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jueves, 29 de enero de 2015

VOCES. El ojo exterminador del filósofo: seis salpicaduras sadianas.








El dos de diciembre se cumplió el segundo centenario de la muerte del marqués de Sade. Tal vez nos queden muy lejos los arrobos místicos que su obra despertaba en los surrealistas o en los estructuralistas, pero Sade aún da que pensar. A pesar de todo, su presencia todavía se percibe en los textos de algunos autores contemporáneos como Pierre Guyotat o Dennis Cooper. Incluso el museo de Orsay le ha dedicado una gran exposición: Sade. Atacar el sol.


“No es contrario a la razón preferir
la destrucción del mundo entero
a tener un rasguño en el dedo”
David Hume, Tratado de la naturaleza humana



 
1. Donatien Alphonse François de Sade murió un dos de diciembre. Un solo dígito lo aleja, pues, de la fecha que la Iglesia Católica reserva desde el siglo XI al recuerdo de los fieles difuntos. Se trata de conmemorar a Sade. Con-memorar: es decir, ligar al ritual gregario de la efeméride la historia íntima de mi primer encuentro con el marqués. Un propósito que enseguida se revela irrealizable. De entrada porque la figura anfibia y monstruosa de Sade rehuye cualquier celebración oficial, para-oficial o anti-oficial. Sade puso todo su empeño en destruir el vínculo social a través de la escritura, de ahí que sea impensable que una comunidad cualquiera pueda verse reflejada en su imagen. Las comunidades humanas no pueden levantar monumentos a semejantes seres. De hecho, si quieren evitar una corrosión fatal, no tienen más remedio que eliminarlos o expulsarlos para siempre de su seno. Y esto incluye también a aquellas comunidades en las que podríamos reconocer al partido de la subversión y que tienen como principal objetivo desbaratar el orden de cosas existente. Parafraseando al Nietzsche del Anticristo cabría afirmar: “En el fondo no ha habido más que un sadiano, y ese murió en Charenton”.

http://detour.es/cosas/diego-luis-sanroman-sade.htm



miércoles, 3 de marzo de 2010

RESIDUA. El cráneo del Marqués



"Algunos meses más tarde, no podría precisar la fecha, se efectuaron cambios de sepulturas en el cementerio y también se incluían los restos del marqués que fueron entonces exhumados. No dejé de asistir y pude salvar el cráneo del marqués, cuya autenticidad era totalmente segura. También estaba presente mucha gente que conocía a Sade y el lugar de su sepultura tan bien como yo mismo. Justo cuando me disponía a preparar correctamente el cráneo en casa, recibía la visita de un amigo, el famoso frenólogo Spurzheim, alumno de Gall. Como me lo rogó muy encarecidamente, le entregué el cráneo y él me prometió devolvérmelo junto con algunos vaciados que quería hacer inmediatamente. En el período siguiente, sin embargo, realizó viajes hacia Inglaterra y Alemania para pronunciar conferencias y murió repentinamente. Así es que nunca más he vuelto a ver el cráneo. [...]


Entretanto [Spurzheim] lo había estudiado con el método frenológico los pocos días que estuvo en mi casa. Los resultados fueron: bóveda craneana bien desarrollada (teosofía, benevolencia); ninguna fosa extraña en la región temporal (asiento de la crueldad); ninguna fosa extraña detrás y encima de los oídos (asiento del carácter pendenciero); cerebelo de dimensiones regulares, ninguna diferencia inusualmente mayor de una apófisis a otra (asiento de la sensualidad hipertrófica).


En una palabra: si no había reconocido en el Sade que se paseaba dignamente, casi diría patriarcalmente, en Charenton, al autor de Justine y Julieta, tras el estudio del cráneo lo hubiera absuelto justificadamente de la acusación de haber escrito esos libros. Su cráneo se asemeja desde cualquier punto de vista al de un padre de la Iglesia"


*L. J. Ramon, enfermero en el manicomio de Charenton, donde -como se sabe- Donatien Alphonse François de Sade pasó sus últimos días. Más tarde se convertiría en médico. Según parece, su amigo el frenólogo Spurzheim no sólo viajó por Inglaterra y Alemania, como él mismo refiere, sino también por los Estados Unidos, donde es muy probable que se perdiese el cráneo del marqués.

- ANTES EN RESIDUA.