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viernes, 13 de julio de 2007

VOCES. PATRÍCIA MELO: DE LA LITERATURA COMO BALÍSTICA.



Patrícia Melo nació en Assis, Estado de São Paulo, en 1962. En los últimos 13 años ha publicado la media docena de novelas cuyas reseñas pueden leerse más abajo. Ahijada preferida de Rubem Fonseca, su narrativa arranca de la relectura del género negro que el maestro brasileño pusiera en marcha en la primera mitad de la década de los sesenta. Conviene decir que la admiración es mutua y que se ha traducido en colaboraciones cruzadas: Patrícia Melo se ocupó de la adaptación de Bufo & Spallanzani (Flávio R. Tambellini, 2001) y Fonseca de la versión cinematográfica de O Matador (O Homem do Ano, José Henrique Fonseca, 2003). Ha trabajado también en la televisión, medio para el que ha producido desde programas educativos para la Rede Globo hasta telenovelas para la Televisión Portuguesa; y ha escrito obras teatrales propias (Duvidae) o adaptadas (Doença da Morte, de Marguerite Duras). Dotada de un oído finísimo para captar la tonalidad diversa de las distintas gírias de Brasil, Patrícia Melo destaca como una de las voces más poderosas de la nueva literatura en lengua portuguesa. Maneja con habilidad una prosa ágil y de ritmo endiablado en la que el diálogo, el monólogo interior y la narración en primera y tercera persona se mezclan sin solución de continuidad; sus textos, desnudos de toda floritura retórica y cercanos en su cadencia sincopada y violenta al hip-hop que hacen los favelados, reproducen con sorprendente verismo la realidad de la formación social brasileña: tensamente polarizada, caótica, desconcertante y atravesada por una violencia brutal y sin sentido.




Guía de lectura.

Aqua Toffana (1994). El ‘Agua de Toffana’ es un veneno incoloro e insípido y fácilmente soluble, compuesto de arsénico, plomo y probablemente belladona. Debe su nombre a la que fuera su inventora, Giulia Toffana, una siciliana que se hizo de oro en la Italia de comienzos del seicento gracias a una clientela de esposas descontentas y deseosas de deshacerse de sus maridos. Aqua Toffana es además el título de la primera novela de Patrícia Melo, publicada cuando ésta acababa de cruzar la barrera de los treinta. “Aqua Toffana –afirma la autora- sigue siendo mi libro preferido. Lo escribí exenta de cualquier presión, desde mí misma y para mí misma. Nunca más he tenido esa sensación. Encaro la literatura sobre todo como una búsqueda. Es como una llave que buscamos por todos lados. Podemos encontrarla en una palabra o en una frase, pero generalmente esta satisfacción resulta muy fragmentada”.

O Matador (1995). Las cosas pasan, y las más de las veces nos pasan por encima. Hay que tener cintura para sortear la catástrofe. Cintura o buena suerte, valga la redundancia. “Todo comenzó cuando perdí una apuesta”, ésta es la frase con la que se abre O Matador y el disparo de salida para la carrera criminal de Máiquel, su protagonista. No es extraño que en ella se haga referencia al azar, a las fuerzas que no dominamos y que nos determinan. Lo que parece una apuesta perdida puede, en realidad, transformarse –la fortuna es así de taimada y cabrona- en el primer eslabón de una cadena de éxitos. Bildungsroman, novela existencial y del absurdo o relato policial contado por el asesino: O Matador tiene de todo un poco. Imaginaos que Dostoievsky y Fonseca se hubiesen sentado a echar un trago en un bar de Río; éste podría haber sido el resultado. Fue llevada al cine con el título de O homem do ano en el año 2003, con guión de Rubem Fonseca y dirección de su hijo José Henrique.

Elogio da Mentira (1998). “¿Quién quiere saber nada de culpa y arrepentimiento? Queremos acción. Sangre. Violencia. Ya has escrito catorce libros y ¿todavía no has aprendido? ¿No has leído las reglas de Van Dine? Están pegadas en nuestro mural, las reglas de Van Dine. Una novela policíaca necesita un cadáver, y cuanto más muerto esté, mejor. Y no puede ser un cadáver cualquiera. ¿Cómo vamos a despertar el sentimiento de venganza en los lectores matando a una vieja sarnosa e indeseable? Si muere una vieja de ésas, el pueblo aplaude”. Otro giro a la tuerca de los engranajes del género negro. En su tercera novela, Patrícia Melo la emprende a golpes de ironía con las bajezas del mundo editorial.





