría Moratín- sobre lo que nos va hiriendo los ojos, los oídos y la inteligencia a lo largo de la semana.



La rueda quemada y la fiesta del Bush. Leo lo siguiente en Badiou: “[…] el siglo [XX, se entiende] fue el siglo de la manifestación. ¿Qué es una ‘mani’? Es el nombre de un cuerpo colectivo que utiliza el espacio público (la calle, la plaza) para mostrar el espectáculo de su propio poder. La manifestación es el sujeto colectivo, el sujeto-nosotros, dotado de un cuerpo. Una manifestación es una fraternidad visible. La reunión de los cuerpos en una sola forma material en movimiento tiene la función de decir: ‘nosotros’ estamos ahí, y ‘ellos’ (los poderosos, los otros, los que no participan de la composición del ‘nosotros’) deben tener miedo y tomar en cuenta nuestra existencia”. Y en los telediarios veo a los trabajadores de Nissan-Barcelona al asalto de la casa del Patrón, y a los de Naval-Gijón junto a neumáticos en llamas, con los rostros cubiertos por pasamontañas, los vestigios de la Segunda y la Primera revoluciones industriales, o de las que sean, enfrentando la rabia obrera al tiempo clausurado del Capital. Es una sensación extraña la que se produce al contemplar la irrupción violenta de esta figura borrada por un discurso mediático –o lo que es lo mismo, por una Realidad- que oscila desvergonzado entre el gesto falsamente caritativo hacia los cadáveres de esos empobrecidos que, con regularidad pasmosa, escupe el mar y la hueca indignación ante la obscenidad de ricos multibillonarios que hacen regalos multibillonarios a otros ricos multibillonarios. El siguiente plano muestra, de hecho, una salva de aplausos en la Bolsa de Nueva York; al parecer, las cifras indican que, pasito a pasito, los inversores van recuperando la Confianza.

Y eso que llaman Clase Política ¿qué hace entretanto? Su especialidad: el ridículo. Si no otra cosa, esperemos al menos que la Crisis sirva para mostrar una vez más la desnudez del Emperador, su condición de mero Delegado de las necesidades de los mercados y los mercaderes, o de Policía del Capital cuando el sano orden de las cosas comienza a descomponerse. En principio se hablaba de ‘refundar el capitalismo’, como si el capitalismo no estuviese ‘refundándose’ cada segundo, a cada paso que damos. Después, redujeron sus pretensiones, pues tampoco es cosa de ponerse estupendos y keynesianos cuando la nave zozobra un poquito. Se dieron cuenta de que no conviene pasarse con la medicación, que –como bien sabían los antiguos- entre el remedio y el veneno hay sólo una diferencia cuantitativa y que el exceso de cuidados bien podría acabar de arruinar la débil salud del enfermo. Ya se sabe: tras el aséptico intervencionismo acecha siempre el demonio socialista. Conque tras una leve reprimenda al Especulador Irresponsable y después de calzarse la careta de estadistas contritos, nuestros políticos se han puesto a hacer la maleta para ir a la Fiesta del Bush. El Francés, el Alemán y el Americano se van juntar como en los chistes, para contar y cantar las virtudes de sus respectivas versiones nacionales del Sistema. Hasta Zapatero se ha peinado y puesto colonia para la ocasión. Su familia socialdemócrata está muy contenta porque un neo-petainista saleroso le ha conseguido una entrada de última hora para el sarao. Y en España andamos indignados porque a la Reina no le molan los maricas.


martes, 30 de septiembre de 2008

AGITPROV. ¡'Multitud' cumple un año!



Multitud’ acaba de cumplir un añito. En estos días ando preparando, junto a Julián Lacalle -de la Editorial Pepitas de Calabaza-, una selección de textos del anarquista francés Albert Libertad, y se me ha ocurrido que un pequeño adelanto de lo que -si todo va bien- se convertirá en libro podría ser un buen regalo de aniversario. Ahí va.



EL SINDICATO O LA MUERTE (1906)

Dicen que los lobos no se devoran entre sí.

Tengo muy pocos conocimientos personales sobre las costumbres de tales bestias como para permitirme creer que este dicho es menos idiota que la mayoría de los dichos.

Si, por casualidad, fuese exacto, para nosotros no probaría más que una cosa: que entre los hombres y los lobos hay, amen de las disparidades zoológicas, una fenomenal diferencia de apetitos.

