Mostrando entradas con la etiqueta Rusia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rusia. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de diciembre de 2010

EL OJO ROJO. Anatoly Zverev (1931-1986)

Anatoly Zverev entró en la vida con mal pie y jamás enderezó el paso. Su padre, un inválido de guerra, murió cuando Tolya todavía era un crío, y la familia tuvo que malvivir con lo que su madre, fregona y obrera según las épocas, traía al hogar, que no era mucho. Se sabe, sin embargo, que existían antecedentes artísticos entre los Zverev: el abuelo de Anatoly, sin ir más lejos, había sido pintor de iconos.

La formación académica de Zverev quedó abortada muy pronto. En 1954 entró en la Escuela de Arte 1905, cuyo nombre hacía referencia a la primera intentona revolucionaria del siglo, pero fue expulsado poco después. Según parece, por su comportamiento rebelde y anárquico. Cambió entonces el pincel por la brocha y durante algún tiempo se dedicó a pintar vallas y anuncios en el Parque de Atracciones de Sokolniki, de donde también fue despedido por un uso indebido del material de faena: el director de las instalaciones lo cazó trabajando en uno de sus cuadros a golpe de fregona.

Lo más parecido a un éxito le llegó a Zverev tres años más tarde. Entonces se celebró en Moscú el Festival de la Juventud y Zverev participó en el concurso de pintura que se había convocado para la ocasión. Se dice que a Siqueiros, presidente del jurado, le bastó con ver tres o cuatro pinceladas del joven artista para reconocer en él al ganador. Poco antes había llamado también la atención de Alexander Rumnev, un actor del Teatro Tairov, que le puso en contacto con algunos galeristas moscovitas y, en particular, con el famoso coleccionista Georgy Kostaki, cuya mediación le abriría las puertas del occidente capitalista.

Tolerado dentro de un orden, el arte de los no-conformistas rusos fue perdiendo sus estrechos márgenes de libertad conforme la primera fase del Deshielo iba alejándose en el tiempo. A comienzos de la década de los sesenta, la revista Life publicó un autorretrato de Zverev junto a un retrato de Lenin obra de Vladimir Serov: el exsangüe realismo socialista frente al vitalismo expresionista, la forma más perversa de maridaje entre política y arte (ya se sabe: realismo en la forma y socialismo en el contenido) frente al individualismo anarcoide y libertario. Cuando Khrushev se enteró del asunto, montó en cólera y ordenó que se prohibiesen las exposiciones paralegales del underground soviético y también todo contacto entre los artistas y los visitantes extranjeros.

Zverev se las apañó, a pesar de Khrushev y de quienes le sucederían en el cargo, para hacerse más conocido fuera que dentro de su propio país. Instalado por un tiempo en casa de Kostaki, mientras producía dibujos y cuadros por millares –cuenta la leyenda que realizó en una sola noche un centenar de dibujos para ilustrar El asno de oro de Apuleyo- y engullía botellas de vodka casi en la misma proporción, Zverev trabó amistad con el famoso director de orquesta Igor Markevich. Burlando la vigilancia de las autoridades soviéticas, Markevich logró organizar una exposición individual del pintor nada menos que en la ciudad de París. Corría el año 1965.

El reconocimiento más o menos clandestino, sin embargo, no se tradujo nunca en una mejora en sus condiciones de vida. Su trabajo había ido ganando en renombre entre los corresponsales y diplomáticos extranjeros aficionados al arte, e incluso en los medios artísticos soviéticos y entre algunos miembros de la elite oficial. Llegó un momento en que todo el mundo quería tener un retrato pintado por Zverev, pero Zverev no obtuvo grandes beneficios de su reputación. Si uno lograba acceder al pintor, lo tenía fácil: bastaban tres o cuatro rublos o un par de botellas de vodka para que el interesado pudiera hacerse con un Zverev original.

