"Ese juego insensato de escribir..." (El blog de Diego Luis Sanromán)
domingo, 28 de junio de 2015
RESIDUA. Lacan y el Origen del Mundo.
sábado, 4 de diciembre de 2010
RESIDUA. Vosotros, los muertos... (I)
- ANTES EN RESIDUA.
domingo, 11 de julio de 2010
RESIDUA. Huellas de G.
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miércoles, 3 de marzo de 2010
RESIDUA. El cráneo del Marqués

- ANTES EN RESIDUA.
miércoles, 26 de agosto de 2009
lunes, 6 de abril de 2009
jueves, 5 de marzo de 2009
RESIDUA. Aforismo Poscolonial
domingo, 4 de enero de 2009
RESIDUA. This is the Sea...


jueves, 18 de septiembre de 2008
RESIDUA. Queríamos decir ayer...
miércoles, 3 de septiembre de 2008
RESIDUA. Lo que queda...


martes, 19 de febrero de 2008
jueves, 24 de enero de 2008
RESIDUA. Panfleto a favor de la Piratería (anónimo)

Dada la mierda que nos escupe diariamente la tele, radio, prensa y demás medios de comunicación, un grupo de disidentes hemos elaborado este manifiesto a favor (sí, A FAVOR) de la piratería. Si te mola, pásalo.
Si prefieres creerte las mentiras de la industria, haz con él lo que te salga del arco del triunfo.
De: El currante medio, aplastado por la hipoteca, la precariedad laboral, los horarios DE MIERDA y otros abusos sociales, como la caña de cerveza a 2 putos Euros.
A: Ese músico mediático que se duele detrás de unas gafas de sol en la Moncloa, forrado de pasta hasta los pendientes. Tiene cojones ir de rebelde por la vida y terminar en las escaleras del centro del Estado (por si no captáis las sutilezas, el ejemplo se refiere a Alejandro Sanz, aunque es extensible a todos los membrillos/impresentables que le acompañaban).
Mira, chavalote, en la gira que te vas a marcar este verano vas a ganar más pasta -haciendo algo que te gusta y que en teoría te llena- de lo que ganaré yo en toda mi puta vida de currito, cargando, además, con una actividad que no me aporta nada personalmente y con la que, si no fuera por el sueldo adicional de mi pareja, ni siquiera me daría para pagar el piso donde vivo.
'La música está muy mal' -gimes. Tú, chavalote, no sabes lo que es estar mal. ¿Qué sabes tú de hipotecas, de rebotar de un contrato a otro, de currar a turnos o de 7 a 7? ¿Qué sabes tú de llegar a fin de mes, o de lo que me cuesta a mí plantearme tener hijos con lo que piden en una guardería?
Porque te recuerdo que aquí, en el mundo real, curramos dos para pagarnos 70 metros cuadrados .
'La gente que compra en el top manta no ama la música' -escupe otro.
¿Con qué validez moral exigís vosotros, que vivís a todo trapo de camino entre Madrid y Miami, sin saber ni el dinero que tenéis, al currante que os pague los vicios y haga multimillonaria a la multinacional de turno ¿Cómo se puede tener la cara de plantarse en plan víctima sobre una vida de lujo?
La industria ha abusado -y abusa con los precios y las calidades.
Sólo ahora que se ve con el rabo en el culo ofrece lo que no pueden dar los piratas: DVD's con vídeos, extras y demás. Todo, curiosamente, al mismo precio que antes. ¿No llorabais que no se podían bajar los precios?
Cómo vale ahora un álbum que lleva 12 canciones en el CD y 16 en un DVD (verídico) lo mismo que antes el mismo álbum con el CD a pelo? ¿Cómo puede valer un mismo álbum en España 18 euros y en Alemania 20 (contrastado) cuando los alemanes ganan más del doble que un español?
Ahora que las mafias e Internet os revientan, ahora, que ya no tenéis la sartén por el mango, pasáis de la posición dominante y abusiva a la apelación más rastrera de sentimientos. Pues yo, y muchos como yo respondemos:
AHORA, QUE OS DEN POR CULO.
NADIE puede pedirme que le pague la colección de coches de lujo, el yate y las cuatro casonas en Miami, la Sierra o Marbella.
NADIE puede pedir moral desde la inmoralidad.
Ejemplo: Bustamante se acaba de comprar una casa de 500 kilos de las antiguas pesetas en solo CUATRO AÑOS DE CARRERA MUSICAL, claro ejemplo de lo mal que está el panorama musical.
Firma: Cualquier anónimo hasta los güevos de sandeces.
PD: Cópialo, pégalo y pásalo. Si haces Reenvio se llena de molestos
PD 2: Si alguien sabe el correo de Ramoncín que haga el favor de pasárselo"
martes, 18 de diciembre de 2007
RESIDUA. Persiguiendo a Guyotat.
Coma (2006).