Inferno (2000). Olherio, avião, soldado, traficante son términos que designan, de menor a mayor, los diferentes estratos jerárquicos que estructuran el negocio de la droga en el morro. Trepar del primero al último exige tesón, sangre fría, falta de escrúpulos y buena fortuna. También ir dejando una montaña de cadáveres en el ascenso. Además hay que empezar bien joven, como José Luís Reis, conocido como Zé Luís, conocido como Reizinho, que se lanza a la venta de maconha, y crack con sólo once añitos y, tras trescientas páginas de narración vertiginosa, consigue transformarse en el Rey de la favela. “La novela más ambiciosa de la autora”, ésta es una fórmula manida y que aparece de forma recurrente en las solapas de algunos libros, una frase vacía cuya función es la del reclamo publicitario. Calificar una obra de ‘ambiciosa’ no es decir nada, pues en la mayoría de las ocasiones las ambiciones resultan frustradas y quedan insatisfechas. No es el caso de Inferno: Inferno no es sólo una novela ambiciosa, sino una novela ‘lograda’ y tremebunda.

Valsa Negra (2003). Cambio de ambiente: de la favela o el barrio proletario pasamos al refinamiento de la alta cultura. Y en cierto modo –sólo en cierto modo- cambio de temática también: de la violencia explosiva de los empobrecidos al lento trabajo de zapa de los celos. Valsa Negra narra la historia de un director de orquesta enfermizamente enamorado de Marie, una violinista judía treinta años más joven que él. Una narración llena de trampas en la que, de nuevo, Patrícia Melo nos obliga a meternos en la cabeza de un desequilibrado. Nota al margen para cotillas: Patrícia está casada con el compositor y director de orquesta carioca John Neschling. Neschling nació en 1947. También de Valsa Negra hay prevista una adaptación cinematográfica que habrá de dirigir el joven cineasta Philippe Barcinski.

Mundo Perdido (2006). Diez años después, Máiquel, el protagonista de O Matador, regresa a Río para liquidar una herencia y resuelve buscar a su hija Samanta, secuestrada por su ex-mujer Érica y por Marlênio, un enardecido pastor evangélico. Perseguido por los tiras y persiguiendo a su familia perdida, Máiquel recorre todo Brasil y se asoma a todas las alcobas: policías corruptos, burgueses grandes y pequeños, campesinos sem terra, representantes locales de las multinacionales del narco, no hay personaje de la comedia que no aparezca en algún momento en escena. Acaso Mundo Perdido no sea tan buena como la primera entrega de las andanzas de Máiquel, pero posee, como las anteriores novelas, la capacidad de atrapar a los lectores y no soltarlos hasta que, sin aliento, han llegado hasta la última de sus páginas.


Y A CONTINUACIÓN:

- TEXTOS DE PATRÍCIA MELO.

- PATRÍCIA MELO EN EL CINE.

- ANTES EN VOCES.

jueves, 12 de julio de 2007

VOCES. PATRÍCIA MELO - ALGUNOS FRAGMENTOS.



“Esa marca en su brazo… ¿fue él?” Gran parte de los criminales es criminaloide, criminal por influencia de los compañeros. Se mata por muchos motivos. Ignorancia: once por ciento. Nacer en un ambiente criminal: dos por ciento. Dinero fácil: ocho por ciento. Los celos son sólo el uno por ciento. Se mata poco por amor. En Brasil se mata más por Reebok que por amor.

Me pongo a llorar cuando pienso en crímenes y criminales. Nuestra producción de crímenes tiene lugar a escala industrial, sigo llorando. Atracos, secuestros, violaciones, todo eso es rutina, es crimen industrial, a nadie le importa. Lo ves en la televisión, lo lees en el periódico y después te olvidas, como nos olvidamos de los jabones, los chicles y los cigarrillos.

En Brasil, un crimen sólo merece atención si es una obra de arte. Queremos a los caníbales, a los perversos, a los hiperviolentos, a los científicos. Queremos a los mejores.

Por eso todos quieren a Rubão, el estrangulador, el monstruo de la Lapa. La prensa, la policía, la audiencia, la masa, las mujeres, los titulares.

“¿Por qué no se decidió a buscarme hasta ahora?”

Aquella semana los conté: trece artículos en los periódicos, siete reportajes en la TV y dos portadas de revista. ¿Quién es el estrangulador de la Lapa? Les gusta mi marido porque mi marido les arranca el pecho izquierdo a las mujeres.

Comisario, deje de hacerme preguntas. Respete mi desesperación.”

Aqua Toffana (1994).


