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sábado, 23 de abril de 2022

Un par de recomendaciones para el Día del Libro


 

Lo que este año me gustaría recomendar no son dos libros, sino dos acontecimientos mayúsculos que implican a dos escritores para mí esenciales: Georges Bataille y Louis-Ferdinand Céline. Ambos son franceses, tant pis!

Acontencimiento nº 1. Del primer autor, la editorial Arena Libros publicó a finales del año pasado (es decir, que aún pertenece a la categoría de “novedades”) La soberanía, un texto que había aparecido por primera vez en francés en 1976, en edición de Thadée Klossowski (hijo de Balthus y, en consecuencia, sobrino de Pierre Klossowski), pero que hasta ahora no se había publicado en castellano. Se trata de un texto tardío (escrito entre 1953 y 1954), al que Bataille en ocasiones se refería con el título de Nietzsche y el comunismo, que planeaba sacar como tercer volumen de La parte maldita y que finalmente dejó inacabado e inédito. “La soberanía de la que hablo tiene poca cosa que ver con la de los Estados […]. Hablo en general de un aspecto opuesto, en la vida humana, al aspecto servil o subordinado”. No está mal como incipit, ¿eh?

ACONTECIMIENTO nº 2. Durante el verano de 2021 en Francia saltó la noticia de que se habían recuperado varios millares de páginas de Céline que se habían dado por perdidas tras la Liberación. Poco tiempo después, la editorial Gallimard anunciaba la publicación de tres de esas obras inéditas a lo largo del año siguiente. La primera, Guerre, de cuya edición se ha encargado Pascal Fouché (historiador, editor y experto en la obra de Céline), saldrá a la calle el día cinco del mes próximo, y llegará acompañada de una exposición de los manuscritos precisamente en la Galerie Gallimard de París. Según puede leerse en el portal de la editorial, Guerre es un texto escrito un par de años después de la aparición de Viaje al fin de la noche, y en él Céline narra las desventuras del cabo Ferdinand desde el instante en que, gravemente herido, recupera la consciencia en pleno frente de Flandes hasta el momento en que abandona Francia con destino a Londres. Yo ya tengo encargada la versión francesa. Ignoro si alguien ha adquirido los derechos para publicarla en España.

* VER EL RESTO DE RECOMENDACIONES EN DÉTOUR.

jueves, 16 de marzo de 2017

Torrente, fulgor, grito. Algunas notas sobre Historia del ojo de Georges Bataille.




C’est trop dur à penser un corps
sans commencement ni fin,
 c’est insupportable à penser
Roland Barthes

La littérature est même, comme la transgression
de la loi morale, un danger. Etant inorganique,
elle est irresponsable. Rien ne repose sur elle.
Elle peut tout dire
Georges Bataille





Preguntarse con el viejo Platón de la Gran Crisis: ¿existe la Idea del vello púbico, del lodo, de la inmundicia o de lo excrementicio? ¿Hay algún saber que pueda enredar entre sus mallas conceptuales la mierda y el vómito? ¿Pueden siquiera nombrarse los movimientos corporales que asociamos con lo sórdido, con los humores del bajo vientre? Si la respuesta es sí, ¿de qué tipo de jerga pringosa habríamos de servirnos? ¿Qué saber puede ser este? ¿Y qué sentido tiene?

Lo que se descompone, lo que me descompone, lo que trago y excreto, que es mío y luego ya no. A lo que llamo YO pero luego ya no. Lo que me pone en cuestión, lo que me saca de quicio y pone mis fluidos en comunicación con el fluir perpetuo del ser, lo que me disuelve en la corriente continua de una intimidad sin límites. La intensidad de la vida en una tensión insoportable, el deseo de la aniquilación que engendra la aniquilación del deseo. Lo que ansío hasta romperme y que por eso me angustia. 

Bataille lo sabía bien: se trata de buscar en los límites del lenguaje un lenguaje de los límites que irremediablemente terminará por abocarnos a un silencio extático. A la postre, una experiencia inefable y de lo inefable. Así también, Historia del ojo.



http://detour.es/paisajes/diego-luis-sanroman-georges-bataille-historia-del-ojo.htm

viernes, 15 de enero de 2016

¡ENCERRADLOS a todos! Pierre Clémenti en las cárceles italianas.


 

I


            D’où vient la prison? Je répondrai : « D’un peu partout ».
Michel Foucault



           

El veinticuatro de julio de 1971 Roma amanece bajo un calor asfixiante. En pleno corazón del verano, Italia bulle todavía sobre los rescoldos del autunno caldo. Aún no se han enfriado los diecisiete cadáveres de Piazza Fontana, Valpreda está en el trullo y a Pinelli la pasma le ha enseñado en qué consiste practicar el vuelo sin motor. Una vez más el Estado italiano le ha declarado la guerra abierta a su sociedad civil, y de momento parece ir ganando. Gladio hace de las suyas y se encarga de aplastar a esas fuerzas subversivas que la burocracia sindical y estalinista no consigue encauzar de manera eficaz. La mafia, la extrema derecha y las fuerzas del orden oscilante, bajo la protección de la CIA, llegan a donde no alcanzan los esfuerzos recuperadores de las viejas organizaciones de la clase obrera. Las cárceles de toda la península empiezan a llenarse de rebeldes, pero la ola represiva barre también con todo aquello que pueda identificarse de lejos o de cerca con estas nuevas clases peligrosas. Puede que los hippies, los fumetas, los capelloni no constituyan más que la periferia lúdica del movimiento, pero su rechazo del trabajo y de las instituciones tradicionales del viejo orden burgués los convierte cuando menos en enemigos potenciales del Estado asediado. Carne de talego, pues.