*
Presentación del curso de Guyotat sobre la lengua francesa en París VIII por Valérian Lallement.
Il n’est pas facile de présenter, en quelques minutes, une œuvre aussi vaste et aussi nouvelle que celle de Pierre Guyotat. On ne peut, en effet, résumer en quelques phrases, ou en quelques formules, une œuvre qui a nécessité une trentaine d’année de travail pour s’écrire, et qui n’est pas encore achevée. C’est pourquoi j’ai choisi, pour cette présentation, de suivre pas à pas, chronologiquement, et en m’appuyant sur certains éléments biographiques, l’évolution de l’œuvre et de la langue. Il y a en effet quelque chose de très frappant dans l’évolution et dans la constitution de l’œuvre : c’est que chaque œuvre est suscitée par un voyage ou par une expérience, avec, pour substrat, réel ou halluciné, l’Algérie. Mais dire que le biographique nourrit l’œuvre, c’est finalement ne rien dire. Je ne vais donc pas essayer de trouver dans la vie de Pierre Guyotat des événements précis ou exemplaires qui pourraient expliquer l’évolution de l’œuvre, par exemple. Je voudrais au contraire essayer de montrer, mais sans l’expliquer forcément, le lien qui se tisse entre le biographique et le textuel. [Leer texto completo]
Cours Pierre Guyotat
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jueves, 25 de octubre de 2007
RESIDUA. WELLES, BRESSON, TARKOVSKY...
En fin, una breve ristra de bobadas pseudo-eruditas para presentar el retal fílmico que puede verse más abajo. El señor que filmó el travelling con grúa más enrevesado de la historia del cine, el caballero que depuró la imagen cinematográfica hasta hacerla tan densa que reventaba el plano y el jovencito que fue capaz de concentrar toda la desolación en una puerta que se agita sobre un páramo arrasado por la guerra juntos sobre un escenario en una ciudad del sur de Francia. Es todo.
domingo, 23 de septiembre de 2007
ELEMENTOS DE AUTOCRÍTICA (II)

Un comentario de Ingobernable me obliga a hacer un excursus que espero sea breve. “Yo prefiero –dice él- utilizar la palabra masas en vez de multitudes. La masa al fin y al cabo es energía acumulada y organizada, que interacciona constantemente con su entorno y con ella misma. En cambio la palabra multitud me transmite sentimientos mecanicistas, y por lo tanto estáticos e inanimados”. Puede ser. Pero, al margen de las preferencias y de las posibles connotaciones agradables o desagradables que ambos términos puedan presentar, lo que cabría cuestionarse es si la distinción entre uno y otro resulta pertinente, teóricamente relevante y, lo que es más importante, produce consecuencias prácticas diferenciadas. Evitar discutir sobre palabras e ir a las cosas mismas, para entendernos.
Hay que aclarar los presupuestos iniciales del discurso, porque me parece –por lo que he leído de ambos- que Ingobernable y José Luis –que puso involuntariamente en marcha esta historia- parten de lugares muy diferentes. Simplificando mucho, podría decirse que, mientras Ingobernable representa la posición de lo que podríamos llamar el marxismo-leninismo clásico, la propuesta de José Luis se genera a partir de las referencias cruzadas de García Calvo y, sobre todo, Toni Negri, de quien toma el aparato conceptual básico. Yo mismo me he criado a los pechos teóricos de estos dos últimos, así que huelga decir que me encuentro más próximo al segundo que al primero de nuestros cibercamaradas.
Con todo, andaremos con pies ligeros para no enredar demasiado la madeja. Por lo que se refiere al viejo García Calvo, digamos que la noción de Masa –así, con mayúscula inicial- y la Sociedad a la que generalmente acompaña como genitivo apuntan a una realidad poco feliz. Masa es el conjunto sumatorio de Individuos, unidades contables y perfectamente intercambiables, cada uno con su numerito identificatorio –DNI o equivalentes- y, en los casos más perfeccionados de Desarrollo, con su autito personal. La Masa la forman –con perdón- ‘gilipollas’: aquellos que hacen, dicen o piensan lo que le mandan desde Arriba, pero convencidos de que lo hacen, dicen y piensan porque les da la gana, porque les sale de sus ideas y gustos propios. Con la o las Masas, pues, no hay nada que hacer.
En Negri, el término tiene sin embargo un uso algo menos irreverente y está vinculado al concepto obrerista de ‘composición de clase’. La definición de esta última que tengo ahora más a mano no es de Negri, sino de Bifo, pero nos vale igual. “A este concepto –afirma Berardi- no se le puede dar un significado meramente sociológico, analítico y descriptivo. Es preciso entenderlo como el devenir de la autonomía de clase, la recomposición de segmentos heterogéneos, fragmentos de conciencia de deseo, de expectativas, de rebelión, de ideología, de ilusión y de proyecto” (El sabio, el mercader y el guerrero). Una de las vetas más productivas de la relectura del marxismo que llevaron a cabo los autónomos italianos a partir de los años sesenta del siglo pasado –e incluso algo antes- se encuentra justamente aquí: en la quiebra del objetivismo y del rígido determinismo infraestructural de la vieja ortodoxia, en su privilegiar el momento subjetivo de las luchas y situar en el corazón de su propuesta el antagonismo de clase como auténtico motor de la historia, convirtiendo la creatividad proletaria en protagonista de tales cambios y no en simple fuerza subordinada a las necesidades del modo de producción capitalista. El término obrero-masa alude, según esto, a una determinada composición de la clase obrera: es una figura particular e históricamente situada del proletariado; y más en concreto, aquella que domina en los países occidentales entre el final de la Segunda Guerra Mundial y el año 1973. Pero también el de Multitud es un concepto de clase.

