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martes, 11 de julio de 2017

Pierre Molinier / Raymond Borde (1966)




"Oscuridad absoluta. Se enciende un proyector. Ha sido manipulado para producir el efecto de la linterna de un ladrón, con un círculo de luz cruda. Este proyector va a explorar el cuarto de Molinier, sumergido en la penumbra, con la mirada del voyeur, y nos mostrará los muebles macizos […], el maniquí pequeño […], la cruz sobre el lecho, etc. Y finalmente: sobre la cama, las piernas de una mujer enfundadas en medias negras entrelazadas a las piernas del maniquí grande; un cuadro de Molinier, también descubierto por la linterna del ladrón […].

Planos de conjunto sucesivos de tres o cuatro cuadros del mismo tipo. Estos cuadros ocuparán toda la pantalla, sin que se vea el marco, y pasaremos de uno a otro mediante fundidos encadenados con el fin, si es posible, de enmarañar de nuevo las formas femeninas. En el último cuadro, rápido fundido a negro.

Sobre un pedestal cualquiera, una estatua de tipo porno, en escayola sulpiciana o en porcelana, representa a la mujer aborrecible: una madre con sus hijos o una Virgen con el niño. […] Molinier destroza la estatua a balazos disparados desde cerca.

Sobre la cama, Molinier ha dispuesto el “gran ceremonial”. Se trata del maniquí nº 2 (tamaño natural) formado por:
-         unas piernas enfundadas en medias negras,
-         seda negra arrugada en lugar del busto,
-         el rostro, con su crespón de viuda,
-         flores artificiales.

domingo, 28 de junio de 2015

RESIDUA. Lacan y el Origen del Mundo.






"Sin duda fue porque el sexo de la mujer resultaba a sus ojos imposible de representar, de decir y de nombrar por lo que Lacan, siguiendo el consejo de Bataille, adquirió en 1954 el famoso cuadro de Gustave Courbet L’Origine du monde, realizado en 1866 para Khalil-Bey, un diplomático otomano que residía en París.

En él se descubría, en toda su desnudez, el sexo abierto de una mujer después de las convulsiones del amor; es decir, eso que no se muestra y eso de lo que no se habla, si dejamos al margen los discursos y los lugares reservados a la pornografía. El lienzo había provocado el escándalo y causado la estupefacción tanto de los hermanos Goncourt, que lo consideraban bello “como la carne de un Correggio”, como de Maxime Du Camp, que veía en él una “basura” digna de ilustrar las obras del marqués de Sade. Tras la muerte del diplomático, el cuadro se perdió de vista, pasando de una colección privada a otra. Durante la Segunda Guerra Mundial se encontraba en Budapest, donde los nazis lo confiscaron, y a continuación pasó a manos de los vencedores soviéticos para finalmente ser revendido a unos coleccionistas. Durante estos peregrinajes, había sido recubierto por una tabla de madera sobre la que se había pintado un paisaje destinado a ocultar el erotismo -considerado demasiado espantoso- de aquel sexo en estado bruto.