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domingo, 10 de mayo de 2009

ESPACIO PUBLICITARIO. Ballard en 'Saco de Mentiras'

La magnífica revista on-line Saco de Mentiras dedica su quinta entrega a la figura de James G. Ballard e incluye un par de textos de este humilde servidor de ustedes. No se lo pierdan; merece la pena.




"La desaparición de una de las plumas más visionarias de la ciencia ficción, y de la literatura en general, nos deja huérfanos. Y que este adiós a Ballard acontezca a las puertas del nuevo milenio, con todo el paisaje ballardiano, pre-imaginado por el autor, extendiéndose en el horizonte de nuestro mundo, resulta, hasta cierto punto, incluso el broche final lógico a todo ese camino recorrido.

Escribe César Mallorquí en su blog (texto que reproducimos en este especial) que “Ballard consideraba que el planeta más extraño de todos es la Tierra y que los extraterrestres más complejos e incomprensibles somos nosotros, los seres humanos. Quizá en eso pueda resumirse el “toque Ballard”: mostraba a la humanidad como si fuera una sociedad alienígena y describía los entornos cotidianos como si fuesen paisajes extraterrestres, un mundo sujeto a poderosas fuerzas, tanto físicas como subconscientes (a menudo ambas cosas a la vez), capaces de trastocar el espejismo de orden y seguridad al que tan desesperadamente intentamos aferrarnos”. Como señala Julián Díez: que sólo un “tipo raro” como Ballard podría haber enhebrado la extraña lógica que subsiste en sus relatos con una mirada limpia de los convencionalismos que nos contaminan a todos.

Sirva este especial de Saco de Mentiras dedicado a la figura y la obra de Ballard como sincero homenaje a su legado. En él se ha pretendido reunir las reseñas de algunas de sus obras más significativas, algunos de los textos que se han escrito sobre él y las películas que han adaptado algunas de sus novelas".


[De la Presentación]


lunes, 15 de enero de 2007

VOCES. J. G. Ballard, paseo por el Museo de Atrocidades.

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James Graham Ballard nace en Shanghai, en el seno de una familia de la burguesía colonial británica, en el año 1930. Siendo aún un niño, las tropas japonesas entran en territorio chino. El espacio de las concesiones internacionales se convierte entonces en una especie de isla de la civilización occidental en medio de un mar de violencia y represión cada vez más agitado. El falso velo de inmunidad cae por fin tras el ataque a Pearl Harbor: los japoneses invaden el asentamiento internacional y, poco después, sus pobladores son encerrados en campos de concentración en las afueras de la ciudad. Ballard narrará su experiencia de prisionero en una de sus novelas más conocidas, El Imperio del Sol (1984).

Las bombas atómicas arrojadas por aviones estadounidenses sobre suelo japonés en el verano de 1945 ponen fin al expansionismo imperial japonés y anuncian la liberación de Ballard. El futuro escritor se encontraba a tan sólo 700 kilómetros de distancia de Nagasaki cuando el ataque del 9 de agosto tuvo lugar. El encierro y el hongo atómico constituirán más tarde dos piezas esenciales de su imaginario literario. En The Dead Time, un cuento publicado por primera vez en el año 77 en la revista Bananas y después incluido en el volumen Mitos del Futuro Próximo (1982), Ballard se centra precisamente en los momentos que siguieron a la victoria aliada y al abandono del campo de prisioneros por los soldados nipones.

“Quizá bastase esta insinuación de la presencia de los japoneses que nos habían encarcelado durante tres años para que no atravesásemos la línea que nos separaba del mundo silencioso fuera del campo. Nos quedamos juntos en la puerta, tratando de alisarnos las ropas andrajosas y escuchando a los niños que jugaban adentro. Detrás del primer bloque de dormitorios varias mujeres colgaban la ropa que habían lavado esa mañana, aparentemente satisfechas de comenzar la rutina de otro día en el campo. ¡Pero todo había terminado!”

En principio los prisioneros, como los náufragos de la buñuelesca calle Providencia, no se atreven a trasponer las puertas abiertas del campo. A sus espaldas se encuentra el mundo cotidiano y familiar del encierro; más allá aún acecha el peligro. El primero en dar el paso liberador es ese joven de veinte años que suponemos el propio Ballard. Con ese paso y sin sospecharlo, penetra en un tiempo y un espacio nuevos. El Futuro, con sus fuerzas aerotransportadas y sus guerras teledirigidas, ha irrumpido violentamente en la historia. Lo que viene a continuación tiene el tono apocalíptico, surreal y delirante del mejor Ballard: un camión cargado de cadáveres atraviesa arrozales y canales abandonados bajo el ruido de los motores de la aviación victoriosa.