El de Multitud es un término que Negri rescata del viejo léxico de la ontología política barroca. En principio poseía uno contenido peyorativo, en cierto modo muy cercano al significado del concepto de Masa. En Hobbes, por ejemplo, ‘multitud’ designa lo amorfo pre-social, aquello que tiene que ser dominado y sometido a la norma del Soberano para adquirir la condición de político. Y de Hobbes arranca una tradición filósofico-política marcada por el trascendentalismo soberanista que dominará los siglos por venir. Sin embargo y por fortuna la tradición hobbesiana no es la única, advierte Negri; existe otra corriente –materialista, inmanentista, radicalmente democrática- que procede de Maquiavelo y llega hasta Marx, y que tiene una de sus cumbres en la obra de Baruch de Spinoza[1]. Para Spinoza, la multitud no es masa ni plebe, sino comunidad preñada de creatividad y riqueza: es la base de una república verdaderamente democrática. La Multitud es también el proletariado de la posmodernidad, posfordista y globalizada.
“Hoy –dice Negri en El exilio-, en la transformación de la modernidad en posmodernidad, el problema vuelve a ser el de la multitud. En la medida en que las clases sociales en cuanto tales se disgregan, el fenómeno de la auto-concentración organizativa de las clases sociales desaparece. Nos vemos pues frente a un conjunto de individuos, y sin embargo esta multitud se ha vuelto absolutamente diferente. Es una multitud resultado de una masificación intelectual […].”
Cerremos de momento con unas cuantas tesis fundamentales extraídas de Multitud (Negri / Hardt, 2004):
1. “La multitud es un concepto de clase”.
2. “La clase está determinada por la lucha de clases. […] Las clases que importan son las que se definen por las líneas de la lucha colectiva”. Es decir, aunque pudiese reconocerse la determinación en última instancia y en términos abstractísimos de la base económica, lo que de verdad resulta determinante es el antagonismo de clase, las luchas concretas, las derrotas y victorias, y las recomposiciones que de éstas se deriven.
3. “La clase es un concepto político, por cuanto una clase no es ni puede ser otra cosa sino una colectividad que lucha en común”. Esto es esencial. El concepto de clase social no tiene un significado primordialmente económico, sino político. En cierto modo, en el concepto de clase del que se sirven Negri y Hardt se concentran ya los tres momentos de conciencia que había distinguido Gramsci.
4. La multitud es “la totalidad de los que trabajan bajo el dictado del capital y forman, en potencia, la clase de los que no aceptan el dictado del capital”. En consecuencia, no se identifica con la clase obrera; es de hecho un concepto mucho más abierto y expansivo que el de esta última. En esta indefinición constitutiva de la multitud se encuentran las mayores potencialidades, pero también los mayores peligros.
En el próximo capítulo: Contrapoderes y ciberdemocracia.
[1] Este retorno a Spinoza debe mucho, dicho sea en un aparte, a la obra del último Althusser, que fue camarada y maestro de Negri en París.
domingo, 16 de septiembre de 2007
ELEMENTOS DE AUTOCRÍTICA (I)
Foto: Uliano LucasHagamos primero las presentaciones formales. José Luis Redón vive –al parecer- en Torrent (Valencia) y, desde Torrent (Valencia), emite con constancia pasmosa El n-ésimo blog, un cuaderno de bitácora combativo e inclemente con la imbecilidad dominante. José Luis es una especie de Léon Bloy rojo y punk que no está para muchas hostias ni cantinelas. Hace algunos días se asomó por aquí para plantar algunos puntos sobre algunas ies a golpe de contundente martillo.
En torno a un viejo texto de Althusser
El motivo de su intervención fue una breve guía de lectura de El Capital que arrojé a la Red el pasado 9 de septiembre. El autor del texto en cuestión era M. Louis Althusser, lo que explica el título genérico que encabeza lo que escribo ahora. En su comentario, José Luis me echaba en cara la excesiva longitud de la entrada. “¿Quién se va a leer todo el rollazo sobre Althusser? –me preguntaba o se preguntaba en voz alta-. Me refiero no ya al Pueblo, sino a la Multitud”. Y más adelante: “¿No te parece que eso no se dirige a la Multitud, que, en general, dispone de muy poco tiempo? […] Quizá se tercia hacer lo que haces, pero yo creo que nuestros adversarios utilizan mensajes mucho más fáciles de asimilar por la mayoría social”. Aparte de que a José Luis le asista toda la razón del mundo y de que, en pocas palabras, plantee cuestiones de un calado y una relevancia fundamentales para cualquier proyecto transformador en la actualidad –intentaré decir algo al respecto más adelante-, sus reproches han servido o van a servir para que considere brevemente por qué hago lo que hago y para qué coño sirve, si es que sirve para algo. Al fin y al cabo, tod@s tenemos nuestro ombliguito.
1. En primer lugar, he de confesar una motivación meramente doméstica, particular, privada, en las traducciones que van apareciendo por aquí. Me ayudan a coger mano en el ejercicio de verter textos en otras lenguas al castellano. Algo muy pequeño-burgués, si se quiere.
2. Sin embargo, la elección de los textos traducidos no es aleatoria ni gratuita. No puede serlo. Althusser o Castioriadis no dan lo mismo que Saint-Exupéry o T. S. Elliot, por mencionar los dos primeros nombres que se me vienen a la cabeza. La rúbrica bajo la que suelen aparecer tales materiales también tiene su sentido. AGITPROV: AGITar conciencias, PROVocar reflexiones. Aquí el pecado sería, más bien, el de la arrogancia y la pretensión excesivas.