            Así que situémonos. Veinticuatro de julio de 1971, primera hora de la mañana, Roma, número cuarenta y cuatro de la via di Banchi Nuovi, el comienzo de lo que en otra época se conocía como “via papalis”, un punto más o menos equidistante entre el lugar en el que el puente del Príncipe Amadeo cruza el Tíber y la famosa Piazza Navona. El centro del centro de un país que está viviendo los efectos de una contraofensiva contrarrevolucionaria. Un coche se detiene ante el portal de este viejo edificio renacentista ubicado entre los palacios Taverna y Farnèse: la guardia di finanza, los estupas italianos, han recibido información de que en uno de los apartamentos del inmueble se consumen sustancias estupefacientes ilegales de forma regular. El piso en cuestión está a nombre de una tal Anna Maria Lauricella, una joven a la que en las calles del Trastévere se conoce como la Medusa, tal vez por esas guedejas de color escarlata que la mujer acostumbra recoger en un moño vertical en lo alto de la cabeza. El teniente Betti hace sonar el timbre y un chavalín de unos cinco o seis años abre la puerta. El crío se llama Balthazar, como el burrito de la película de Bresson, Balthazar Clémenti.     
 

http://detour.es/tiempo/diego-luis-sanroman-pierre-clementi.htm



[Este prólogo corresponde al libro de próxima aparición de Pierre Clémenti, que publicará Pepitas de Calabaza].

domingo, 28 de junio de 2015

RESIDUA. Lacan y el Origen del Mundo.






"Sin duda fue porque el sexo de la mujer resultaba a sus ojos imposible de representar, de decir y de nombrar por lo que Lacan, siguiendo el consejo de Bataille, adquirió en 1954 el famoso cuadro de Gustave Courbet L’Origine du monde, realizado en 1866 para Khalil-Bey, un diplomático otomano que residía en París.

En él se descubría, en toda su desnudez, el sexo abierto de una mujer después de las convulsiones del amor; es decir, eso que no se muestra y eso de lo que no se habla, si dejamos al margen los discursos y los lugares reservados a la pornografía. El lienzo había provocado el escándalo y causado la estupefacción tanto de los hermanos Goncourt, que lo consideraban bello “como la carne de un Correggio”, como de Maxime Du Camp, que veía en él una “basura” digna de ilustrar las obras del marqués de Sade. Tras la muerte del diplomático, el cuadro se perdió de vista, pasando de una colección privada a otra. Durante la Segunda Guerra Mundial se encontraba en Budapest, donde los nazis lo confiscaron, y a continuación pasó a manos de los vencedores soviéticos para finalmente ser revendido a unos coleccionistas. Durante estos peregrinajes, había sido recubierto por una tabla de madera sobre la que se había pintado un paisaje destinado a ocultar el erotismo -considerado demasiado espantoso- de aquel sexo en estado bruto.

miércoles, 5 de junio de 2013

LIBROS CONTADOS. Wittgenstein: Arte y filosofía.






Wittgenstein: Arte y filosofía tiene su origen en un encuentro internacional en torno al tema de Wittgenstein y las artes que tuvo lugar en el mes de octubre de 2011 en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Valencia. Solo que a las voces de quienes participaron en aquella ocasión, se unen también ahora las aportaciones de especialistas en la obra del filósofo vienés de la envergadura de August Sarnitz o Antoni Defez. El resultado es un hermoso libro coral, en el que se entrecruzan distintos “juegos de lenguaje” y sensibilidades filosóficas plurales y diversas, y que, por otro lado, nos invita a realizar un viaje que va del Wittgenstein que nos exhortaba a guardar silencio sobre lo inefable y rehusaba parlotear sobre la experiencia estética a otro Wittgenstein transformado él mismo en artista de vanguardia, tal vez a su pesar. Ello explica que puedan distinguirse dos grandes tendencias en la docena de textos que componen este volumen: por un lado, lo que podríamos considerar posibles desarrollos de una estética wittgensteiniana; y por otro, análisis de expresiones artísticas concretas (como la música, la literatura, la arquitectura e incluso el cine) que se inspiran de un modo u otro en las observaciones de Wittgenstein acerca del ámbito de lo estético.  

Tal vez lo primero que llame la atención del lego sea el hermanamiento, ya en el título mismo, de esos dos términos: ‘arte’ y ‘filosofía’, y precisamente en ese orden. Tal vinculación resulta chocante, sobre todo, porque el Wittgenstein exotérico y, en especial, esa versión desecada y escuálida que es el Wittgenstein de los manuales de filosofía al uso nos presenta a un autor preocupado esencial, si no exclusivamente, por cuestiones relacionadas con la lógica y con el lenguaje. Un pensador un tanto peculiar, eso sí, por cuanto habría sabido bifurcarse en dos figuras filosóficas muy distintas: el buscador de un lenguaje lógicamente prístino del Tractatus y el teórico de los Sprachspiele de las Investigaciones. Sin duda, tal caracterización no es poca cosa, pues hace de Wittgenstein uno de los responsables máximos de aquello que Rorty llamó el “giro lingüístico” y lo convierte en padre involuntario de algunas de las corrientes más potentes e influyentes de la filosofía contemporánea, como el positivismo lógico del Círculo de Viena o la llamada escuela de Oxford, pero en cualquier caso no en un teórico del arte y mucho menos en un esteta. Y sin embargo… Sin embargo, a poco que se indague en el producción intelectual de Wittgenstein –la poca que hizo pública, sí, pero también aquella que reservaba para sí mismo o para sus próximos-, es fácil reparar en que lo estético constituyó una preocupación constante en su pensamiento. Entre 1914 y 1951, las observaciones acerca del arte y de la estética son algo recurrente, y –como bien señala Julián Marrades, editor del libro- esa recurrencia indica que Wittgenstein “concedía importancia a la elucidación de tales problemas en el trabajo sobre sí mismo que constituía para él la actividad filosófica” (p. 9). Ahora bien, y en contrapartida, la dispersión de dichas observaciones muestra que jamás abordó tales cuestiones desde una perspectiva más o menos sistemática. El libro que tenemos entre manos replica felizmente esa misma a-sistematicidad. [SEGUIR LEYENDO EN EL COLABORATORIO]


miércoles, 16 de enero de 2013

VOCES. Sobre la publicación de un libro - Dalton Trumbo (1941)

Estimados, sufridos ciberlectores (y ciberlectoras): me complace comunicarles que nos hemos metido a editores. "Lo que nos faltaba", exclamará tal vez alguno (o alguna). Y no se equivoca: es exactamente lo que nos faltaba para ser gente de letras plenas, cabales y comilfó. Ahora ya está. La cosa se llama Artefakte y es como sigue:

"Artefakte es un entramado de complicidades pensado para provocar esos pequeños cataclismos del pensamiento. Nos interesa el libro más allá de sus límites convencionales, como un bien común que genera riqueza. Publicamos todo tipo de útiles (libros, vídeos, blogs...) que contribuyan a subvertir la gramática cultural de nuestro tiempo. Mucho más que libros, artefaktes".