*




“Doctor Carvalho, he usado cinco hojas de su talón de cheques, ése es el total, puede usted descontarlo de mi paga. Su casa me parece bonita, quería ver su habitación, abrí el cajón de la mesilla, la tarjeta estaba allí, llegó Gabriela, creí que pensaría que yo estaba robando, me metí la tarjeta en el bolsillo, el talón de cheques también, los iba a devolver, pero al final me fui sin devolverlos. Tenía el texto en la punta de la lengua, iba a hablar, pero la criada entró con la bandeja del café, era otra criada, ¿dónde está aquella chiquita que trabajaba aquí?, pregunté. La eché, dijo el Dr. Carvalho, me robó el talón de cheques. Y la tarjeta de crédito también.

Aquello estaba mal, debería haberme afectado lo de la chica, debería decir que la culpa era mía, debería devolver el talón de cheques, pero en aquellos días cosas como ésta pasaban mucho: algo dentro de mí que gritaba, y otro algo, mayor, que ignoraba. Una ola que venía del estómago, sin fuerza, y moría en la boca, sin espuma. El odio, como dijo alguien, comienza en la boca. Y aquello, que yo ni sabía lo que era y que era ya mi propia muerte, el comienzo de mi muerte, terminaba en la boca, sin espuma.

Y ahora me telefonea el banco, dijo el Dr. Carvalho, los cheques están cancelados, llaman del restaurante, de tiendas de bebé, acaba de tener un niño, la ignorante, quiero darle un susto, tu podrías hacerlo por mí, pero mi mujer no quiere, dice que no fue ella, ¿quién fue, entonces? Fue ella, dije yo, claro que fue ella, dijo el Dr. Carvalho, y por un momento nos quedamos sin tema de conversación, y aquello nos incomodó a los dos, me miró con un aire extraño, no sé explicarlo, sólo esos tipos saben mirar de esa forma, los ricos miran así, los pobres miran de otra manera, bajé la cabeza, ya maté al Pedro Televisão, dije, shhhhh, habla bajo, Máiquel, ¿estás loco? Esto es para ti, el Dr. Carvalho me entregó una caja que me había enviado el fabricante de espuma, la abrí, un teléfono móvil, para tu trabajo, explicó. El fabricante de espuma pagaría las facturas, pero no exageres, dijo el Dr. Carvalho. El teléfono es para los encargos. Úsalo para trabajar.”

O Matador (1995).


*



“Llegué a casa en medio de una batalla entre mi madre, desde la ventana, con su megáfono, y la mujer del administrador, con su vaporeto y su manía de esterilizar aceras. La suciedad no está en el poste, decía mi madre. La cosa está en el alma. No sirve de nada limpiar los postes si la conciencia está sucia. Calla la boca, vieja loca. Y dile a tu hijo que pague las mensualidades atrasadas.

Tomé el megáfono de las manos de mi madre y la alejé de la ventana.

Quien manda en mí es Jesucristo. Que se condenen al infierno los pecadores. Devuélveme el megáfono.

Mi madre estaba especialmente mal aquella semana. Predicaba desde la ventana, los vecinos se quejaban. Si ella es religiosa, dijo mi tío Alberto, el médico, cuando le telefonee pidiendo orientación, si ella cree en Dios, qué suerte la suya. No tienes ni la más mínima idea de lo que es perder a un hijo, como lo perdió ella, tú no tienes hijos, no conoces esa especie de amor. Si tiene a Dios, mejor para ella, de Dios y del dinero la gente debe disfrutar cuando lo tiene, dijo. Me acuerdo de uno de esos ganadores del Nóbel de la Paz contando como perdió la fe, lo leí en alguna revista, el tío estaba en Auschwitz o algo así, presenciaba una matanza de niños, ¿dónde está Dios?, preguntó alguien. Y una voz dentro de él respondió que Dios estaba colgando en el cadalso. Nunca necesité ver niñitos muriendo para saber que Dios no existía, dijo el tío Alberto. Envidio a tu madre. Para mí es terrible. No creer en Dios no significa no sentir la falta de Dios. Soy de la siguiente opinión, una madre que pierde a un hijo de veintidós años por leucemia puede hacer lo que quiera. Vi a tu madre al lado del ataúd, digo, vi sus pedazos, la impresión que teníamos era que tu madre se estaba desintegrando delante de nosotros, no aguanto semejante dolor, prefiero morir. No consigo ir a visitaros. Mercedes se pasa la vida diciéndome, vamos, vamos a ver a tu hermana, Rosario te necesita. Yo no soporto ver a Rosario. Miro a Rosario y veo escrito en su cara, sufro como un perro rabioso. Una mierda.

Di a mi madre el calmante que el tío Alberto había recetado, me quedé en el cuarto hasta que se durmió.”

Elogio da Mentira (1998).