Es probable, y hasta seguro, que la civilización, tan maravillosamente favorable al desarrollo de nuestros más salvajes instintos, haya destruido en nosotros los escrúpulos que nuestra ferocidad acaso tenían en común, en mejores tiempos, con la de los lobos.

Ya no nos hallamos, ay, en la antropofagia vulgar; aquella que se contenta precisamente con degollar, trinchar, cocinar y digerir carne humana. Tales procedimientos simplistas han quedado relegados a ciertas latitudes tropicales, en las cuales, aunque al parecer cada vez menos, siguen aplicándose.

En nuestro caso, en los buenos países privilegiados, donde el progreso se ha abierto paso, nos devoramos con una glotonería tanto menos escrupulosa cuanto que podemos cocinarnos de mil fáciles maneras, por no decir de lo más agradables.





OTROS TEXTOS EN 'MULTITUD':






miércoles, 20 de agosto de 2008

LIBROS CONTADOS. Écrits Politiques (1953-1993) - Maurice Blanchot





Les Cahiers de la NRF-Gallimard acaba de publicar los Écrits Politiques (1953-1993) de Maurice Blanchot. La edición, a cargo de Éric Hoppenot, integra textos ya aparecidos en la selección del año 2003 en Lignes / Léo Scheerer e incorpora algún que otro inédito y algunas notas de contextualización que se echaban en falta en la recopilación anterior. Así que, a pesar de todo, puede decirse que se trata de una novedad editorial, y acaso una de las más destacables en un mercado que, por lo que se refiere a la literatura política, ha estado saturado esta temporada por la conmemoración de los acontecimientos de Mayo.

Y no es que Mayo del 68 no esté presente en los textos de intervención pública de Blanchot. Muy al contrario. Las revueltas de Mayo ocupan aproximadamente un cuarto de la extensión total del libro. Sin embargo, el poder encantatorio de la fecha y su potencial como reclamo comercial quedan diluidos en el paréntesis cronográfico del título. El 68 se difumina del mismo modo que Blanchot se pierde en el anonimato o en la composición de textos de firma colectiva. Blanchot se revela así como el reverso del intelectual comprometido parisino al modo de Sartre. Rehuye los neones y escapa de lo sistemático, pero, cuando el acontecimiento lo reclama, su voz sin nombre está siempre disponible.

La referencia a las fechas tiene, con todo, más enjundia de lo que pudiera pensarse en un primer momento. Para quienes se acerquen por primera vez a la obra de Blanchot o conozcan a medias al personaje, el título puede llevar a engaño. Estos Escritos Políticos no incluyen, como pudiera parecer, todos los escritos políticos que el autor de Thomas el Oscuro produjo a lo largo de su vida (1907-2003). Como señala Hoppenot en su introducción con un giro eufemístico algo sospechoso, aquí se descuidan los “extravíos [de Blanchot] en los periódicos de la derecha nacionalista durante los años treinta”. Porque, en efecto, el Blanchot que se presenta en estos textos es el protagonista y el resultado de una de las más sorprendentes labores de reconstrucción ideológica producidas en la Francia de la Segunda Posguerra. Un Blanchot II, por así decir. Publicista activísimo de la nebulosa protofascista del non-conformisme en la década de los treinta, Maurice Blanchot se transforma, tras tres lustros de duelo y silencio, en militante anti-gaullista, en autor principal del llamado Manifiesto de los 121 y en uno de los más combativos escritores de la izquierda radical durante los movidas de Mayo.

A la espera de una improbable versión en castellano o de que algún editor osado me ofrezca un contrato de traducción, ahí va un par de ejemplos de lo que el libro ofrece:



RUPTURA DEL TIEMPO: REVOLUCIÓN


Desde el instante en el que, por el movimiento de las fuerzas que tienden a la ruptura, la revolución se manifiesta como posible, de una posibilidad no abstracta, sino histórica y concretamente determinada, desde ese instante, la revolución ha tenido lugar. El único modo de presencia de la revolución es su posibilidad real. Entonces, hay interrupción, suspense. En esa interrupción, la sociedad se deshace de parte a parte. La ley se desploma. La transgresión se produce: es, por un instante, la inocencia; la historia interrumpida.