“Intenté levantar otro de los cadáveres –recuerda el narrador-, pero mis manos volvieron a agarrotarse, y de nuevo tuve el mismo presentimiento, un muro que nos cercaba como la valla de alambre que rodeaba nuestro campo. Miré la nube de moscas que cubría mis manos y los rostros de los cuerpos que estaban entre mis pies, aliviado de no tener que verme otra vez obligado a hacer distinciones entre nosotros. Arrojé el encerado al canal, para que el aire les tocase los rostros durante el viaje. Después que se enfrió el motor volví a llenar el radiador con agua del canal, y arranqué rumbo al oeste”.




Al terminar la guerra, los Ballard regresan a Gran Bretaña. J. G. ingresa en el King’s College de Cambridge, donde cursa estudios de medicina durante un par de años con el objetivo de convertirse en psiquiatra. Pero después de haber investigado en las disciplinas que consideraba más interesantes (anatomía, fisiología y patología), decide abandonar la universidad y cambiar el rumbo. La imaginería clínica y la jerga médica serán, con todo, elementos recurrentes en su arte narrativa. El hospital, el quirófano, el laboratorio son escenarios habituales en unos cuentos y novelas, cuyos personajes protagonistas son, a menudo, médicos, psiquiatras o genetistas, y que, en ocasiones, rozan la seca precisión del informe facultativo.

A finales de la década de los cuarenta y a comienzos de los cincuenta, Ballard escribe algunos textos de corte experimental, que nunca llegarán a publicarse y en los que es reconocible el influjo del surrealismo. Ballard acaba de descubrir la producción artística del movimiento que encabeza Breton y, como muchos otros, cae subyugado por las posibilidades inéditas que sus propuestas artísticas implican. Años más tarde el periódico The Guardian llegará a afirmar: “Ballard es uno de los pocos surrealistas genuinos que este país ha producido”. De los surrealistas, Ballard tomará una forma de observar el mundo que ya no lo abandonará en el resto de su vida y un conjunto de técnicas de composición narrativa cuya expresión más brillante es, sin duda, The Atrocity Exhibtion (1969).

Ni médico ni –todavía- escritor profesional, Ballard resuelve una vez más mudar de aires y de dirección. El destino será Canadá, adonde marcha con la RAF con el propósito de aprender a pilotar. Lo acompaña la idea de que, en la era atómica, las batallas decisivas habrán de librarse en los cielos y quiere participar en los combates que vendrán. Como el Talbert-Traven-Travis-Talbot de La exhibición de atrocidades, también el joven Ballard prepara la Tercera Guerra Mundial en su cabeza. Pero en la base militar de Moosejaw, en Saskatchewan, hace otro descubrimiento que será de una importancia vital: la literatura estadounidense de ciencia ficción, que por entonces está atravesando su edad dorada.




El primer relato publicado por Ballard, Prima Belladona, aparece en 1956 en la revista Science Fantasy, la hermana pequeña de New Worlds, una publicación Ci-Fi que Michael Moorcock convertirá poco después en el buque insignia de la New Wave británica y en la que J. G. publica en torno a una veintena de textos. Ballard comparte con el resto de escritores de la Nueva Ola un mismo interés por trascender las fórmulas y manierismos de la narrativa de ciencia ficción yanqui, y la preocupación por nutrir el género con nuevos temas y aportes estilísticos y narrativos que proceden, en ocasiones, del arte de vanguardia más atrevido. La perspectiva quería también ser distinta, más cargada –por decirlo así- de intención política y crítica.

Al final de su muy breve introducción de 2001 a The Complete Short Stories –breve, sobre todo teniendo en cuenta que el libro supera con creces las mil páginas-, Ballard señala: “me interesaba más el futuro real que podía ver aproximarse y menos el futuro inventado por el que se decantaba la ciencia ficción. Huelga decir que el futuro es un lugar peligroso, abundantemente minado y con tendencia a revolverse y morderte en los tobillos cuando intentas penetrar en él”. Y un poco más adelante, haciendo referencia a Vermilion Sands, su volumen de cuentos del año 1971, afirma: “sólo puedo responder que [sus relatos] no se emplazan en el futuro, sino en una suerte de presente visionario”. Una declaración de principios que podría valer, por otro lado, para el resto de su obra literaria.

Futuro peligroso – presente visionario. Sobre esta encrucijada de tiempos aparentemente contradictorios se asientan, en efecto, los cimientos de toda la narrativa ballardiana. Podría hablarse de novelas de anticipación en el sentido de que Ballard va siempre un paso por delante del presente histórico y es capaz de iluminar los aspectos terribles de lo que está a punto de acontecer. O ya aconteciendo, porque el Futuro está ya aquí, acechando tras cada recodo, germinando en las pantallas de los televisores y en los monitores de cada ordenador personal, en las autovías, en los centros comerciales… El doctor Talbert de La exhibición asevera, en su lucidez psicótica, que la distinción freudiana entre el contenido latente y el contenido manifiesto de los sueños puede aplicarse, no sólo al mundo onírico, sino también a la realidad exterior. Una imagen que igualmente puede servir para desentrañar el sentido último de las estrategias narrativas de Ballard.