3. Los criterios de elección de los textos son flexibles, variables y no siempre conscientes. En términos puramente formales, lo que todos comparten es el ser materiales que no contaban con versiones previas en español o cuyas traducciones resultan a estas alturas inaccesibles. Aquí se me podría reprochar un interés meramente arqueológico o filológico, sin proyección práctica real. Sea.
4. Ése es precisamente el caso de Comment lire “Le Capital”, un artículo del que –creo- existía una versión en castellano, pero ya tan remota y olvidada como el propio Althusser. El texto además me venía bien porque podía servirme para conmemorar los ciento y pico años de la publicación del primer tomo de El Capital. Convengo en que las efemérides son una soberana gilipollez, pero a veces valen como excusa para recordar lo que hay que seguir recordando. La lectura del texto marxiano puede resultar todo lo puñetera y escarpada que se quiera, pero sigue siendo imprescindible.
De Multitudes y otros asuntos
Pero vayamos ahora a lo que realmente importa. ¿Quién se va a leer todo el rollazo sobre Althusser? La Multitud –afirma José Luis- dispone de poco tiempo, y tiempo es lo que no se puede perder. Porque perder el tiempo es perder la vida, ¿no? Detrás de la pregunta hay –me parece- cuestiones de bastante fuste y no poca complejidad. Veamos.
En primer término, un problema tangencial, pero no menor, que se refiere a los modos y estrategias de escritura / lectura. Si no me equivoco, lo que hay al fondo de este asunto es una especie de ley de la analogía estructural generalizada que establecería que, puesto que el poder se organiza reticularmente, los contrapoderes también han de componerse en red, y que, habida cuenta de que el Capital emite sus mensajes en forma de píldoras publicitarias, los discursos negadores de su dominio deberían adoptar igualmente unas dimensiones –por así decir- microcelulares. Una cuestión que viene preocupándome en estos últimos tiempos es la de la imposibilidad de la lectura que se deriva de lo inabarcable del metatexto cibernético. Me parece que la Red impone un modo de lectura al que –para entendernos- podríamos llamar lectura zapping, y que, paradójicamente, hace opaco e ilegible lo que va apareciendo en los monitores de nuestros respectivos PCs.
Nada más respecto a esto de momento. Dejo tan sólo un fragmento de Bifo para la consideración de quienes puedan estar interesados en lo dicho:
“Según Christian Marazzi, que se ha ocupado en varios libros de estudiar las relaciones entre economía, lenguaje y afectividad, la última generación de operadores económicos está afectada por una verdadera forma de dislexia, de incapacidad de leer una página de principio a fin según procedimientos de tipo secuencial y de incapacidad de mantener la atención concentrada en el mismo objeto por largo tiempo. Además la dislexia se extiende a los comportamientos cognitivos y sociales, hasta el punto de hacer casi imposible el seguimiento de estrategias lineales”. Punto.
Lo que verdaderamente preocupa a José Luis –y lo que de verdad debería preocuparnos- tiene que ver con el resto de elementos presentes en su intervención. ¿Qué es eso de la Multitud? ¿Y, sobre todo, cómo podríamos organizarla / organizarnos para combatir la Realidad y construir el comunismo?
“¿La gente que buscamos la forma de transformar, de cambiar las cosas, no deberíamos más bien pensar en cómo organizar la Multitud de una manera efectiva? Algunos amigos, se plantean crear un nuevo partido en Valencia, a la vista de la quiebra de Izquierda Unida, pero yo les digo que eso no sería más que repetir lo mismo. Pero ¿cómo crear algo, una organización a la altura de los tiempos? Creo que este es el problema que nos debería ocupar”.
Pongo las preguntas en suerte e invito a quienes lean esto a participar en El n-ésimo blog. Yo, por mi parte, continuaré en cuanto tenga algo de tiempo y ganas para sentarme de nuevo ante el teclado.
miércoles, 8 de agosto de 2007
RESIDUA. 25 PROPUESTAS EDIFICANTES PARA ALIVIAR EL TEDIO AGOSTEÑO.
A. TUMBADOS EN LA HIERBA (De nuestra biblioteca particular).
1. La historia de El Capital de Karl Marx, Francis Wheen, Debate, 2006, 157 pp. He de confesar que, a estas alturas de la representación, es mucha la literatura marxiana y marxista que he trasegado. Buena, mala y de la peor, que es –naturalmente- la que más abunda. Semejante proposición inicial no tiene como objetivo tirarme el folio –que también-, sino justificar el hecho de que ya no resulta nada fácil que me encuentre con un producto que consiga sorprenderme de verdad. Pues bien, el que ahora os invito a leer lo ha conseguido.
Escrito por el británico Francis Wheen, uno de los últimos y más celebrados biógrafos del Moro, y publicado en la colección Libros que cambiaron el mundo de la Editorial Debate, La historia de El Capital es un libro ágil, ameno y valeroso. Ágil y ameno porque se lee con la facilidad de las novelas mejor escritas e incita a que lo engullamos de una sentada. Valeroso, porque aún ahora se atreve a reivindicar la corrosiva actualidad del texto de Marx.
“Al tiempo que escribía El Capital –afirma Wheen-, Marx estaba abandonando la prosa convencional para adentrarse en el collage literario radical (mediante la yuxtaposición de voces y citas procedentes de la mitología y la literatura, de los informes de los inspectores fabriles y de los cuentos de hadas, a la manera de los Cantos de Ezra Pound o La tierra baldía de Eliot). El Capital es tan disonante como la música de Schoenberg, tan espeluznante como los relatos de Kafka”.