No está mal, ¿eh? El caso es que, tras un largo periodo de gestación, Artefakte por fin ha lanzado al mundo a sus dos primeros retoños. El uno nos ha salido un tanto díscolo y protestón y con mostachos de bucanero; y el otro una pizca hirsuto y asilvestrado. Pero ambos se hacen querer -se lo prometo- y están deseosos de que los acojan en la confortable calidez de sus hogares. Afuera hace frío: apiádense.


* * *

Como complemento e incentivo a la lectura de El tiempo del sapo, les ofrecemos la traducción de una carta de Dalton Trumbo inédita hasta ahora en castellano. Vean, vean cómo se las gastaba el pavo.

[Traducción del inglés: Diego Luis Sanromán]


NOTA DEL EDITOR: En las épocas en las que la guerra se aproxima, siempre se habla mucho de hacer “sacrificios”. Tales sacrificios, como se ha demostrado en el pasado y también en controversias más recientes, normalmente se traducen en bajadas de salarios, ampliación de la jornada, subida arbitraria de los precios y restricción de la libertad de expresión. Pero no en la limitación de los beneficios. Los pensadores y escritores de mentalidad liberal encuentran cada vez más obstáculos para expresarse. Los dirigentes japoneses suelen hablar de “pensamiento peligroso”. Existen pruebas de que en la América de hoy hay muchos autores sometidos a una censura no oficial y otros que, por temor a perder su medio de vida, se censuran a sí mismos. Por eso nos complace presentar aquí una reciente controversia amistosa entre Dalton Trumbo y sus editores con referencia a ciertos pasajes de su nueva novela. Este decoroso intercambio de opiniones tuvo, en este caso, como resultado la victoria del autor, que logró que se incluyeran los pasajes a los que en principio se habían opuesto los editores.

Querido Dalton: En lo que se refiere al propio manuscrito, tenemos algunas observaciones que hacer y le agradecería que nos diera una pronta respuesta, ya que el proceso de producción del libro está muy avanzado. En primer lugar, todos los que lo hemos leído creemos firmemente que la conversación entre Andrew Long y el general Jackson sobre el tema de la ayuda estadounidense a Gran Bretaña en la guerra en curso supone una distracción dentro de la historia. No me malinterprete: no planteamos esta cuestión porque estemos personalmente en desacuerdo con lo que suponemos es su opinión al respecto. De hecho, es una escena muy bien escrita y en otro contexto resultaría de lo más efectiva. Aquí, sin embargo, se diría que el pasaje se ha añadido con posterioridad. No tiene nada que ver con la historia de la corrupción en Shale City (salvo de forma bastante remota). En nuestra opinión, llamará poderosamente la atención de los críticos y probablemente haga que algunos de ellos valoren el libro solo por ese pasaje y no por el resto de sus méritos. Que esto podría tener un efecto adverso sobre el éxito del libro es algo que nos parece incuestionable. Por otro lado, la inclusión de dicho pasaje parece ponerle una fecha demasiado específica a la historia. Para cuando salga el libro, solo Dios sabe qué nuevos acontecimientos habrán ensombrecido el traslado de los cincuenta destructores. Por favor, no malinterprete el espíritu de esta sugerencia. Sé bien lo que trata de comunicar. Creo que es importante y defendería con mi vida su derecho a decirlo. Solo pienso que este no es el lugar adecuado por las razones que acabo de exponer. El libro ha sido enviado al impresor con esa sección incluida, pero espero que nos envíe un telegrama autorizándonos para retirarlo de las galeradas…

Atentamente,
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LOS EDITORES.

* * *

Querido ----------: […] Ahora, en lo que respecta a los dos capítulos en cuestión: estoy de acuerdo en que muchos críticos los atacarán y que su reprobación afectará a la venta del libro. Por eso debo conciliar mi natural deseo de vender montones de libros con la filosofía personal que me impulsa a escribir este tipo de libro en particular. Quiero explicar dicha filosofía tan claramente como sea capaz, para que entiendan que no soy arbitrario en este asunto. 

domingo, 28 de noviembre de 2010

LIBROS CONTADOS. Diálogo sobre el poder y el acceso al poderoso - Carl Schmitt (1954)



Pieza fundamental en la recuperación de Schmitt como figura intelectual de primer orden en la Alemania de la segunda posguerra, este Diálogo que ahora publica FCE en una traducción actualizada (1) fue, en su origen, una pieza para la radio. Schmitt había entrado en contacto con la radio de Hessen durante el verano de 1951. Por entonces, la emisora andaba a la búsqueda de temas interesantes que pudieran incluirse en su programa Abendstudio, y se pensó en el veterano teórico del derecho público. La idea era que Schmitt debatiera el tema del poder en un diálogo con otro pensador contemporáneo como contraparte. En un principio el elegido fue Raymond Aron, que declinó la oferta por problemas de agenda; más tarde, se contempló la posibilidad de que su lugar lo ocupasen Helmut Schelsky o Arnold Gehlen, pero no se alcanzó acuerdo formal alguno con ninguno de los dos. La alternativa la ofreció el propio Schmitt: él mismo se encargaría de redactar las dos partes del diálogo, una suerte de “juego mental –diría tiempo después-, en cuanto gira en torno a la oposición entre el pensamiento moral y el dialéctico”. Finalmente, el diálogo se emitió el día 22 de junio de 1954 con el título de “Principios del poder”. El éxito del programa llamó la atención del mundo editorial y Günther Neske, a quien Schmitt había conocido por medio de Ernst Jünger, se mostró dispuesto a publicar el texto en forma de libro. La obra saldría a la calle en octubre de ese mismo año bajo el título definitivo de Gespräch über die Macht und den Zugang zum Machthaber y con la vista puesta en la Feria del Libro de Francfort, donde –según parece- “causó sensación” (p. 85).