Piezas maestras del arte de la distopía y del género de lo ‘fantástico terrible’, los textos de Ballard tienen, efectivamente, la capacidad de traer al nivel de lo consciente y de sacar a la luz los elementos censurados, lo no-dicho del presente histórico: ese fondo mítico de la actualidad en el que bullen –todavía y por siempre jamás- fuerzas primordiales nunca domeñadas. Poseen además un poder premonitorio sospechoso y aterrador. En su tetralogía de los elementos, que recoge sus primeras cuatro novelas, producidas durante la primera mitad de los años sesenta, Ballard describe el mundo destruido por catástrofes naturales que, en la era del calentamiento global, se han convertido en algo más que posibilidades remotas. En The Drowned World (1962), por ejemplo, la radiación solar ha provocado, no sólo un alza alarmante de las temperaturas, sino que las grandes ciudades de Europa y Norteamérica hayan quedado anegadas como consecuencia del deshielo de los casquetes polares; y en The Drought, la tercera novela de la serie, publicada dos años después, Ballard imagina un mundo completamente desecado a causa de la contaminación producida por decenios de industrialización salvaje.

El comienzo de la década de los sesenta va a traer también consigo algunos acontecimientos que resultan determinantes en la trayectoria vital y profesional de Ballard. En primer lugar, tras la publicación de su primera novela, The Wind from Nowhere (1962), escrita durante un período de vacaciones de un par de semanas, J. G. decide convertirse en escritor a tiempo completo. En segundo lugar, la muerte por neumonía de Helen Mary Matthews en 1964, con quien se había casado nueve años antes, lo deja tempranamente viudo, a cargo de tres hijos y profundamente abatido. Y en tercer lugar, se produce uno de los hallazgos literarios más importantes e influyentes en la carrera posterior del recién estrenado escritor: la lectura de El Almuerzo Desnudo de William S. Burroughs. Del efecto cruzado de estos dos últimos hechos, surgirá precisamente una de sus obras más personales, hondas e inquietantes: la ya citada Exhibición de Atrocidades.

¿Por qué quiero follarme a Ronald Reagan?


Ballard empieza a trabajar en los textos que después compondrán The Atrocity Exhibition en el año 1965, pero el libro no aparece hasta finales de la década. Es una obra extraña, de difícil lectura, repulsiva y dotada, al mismo tiempo, de una belleza turbadora. Su quiebra de la linealidad narrativa y su estructura descoyuntada, compuesta de lo que el propio Ballard llama "condensed novels”, deben mucho a la vieja militancia surrealista de su autor y a la fuerte impresión que le había causado la lectura de la obra de Burroughs, que por esas fechas había concluido también su trilogía de Nova y acababa de dar a la estampa The Wild Boys, y a quien Ballard conocerá personalmente durante su estancia en Londres.


En una entrevista concedida con ocasión de la muerte de Burroughs, Ballard recuerda: “Entonces leí aquel librito con las tapas verdes [refiriéndose a The Naked Lunch], y recuerdo que no había leído más que cuatro o cinco párrafos cuando involuntariamente salté de mi asiento y grité de felicidad porque sabía que un gran escritor había aparecido entre nosotros. Por supuesto, devoré el libro y todas las novelas de Burroughs. Creo que Olimpia Press había publicado ya tres o cuatro por entonces. Sabía que aquel hombre era el escritor en lengua inglesa más importante que había aparecido después de la Segunda Guerra Mundial, y sigo manteniendo la misma opinión. Fue un momento estimulante. Quiero decir que, aunque mi escritura nunca ha seguido los preceptos establecidos por Burroughs, su ejemplo fue un gran estímulo para mí”.


El libro incorpora además todas y cada una de las preocupaciones y obsesiones recurrentes de Ballard: la bomba atómica, la guerra, los afectos torcidos, la muerte de JFK, los accidentes de automóvil, etc. También pueden encontrarse aquí, al menos en su forma embrionaria, algunos de los temas que después merecerán un tratamiento más detallado en otras novelas. El capítulo 12, sin ir más lejos, lleva por título ¡Crash! y en La Universidad de la Muerte, la segunda de sus secciones, puede leerse: “Además de una función ontológica, que redefine los elementos de tiempo y espacio de acuerdo con nuestro artículo de consumo más poderoso, el choque de autos puede ser percibido inconscientemente como un acontecimiento fertilizante antes que destructivo, una liberación de energía sexual capaz de reconciliar con una intensidad de otro modo imposible la sexualidad de los que han muerto: James Dean y Miss Manfield, Camus y el presidente asesinado. En la eucaristía del choque de autos simulado vemos transcritas las partes pudendas de Ralph Nader, nuestra imagen más próxima de la sangre y el cuerpo de Cristo”.