“Siempre tomé partido por la opinión extrema. Cuanto más radical sea el tratamiento, sostenía, tanto más rápida será la cura. La sociedad es un paciente enfermo, tanto constitucional como funcionalmente. El tratamiento quirúrgico es a menudo imperativo. El derrocamiento de un tirano no resulta simplemente justificable, sino que es la obligación más alta de cualquier revolucionario auténtico. La vida humana es, desde luego, sagrada e inviolable. Pero la muerte de un tirano, de un enemigo del Pueblo, no debe ser considerada en absoluto como la supresión de una vida. Un revolucionario preferiría perecer mil veces a ser culpable de lo que se entiende de ordinario como un asesinato”.


“Deseo de revolución: ¿podría ser que la carga energética de esta palabra, que durante más de dos siglos ha levantado a los pueblos y hecho saltar edificios históricos seculares, se encuentre hoy en día extenuada, hasta el punto de no subsistir ya más que como una tenue carbonilla en lo más profundo de la nostalgia de algunos individuos? A menos que creamos localizarla en el hambre de novedades artificiales que el comercio y los media se empeñan en suscitar en nosotros, y que con tanta ligereza llaman “revolución” a las más lamentables combinaciones técnicas…”

“El neoliberalismo –la ideología del Consenso de Washington que subyace al ardor guerrero de la administración Bush- ofrece una realización de estos valores altamente selectiva: reduce la libertad al derecho a comprar y vender, la igualdad a un formalismo legal; desintegra la solidaridad en individualismo privatizado, y amenaza al propio planeta del que dependemos todos los humanos para hacer realidad nuestros deseos y desarrollar nuestros proyectos. El movimiento anticapitalista ofrece una lectura radicalmente distinta de la libertad, la igualdad y la solidaridad según la cual su realización sólo puede conseguirse por oposición al capitalismo global y, en mi opinión, reemplazándolo. Es éste el movimiento que ofrece la auténtica promesa de modernidad al promover una emancipación verdaderamente universal que haría del destino de este planeta y de todos sus habitantes un proyecto colectivo y democrático. Ahora más que nunca tenemos un mundo por ganar”.















N.B.- El orden de presentación de las películas no implica necesariamente preferencia.
ESPECIAL PSYCHOBILLY
The Cramps - You got Good Taste
The Meteors - Insane
The Quakes-Psychobilly Jeckyll and Mr. Hyde
Mad Sin - All This and More
Rocker Arms - Ignition
jueves, 12 de julio de 2007
RESIDUA / AGITPROV. HIPERIÓN, EL LIBERTARIO.

Hölderlin, ¿un revolucionario jacobino? ¿un liberal? ¿un reaccionario? Los ideólogos nazis hicieron de él un precursor de Schopenhauer y Nietzsche y, siguiendo esa línea, uno de los inspiradores principales de la Gran Revolución de Hitler y sus secuaces. Para ello hubo que limpiar la obra del poeta de todo aquello que conforme al ideario nazi echaba por tierra el mito de un Hölderlin anunciador de la cultura del Tercer Reich. Su simpatía por la causa de los revolucionarios franceses, su firme anti-autoritarismo y su confesa fe en los valores democráticos no habían de ser contemplados sino como caracteres secundarios, condicionados por el tiempo histórico, que en nada afectaban al núcleo profundo de la obra y el pensamiento del autor. La impostura nacional-socialista no necesita volver a ser refutada a estas alturas. O, al menos, no será éste el cometido del presente artículo.
Sí resulta, sin embargo, un asunto aún controvertido el determinar la auténtica filiación ideológico-política de Hölderlin. Anacleto Ferrer (P. 107), siguiendo a C. Prignitz, ha señalado acertadamente el error que constituye identificar al poeta con un jacobino. En términos rigurosos, los jacobinos fueron aquellos políticos del Club del mismo nombre que, tras la expulsión de los elementos moderados (fundamentalmente, el sector girondino), y apoyados por la Comuna y los sans-culottes, dirigieron la Revolución y la República en su fase terrorista. Enfrentada a la jacobina se encontrará la posición liberal. Los liberales, en efecto, defendieron la Revolución y la República, pero rechazaron el Terror como un degeneración de las ideas revolucionarias originales. Y parece más que probado que Hölderlin era un demócrata declarado, pero un jacobino tan sólo para una reacción poco dada a los matices y las gradaciones. En realidad, el poeta se sintió horrorizado por el Terror del año 93, y la subsiguiente represión de la Gironda hizo de él un anti-jacobino en sentido estricto, aunque nunca dejase de considerarse un revolucionario. Hölderlin sería, pues, según el análisis de Ferrer, un consumado liberal.
Sin embargo, existen a mi parecer elementos de juicio suficientes para rebatir semejante conclusión. En primer lugar, el recelo que Hölderlin siente ante el Estado va mucho más allá de la prédica liberal en favor del estado mínimo. Para Hölderlin, cuya norma será siempre la Naturaleza, el Estado es un sistema maquínico que se opone violentamente al orden armónico natural. Y aunque en ocasiones el poeta reconozca la dificultad o incluso la imposibilidad de sustituir tal orden en términos históricos y, en consecuencia, de liberarse completamente de la maquinaria estatal, jamás cambiará su negativa valoración del Estado. En segundo lugar, Hölderlin es un crítico radical de los nuevos modos de alienación generados por la recién nacida sociedad burguesa. Y, en este aspecto, puede ser considerado un precursor de la crítica socialista. Como indica Helena Cortés, Hölderlin reprocha a la nueva sociedad que no aproveche “el derrumbe de los estamentos para crear algo mejor, sino que cae en la especialización pequeña y estrecha del trabajo y en la pérdida total de sus sentido social y natural que hace que ese trabajo monótono y desvinculado convierta al hombre en una máquina que sólo sabe hacer una misma cosa y ya no es capaz de disfrutar de la belleza de la primavera” (P. 181). El modelo para enjuiciar la nueva sociedad burguesa no es otro que la Atenas de la época clásica. Y éste constituye un tercer aspecto que aleja a Hölderlin de las posiciones liberales al uso. Atenas es una comunidad de hombres libres fuertemente vinculados por lazos sagrados de socialidad. En cierto modo, el opuesto absoluto de la sociedad mercantil que contempla a los hombres como individuos, i.e. como átomos perfectamente intercambiables. Anti-estatismo, anti-burguesismo y republicanismo o democratismo radical son, a mi entender, rasgos esenciales del pensamiento político de Hölderlin. Todos ellos hacen de él, no un liberal, sino un libertario.
Para probar tal afirmación nos centraremos en este trabajo en el análisis de los componentes más explícitamente políticos de una de las más importantes obras de Hölderlin: Hiperión o el eremita en Grecia. Nos ocuparemos en concreto del estudio de tres hitos o momentos fundamentales en la narración, que, a mi ver, establecen a las claras cuáles eran las ideas básicas de Hölderlin sobre lo político. Éstos son: 1) El encuentro de Hiperión con el Bund der Nemesis; 2) su relación con Alabanda y su participación en la guerra de liberación griega frente a los turcos; y 3) su viaje a Atenas, en el que se traza la imagen de un Estado que ha encontrado una forma que se asemeja a la armonía natural. Me parece que dicho análisis basta para dejar establecida con nitidez la vinculación del poeta con una tradición libertaria que continuarían poco después Godwin o Shelley y que culminaría en los grandes pensadores anarquistas de la segunda mitad del siglo XIX y los primeros decenios del XX.
1) En la séptima carta del Libro I, durante su estancia en Esmirna y tras su encuentro con Alabanda, Hiperión entra en conocimiento del denominado Bund der Nemesis. La descripción que de sus inquietantes miembros hace el poeta es memorable. La técnica y el estilo empleados recuerdan, en cierto modo, al de la literatura gótica; y los retratos de los conjurados se asemejan, salvando las distancias, a los que los autores conservadores y reaccionarios de la época hacían de revolucionarios e ilustrados.
El Bund es, en realidad, una alianza revolucionaria secreta cuyo único fin es limpiar la tierra, eliminar todo aquello que se opone al advenimiento del hombre nuevo. A Hiperión le impresiona particularmente un aspecto del carácter de sus miembros: “La calma de sus rasgos era la calma de un campo de batalla” (Ib.). Son hombres disciplinados y fríos que han logrado la completa aniquilación de la sensibilidad y el sentimiento dentro de sus almas. En cierto modo, no son sino medio-hombres o, aun menos: simples fragmentos humanos.