El libro está organizado, como ya se ha sugerido, en torno al juego de preguntas y respuestas entre un joven estudiante, encarnación del “punto de vista moralista, que siempre evalúa en primer lugar”, en vez de mirar; y un personaje mayor y más experimentado, tras el cual no es difícil reconocer al propio Schmitt. Dividido en media docena de ‘escenas’, en las que se abordan distintas facetas de la cuestión tratada, el diálogo incluye además un ‘Intermezzo’ que hace las veces de ejemplificación histórica de lo que se va discutiendo en términos teóricos. En el ‘Planteamiento’ inicial, una suerte de breve preludio que antecede al debate propiamente dicho, se consideran las distintas perspectivas desde las que es posible atacar el tema del poder. ¿Cabe la posibilidad –se viene a decir- de acercarse a dicha cuestión sine ira et studio; es decir, desde una posición que no esté gravada por los prejuicios hacia el poder que puedan albergar los que disfrutan de él (positivos) y quienes simplemente lo sufren sin poseerlo (negativos)? Schmitt considera que sí: es posible una “tercera posición, la del tratamiento y la descripción desinteresados”. A lo largo de todo el diálogo Schmitt ejercita esta tesis primordial: hay que evitar las especulaciones metafísicas y presentar la dialéctica inherente al poder de forma puramente descriptiva. O en una formulación alternativa: no se trata de “consolar ni atemorizar, sino [de] dar una imagen objetiva del poder humano” (p. 27), “sin retórica ni sentimentalismos, pero también sin cinismo o nihilismo” (p. 35), a poco que se piense, anverso y reverso de la actitud moralista.

La siguiente pregunta hace referencia al origen del poder. “¿De dónde proviene el inmenso poder que Stalin o Roosevelt o cualquier otro que se le ocurra han ejercido sobre millones de otros hombres?” (P. 15). La cuestión, explícitamente genealógica, apunta de forma implícita al problema de la legitimidad del poder: ¿de qué instancias deriva su legitimidad el poder político? Las respuestas se reducen básicamente a tres: o bien el poder procede de la naturaleza (Homo homini lupus), o bien procede de Dios (Homo homini Deus), o bien procede el hombre mismo (Homo homini homo). Hay que desechar –afirma el viejo profesor- las dos primeras opciones: 1. La naturaleza más que ser fuente de poder, ha quedado ella misma sometida al poder humano. 2. Y en cuanto a la apelación a Dios, cuando en la actualidad se pronuncia su nombre, quienes “cuentan con una educación promedio traen a colación automáticamente la sentencia de Nietzsche: Dios ha muerto”, o bien la menos conocida de Proudhon: “Quien dice Dios quiere engañar” (p. 17). Sólo queda, pues, la tercera opción como solución satisfactoria al problema del origen del poder: el poder político es puramente humano, lo cual –añade Schmitt- suena “tranquilizador” (Ib.). ¿O tal vez no?

Sin embargo, hay algo que causa más estupor que el asunto de por qué mandan los que mandan y de dónde derivan su poder, y es la cuestión complementaria de por qué obedecen quienes carecen de él. Pueden darse distintas respuestas parciales –dice el profesor-, pero todas remiten en última instancia a la protección. “La relación entre protección y obediencia –sentencia- sigue siendo la única explicación para el poder” (P. 21). Luego, de forma aparentemente paradójica, el poder político se fundamenta en la debilidad humana. La referencia a Hobbes sigue siendo aquí inevitable e inexcusable, pues Hobbes –recuerda Schmitt- “toma esta debilidad común a todo individuo como punto de partida para su construcción del Estado” (p. 26), siguiendo una cadena cuyos eslabones se engarzan de forma absolutamente necesaria: la debilidad genera peligro; el peligro, temor; el temor, el deseo de seguridad; y el deseo de seguridad, en fin, la necesidad de protección. Los meandros de la discusión llevan a continuación a los dialogantes a un problema que había interesado a Schmitt ya en su etapa anterior: el de las antesalas del poder, su composición, funcionamiento y dialéctica. “Delante de cada espacio de poder directo –señala- se forma una antesala de influencias y poderes indirectos, un acceso al oído, un pasaje a la psique del poderoso” (p. 30). Y es propio del poder político que, cuanto más concentrado se encuentre éste, más aguda y violenta sea la lucha en su entorno inmediato, y es en esa lucha –concluye Schmitt- donde se materializa la dialéctica interna de todo poder humano.

Pero, entonces, el poder ¿es bueno o malo, o qué es? La pregunta sobre la condición moral del poder –podría contestar Schmitt- carece de sentido o, cuando menos, está mal planteada. En primer lugar, porque el poder –como ya reconocieron Maquiavelo o Hobbes- es una magnitud objetiva, determinada por reglas propias y ajenas, en principio, a las reticencias morales. Pero además, y en términos que tienen un cierto regusto nietzscheano, el profesor responde: “tener el poder significa, sobre todo, tener la posibilidad de definir si un hombre es bueno o malo. Es parte de su poder” (p. 40). Sin embargo, la dificultad no queda así solventada y cabe seguir cuestionándose quién tiene razón: si el papa Gregorio Magno, cuando afirma que “sólo la voluntad de poder es mala, pero el poder en sí mismo siempre es bueno” (p. 41), pues procede de Dios; o el historiador Jacob Burckhardt, cuando sentencia: “El poder en sí mismo es malo”. Schmitt reconoce la superioridad de Gregorio Magno, y apunta una coincidencia histórica cargada de significado: “Es precisamente –dice al final de la cuarta ‘escena’- a partir de la época en que parece completarse esta humanización del poder –a partir de la Revolución Francesa- que se difunde de manera irresistible la convicción de que el poder en sí mismo es malo. La sentencia Dios ha muerto y la otra sentencia El poder es malo en sí mismo proceden de la misma época y de la misma situación. En el fondo ambas afirman lo mismo” (p. 44).

Pero ¿qué puede decirse del poder en la Modernidad tardía? Aquí salta de inmediato esa Frage nach der Technik que tanto había interesado a los intelectuales de la Revolución Conservadora alemana, pero que también se cuenta entre las preocupaciones nodales de la Teoría Crítica (Anders, Benjamin, etc.). La peligrosidad de los recursos técnicos –advierte Schmitt- ha crecido de forma ilimitada y, como consecuencia, la peligrosidad del hombre con respecto a los demás hombres ha aumentado de forma proporcional. El resultado es que la diferencia entre el poder y la carencia de poder se amplia tanto que es necesario plantearse de nuevo incluso el mismo concepto de ser humano. Pero, en tal contexto, no sólo cambia el ser humano, que queda reducido –y esto incluye también a los ‘poderosos’- a un simple engranaje de los dispositivos técnicos, sino igualmente la naturaleza del poder: “El poder se le ha escapado de las manos al hombre mucho más que la técnica; los hombres que usan esos recursos tecnológicos para ejercer su poder sobre otros ya no están entre iguales con los hombres expuestos a su poder” (p. 48).