Crash es justamente el título de su siguiente novela, y una de las más celebres. Antes de ser editada en el año 1973, fue rechazada por varios consejos editoriales, uno de cuyos lectores llegó a advertir: “Este autor está más allá de cualquier asistencia psiquiátrica. No publicar”. Y no es de extrañar, porque Ballard seguía hundiendo con saña el dedo en la llaga de las psicopatologías contemporáneas: en este caso, la erótica de la máquina, el choque entre automóviles como una forma extrema de contacto sexual. En su introducción, escribe: “A lo largo de Crash he utilizado el coche no sólo como una imagen sexual, sino como una metáfora total de la vida del hombre en la sociedad de hoy. Como tal, la novela posee, aparte de su contenido sexual, una función política, aunque me gustaría seguir considerando Crash como la primera novela pornográfica basada en la tecnología. En cierto sentido, la pornografía es la forma más política de ficción, pues trata del modo en que nos usamos y explotamos los unos a los otros de la forma más urgente y despiadada”. Poco más que se pueda añadir.


En las dos décadas siguientes, Ballard retorna en cierto modo a formas más tradicionales de narración, y también más cercanas a sus orígenes como escritor. Los temas que trata, el tono ácida y brutalmente crítico con que se acerca a ellos, siguen siendo, sin embargo, los mismos. En Concrete Island (1974), por ejemplo, Ballard ensaya una variación sobre las cuestiones y paisajes explorados en Crash y sobre el mito de Robinsón. El coche de Robert Maitland, un arquitecto de 35 años, sufre un reventón en su regreso a casa desde el trabajo, se ve obligado a hacer una brusca maniobra y acaba en una mediana rodeada por los carriles de la autovía. Nadie se detiene a ayudarlo. Como un Robinsón Crusoe posmoderno, Maitland ha quedado atrapado en un islote de cemento. Mientras que en High Rise, publicada un año más tarde, presenta otra conseguida imagen del Occidente tardomoderno: un rascacielos que ofrece a sus habitantes todas las comodidades que el mundo contemporáneo pueda facilitar. El edificio en cuestión es otro de esos paisajes ultratecnologizados habituales en las novelas de Ballard, espacios al mismo tiempo de encierro, aislamiento y falsa protección, en los que los impulsos menos racionales de los seres humanos encuentran formas novedosas de expresarse.

En 1984, se edita Empire of the Sun, en la que Ballard rememora de nuevo los años pasados en el campo de internamiento de Lunghua. Es la primera de las novelas de J. G. que se desvía de lo fantástico para centrarse en los elementos autobiográficos. Gracias, sobre todo, a la adaptación cinematográfica que Steven Spielberg realizará tres años después, servirá además para ampliar considerablemente el público lector de una autor que, hasta entonces, había evolucionado poco fuera de los ámbitos underground. Una secuela del libro aparece en 1991 bajo el título de The Kindness of Women. Ballard hace aquí un recorrido a lo largo de toda la segunda mitad del siglo XX y proporciona alguna de las claves personales que están detrás de la gestación de sus trabajos de ficción más controvertidos.



Pasada la mitad de los ochenta, Ballard retorna en cierto modo a sus orígenes. En 1987, publica The Day of Creation, libro de lejana inspiración conradiana, en el que Ballard entrevera el género de ciencia ficción con componentes propios de la novela de aventuras. Y a comienzos de la década siguiente da a la estampa Rushing to Paradise (1994), otra distopía cargada de humor negro e irreverente, en el que una ecologista termina convirtiéndose en una suerte de doctora Moreau contemporánea. Las dos últimas décadas del siglo son también la ocasión para que Ballard ensaye su muy peculiar visión del género negro con Running Wild (1989) y Cocaine Nights (1998). A ésta le siguen Super-Cannes (2000), Millenium People (2003) y Kingdom Come (2006), su última novela hasta la fecha.


Y a continuación:

VOCES. J. G. Ballard - Guía de lectura y visionado.

En España, la obra de Ballard está siendo publicada por la editorial catalana Minotauro, que ya ha incorporado a su catálogo hasta veintidós volúmenes del escritor británico, incluidos La exhibición de atrocidades, Crash o El imperio del sol. La bondad de las mujeres apareció en la colección Letras de Bolsillo de la editorial EMECÉ en el año 1997.

Pero si os atrevéis con las versiones originales, ahí va un par de recomendaciones:

The Complete Short Stories. Publicado por Flamingo en el año 2001, se trata de un grosísimo volumen que incluye todos los cuentos de Ballard editados en diversos lugares desde el año 1956 (Prima Belladonna) hasta el 92 (Report from an obscure Planet). Por cierto que Ediciones Minotauro tiene anunciada su edición en castellano desde hace algún tiempo, pero, en tanto ésta no esté disponible, habrá que recurrir a la edición británica.







