"Sin
duda fue porque el sexo de la mujer resultaba a sus ojos imposible de
representar, de decir y de nombrar por lo que Lacan, siguiendo el consejo de
Bataille, adquirió en 1954 el famoso cuadro de Gustave Courbet L’Origine du
monde, realizado en 1866 para Khalil-Bey, un diplomático otomano que
residía en París.
En
él se descubría, en toda su desnudez, el sexo abierto de una mujer después de
las convulsiones del amor; es decir, eso que no se muestra y eso de lo que no
se habla, si dejamos al margen los discursos y los lugares reservados a la
pornografía. El lienzo había provocado el escándalo y causado la estupefacción
tanto de los hermanos Goncourt, que lo consideraban bello “como la carne de un Correggio”,
como de Maxime Du Camp, que veía en él una “basura” digna de ilustrar las obras
del marqués de Sade. Tras la muerte del diplomático, el cuadro se perdió de
vista, pasando de una colección privada a otra. Durante la Segunda Guerra
Mundial se encontraba en Budapest, donde los nazis lo confiscaron, y a continuación
pasó a manos de los vencedores soviéticos para finalmente ser revendido a unos
coleccionistas. Durante estos peregrinajes, había sido recubierto por una tabla
de madera sobre la que se había pintado un paisaje destinado a ocultar el
erotismo -considerado demasiado espantoso- de aquel sexo en estado bruto.