(1) Existe una versión anterior en castellano cuya responsable es Ánima Schmitt de Otero, la hija de Carl Schmitt. La traducción apareció primero en la Revista de Estudios Políticos, vol. 55, nº 78, 1954, pp. 3-20, y más tarde fue incorporada al libro Carl Schmitt. Diálogos, Madrid, 1962, que además incluía un prólogo de Schmitt escrito para la ocasión.

* PARA SABER MÁS SOBRE CARL SCHMITT.

* ANTES EN LIBROS CONTADOS.

sábado, 7 de agosto de 2010

LIBROS CONTADOS. 'Documents': un laboratorio de Surrealismo Etnográfico


Documents, réédition intégrale de la revue, deux tomes, éd. Jean-Michel Place, Paris, 1991. Pueden descargarse los dos volúmenes íntegros desde AQUÍ.


La revista Documents nace a comienzos del año 1929 del encuentro más o menos casual entre Pierre d’Espezel y Georges Bataille, a la sazón empleados en el Cabinet des médailles de la Biblioteca Nacional de Francia, y gracias al apoyo económico del marchante de arte Georges Wildenstein, amigo y editor del primero. Por entonces, son muy pocos los que saben de la identidad real del enigmático Lord Auch que firma Historia del ojo [1], y Bataille es conocido sobre todo como un joven y prometedor numismático [2]. La publicación le servirá, sin embargo, como plataforma colectiva y como laboratorio en el que experimentar y dar forma literaria a las obsesiones que marcarán toda su obra posterior.

Más de treinta años después, Michel Leiris, amigo de Bataille y también colaborador habitual de la revista, rememorará el carácter ecléctico de su equipo de redacción: “sus colaboradores –señala- procedían de los horizontes más diversos”, aunque en su mayoría, “eran tránsfugas del surrealismo reunidos en torno a Bataille”. Unos –añade- estaban animados por un “espíritu abiertamente conservador, en tanto los otros se las ingeniaban para utilizar la revista como una máquina de guerra contra las ideas recibidas” [3]. Encuentro casual, pues, entre dos numismáticos, uno de ellos más que atípico, y encuentro insospechado también entre quienes aspiran a dar una nueva orientación a las nuevas ciencias del hombre y, más en concreto, a la investigación etnográfica (Schaeffner, Griaule, Rivière, Rivet) y quienes se alzan en franca rebelión contra las corrientes intelectuales y artísticas del momento, surrealismo incluido (Bataille, Leiris, Desnos, Queneau, etc.). La divergencia entre los intereses de unos y otros determinará finalmente la corta vida de Documents [4].

Con todo, también se daban convergencias, también existía un espacio compartido en el que la crítica podía hacerse en común, aunque desde distintas perspectivas. Uno de los puntos de encuentro lo señala James Clifford en su ensayo On Ethnographic Surrealism: la etnografía –afirma aquí- “tiene en común con el surrealismo el abandono de la distinción entre lo alto y lo bajo de la cultura”. Pero hay algo más, como apunta Hollier en la introducción a la colección completa de la revista: la crítica de la mercancía, que sirve de “marco al efímero frente común de los etnógrafos y los surrealistas disidentes” y constituye, “lo que dure su frágil existencia, la especificidad de Documents”. Si bien el nombre de Marx no aparece mencionado ni una sola vez en la revista, la reflexión sobre el museo que los etnólogos desarrollan en ella sigue bastante de cerca la oposición entre valor de uso y valor de cambio que aquél establece, al comienzo de El Capital, con ocasión del análisis de la mercancía. Y lo propio puede decirse de ese sector de las vanguardias artísticas radicalmente crítico con el formalismo e impulsado por cierto retorno al primitivismo del valor de uso.



¿Por qué, entonces, Documents? ¿Por qué un título tan aséptico y neutro para una revista que se quiere rupturista y combativa? En principio, es posible que se impusieran consideraciones de orden gremial: al fin y al cabo, Bataille se había licenciado en la École des chartes y d’Espezel era un museólogo preocupado por los pormenores de su especialidad. Pero el nombre tiene también sus connotaciones polémicas: un documento, después de todo, es un objeto desprovisto o despojado de valor artístico, y Documents tiene como plataforma compartida una oposición al punto de vista estético. Una cruzada, esta última, en la que etnógrafos como Georges Henri Rivière o Paul Rivel ocupan la primera línea. “De la misma manera –escribe Hollier- que el psicoanalista debe prestar igual atención a todo, de la misma manera que el surrealista que escribe bajo dictado automático debe permitir que todo pase, así también el recopilador antropológico debe retenerlo todo. No privilegiar jamás un objeto porque éste sea “bello”, no excluir otro porque parezca insignificante o repugnante, o informe”.

El phatos que anima el ‘bajo materialismo’ de Bataille y sus conjurados tiene un sentido en cierta medida idéntico. Entre los treinta y seis textos publicados en la revista que llevan su nombre, apenas hay alguno en el que Bataille no aproveche para poner en solfa lo que los ‘occidentales’, los ‘modernos’, tienen por ‘poético’. La estética y la ciencia –o cuando menos, las concepciones hegemónicas de lo estético y lo científico- reciben buena parte de sus andanadas. “Es evidente que en principio ya nadie observa lo que se le muestra como la revelación de un estado de cosas violento en el que se halla envuelto. Esa manera de ver infantil o salvaje ha sido sustituida por una manera de ver científica que permite considerar una chimenea de fábrica […] como una abstracción” [5]. Huelga decir que es, precisamente “esa manera de ver infantil o salvaje” la que de verdad atrae a Bataille. Una atracción que, por descontado, no es compartida por todos los miembros del equipo de redacción. D’Espezel, por ejemplo, enseguida le echa en cara que la revista se haya convertido en una serie de Documentos sobre su propio estado de ánimo. Y el sector de los etnólogos, el hecho de que Bataille privilegie lo irritante y heteróclito, lo monstruoso en suma, por considerarlo estéticamente feo; mientras que, para ellos, si tiene algún sentido descartar la belleza de la investigación antropológica es porque se la juzga rara, estadísticamente monstruosa (Griaule).