Los miembros del Bund son de un dogmatismo férreo. Se expresan con la altivez de quien sabe que nada a favor de la corriente histórica. Los nuevos tiempos en que la Idea resulte victoriosa llegarán seguro, sus rasgos están grabados en el corazón del Destino. Merced a una suerte de astucia del Ser, no hay nada que no colabore en su advenimiento:
“[...] todo está en nuestro favor, los sabios y los locos, los simples y los instruidos y todos los vicios y todas las virtudes de la barbarie y de la cultura están, aunque no a sueldo nuestro, sí a nuestro servicio, y colaboran ciegamente en la consecución de nuestros fines. Únicamente quisiéramos que alguien gozase con todo ello, por eso buscamos entre los miles de auxiliares ciegos a los mejores, para transformarlos en auxiliares videntes. Pero si nadie quiere habitar lo que nosotros construimos, no es culpa nuestra ni nos molesta. Hemos hecho lo que teníamos que hacer” (P. 57).
“Si nadie quiere habitar lo que nosotros construimos, no es culpa nuestra ni nos molesta”; la orientación mesiánica del Bund queda nítidamente expresada en esta frase. Se trata, en fin, de construir un mundo nuevo anegando en sangre, si es preciso, el viejo, y sin tener en cuenta ni el corazón ni la voluntad de los hombres. El corazón de los conspirados, por su parte, no es ya sino un reseco bagazo; y su voluntad está dominada por un motivo monomaniaco: la destrucción. Al propio tiempo, los miembros del Bund exhiben esa frialdad del revolucionario profesional que sabe que no vivirá para ver la revolución triunfante.
La idea tiene algo de titánico, de monstruoso. Es la aceptación estoica del propio destino del Lenin del Estado y la Revolución, que reconoce en el revolucionario a un simple instrumento de una fuerza superior, transhistórica. Y es que el surgimiento de la sociedad comunista exige –según afirma Ulianov- la aparición de toda una generación de hombres y mujeres que se hayan educado en “las condiciones sociales nuevas y libres” del socialismo. Lo que ofrece una imagen algo tétrica y desconsoladora, pues los pioneros de la Revolución no asistirán al advenimiento de la Nueva Sociedad. En cualquier caso, ningún revolucionario ruso habría aceptado la estrategia terrorista del Bund der Nemesis: son, al fin y al cabo, los pueblos los que hacen la historia; ellos, y no un puñado de conjurados de opereta, habrán de ser los protagonistas de la transformación radical de la sociedad.
Hiperión estalla, al fin, indignado: “¡Son unos impostores!”, gritaban todas las paredes a mi sensibilidad” (P. 58). Quienes creen ser los únicos agentes auténticos de la Revolución, no son en realidad más que unos traidores a lo que la Revolución tiene de más profundo y hermoso: la superación de la separación del hombre con respecto a la Naturaleza, del hombre y los dioses, y, en fin, de los hombres entre sí. Los miembros del Bund no son sino falsos apóstoles que, en nombre de la causa revolucionaria, lo único que hacen es extremar las nuevas formas de alienación. Son, en cierta manera, una transposición literaria de Robespierre y sus secuaces: han sacrificado todo en el altar de la diosa Razón. La imagen que emplea el propio Hölderlin es de una factura bellísima:
“La ira y el amor se habían desencadenado sobre aquel hombre y la razón brillaba sobre las ruinas del sentimiento como el ojo de un gavilán posado sobre palacios destruidos” (P. 55).

