(A) Antón Chéjov pasó sus últimos días en el balneario de Badenweiler, donde había luchado contra una tuberculosis que, finalmente, acabó por derrotarle. El cadáver viajó hasta San Petersburgo en un vagón de tren sobre cuyas paredes de madera la escasa docena de personas que habían ido a recibirlo a la estación pudieron ver la siguiente leyenda: "Para ostras". Es seguro que al escritor le habría encantado la historia.
Estatua de Chéjov en un rinconcito de la trasera del Bolshoi
(B) El 14 de abril del año 1930, decimotercero de la Gran Revolución Bolchevique, Vladímir Mayakovski se disparó un tiro al corazón. Él todavía no había cumplido los 37. Poco antes había afirmado que estaba cansado de "pisar la garganta de su propia canción". En un artículo publicado en Pravda en 1935, Stalin -que odiaba el arte de vanguardia- lo canonizó como mártir comunista en los siguientes términos: "era el mejor poeta y el de más talento de nuestra era soviética".
En 1912, el grupo Hylaea de San Petersburgo, compuesto por un puñado de jóvenes airados (Velimir Jlébnikov, Alekséi Kruchenij, David Burliuk y Vladímir Mayakovski), lanzaba el manifiesto Bofetadaal gusto del público; era el acto inaugural del futurismo ruso.
Bofetada al gusto del público
A quienes lean nuestra Nueva Primera Inesperada. Solamente nosotros somos la imagen de nuestro Tiempo. El corno del tiempo resuena en nuestro arte verbal. El pasado es estrecho. La Academia y Pushkin menos comprensibles que jeroglíficos. Puskin, Dostoievski, Tolstoi, etcétera, etcétera, deben ser tirados por la borda del vapor del Tiempo Presente. Quien no olvida su primer amor no vivirá el último. ¿Quién será tan crédulo para entregarle su último amor a la perfumada lujuria de Balmont? ¿Acaso encontrará allí un reflejo del valeroso ánimo del día de hoy? ¿Quién será tan cobarde que no se atreverá a arrancar la coraza de papel del negro frac del guerrero Briùsov? ¿Encontrará allí acaso la aurora de una belleza desconocida? Lavaos la mano que ha tocado la porquería de los libros escritos por intocables Leónidas Andreyevs. Todos esos Máximos Gorkis, Kuprins, Blocks, Sologubs, Remizov, Averchenckos, Chornys, Kuzmins, Bunins, etcétera, etcétera; sólo necesitan quintas a la orilla de un río. Así recompensa el destino a los sastres. ¡Desde la altura de los rascacielos miramos su pequeñez!
La nube en pantalones (Prólogo) - Vladímir Mayakovski (1915)
Con mi corazón sangrante desgarrado en harapos excitaré vuestra mente que sueña en cerebros reblandecidos cual cebado lacayo en mugriento sofá; hasta hartarme me burlaré, atrevido y mordaz.
Ni una sola cana mi alma tiene, ni en mis años hay ternura senil. La fuerza de mi voz atruena el mundo y con veintidós años camino enhiesto, hermoso.
¡Vosotros los delicados! que sobre tiernos violines recostáis el amor o, si rudos sois, sobre timbales. Nunca podréis hacer como yo, volverse del revés y ser todo labios. Venid y aprended.
Damas pulidas envueltas en sedas y batistas que humedeciendo los labios hojean los libros como cocineras un libro culinario: ¡dejad esa decencia de ligas angelicales! Si quieren amaré la carne hasta la locura y, tornasolado como el cielo, si quieren seré intachablemente delicado: no seré un hombre, sino una nube en pantalones.
En el mundo no existe una Niza florida. Hoy glorifico de nuevo a hombres cansados como un hospital, y a mujeres sobadas como un refrán.
Yo no sé si la tierra gira o no, Depende, si la palabra cabe en el renglón. No sé si mis antepasados fueron o no simios, Así como no sé si se me antoja lo dulce o lo ácido. Pero yo sé que quiero arder y quiero que el sol Se una en un estremecimiento con la mano. Y quiero que el rayo de una estrella bese mis ojos, Como se besan los hermosos ojos de los venados. Quiero que cuando yo palpite un temblor total invada el universo. Y quiero creer que hay algo que permanecerá Cuando el tiempo cambie, por ejemplo, la trenza de la mujer que amo. Yo quiero sacar el paréntesis del factor común, que me da unidad, El sol, el cielo, el polvo perlado.
Velimir Jlébnikov (1909). Versión de Jorge Bustamante.