*



“La lluvia disminuyó. Reizinho se detuvo frente al escaparate de un salón de belleza, miró los anuncios. Cabellos castaños. Wella. Por allí estaba también el McDonalds. No cambiaría a la Susana por ninguna de aquellas mujeres de las fotos. Una porquería, la vida sin droga, siguió andando. Ahora todo estaba bien. Malos tiempos, aquéllos. Limpiar zapatos y sudar. Sufrir. Cargar. Temblar. El sufrimiento acabó el día en que, volviendo para casa en autobús, conoció a un chaval, Fake se llamaba, gafas de espejo, pelo rapado, gorra, iba a llamarme Conan, pero entonces descubrí que ya existía un Conan por ahí, en la vida. Quiero ser único, brother. Sentados uno al lado del otro en el autobús, Fake metió en la cabeza de Reizinho el auricular del walkman que llevaba consigo, y la música lleno los oídos del muchacho, Jorge sentou praça na cavalaria, es rap del bueno, colega, eu estou feliz porque também sou da sua companhia. Cosa buena, colega. Escucha esto. Hard-core again, dijo, ¿sabes de lo que están hablando? Pólvora. Mundo fashion. Asesinatos. Actitud. Polvo. Revuelta. Política. El hip-hop me hace ver las cosas. Soy negro. Soy negro y quiero mi parte. Voy a ser un rapper famoso. Contrato con la Coca-Cola, ya verás. Dinero. Nosotros, los negratas, somos poderosos. Voy a ser rico. Fake llevó a Reizinho a la radio de la favela. Soy DJ en nuestra radio de cable. Equipos electrónicos nuevecitos. Soy colega del Miltão. A los ojos de Reizinho, aquel sería el único defecto de Fake, su amistad con Miltão. Es la hermandad negra, colega. ¿Eres tú quien pone la música en el altavoz de la plaza?, preguntó Reizinho. Fake en persona. Yo mismo. ¿Te gusta el sonido? Reizinho lo adoraba. Desde el bar de Onofre siempre escuchaba aquellas canciones ritmadas, tum tum tum, y las letras, mezcladas con las drogas ñe ñe ñe ñe ñe en el cerebro, eran puro veneno, se sabía algunos pasajes de las rimas, eu sou o verme que vai te curar, palabras, cachorro do sistema/ descer os morros e invadir a cidade/ matar, las palabras se mezclaban en la cabeza de Reizinho y, qué curioso, aquellas cosas, dichas de aquella forma, hacían surgir en el muchacho las ganas de ser aquello, de pertenecer a su grupo, al grupo de los negros, de ser negro también. Eres oscuro, dijo Fake. Parduzco. Hay muchos de tu color, colega, que dicen que son blancos. Tú eres negro también. Sé negro. En el estudio, una barraca pintada de rojo, con pósters de artistas, negrazos americanos de gafas oscuras y ropas extravagantes, esparcidos por todas partes, escucharon mucho rap. Fue aquel día cuando Reizinho volvió a fumar crack. Se hizo amigo de Fake, empezó a frecuentar el estudio diariamente, Fake siempre le ofrecía droga. Más crack. También proveo al personal de la TV, dijo. Crack. Los cámaras. Los tiracables. Cualquier día te llevo para que veas el rodaje de una telenovela. Muy bueno, el crack. Buenas, todas las mujeres. Fake siempre presentaba alguna droga, crack, cocaína, hierba, le gustaba Reizinho. Conozco a los artistas. El crack es muy bueno, dijo. ¿A que sí? Puedes fumar, Reizinho. Fuma. Esnifa. Puedes coger. Y me ayudas a cargar con estos discos. Y esnifa. Y fuma. Y escucha este tema. Puedes coger. En los días siguientes, Reizinho no se sintió a gusto tomando las drogas del amigo. Decidió que iría a robar. Mercado, betún, abuelo, adiós. No sería limpiabotas. Ni cargador. Que se fuesen todos al diablo. Que explotase todo. No fue difícil comenzar a robar. Lo difícil fue limpiar zapatos. Cargar carros en el mercado. Sudar. Camelar. Robar era fácil. Cadenitas de oro, tapacubos, relojes, los peristas compraban cualquier cosa.”

Inferno (2000).

VOCES. PATRÍCIA MELO EN EL CINE.

O Homem do Ano (2003). Dir.: José Henrique Fonseca. Guión: Rubem Fonseca y Patrícia Melo (basado en su novela: O Matador). Reparto: Murilio Benício (Máiquel), Claudia Abreu (Cledir), Natália Lage (Érica), Jorge Dória (Dr. Carvalho), André Gonçalves (Galego), Lázaro Ramos (Marcão), Perfeito Fortuna (Robinson). Duración aproximada: 115 minutos. Ficha en la IMDB.