En apariencia, pues, la discordia deriva de una simple cuestión de método. Los etnólogos, después de todo, quieren hacer ciencia: poner orden, clasificar y, en último término, comprender y explicar el campo de fenómenos que les es propio. A Bataille, Leiris y los demás, sin embargo, les impulsa una fuerza de signo contrario. Si los primeros persiguen la ley para la cual no hay excepciones; los segundos aspiran a una excepción absoluta, -como dice Hollier- “de un único sin propiedades”. La etnología quiere reconstituir los contextos culturales para que todo aparezca en su lugar, para que domine la continuidad. El sector surrealista disidente, sin embargo, quiere la ruptura, desea que el documento exponga la incongruencia radical de lo concreto. O en palabras de Bataille: “afirmar que el universo no se asemeja a nada y que sólo es informe significa que el universo es algo así como una araña o un escupitajo” [6]. Pero tras las simples cuestiones de método, como bien se sabe al menos desde Descartes, se ocultan cuestiones de orden ontológico, apuestas esenciales que afectan a la concepción del mundo en la que cada autor se ubica, y en consecuencia, que afectan también, y de forma muy marcada, a su concepción de lo político.
*



[1] El libro se había lanzado el año anterior con una tirada de tan sólo 134 ejemplares. Hasta 1967 Historia del ojo no será publicada con el nombre auténtico de su autor, y esto sin que el propio Bataille hubiese reconocido jamás la paternidad de la obra.
[2] Su primer libro publicado es, de hecho, Les monnaies des grands Mogols (1927); y el primer artículo de Documents que lleva su firma no es, aparentemente, más que un breve ensayo de numismática que contrasta la representación del caballo en el mundo griego (el caballo académico) y su representación en las monedas galas a partir del siglo IV a. C.
[3] De Bataille l’Impossible à l’impossible Documents, Critique, núms. 195-196, 1963, p. 689.
[4] En origen estaba previsto que se publicasen 10 números por año. La revista se clausuró en enero de 1931 y, para entonces, sólo habían salido 15 entregas a la calle: 7, en 1929; y 8, en 1930. [5] Cheminée d’usine, Nº 6, Tomo I, P. 329-332.
[6] Informe, Nº 7 , Tomo I, P. 382.


[Fotografías de Jacques-André Boiffard publicadas en la revista]




viernes, 23 de abril de 2010

AGITPROV. MARX: 11 Tesis (Diego Fusaro) y 6 Escolios (Diego L. Sanromán)


Hace algunos días o semanas, José Luis Redón llamaba la atención del grupo que Multitud mantiene en Facebook sobre la publicación del último libro de Diego Fusaro, Bentornato Marx! Rinascita di un pensiero rivoluzionario. Según señalaba en su comentario, el texto venía apadrinado por Gianni Vattimo y estaba dando algo que hablar en Italia. A mí me entró la curiosidad, decidí indagar en la Red y me topé con las 11 tesis que vienen a continuación en el blog del autor. He de advertir, desde el principio, que aún no he leído Bentornato Marx! y que, en consecuencia, violo con total descaro la recomendación hecha por Fusaro al comienzo del texto que se puede leer aquí; sin embargo, las tesis me resultaron lo suficientemente interesantes como para verterlas al castellano y someterlas a un breve comentario. Propongo ahora a vuestra consideración tanto sus tesis como mis escolios.

11 Tesis sobre Marx

El Marx que encontraréis en mi libro Bentornato Marx! Rinascita di un pensiero rivoluzionario (Bompiani, 2009, http://www.filosofico.net/bentornatomarx.htm) es del todo incompatible con cualquiera de las formas tradicionales de entender a Marx. Mi Marx es filósofo, libertario, discípulo de Fichte y de Hegel; no marxista, sino idealista; pensador no de lo colectivo, sino de las individualidades particulares liberadas de la alienación, y así sucesivamente. Todos los paradigmas aceptados por inercia quedan patas arriba. Lo que yo propongo es, en definitiva, una “reorientación gestáltica” de Marx: donde hasta ahora habíamos visto un ganso, intentemos ver un conejo. En 1845, Marx escribe las famosas 11 Tesis sobre Feuerbach. Me permito enunciar aquí mis once tesis sobre Marx, que encontraréis desarrolladas (y argumentadas) en el libro. Precisamente porque se trata de “tesis” apresuradas y no argumentadas, pido al lector que tenga paciencia para leer el libro antes de “señalarme con el dedo” y acusarme.

1) Marx no fue en absoluto el fundador del Marxismo, pues el Marxismo fue fundado por Engels y Kautsky bajo la forma de una dogmatización doctrinal del pensamiento de Marx, pensador de la crítica y, por esta misma razón, incompatible con cualquier dogmatización. La Kritik marxiana queda transformada (y, en consecuencia, transfigurada) por Engels y Kautsky en una Weltanschauung granítica. El marxismo fue, pues, en realidad, un “engelsismo”.

2) Marx tomó distancias con respecto al marxismo, es decir con respecto a la sistematización dogmática de su pensamiento emprendida cuando aún estaba en vida: “Todo lo que sé es que yo no soy marxista”, dijo una vez, y criticó punto por punto al nuevo movimiento marxista (Crítica del Programa de Gotha, que concluye con la expresión sintomática: “dixi et salvavi animam meam”).





martes, 29 de diciembre de 2009

LIBROS CONTADOS. Devenir Céline. Lettres inédites de Louis Destouches et de quelques autres (1912-1919)



Devenir Céline recoge un puñado de cartas hasta ahora inéditas que tienen como remitente, destinatario o razón de ser al joven Louis-Ferdinand Destouches. En términos literarios, y en general, puede decirse que el libro tiene un interés periférico y acaso limitado a aquellos que –como el que esto escribe- consideran que Céline es uno de los más grandes autores de la historia de la palabra escrita. Estos últimos sin duda disfrutarán, y mucho, con la reconstrucción fragmentaria de la existencia de este Céline antes de Céline.