The Atrocity Exhibition: Annotated (2001). Edición especial, también de Flamingo, que incluye el prefacio de Burroughs que podéis encontrar más abajo traducido por amputacioneS, un amplio comentario del propio Ballard, cuatro textos no incluidos en la edición original y las magnificas ilustraciones de Phoebe Gloeckner.








BALLARD EN EL CINE.



When Dinosaurs Ruled the Earth (1970). Deliciosa producción de Serie B de la Hammer dirigida por el director de El Experimento del Doctor Quatermass, Val Guest. La película estaba basada en un tratamiento argumental que la productora encargó a Ballard y que luego Guest, responsable también del guión, modificó a su antojo. Inolvidable Victoria Vetri como Sanna, víctima frustrada de un sacrificio en el que está implicada una tribu de trogloditas adoradores del sol.





Empire of the Sun (El Imperio del Sol, 1987). Adaptación de la novela autobiográfica del mismo título escrita por Tom Stoppard, que en principio iba a dirigir Harold Becker y, finalmente, acabó en manos de Steven Spielberg. Un Christian Bale preadolescente interpreta a Jamie Graham, la réplica ficiticia de Ballard; a su lado, John Malkovich y Miranda Richardson. Acaso una de las mejores películas de Spielberg, lo cual –imagino- no ha de significar gran cosa para sus muchos detractores.
Puedes ver el trailer de la película pulsando AQUÍ.





Crash (1996). Ballard y Cronenberg estaban predestinados a encontrarse, y el choque se produjo finalmente en esta película. La cinta causó un revuelo notable y su proyección llegó a prohibirse en el área del Westminster londinense. Desde luego, quien haya tenido ocasión de contemplar la herida-vulva en la pierna aherrojada de Rosanna Arquette ya no volverá a ser el mismo. Brillante Elias Koteas en el papel de Vaughan.
Podéis leer el guión íntegro de Cronenberg pulsando AQUÍ.



The Atrocity Exhibition (2000). Escrita por el actor Michael Kirby y dirigida por Jonathan Weiss, autor –que se sepa- de esta sola película. Cinta perseguida por una producción accidentada, pasará por los festivales de Rótterdam y Slamdance sin encontrar una distribución como es debido. En 2000 pasa a DVD –y en su versión íntegra- gracias a la compañía holandesa Reel 23/Filmfreak Distributie. Es la menos conocida de las adaptaciones de Ballard al cine, pero también –a mi ver- la mejor y más pegada al texto que le sirve de inspiración. Tan turbadora como el libro.


[En proceso de producción se encuentra High Rise, dirigida por el responsable de Cube (1997), Vincenzo Natali]

VOCES. Miscelánea Multimedia Ballardiana.



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3. Love & Napalm - Sacrifice, el disco publicado por Gary Numan en 1994 incorporaba esta canción cuyo título coincide en parte con el título americano deThe Atrocity Exhibition.


4. A GUIDE TO VIRTUAL DEATH






Cortometraje basado en el relato cuya traducción

incluimos más abajo.



6. Entrevista de Ballard para la editorial italiana Feltrinelli.

VOCES. J. G. Ballard. Textos.

WILLIAM S. BURROUGHS, PREFACIO A LA EXHIBICIÓN DE ATROCIDADES (1970).


La exhibición de atrocidades es un libro profundo e inquietante. En él se exploran las raíces no sexuales de la sexualidad con una precisión de cirujano. Un choque de automóviles puede resultar sexualmente más estimulante que una fotografía pornográfica. (Surveys señala que, en muchos casos, los sueños húmedos no tienen un contenido abiertamente sexual, mientras que los sueños con un contenido abiertamente sexual, en muchos casos, no conducen al orgasmo). El libro comienza: “Una inquietante característica de esta exhibición anual […] era la notable preocupación de las pinturas por el tema de un cataclismo mundial, como si estos pacientes por tanto tiempo condicionados hubiesen advertido cierto trastorno sísmico en las mentes de los médicos y enfermeras”.









La línea entre paisajes interiores y paisajes exteriores se está resquebrajando. Los terremotos pueden producirse a causa de trastornos sísmicos dentro de la mente humana. Todo el aleatorio universo de la era industrial se está descomponiendo en fragmentos crípticos. “En un aparcamiento abandonado de coches herrumbrosos, encontró el cuerpo calcinado del Pontiac blanco, el prepucio nasal de LBJ, helicópteros estrellados, a Eichmann travestido, un niño muerto […]”. El cuerpo humano se convierte en paisaje: “Un panel de cien pies de largo que parece representar una sección de una duna […] mirándola con más detenimiento, el doctor Nathan se dio cuenta de que era una porción de piel de la cresta iliaca inmensamente magnificada […]”. Esta magnificación de la imagen hasta el extremo en que resulta irreconocible marca el tono de La exhibición de atrocidades. Es lo que Bob Rauschenberg esta haciendo en arte: reventar literalmente la imagen. Y puesto que la gente está hecha de imagen, éste es, literalmente, un libro costoso. La imagen humana estalla en rocas y en piedras y en árboles: “Las torres de roca porosa de Tenerife descubrían el primer paisaje vertebral […] torres como de roca volcánica suspendidas sobre la silenciosa ciénaga. En el espejo de esta ciénaga no hay reflejos. El tiempo no hace concesiones”.