Hiperión se da cuenta enseguida de cuál es el carácter de los conspirados del Bund. Son hombres que sólo viven para sus fines políticos, carentes de sentimientos y de escrúpulos. Son además activistas de una sola pieza: han absolutizado sus acciones como fanáticos y actúan guiados por la simple pulsión a actuar. De revolucionarios, que aspiran a un Ideal, se han convertido en doctrinarios, para los cuales es indiferente si lo que construyen es habitado por alguien o no; poder actuar conforme a su doctrina es lo único que les importa.
El propio nombre de la Liga dice mucho acerca de la condición de estos revolucionarios. La Némesis es, a la vez, una divinidad y una abstracción. Personifica la Venganza divina, el poder encargado de suprimir toda desmesura. Es una concepción fundamental del espíritu helénico: todo cuanto sobresale de su condición, tanto en bien como en mal, se expone a las represalias de los dioses. Tiende a trastornar el orden del Universo, a poner en peligro el equilibrio universal; por eso debe castigarse si se quiere que el mundo siga tal como es (Ferrer, P. 189). Resulta, pues, de una ironía aterradora que quienes ni siquiera pueden ser considerados completamente hombres pretendan arrogarse un papel que sólo a los dioses compete.
2) Como ya mencionábamos más arriba, antes de su encuentro con el Bund, Hiperión conoce también en Esmirna a quien habrá de ser su amigo y compañero de armas en la guerra contra los turcos. La amistad se verá, sin embargo, pronto puesta en cuestión por las diferencias políticas entre ambos compañeros. Alabanda es un hombre de acción y un firme creyente en la simple revolución política; Hiperión, por el contrario, cree que las transformaciones han de ser más profundas e ir más allá del ámbito puramente político y, al propio tiempo, descree del potencial transformador de una acción que no opere sobre un suelo ya abonado por una nueva educación en el respeto a la sacralidad de la Naturaleza.
Las divergencias políticas entre ambos afloran con claridad en un viaje que los dos amigos realizan a la isla de Quíos:
“El dios que hay en nosotros –exclama Alabanda-, al que se le abre la infinitud como un camino, ¿debe estar quieto y esperar hasta que el gusano ceda el paso? ¡No, no! ¡No se os pregunta si queréis! ¡Vosotros, esclavos y bárbaros, no queréis nunca! Tampoco se pretende mejoraros, ¡no tendría sentido! ¡Sólo pretendemos ocuparnos de que no impidáis la marcha triunfal de la humanidad” (P. 50).
De este modo, Alabanda, en el entusiasmo por lograr su meta, quiere destruir lo viejo y apremiar la formación del hombre en una nueva espiritualidad mediante cambios políticos. Utilizando un lenguaje más actual, Alabanda estaría a favor de una Revolución desde arriba, empleando los aparatos del Estado en la destrucción de los enemigos del cambio revolucionario. A Hiperión-Hölderlin le horroriza una perspectiva semejante, y se expresa en libertario cuando afirma:
“Me parece que tú concedes demasiado poder al Estado. Éste no tiene derecho a exigir lo que no puede obtener por la fuerza. Y no se puede obtener por la fuerza lo que el amor y el espíritu dan. ¡Que no se le ocurra tocar eso o tomaremos sus leyes y las clavaremos en la picota! ¡Por el cielo!, no sabe cuánto peca el que quiere hacer del Estado una escuela de costumbres. Siempre que el hombre ha querido hacer del Estado su cielo, lo ha convertido en su infierno” (P. 54).
El revolucionario Alabanda confía en el uso político de la fuerza (Gewalt), quiere cambiar al hombre subvirtiendo primero las instituciones estatales. Hiperión, educado, sin embargo, en la meta de la libertad y de la autonomía de pensamiento del hombre, se aleja de este estatismo; no cree que el poder coactivo de las leyes sea capaz de producir la renovación humana que sólo “el amor y el espíritu dan” (Ib.). Para Hiperión, el Estado no sino “el muro que rodea el jardín de las flores y frutos humanos”. La elección de la metáfora no es baladí; la imagen del muro evoca la idea de coacción, de restricción y violencia sobre la expresión de los seres humanos. Y en todo caso, señala con nitidez que la revolución ha de apuntar en una dirección distinta de la sugerida por Alabanda. El programa político –o metapolítico, si se prefiere- de Hölderlin aparece perfectamente resumido en una carta a su amigo Ebel, fechada el diez de enero de 1797:
“[...] Creo en una futura revolución de las ideas y modos de representación que hará enrojecer de vergüenza a todo lo anterior. Y Alemania tal vez pueda contribuir mucho a ello. Cuanto más tranquilo crece un Estado, tanto más excelente se vuelve, tanto más se piensa y se trabaja y existen grandes movimientos en los corazones de la juventud sin caer por ello en palabras huecas como en otro lugar. ¡Mucha formación y aun infinitamente más! ¡Materia formativa! Buen carácter y aplicación, corazón de niño y espíritu viril, son los elementos con los que se forma un pueblo destacado” (Cit en Ferrer, P. 143-4).