Las cartas cubren el periodo que va de 1912 a 1919, es decir, desde los 18 a los 25 años en la vida del que, por entonces, suele firmar como Louis Des Touches, y ofrecen el material en crudo del que luego se nutrirán textos de Céline como L’Église, Casse-pipe, Guignol’s Band y, sobre todo, Voyage au bout de la nuit. A los interesados en el cotilleo literario les servirá, entre otras cosas, para apreciar la notable distancia que media, por ejemplo, entre el descreído Bardamu y el patriotero suboficial Destouches o para desmontar el mito (elaborado, en buena parte, por el propio escritor) de un Céline revolucionario de primera hora, que habría ido a parar a las filas de la reacción política a golpe de desencanto. Como ya indicó Michel Bounan, Destouches era un radical de derechas antes de convertirse en Céline y, desde luego, mucho antes de redactar los dichosos panfletos.

Del mismo modo que en la obra literaria de Céline, el centro simbólico de este epistolario primerizo se encuentra en la Guerra del 14-18, de la que Destouches sólo sufrió en primera línea el primer año. En cualquier caso, el bautizo de fuego en el frente es la escena central de un recorrido iniciático que, como señala Véronique Robert-Chovin (editora del volumen), podría distribuirse en ocho actos, correspondientes a otros tantos espacios geográficos:

1. La academia militar de Rambouillet (noviembre de 1912 – julio de 1914). Las cartas de este periodo muestran a un Destouches depresivo, jinete poco hábil, que a duras penas consigue adaptarse a la vida del cuartel. Es el mismo personaje que puede encontrarse en el Carnet du cuirassier Destouches.
2. La guerra en el frente del Mosa y de Flandes (1 de agosto – 27 de octubre de 1914): el Destouches patriótico y confiado en una victoria rápida sobre Alemania. Se echa de ver cierta destreza literaria en la viveza de las descripciones con las que informa a su padre sobre la evolución de los primeros pasos del conflicto; y aparece también el joven suboficial versado en los mecanismos del arte militar.
3. El Hospital auxiliar de Hazebrouck (noviembre de 1914), en el que Destouches se recupera de sus heridas de guerra. Es el joven héroe al que sus camaradas felicitan por las hazañas realizadas y por su reciente condecoración.
4. Convalecencia en París (1 de diciembre – mayo de 1915).
5. Londres (mayo de 1915 – marzo de 1916), donde el veterano de apenas veinte años se dedica a cursar pasaportes para sus compatriotas en suelo inglés.
6. Regreso a París (abril-mayo de 1916): el Destouches mujeriego que hace vida en los cafés –en el de la Paix, sobre todo- y trata de conquistar a jóvenes actrices por medio de notitas galantes.
7. Camerún (junio de 1916 – abril de 1917): el Destouches colonial, y lo mejor del libro. El autor de estas cartas empieza a asemejarse un tanto a Céline; quien sabe si empujado por la soledad, el Destouches del periodo africano parece mostrar una mayor preocupación por lo literario. Impagables las cartas en las que se habla del aristócrata sueco (“que se distingue –según Destouches- por tres particularidades: caza elefantes, es marqués y cocina admirablemente las patatas fritas”) o del prospector Jim Eccles y su patético final.
8. Oeste de Francia, es decir, Rennes y Burdeos (marzo de 1918 – julio de 1919): el Destouches que trabaja como conferenciante para la Fundación Rockefeller alertando de los peligros de la tuberculosis para el cuerpo social y la raza francesa. Se anuncia aquí el higienista, el doctor Destouches, médico de los pobres.


jueves, 15 de octubre de 2009

LIBROS CONTADOS. Beigbeder & Cooper - un par de novedades



Un roman français, Frédéric Beigbeder, Grasset, París, 2009. “Uno no evoluciona, la infancia nos define para siempre porque la sociedad nos ha infantilizado de por vida”. Beigbeder se quita los disfraces de Marronier o Parango para ponerse la máscara de Beigbeder en este texto explícitamente autobiográfico. Una breve estancia en prisión –por consumir sustancias estupefacientes en la vía pública- le sirve al autor, a modo de magdalena proustiana, para recuperar el tiempo huidizo de la infancia y recomponer el rompecabezas familiar: el pasado remoto y glorioso de una Francia aristocrática (o burguesa), la complicada relación con un hermano en el que encarnan todos los brillos y virtudes de ese pasado, los efectos traumáticos de la revolución sexual de los sesenta en los viejos hábitos heredados, el divorcio de los padres como una especie de escena primordial, etc. Un roman français es, a mi parecer, un texto algo irregular, pero con destellos del mejor Beigbeder.

Si quieres, puedes leer un pequeño fragmento en Multitud (la Red Social).





Ugly Man, Dennis Cooper, HarperCollins, New York, 2009. Primera entrega de nuestro amigo Dennis para la editorial Harper Collins en la que se recoge casi una veintena de textos breves. Se trata de relatos en los que Cooper sigue ahondando en sus obsesiones y turbiedades, pero en los que también se echa de ver un mayor interés por indagar en las posibilidades de la composición teatral (a la que ha dedicado buena parte de sus energías en los últimos tiempos) y por explorar el lado cómico (terrible pero cómico) de las situaciones narradas. Desternillante, por ejemplo, el relato The Anal-Retentive Line Editor, en el que Cooper da otra vuelta de tuerca a los hallazgos estructurales ya explotados en The Sluts (Chaperos).

Puedes leer la traducción de uno de los cuentos, The Worst (1960-1971), en el especial que le dediqué a Cooper en diciembre de 2006.

Dos breves notas:

1. La versión teatral de Jerk, texto con el que se abre este Ugly Man, podrá verse en el Festival de Otoño de Madrid durante los días 17, 18, 19 y 20 de noviembre (Teatro Pradillo).

2. Según me comenta el propio Cooper, de momento no hay prevista edición en castellano del libro y conseguirlo en librerías españolas es tarea casi imposible. Así que los interesad@s tendréis que adquirirlo fuera o pedirlo a través de la Red.





jueves, 9 de julio de 2009

VOCES. 1909-2009: El Futurismo ya es historia - Libros contados



I futuristi (A cura di Francesco Grisi), Grandi Tascabili Economici, Newton, Roma 1994.

Grueso volumen de la impagable colección de tascabili que la editorial Newton publicó durante las décadas de los setenta y los noventa dedicado al futurismo. La selección, a cargo de Francesco Grisi, incluye una docena de manifiestos, además de poemas, imágenes, cronologías, biografías y ensayos en torno al movimiento inaugurado por Marinetti.