La excitación sexual es la resultante de la repetición y el impacto de la imagen: “Cada tarde en el cine desierto: el contenido sexual latente de los accidentes de coche […] James Dean, Jayne Mansfield, Albert Camus […] Muchos voluntarios llegaron a convencerse de que las bajas aún estaban vivas y eran utilizadas más tarde por esta o aquella víctima de accidente como una fuente privada de excitación durante el coito con sus respectivas parejas domésticas”.

James Dean tiene una horca colgando en su sala de estar y se la coloca alrededor del cuello para posar ante la prensa. Un pintor llamado Milton, que pinto un cuadro sexy titulado ‘La muerte de James Dean’, se suicida posteriormente. Este libro remueve profundidades sexuales jamás tocadas por la más dura pornografía ilustrada. “Lo que viene a continuación es la psicopatología de las relaciones sexuales, tan lunar y abstracta que la gente se convertirá en meras extensiones de la geometría de las situaciones. Esto permitirá la exploración, sin rastro alguno de culpa, de cualquier aspecto de la psicopatología sexual”.

Inmensamente magnificada porción de James Dean posteriormente se suicida. Concepción contenidos relacionados con profundidades sexuales de las más duras mentes. Eichmann travestido en un aparcamiento abandonado de roca porosa herrumbrosa.



RESPUESTAS A UN CUESTIONARIO (Ambit, 1985)

1) Sí.
2) Varón.
3) Terminal 3, Aeropuerto de Londres, Heathrow.
4) Veintisiete.
5) Desconocido.
6) Escuela Primaria del Doctor Barnaldo, Kingston-upon-Thames; SM Borstal, Send, Surrey; Departamento de Ciencias de la Computación, Universidad de Brunel.
7) Limpiasuelos, Juegos Recreativos Mecca, Leicester Square.
8) Si puedo evitarlo.
9) Analista de sistemas, Sperry-Univac, 1979-1983.
10) Manchester Crown Court, 1984.
11) Delitos informáticos y falsificación de tarjetas de crédito.
12) Culpable.
13) Dos años, Prisión de SM de Parkhurst.
14) Stockhausen, de Kooning, Jack Kerouac.
15) Cuando es posible.
16) Dos veces al día.
17) UNE, herpes, gonorrea.
18) Maridos.
19) Mi gran ambición es convertirme en un programa de TV.
20) Vi por primera vez al finado el 17 de febrero de 1986, en la capilla del Aeropuerto de Londres. Estaba rezando en el primer banco.
21) En esas fechas yo vivía en un cubículo fuera de servicio en el lavabo de los controladores de tráfico aéreo de la Terminal 3.
22) Aproximadamente 5 pies y 7 pulgadas, treinta y tres años de edad, constitución delgada, tez albina y barba negra y rala, cierto tipo de heridas de accidente en ambas manos. Al principio pensé que era un terrorista palestino.
23) Llevaba los pantalones robados del uniforme de un ingeniero de vuelo de la El Al.
24) Con el dinero que me quedaba le invité a una hamburguesa de gambas en la cafetería del entresuelo. Me dio las gracias y, aunque no llevaba tarjeta, extrajo 100 £ de un cajero automático en el vestíbulo principal.
25) Entonces me convencí de que estaba en presencia de una figura mesiánica que me ayudaría a penetrar en los códigos informáticos de las cuentas bancarias del NatWest.
26) No se produjo ninguna actividad sexual.
27) Lo llevé a la Pista de Hielo de Richmond, donde inmediatamente ejecutó seis triples salchows. Lo insté a apuntarse a patinaje artístico con vistas al Campeonato de Europa y quién sabe si al oro en Seúl, pero él empezó a trazar dobles espirales enormes sobre el hielo. Intenté convencerlo de que aquéllas no estaban incluidas entre las figuras obligatorias, pero me dijo que las espirales representaban un modelo de ADN sintético.
28) No.
29) Me dio a entender que tenía importantes contactos en los más altos niveles del gobierno.
30) Suite 17B, Hotel Penta de Londres. Dormí en el suelo del cuarto de baño.
31) Cajeros automáticos de Oxford Street, Knightsbridge y Earls Court.
32) Aproximadamente 275000 £ en tres semanas.
33) Vídeos porno. Se interesaba en particular por Kamera Klimax y Electric Blue.
34) Casi todos los días.
35) Cuando estaba borracho. Decía que concedería el don de la vida eterna.
36) Trate de presentarle a Torvill y Dean en el Hotel Penta. Sólo estaba interesado en conocer miembros de la Bolsa y socios de la Royal Society.
37) Féminas de cualquier edad.
38) Sexo en grupo.
39) Marie Drummond, veintidós, dependienta, Discos HMV; Dense Attwell, treinta y siete, supervisora de investigación, Geigy Pharmaceuticals; Florence Burgess, cincuenta y cinco, diaconisa, Librería de la Sociedad de la Biblia; Angelina Gómez, veintitrés, azafata de vuelo, Iberian Airways; Phoebe Adams, cuarenta y tres, manifestante de crucero, Camp Orange, Greenham Common.
40) En ocasiones, a instancias de él.
41) Insatisfactorio.
42) Eyaculación precoz; impotencia.
43) Me instó a que realizase una operación de cambio de sexo.
44) National Gallery, Colección Wallace, Museo Británico. Estaba fascinado por las representaciones de Jesús, Zoroastro y el Gautama Buda, y comentaba sus semejanzas.
45) Con permiso del gerente, Distrito NE, British Telecom.
46) Levantamos la antena en el tejado de la Torre de Correos.
47) 2500 KHz.
48) Hacia la constelación de Orión.
49) Oí su voz, aparentemente emitida desde la estrella Betelgeuse 2000 años antes.
50) Interferencias en la señal de TV por todo Londres y el sudeste.




