domingo, 23 de septiembre de 2007

ELEMENTOS DE AUTOCRÍTICA (II)



Masas y multitudes. Decíamos ayer…

Un comentario de Ingobernable me obliga a hacer un excursus que espero sea breve. “Yo prefiero –dice él- utilizar la palabra masas en vez de multitudes. La masa al fin y al cabo es energía acumulada y organizada, que interacciona constantemente con su entorno y con ella misma. En cambio la palabra multitud me transmite sentimientos mecanicistas, y por lo tanto estáticos e inanimados”. Puede ser. Pero, al margen de las preferencias y de las posibles connotaciones agradables o desagradables que ambos términos puedan presentar, lo que cabría cuestionarse es si la distinción entre uno y otro resulta pertinente, teóricamente relevante y, lo que es más importante, produce consecuencias prácticas diferenciadas. Evitar discutir sobre palabras e ir a las cosas mismas, para entendernos.

Hay que aclarar los presupuestos iniciales del discurso, porque me parece –por lo que he leído de ambos- que Ingobernable y José Luis –que puso involuntariamente en marcha esta historia- parten de lugares muy diferentes. Simplificando mucho, podría decirse que, mientras Ingobernable representa la posición de lo que podríamos llamar el marxismo-leninismo clásico, la propuesta de José Luis se genera a partir de las referencias cruzadas de García Calvo y, sobre todo, Toni Negri, de quien toma el aparato conceptual básico. Yo mismo me he criado a los pechos teóricos de estos dos últimos, así que huelga decir que me encuentro más próximo al segundo que al primero de nuestros cibercamaradas.

Con todo, andaremos con pies ligeros para no enredar demasiado la madeja. Por lo que se refiere al viejo García Calvo, digamos que la noción de Masa –así, con mayúscula inicial- y la Sociedad a la que generalmente acompaña como genitivo apuntan a una realidad poco feliz. Masa es el conjunto sumatorio de Individuos, unidades contables y perfectamente intercambiables, cada uno con su numerito identificatorio –DNI o equivalentes- y, en los casos más perfeccionados de Desarrollo, con su autito personal. La Masa la forman –con perdón- ‘gilipollas’: aquellos que hacen, dicen o piensan lo que le mandan desde Arriba, pero convencidos de que lo hacen, dicen y piensan porque les da la gana, porque les sale de sus ideas y gustos propios. Con la o las Masas, pues, no hay nada que hacer.

En Negri, el término tiene sin embargo un uso algo menos irreverente y está vinculado al concepto obrerista de ‘composición de clase’. La definición de esta última que tengo ahora más a mano no es de Negri, sino de Bifo, pero nos vale igual. “A este concepto –afirma Berardi- no se le puede dar un significado meramente sociológico, analítico y descriptivo. Es preciso entenderlo como el devenir de la autonomía de clase, la recomposición de segmentos heterogéneos, fragmentos de conciencia de deseo, de expectativas, de rebelión, de ideología, de ilusión y de proyecto” (El sabio, el mercader y el guerrero). Una de las vetas más productivas de la relectura del marxismo que llevaron a cabo los autónomos italianos a partir de los años sesenta del siglo pasado –e incluso algo antes- se encuentra justamente aquí: en la quiebra del objetivismo y del rígido determinismo infraestructural de la vieja ortodoxia, en su privilegiar el momento subjetivo de las luchas y situar en el corazón de su propuesta el antagonismo de clase como auténtico motor de la historia, convirtiendo la creatividad proletaria en protagonista de tales cambios y no en simple fuerza subordinada a las necesidades del modo de producción capitalista. El término obrero-masa alude, según esto, a una determinada composición de la clase obrera: es una figura particular e históricamente situada del proletariado; y más en concreto, aquella que domina en los países occidentales entre el final de la Segunda Guerra Mundial y el año 1973. Pero también el de Multitud es un concepto de clase.