Abbiamo scelto, commentato, ordinato. Il futurismo è anche storia d’Italia nel bene e nel male. È stata una rivoluzione che non si è realizzata anche se ha agitato bandiere. Appunto. Una rivoluzione all’italiana. Ma chiunque intende fare storia della cultura del Novecento debe confrontarsi con il futurismo. Le mode passano e le avanguardie tramontano. Ma profetizzare il futuro è stato sempre il sacro peccato dell’uomo” (P. 5).




Giordano Bruno Guerra, Filippo Tommaso Marinetti. Invenzioni, avventure e passioni di un rivoluzionario, Mondadori, Milano, 2009.

Detallada biografía en la que el historiador Giordano Bruno Guerri, experto también en Malaparte y D’Annunzio, traza la peripecia vital del creador del futurismo italiano, desde su nacimiento en la Alejandría colonial hasta su muerte, como comparsa un tanto patético del fascismo, entre las ruinas de la República de Salò. Especialmente lúcidas las páginas dedicadas al surgimiento del movimiento fascista y las conclusiones finales.

Eppure, nonostante l’influenza che Marinetti ebbe sulla cultura europea del XX secolo, la sua figura è stata (e in parte è) antipatica, addirittura odiosa. Come quella di tutti coloro che metaforicamente uccidono il padre. Agli occhi della cultura scolastica e di quella academica italiana, Marinetti ha tentato di rendere l’Italia orfana: della tradizione, della storia, delle glorie passate con cui si giustificano le miserie e le inadeguatezze del presente. Marinetti, da eretico miscredente, è sembrato svendere i nostri miti e ridicolizzare l’arte, unico nostro orgoglio secolare, trattandola como gioco o merce” (P. 291).




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miércoles, 20 de agosto de 2008

LIBROS CONTADOS. Écrits Politiques (1953-1993) - Maurice Blanchot





Les Cahiers de la NRF-Gallimard acaba de publicar los Écrits Politiques (1953-1993) de Maurice Blanchot. La edición, a cargo de Éric Hoppenot, integra textos ya aparecidos en la selección del año 2003 en Lignes / Léo Scheerer e incorpora algún que otro inédito y algunas notas de contextualización que se echaban en falta en la recopilación anterior. Así que, a pesar de todo, puede decirse que se trata de una novedad editorial, y acaso una de las más destacables en un mercado que, por lo que se refiere a la literatura política, ha estado saturado esta temporada por la conmemoración de los acontecimientos de Mayo.

Y no es que Mayo del 68 no esté presente en los textos de intervención pública de Blanchot. Muy al contrario. Las revueltas de Mayo ocupan aproximadamente un cuarto de la extensión total del libro. Sin embargo, el poder encantatorio de la fecha y su potencial como reclamo comercial quedan diluidos en el paréntesis cronográfico del título. El 68 se difumina del mismo modo que Blanchot se pierde en el anonimato o en la composición de textos de firma colectiva. Blanchot se revela así como el reverso del intelectual comprometido parisino al modo de Sartre. Rehuye los neones y escapa de lo sistemático, pero, cuando el acontecimiento lo reclama, su voz sin nombre está siempre disponible.

La referencia a las fechas tiene, con todo, más enjundia de lo que pudiera pensarse en un primer momento. Para quienes se acerquen por primera vez a la obra de Blanchot o conozcan a medias al personaje, el título puede llevar a engaño. Estos Escritos Políticos no incluyen, como pudiera parecer, todos los escritos políticos que el autor de Thomas el Oscuro produjo a lo largo de su vida (1907-2003). Como señala Hoppenot en su introducción con un giro eufemístico algo sospechoso, aquí se descuidan los “extravíos [de Blanchot] en los periódicos de la derecha nacionalista durante los años treinta”. Porque, en efecto, el Blanchot que se presenta en estos textos es el protagonista y el resultado de una de las más sorprendentes labores de reconstrucción ideológica producidas en la Francia de la Segunda Posguerra. Un Blanchot II, por así decir. Publicista activísimo de la nebulosa protofascista del non-conformisme en la década de los treinta, Maurice Blanchot se transforma, tras tres lustros de duelo y silencio, en militante anti-gaullista, en autor principal del llamado Manifiesto de los 121 y en uno de los más combativos escritores de la izquierda radical durante los movidas de Mayo.

A la espera de una improbable versión en castellano o de que algún editor osado me ofrezca un contrato de traducción, ahí va un par de ejemplos de lo que el libro ofrece:



RUPTURA DEL TIEMPO: REVOLUCIÓN


Desde el instante en el que, por el movimiento de las fuerzas que tienden a la ruptura, la revolución se manifiesta como posible, de una posibilidad no abstracta, sino histórica y concretamente determinada, desde ese instante, la revolución ha tenido lugar. El único modo de presencia de la revolución es su posibilidad real. Entonces, hay interrupción, suspense. En esa interrupción, la sociedad se deshace de parte a parte. La ley se desploma. La transgresión se produce: es, por un instante, la inocencia; la historia interrumpida.

Walter Benjamin: “El deseo consciente de romper la continuidad de la historia pertenece a las clases revolucionarias en el momento de la acción. Es una consciencia semejante la que se afirma en la revolución de julio. En la velada del primer día de lucha, simultáneamente aunque por iniciativas independientes, en diversos lugares se disparó contra los relojes de París” (P. 189).




Blanchot-Lévinas

domingo, 27 de abril de 2008

LIBROS CONTADOS. Raymond Chandler. A Biography - Tom Hiney (1997)

En tanto reuno tiempo, material y ganas para llevar a cabo el especial Raymond Chandler que ya anuncié en otra ocasión, y antes de que se me enfríe el entusiasmo que me ha provocado su lectura, me permito recomendar el libro al que hace referencia el título de esta entrada. Ni comentarlo, ni elogiarlo, ni tampoco lo contrario. Tan sólo eso: recomendarlo. Hoy y a estas horas no doy para más.


"The love story and the detective story cannot exist, not only in the same book -one might also say the same culture. Modern outspokenness has utterly destroyed the romantic dream on which love feeds... There is nothing left to write about but death, and the detective story is a tragedy with happy ending."