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viernes, 25 de noviembre de 2011

ESPECIAL 5º ANIVERSARIO. La ausencia de libro / Nietzsche y la escritura fragmentaria - Maurice Blanchot




Tratemos de interrogarnos, vale decir plantearnos como pregunta aquello que no puede llegar hasta el cuestionamiento.

1. “Este juego insensato de escribir”. Mediante estas palabras, simples, Mallarmé abre la escritura a la escritura. Palabras muy simples, pero también palabras que exigirán mucho tiempo —diversas experiencias, el trabajo del mundo, innumerables malentendidos, obras perdidas y dispersas, el movimiento del saber, el giro, finalmente, de una crisis infinita— para que se comience a comprender la decisión que se prepara a partir de este fin de la escritura que anuncia su advenimiento.

2. Leemos, en apariencia, porque el escrito está allí, ordenándose bajo nuestra mirada. Sólo en apariencia. Pero quien escribió por primera vez, grabando bajo los antiguos cielos la piedra y la madera, lejos de responder a la exigencia de una visión que reclamase un punto de referencia y le diese un sentido, cambió todas las relaciones entre ver y visible. Lo que dejaba detrás no era algo más agregándose a las cosas; tampoco era algo menos —una substracción de materia, un hueco en relación a un relieve—. ¿Qué era entonces? Un vacío de universo: nada visible, nada invisible. Supongo que en esta ausencia no ausente el primer lector zozobró, pero sin saberlo, y no hubo segundo lector, porque la lectura, entendida a partir de entonces como la visión de una presencia inmediatamente visible, vale decir inteligible, fue afirmada precisamente para hacer imposible esta desaparición en la ausencia de libro. […]

[De La ausencia de libro]


viernes, 30 de septiembre de 2011

AGITPROV. La ilusión democrática – René Schérer (1997)



Vosotros, pueblos modernos, no tenéis esclavos, vosotros lo sois

El debate sobre la democracia directa sin duda atestigua una profunda inquietud, una legítima sospecha con respecto a la evidencia democrática, a ese consenso del que hacen alarde y se enorgullecen los regímenes occidentales frente al resto del planeta, de esa forma política, en fin, que pretenden propagar e imponer universalmente.

Democracia es una bonita palabra, una palabra ineludible en su oposición al totalitarismo o a la dictadura. Pero ¿es algo aparte de una palabra? ¿Algo aparte de una consigna? Mucho más difícil resulta formar y formular un concepto claro. Un concepto en el centro del cual brille esa noción ambigua y –lo sabemos de sobra- falaz, de “directa”, que a menudo se ha vuelto contra la democracia misma.

Aunque no tengo la pretensión de que la problemática de la “democracia directa” esté ya presente toda entera en J. J. Rousseau, sí creo que el recurso al Contrato Social resulta particularmente esclarecedor si se quieren establecer sus bases conceptuales, deshacer el embrollo y llegar a comprender cuál es aquí, con exactitud, el problema.

Mi propuesta consiste, pues, en referirme enseguida al Contrato Social, apoyándome en sus puntos fuertes y destacados, que constituyen algo más que un trasfondo de interés exclusivamente erudito e histórico, pues siguen estructurando la reflexión actual. Estos puntos –no señalaré sino tres- son la representatividad parlamentaria, la relación de la soberanía popular con el gobierno y la soberanía popular en sí misma; es decir, la voluntad general y su expresión. En todos estos niveles, en torno a estos tres puntos, Rousseau resalta una dificultad inherente a la expresión democrática, una división y una separación que obstaculiza la transparencia de las relaciones; una pantalla que viene a interponerse en el camino de la expresión.

Al mismo tiempo que sitúa en el pueblo la condición misma de posibilidad de un estado racional y libre, Rousseau revela la existencia, en el propio corazón de la democracia, a poco que se quiera expresar ésta en su concepto y su perfección, de una imposibilidad. La democracia está presa en un juego de lo posible y lo imposible, que también puede interpretarse como abriendo y ocupando a su rededor un espacio utópico específico capaz de despertar y de dejar que se despliegue la reflexión.