51) Número 1 en audiencia según el BARB, superando a las audiencias combinadas de Coronation Street, Dallas y Dinastía.
52) Los asistentes habituales incluían a la Princesa Diana, al Príncipe Carlos y al doctor Billy Graham.
53) Alquiló el Wembley Conference Center.
54) ‘Inmortalidad al Servicio de la Humanidad’.
55) Los invitados procedían del mundo de la ciencia y de la política, de la iglesia, de las fuerzas armadas y del Inland Revenue.
56) Generosos honorarios.
57) Cajeros automáticos en Mayfair y Regent Street.
58) Apreciaba profundamente el dinero, pero no se impresionó cuando le hablé de las ganancias de Torvill y Dean.
59) Estaba obsesionado con la naturaleza del enlace químico.
60) Sentados junto a él en la mesa superior se encontraban: (1) El líder de la Oposición, (2) el Presidente de la Royal Society, (3) el Arzobispo de Canterbury, (4) el Gran Rabino, (5) el Director del Diners Club, (6) el Director del Banco de Inglaterra, (7) el Secretario General de la Federación de Empleados del Inland Revenue, (8) el Presidente de Hertz Rent-a-Car, (9) el Presidente de IBM, (10) el Jefe del Estado Mayor, (11) el doctor Henry Kissinger, (12) Yo mismo.
61) Afirmaba que el ADN sintético introducido en el plasma germinal humano detendría el proceso de envejecimiento y prolongaría la vida humana casi indefinidamente.
62) Tal vez un millón de años.
63) Anunció que la Princesa Diana era inmortal.
64) Asombro / incredulidad.
65) Aconsejó a la audiencia invertir intensamente en la industria del ocio.
66) El valor de la libra esterlina alcanzó los 8,75 $.
67) American TV Networks, Time Magazine, Newsweek.
68) El Segundo Advenimiento.
69) Expresó una fuerte decepción ante la actitud negativa del Tercer mundo.
70) El Kremlin.
71) Quería que yo me convirtiese en la cabeza nuclear de un misil de crucero.
72) Mi creciente desencanto.
73) Malestar sexual.
74) Se quejaba de que yo pasaba demasiado tiempo en la Pista de Hielo de Richmond.
75) La Proclamación Real.
76) La libra esterlina alcanzó los 75,50 $.
77) El Príncipe Andrés. Repetidamente.
78) Inyección en los testículos.
79) Los efectos colaterales eran impotencia permanente y esterilidad. Sin embargo, puesto que la inmortalidad estaba asegurada, no se precisarían más vástagos y el impulso procreador se atrofiaría.
80) Consideré seriamente la posibilidad de una operación de cambio de sexo.
81) Libro Blanco del Gobierno sobre Inmortalidad.
82) Inyección obligatoria en los testículos de toda la población masculina por encima de los once años.
83) Smith & Wesson cañón corto del treinta y ocho.
84) Idea mía por completo.
85) Varias horas en la Pista de Hielo de Richmond intentando borrar sin éxito los patrones de ADN.
86) Westminster Hall.
87) Premeditado. Pongo en duda sus auténticos motivos.
88) Asesinato.
89) No fui pagado ni incitado por agentes de una potencia extranjera.
90) Desesperación. Desearía volver a mi cubículo del Aeropuerto de Londres.
91) Entre la Princesa Diana y el Gobernador de Nevada.
92) En el clímax de Así hablaba Zarathustra.
93) Siete pies.
94) Tres disparos.
95) Grupo sanguíneo 0.
96) No quería pasar el resto de la eternidad en mi propia compañía.
97) En el corredor de la muerte me visitó el enviado especial del Arzobispo de Canterbury.
98) Que había matado al Hijo de Dios.
99) Caminaba con una ligera cojera. Me dijo que, como condenado a muerte, había sido el único que se había librado de las inyecciones esterilizadoras, y que la restauración de la tasa de natalidad nacional era ahora mi exclusivo deber.
100) Sí.