Walter Benjamin: “El deseo consciente de romper la continuidad de la historia pertenece a las clases revolucionarias en el momento de la acción. Es una consciencia semejante la que se afirma en la revolución de julio. En la velada del primer día de lucha, simultáneamente aunque por iniciativas independientes, en diversos lugares se disparó contra los relojes de París” (P. 189).




Blanchot-Lévinas

miércoles, 23 de enero de 2008

AGITPROV. Escohotado y los 'Partidos Democráticos'

Locomotora actual del desarrollo, Internet recorta la mediación que se ha interpuesto tradicionalmente entre proveedores y consumidores, oferta y demanda, al permitir que un golpe de tecla invoque toda suerte de deseos. Como observa Gates, la propia velocidad del proceso convierte los bienes en servicios, y amenaza a cualquier intermediario que no incorpore valor añadido. Teniendo medios de transporte, ahora basta meter el producto en la red para que su ciclo se cumpla de principio a término. Esto habilita procesos de producción cada vez más largos o desdoblados, donde los factores se aprovechan al máximo, porque los bienes resultantes pueden venderse en un mercado mucho mayor, mucho más rápidamente. La inyección de efectivo derivada de ello eleva a su vez el periodo medio de producción, lo cual capitaliza cada etapa e incrementa la productividad del conjunto.

Así pues, representantes, delegados, almacenistas y hasta la vieja tienda llena de dependientes aprenderán nuevos oficios y venderán cosas distintas, de manera distinta también. Tras el teléfono, la radio y el televisor, que redujeron progresivamente la incomunicación por razones geográficas, la malla que conecta ordenadores de todo el planeta minimiza hasta extremos inauditos la distancia entre emisores y receptores de productos. Contiguos hasta el extremo en que ahora están, productores y consumidores sencillamente tienen más tiempo: los unos para confeccionar su oferta, y los otros para decidir su demanda. Lógicamente, quienes no tienen tanto tiempo son los propios vehículos materiales del cambio –las empresas del punto com-, que compiten frenéticamente por usuarios.


Así es la realidad económica, no menos que la pedagógica, la científica y la lúdica. La realidad política desconoce aún este asalto general a la lejanía física. Los plazos del mandato representativo, y las modalidades previstas para tomar decisiones, se adaptan a tiempos de las Cortes de Cádiz, donde enviar una señal de Pamplona a Málaga y de allí a Tenerife, con vuelta, tomaba un año o poco menos, y la comisión otorgada al político debía adaptarse a eso mismo. Innecesario es añadir que ese intercambio se hace ahora en una centésima de segundo, casi gratis en términos energéticos, con imagen de alta definición y sonido hi-fi. [LEER TEXTO COMPLETO]
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sábado, 5 de enero de 2008

NOTICIAS. Nuevo título de la Editorial Agitprov

La Editorial Agitprov lanza un nuevo título. Se trata de La Nueva Derecha. Cuarenta años de agitación metapolítica, versión reducida (aproximadamente la mitad de su extensión original) de la Tesis Doctoral La Nouvelle droite, un gramscismo de derechas, cuyo autor es este humilde servidor de ustedes. Para qué ir a buscar más lejos. En tanto se publica en papel -si es que llega a publicarse-, se puede descargar desde AQUÍ y, por supuesto, a través del enlace de la EDITO-BIBLIOTECA AGITPROV.

"La Nueva derecha es, en realidad, una hija bastarda de las movidas de mayo del 68 y se encuentra en el origen de un profundo proceso de renovación militante e ideológica que va a afectar a un sector importante de la extrema derecha política y metapolítica tras el fin de la II Guerra Mundial. En cierto modo, surge en una situación de crisis histórica que, para sintetizar, cabría identificar con las últimas boqueadas de la presencia colonial francesa en África y con los sucesivos fracasos del nacionalismo extremista y del primer neofascismo galos para frenar el proceso descolonizador y ganar espacios de poder." (Diccionario Crítico de Ciencias Sociales, Vol. 3, Ed. 2007).

Enlaces relacionados:

-Carl Schmitt. La cuestión del poder.

-Nowa Prawica: La antiglobalización en la encrucijada (En torno a la Nueva derecha polaca).

-Tomasiewicz - Sanromán. Correspondence (On Polish New Right II).

-Contra la Muerte del Espíritu: últimos avatares de una Nouvelle droite a la española.