Entretanto, el pintor llevaba la vida de un sin-techo, o cuando menos de alguien sin domicilio fijo. Para evitar dormir al riguroso raso moscovita, debía confiar en la generosidad de los amigos, y rara vez pasaba dos noches seguidas en un mismo apartamento. En ocasiones, Zverev desaparecía por algún tiempo, y entonces se extendía por los mentideros artísticos de Moscú el rumor de la muerte del pintor. Pero siempre, aunque tal vez algo más desgastado por el alcohol y la mala vida, volvía a aparecer. Siempre hasta el día 9 de diciembre de 1986, cuando se le halló muerto en un pequeño piso del distrito de Sviblovo.

A su funeral asistieron miles y miles de personas.


- GALERÍA ANATOLY ZVEREV.

- ANTES EN EL OJO ROJO.

sábado, 4 de diciembre de 2010

RESIDUA. Vosotros, los muertos... (I)

(A) Antón Chéjov pasó sus últimos días en el balneario de Badenweiler, donde había luchado contra una tuberculosis que, finalmente, acabó por derrotarle. El cadáver viajó hasta San Petersburgo en un vagón de tren sobre cuyas paredes de madera la escasa docena de personas que habían ido a recibirlo a la estación pudieron ver la siguiente leyenda: "Para ostras". Es seguro que al escritor le habría encantado la historia.



Estatua de Chéjov en un rinconcito de la trasera del Bolshoi


(B) El 14 de abril del año 1930, decimotercero de la Gran Revolución Bolchevique, Vladímir Mayakovski se disparó un tiro al corazón. Él todavía no había cumplido los 37. Poco antes había afirmado que estaba cansado de "pisar la garganta de su propia canción". En un artículo publicado en Pravda en 1935, Stalin -que odiaba el arte de vanguardia- lo canonizó como mártir comunista en los siguientes términos: "era el mejor poeta y el de más talento de nuestra era soviética".


Mayakovski en Novodévichi.

- ANTES EN RESIDUA.

domingo, 22 de agosto de 2010

OBSCENIDADES TURÍSTICAS. Rusia: Píter & Москва

OBSCENIDAD. De 'obsceno'. Probablemente, de ob + scenus: Lo que no aparece o no debe aparecer en la escena, por sucio (caenum) e irrepresentable. La paradoja está en que, para adquirir condición de tal, lo obsceno ha de exhibirse.

TURÍSTICO/A. De 'turista', 'turismo', y éste a su vez de tornus (vuelta, giro). El turista es la degradación post-lo-que-sea del viajero. Propiamente, no viaja; se desplaza: da vueltas para quedarse siempre en el mismo sitio. El turismo es así la negación del viaje: se prepara el desplazamiento y después se muestra su registro gráfico (en diversos soportes) a otros turistas ocasionales, pero entre ambos momentos no hay nada.


*


"Después de haber contemplado a las petersburguesas correr descalzas bajo una tormenta de verano puedo morir dichoso". DLS

1. Sombras de la Guerra (SP)

2. La Playa (SP)

3. Píter bajo la tormenta (SP)



4. ¡Todo el poder para los Soviets! (SP)



5. Las Puertas del Cielo (SP)




6. Obreros (SP)



7. La lectora y el lago (SP)


"Para la vida humana común y corriente basta y sobra con una conciencia ordinaria, o sea, con la mitad o la cuarta parte de la porción que le ha tocado al hombre culto de nuestro malhadado siglo XIX, sobre todo si, por añadidura, tiene la desgracia de vivir en Petersburgo, la ciudad más abstracta e intencional de todo el globo terráqueo".

F. M. Dostoyevski - Apuntes del Subsuelo (1864).




8. Simetría (M)



9. Postal-Pastel (M)



10. Las Peregrinas de San Sergio I (M)




11. Las Peregrinas de San Sergio II (M)



12. Las Peregrinas de San Sergio III (M)



13. El Abuelo y su jeta de granito (M)



14. Stalin's Hard-on (M)



15. Mayakovski en Novodevichi (M)


"Votre immense église chargée d'icônes, malgré ses courants d'air, est le plus confortable des divans. Je l'ai découverte de nuit, un soir de grand froid où, poussé par l'orgueil de l'ivresse, j'avais choisi de désobéir à mes amis et de rentrer chez moi à pied".