GUÍA DE LA MUERTE VIRTUAL (Interzone, 1992)

Por razones ampliamente documentadas en otro lugar, la vida inteligente se extinguió en la Tierra en las horas finales del siglo XX. Entre las pistas que se nos dejaron, la siguiente programación diaria retransmitida por una televisión en una ciudad anónima del hemisferio norte el 23 de diciembre de 1999 ofrece sus propios elementos intrigantes con respecto a la naturaleza del desastre.

6.00 a.m. Porno-Disco. Levántese con imágenes de sexo duro (para él y para ella) exhibidas a ritmo de música disco.
7.00 Informe meteorológico. Hoy se esperan microclimas en los atrios de los hoteles de la ciudad, en los centros comerciales y en los complejos de apartamentos. El Hilton Internacional promete precipitaciones de nieve como aperitivo de Navidad.
7.15 Resumen de noticias. ¿Qué habrán preparado nuestros fabricantes de noticias para usted? ¿Tal vez una pequeña guerra, un terremoto sintético o un programa de ayuda humanitaria basado en hambrunas locales?
7.45 La Hora del Desayuno. Mire comidas para gourmet mientras come su dieta de celulosa.
8.30 Especial Transbordos. El concurso de la hora punta. ¿Cuántos traseros puede pellizcar, cuántas caras abofetear?
9.30 Programa de Viajes. Visite los más grandes aeropuertos del mundo y los mayores aparcamientos subterráneos.
10.30 Amas de Casa de Ayer. Escenas nostálgicas de anticuadas tareas caseras. Nº 7 La Aspiradora.
11.00 Ministerio de Guerra. Serie de larga duración del departamento de guerra entre bandas.
12.00 Avance informativo. Las cadenas prometen o un nuevo asesino en serie o una toxina mortal en los alimentos.

1.00 p.m. Parlamento en Vivo. Nº 12 El Diputado Alcohólico.
1.30 Los Hurga-narices. Programa de higiene para los más pequeños.
2.00 Acaríciame. Porno suave para la hora de la siesta.
2.30 Sus Anuncios Favoritos. Reposición por petición popular de anuncios televisivos de los años dorados.
3.00 La Elección de la Esposa. Violación y cómo prepararte psicológicamente.
4.00 Cuenta Atrás. Concurso en el que los participantes cuentan hacia atrás desde un millón.
5.00 Avance informativo. Un accidente aéreo o un hundimiento de la banca. Los televidentes expresan sus preferencias.
6.00 El Especial de Hoy. Virtual Reality TV presenta ‘El Asesinato de Kennedy’. El casco de Virtual Reality le lleva hasta Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963. Dispare primero el rifle del asesino desde la ventana del Depósito de Libros y siéntese después en la limusina presidencial, entre Jackie y JFK, en el momento en que impacta la bala. Sólo para abonados: sienta el tejido del cerebro presidencial salpicar su cara O limpie las lágrimas de Jackie con su propio pañuelo.
8.00 La Hora de la Cena. Más platos de gourmet para acompañar su dieta vespertina de celulosa.



9.00 Ciencia Ahora. ¿Hay vida después de la muerte? Microelectrodos registran impulsos ultra-débiles procedentes de cerebros muertos hace tiempo. Los familiares preguntan a los difuntos.
10.00 La Guardia del Crimen. ¿Será su casa la que sea asaltada esta noche por la Banda Criminal Televisiva?
11.00 El Especial de Hoy. Tele-Orgasmo. Virtual Reality TV le lleva a una orgía. Practique el sexo con las más grandes estrellas de cine del planeta. Esta noche: Marilyn Monroe y Madonna O Warren Beatty y Tom Cruise. Sólo para abonados: experimente transexualismo, pedofilia, sífilis terminal, violación en masa y bestialismo (a elegir: pastor alemán o golden retriever).
1.00 a.m. Avance Informativo. Esta noche, accidente aéreo sorpresa.
2.00 La Hora Religiosa. Imagine estar muerto. Sacerdotes y neurocientíficos construyen una maqueta realista de su muerte.
3.00 Cazador Nocturno. ¿Entrará por la ventana de su dormitorio el Violador Televisivo?
4.15 Sexo para Insomnes. Porno suave para ponerlo a usted a dormir.
5.00 La Hora de la Caridad. Concurso en el que participantes del Tercer mundo piden limosna.