Esta actitud del saber-esperar está presente también en la novela. En efecto, en su discusión con Alabanda, Hiperión pone sus esperanzas en la nueva Iglesia que surgirá de entre las actuales formas manchadas y viejas. Para Hiperión se trata, pues, de una renovación total, política y espiritual. Y la realización de esta meta escapa a la acción de los hombres. Hiperión invoca a la lluvia del cielo; ella es la que volverá a traernos la “primavera de los pueblos” (P. 54). Dicha actitud se modificará con el tiempo. En la P. 133 (edición española), por ejemplo, reconoce la necesidad de la acción política: “La nueva liga de los espíritus no puede vivir en el aire, la sagrada teocracia de lo hermoso tiene que morar en un Estado libre, éste precisa de un lugar en la tierra, y este lugar se lo conquistaremos nosotros”. Lo que no cambia en ningún momento es su concepción del Estado.
Las diferencias entre los dos camaradas se hacen más ásperas cuando el Bund der Nemesis entra en escena. Es Alabanda quien presenta a sus miembros a Hiperión, e Hiperión acabará por identificar a éstos con su amigo. El encuentro propiciará la momentánea ruptura entre ambos. La actitud de Hiperión es de repliegue. Después de separarse de Alabanda, Hiperión vuelve a Tina, su patria, donde vive “muy tranquilo, con gran sencillez” (P. 64); ya no quiere mejorar a sus contemporáneos y se encapsula en la esfera individual.
Pero, conforme al juego dialéctico de alternancia entre desarrollo y repliegue (de órbitas excéntricas, como bien señala A. Ferrer), Hiperión se verá empujado más tarde a abandonar la esfera de lo privado por la necesidad de obrar. La guerra de la Grecia sometida contra el Turco invasor será vista por el personaje como una ocasión propicia para instaurar sobre la tierra la República de la Nueva Atenas. El resultado, empero, no será el deseado: Hiperión cae en el extremo opuesto, y pasa de la completa negación de la acción política a abandonarse a un activismo, sino ciego, sí al menos miope.
En su participación en la guerra, Hiperión separa la actuación política inmediata del anhelo de realización de metas ideales –medios, de fines-, con lo cual descuida lo que el mismo desarrolla teniendo en cuenta la historia de Atenas; su actuación no está bajo el signo de la antigua polis, que unió inseparablemente libertad política y cultura espiritual. Cuando Hiperión se dé cuenta, el mal ya estará hecho. “Nuestras gentes han saqueado y asesinado sin hacer distingos” –escribirá-; “era un proyecto extraordinario pretender fundar mi Elíseo con una banda de ladrones” (P. 159).
Antaño, al volverse Hiperión contra la hipervaloración de las posibilidades de lo político realizada por Alabanda, enfatizaba demasiado la incapacidad del hombre para desarrollarse actuando por su propia cuenta; su apuesta por un compromiso activo es, por tanto, un progreso en su forma de ver las cosas; un progreso relativo, no obstante, ya que Hiperión cae justo en el extremo opuesto, obviando la importancia del afán educativo en una nueva composición espiritual del ser humano, que ha de preparar y acompañar a la acción política. Una solución realmente equilibrada de este problema central sólo la conseguirá Hiperión cuando reconozca y haya superado el error tanto del apoliticismo a ultranza como la equivocación de pensar que la mera actividad política le basta para “fundar su Elíseo”.
3) Como decíamos más arriba, en Atenas Hiperión traza la imagen ideal de un Estado que ha encontrado una forma que se asemeja a la armonía natural. Hiperión confronta a la Grecia clásica con el terrible / sublime sistema religioso de Oriente –es decir, de Egipto- y con la enfermiza introversión del espíritu en Occidente, encarnación de la cultura europea moderna y del sistema kantiano en cuanto dominio del mero entendimiento y de la mera razón. El pueblo ateniense constituye, para Hölderlin-Hiperión, el paradigma de una evolución orgánica “libre de toda influencia violenta”. Su perfección se debe fundamentalmente a que su infancia se desarrolló sin la menor perturbación.
Atenas es, pues, el equilibrio, el bello término medio entre los extremos. Se opone, por un lado, al modelo egipcio, que Hiperión identifica con el despotismo. Y por otro, al Norte, que equivale al frío dominio de la ley, a “la justicia con forma legal”. “[...] El egipcio tiene, desde que está en el vientre de su madre, un impulso hacia la veneración y la idolatría; en el norte se cree demasiado poco en la pura y libre vida de la naturaleza como para no depender supersticiosamente de lo legal” (P. 114-5). Para Atenas, por el contrario, sólo es posible un orden en libertad que no limite en exceso a los individuos. “El ateniense no puede soportar lo arbitrario porque su naturaleza divina no admite ser importunada; no puede soportar la legalidad en todo porque tampoco siente que sea necesaria. Dracón no es lo más apropiado para él. Quiere ser tratado con dulzura y hace muy bien” (Ib.).
Con todo, Hiperión no vuelve sólo la vista atrás, al pasado republicano, transido de nostalgia; el suyo es un proyecto encarado al futuro. El concepto hölderliniano de renacimiento (Wiedergeburt) anuncia una revolución en su sentido original, la reapertura en un plano superior de un proceso estructuralmente análogo (Ferrer, 165). Al fin y al cabo, a lo que se aspira es a la “Atenas sin esclavos” que deseara Adorno.
BIBLIOGRAFÍA BÁSICA
HÖLDERLIN Friedrich, Hiperión o el eremita en Grecia, Hiperión, Madrid, 1998 (17ª edición). Traducción y prólogo de Jesús Munárriz.
CORTÉS Helena, Claves para una lectura de Hiperión: filosofía, política, ética y estética en Hölderlin, Hiperión, Madrid, 1996.
FERNÁNDEZ BUEY Francisco, Marx leyendo a Hölderlin, Episteme, Valencia, 1995.
FERRER Anacleto, La reflexión del eremita: razón, revolución y poesía en el Hiperión de Hölderlin, Hiperión, Madrid, 1993.
LENIN V. I., El Estado y la Revolución, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1975.
MAS Salvador, Hölderlin y los griegos, La Balsa de la Medusa / Visor, Madrid, 1999.