F. Beigbeder - Au Secours Pardon (2007).



martes, 9 de junio de 2009

VOCES. 1909-2009: El Futurismo ya es historia. Rusia

En 1912, el grupo Hylaea de San Petersburgo, compuesto por un puñado de jóvenes airados (Velimir Jlébnikov, Alekséi Kruchenij, David Burliuk y Vladímir Mayakovski), lanzaba el manifiesto Bofetada al gusto del público; era el acto inaugural del futurismo ruso.



Bofetada al gusto del público

A quienes lean nuestra Nueva Primera Inesperada. Solamente nosotros somos la imagen de nuestro Tiempo. El corno del tiempo resuena en nuestro arte verbal.
El pasado es estrecho. La Academia y Pushkin menos comprensibles que jeroglíficos.
Puskin, Dostoievski, Tolstoi, etcétera, etcétera, deben ser tirados por la borda del vapor del Tiempo Presente.
Quien no olvida su primer amor no vivirá el último.
¿Quién será tan crédulo para entregarle su último amor a la perfumada lujuria de Balmont? ¿Acaso encontrará allí un reflejo del valeroso ánimo del día de hoy?
¿Quién será tan cobarde que no se atreverá a arrancar la coraza de papel del negro frac del guerrero Briùsov? ¿Encontrará allí acaso la aurora de una belleza desconocida?
Lavaos la mano que ha tocado la porquería de los libros escritos por intocables Leónidas Andreyevs.
Todos esos Máximos Gorkis, Kuprins, Blocks, Sologubs, Remizov, Averchenckos, Chornys, Kuzmins, Bunins, etcétera, etcétera; sólo necesitan quintas a la orilla de un río. Así recompensa el destino a los sastres.
¡Desde la altura de los rascacielos miramos su pequeñez!


La nube en pantalones (Prólogo) - Vladímir Mayakovski (1915)


Con mi corazón sangrante desgarrado en harapos
excitaré
vuestra mente
que sueña en cerebros reblandecidos
cual cebado lacayo en mugriento sofá;
hasta hartarme me burlaré, atrevido y mordaz.

Ni una sola cana mi alma tiene,
ni en mis años hay ternura senil.
La fuerza de mi voz atruena el mundo
y con veintidós años
camino enhiesto, hermoso.

¡Vosotros los delicados!
que sobre tiernos violines recostáis el amor
o, si rudos sois, sobre timbales.
Nunca podréis hacer como yo,
volverse del revés y ser todo labios.
Venid y aprended.

Damas pulidas envueltas en sedas y batistas
que humedeciendo los labios hojean los libros
como cocineras un libro culinario:
¡dejad esa decencia de ligas angelicales!
Si quieren
amaré la carne hasta la locura
y, tornasolado como el cielo,
si quieren
seré intachablemente delicado:
no seré un hombre,
sino una nube en pantalones.

En el mundo no existe una Niza florida.
Hoy glorifico de nuevo
a hombres cansados como un hospital,
y a mujeres sobadas como un refrán.







Yo no sé si la tierra gira o no,
Depende, si la palabra cabe en el renglón.
No sé si mis antepasados fueron o no simios,
Así como no sé si se me antoja lo dulce o lo ácido.
Pero yo sé que quiero arder y quiero que el sol
Se una en un estremecimiento con la mano.
Y quiero que el rayo de una estrella bese mis ojos,
Como se besan los hermosos ojos de los venados.
Quiero que cuando yo palpite un temblor total invada el universo.
Y quiero creer que hay algo que permanecerá
Cuando el tiempo cambie, por ejemplo, la trenza de la mujer que amo.
Yo quiero sacar el paréntesis del factor común, que me da unidad,
El sol, el cielo, el polvo perlado.

Velimir Jlébnikov (1909). Versión de Jorge Bustamante.




Mayakovsky - Michael Craig (2007)

-VOLVER AL INICIO.