El de Multitud es un término que Negri rescata del viejo léxico de la ontología política barroca. En principio poseía uno contenido peyorativo, en cierto modo muy cercano al significado del concepto de Masa. En Hobbes, por ejemplo, ‘multitud’ designa lo amorfo pre-social, aquello que tiene que ser dominado y sometido a la norma del Soberano para adquirir la condición de político. Y de Hobbes arranca una tradición filósofico-política marcada por el trascendentalismo soberanista que dominará los siglos por venir. Sin embargo y por fortuna la tradición hobbesiana no es la única, advierte Negri; existe otra corriente –materialista, inmanentista, radicalmente democrática- que procede de Maquiavelo y llega hasta Marx, y que tiene una de sus cumbres en la obra de Baruch de Spinoza[1]. Para Spinoza, la multitud no es masa ni plebe, sino comunidad preñada de creatividad y riqueza: es la base de una república verdaderamente democrática. La Multitud es también el proletariado de la posmodernidad, posfordista y globalizada.

“Hoy –dice Negri en El exilio-, en la transformación de la modernidad en posmodernidad, el problema vuelve a ser el de la multitud. En la medida en que las clases sociales en cuanto tales se disgregan, el fenómeno de la auto-concentración organizativa de las clases sociales desaparece. Nos vemos pues frente a un conjunto de individuos, y sin embargo esta multitud se ha vuelto absolutamente diferente. Es una multitud resultado de una masificación intelectual […].”

Cerremos de momento con unas cuantas tesis fundamentales extraídas de Multitud (Negri / Hardt, 2004):

1. “La multitud es un concepto de clase”.
2. “La clase está determinada por la lucha de clases. […] Las clases que importan son las que se definen por las líneas de la lucha colectiva”. Es decir, aunque pudiese reconocerse la determinación en última instancia y en términos abstractísimos de la base económica, lo que de verdad resulta determinante es el antagonismo de clase, las luchas concretas, las derrotas y victorias, y las recomposiciones que de éstas se deriven.
3. “La clase es un concepto político, por cuanto una clase no es ni puede ser otra cosa sino una colectividad que lucha en común”. Esto es esencial. El concepto de clase social no tiene un significado primordialmente económico, sino político. En cierto modo, en el concepto de clase del que se sirven Negri y Hardt se concentran ya los tres momentos de conciencia que había distinguido Gramsci.
4. La multitud es “la totalidad de los que trabajan bajo el dictado del capital y forman, en potencia, la clase de los que no aceptan el dictado del capital”. En consecuencia, no se identifica con la clase obrera; es de hecho un concepto mucho más abierto y expansivo que el de esta última. En esta indefinición constitutiva de la multitud se encuentran las mayores potencialidades, pero también los mayores peligros.

En el próximo capítulo: Contrapoderes y ciberdemocracia.



[1] Este retorno a Spinoza debe mucho, dicho sea en un aparte, a la obra del último Althusser, que fue camarada y maestro de Negri en París.

2 comentarios:

mosaicore dijo...

Llego un poco tarde a la discusión, y esperando que ésta pueda retomarse, estimo necesario distinguir entre: masa, pueblo y multitud. Las distinciones hasta ahora esbozadas por nuestros guías espirituales dejan más o menos clara da diferencia entre estas dos últimas, pero siguiendo con la controversia en el mismo orden propuesto, tiende a confundir; a la masa (como problema fenomenológico), con el pueblo (la ciudadanía cautiva dentro de engranaje estatal) y la potencia de la multitud constituyente. Creo podemos jugar un poco con esto, para efectos de que en la práctica (discursiva por cierto) no se vea reunida en el imaginario de un nuevo pacto una cosa con la otra, como tiende a suceder, para bien o para mal en algunos finales felices de nuestros textos de consulta, y la masa gobernate.

un abrazo.

Amputaciones dijo...

Cambia a usted tan a menudo que pierdo la pista a los vaivenes de su ciberidentidad. Ahora me entero de que es don Rodrigo Sepúlveda el que se oculta / revela tras mosaicore.

Sus intervenciones son siempre -ya lo sabe usted- bienvenidas, y bienvenidas también cualesquiera aclaraciones conceptuales.

Debate, no sé si lo hay, aunque bien estaría que se abriese. E incluso mejor que echásemos a andar o continuásemos camino a pesar de las precariedades 'de orden teórico' que puedan irnos acechando.

En todo caso, te recomiendo -abandono ya la soplapollez del tratamiento de cortesía- que visites a menudo, si es que no lo haces ya, el blog de José Luis Redón. Es realmente brillante.

Venga, salud y nos seguimos escrileyendo.
Diego