[LEER TEXTO COMPLETO ON-LINE]

[DESCARGAR EN FORMATO PDF]

* ENTREVISTA CON RENÉ SCHÉRER.

-ANTES EN AGITPROV.

miércoles, 13 de octubre de 2010

BLANCHOT YA ESTÁ AQUÍ


Escritor, crítico y periodista, Maurice Blanchot (1907-2003) es una figura a la vez destacada y enigmática en el pensamiento francés y la literatura del siglo veinte. Su obra ha tenido una gran influencia en la filosofía y la escritura de Foucault, Derrida, Jean-Luc Nancy y muchos otros. Sin embargo, su pensamiento político es menos conocido.

Su violenta radicalidad incomoda incluso a muchos de sus seguidores. Los textos y declaraciones reunidos aquí por primera vez fueron escritos para revistas efímeras e incluso a veces confidenciales y aparecieron firmados por muchas personas (para manifestar así un movimiento colectivo) o por nadie (para que cualquiera pudiera sentirse responsable).

Desde la afirmación del derecho a la insumisión en la Guerra de Argelia hasta la revuelta de Mayo del 68, Blanchot, maestro del lenguaje indirecto e inacabado, escribe palabras cristalinas y directas para invocar la fuerza común y anónima del rechazo, la fuerza amistosa del NO. Ese NO que no es la expresión de un juicio o de una condena desde la distancia, sino que es la efectuación de una ruptura.

Comunidad anónima de nombres, potencia del rechazo, muerte política, palabra infinita e incontrolable... Hoy, cuando se extiende por todas partes una atmósfera gelatinosa de posibilismo y consenso, las intervenciones de Maurice Blanchot tienen el poder de interpelar, interrogar y sacudir nuestro presente como si no hubiese pasado un solo día desde que fuesen escritas. No es poco.


La obra política de Blanchot va precedida de un magnífico texto introductorio de Marina Garcés, de Espai en Blanc. De la traducción sólo se me puede culpar a mí. Podéis leer algunas muestras de lo que os váis a encontrar en el libro AQUÍ, AQUÍ y AQUÍ.

sábado, 19 de septiembre de 2009

AGITPROV. Blanchot y el Comité de Acción Escritores-Estudiantes

Ando últimamente ocupado en la traducción de los Escritos políticos de Maurice Blanchot (de próxima aparición, si nada se tuerce, en Acuarela & A. Machado Libros). Acabo de verter al castellano un texto del que puede encontrarse un fragmento debajo de estas líneas. El contexto en el que fue producido (la aparición del primer número del boletín del Comité de Acción Escritores-Estudiantes en la Francia del inmediato post-mayo) difiere del actual, pero creo que mantiene su interés en este tiempo nuestro, dominado por lo hiper-textual, la Web dos-punto-cero y las redes sociales. Permanezcan atentos a sus pantallas.


1. Los textos serán anónimos. El anonimato no está sólo destinado a levantar el derecho de propiedad del autor sobre lo que escribe, ni siquiera a despersonalizarlo liberándolo de sí mismo (su historia, su persona, la sospecha que se asocia a su particularidad), sino a constituir una palabra [parole] colectiva o plural: un comunismo de la escritura.

2. Los textos, por esta razón, serán de carácter fragmentario: precisamente para hacer posible la pluralidad (una pluralidad no unitaria); abrirle un lugar y, al mismo tiempo, no detener jamás el propio devenir: siempre ya rotos y como destinados a la ruptura, a fin de encontrar su sentido no en ellos mismos, sino en su conjunción-disyunción, su puesta en común, sus relaciones de diferencia.

3. Puesto que el sentido deriva de la puesta en común (la continuidad de una serie de textos siempre discontinuos e incluso divergentes, de formas y “géneros” esencialmente diferentes), no hay motivos para distinguir entre textos ya publicados y textos escritos para la publicación. Hay a menudo en los textos ya publicados, latente en ellos, una posibilidad de cita, es decir, una pertenencia al fragmento, o más simplemente fragmentos, frases, parágrafos, los cuales, puestos en relación con otros, pueden adquirir un nuevo sentido o servir a nuestro trabajo de investigación. Abandonar toda idea preconcebida de originalidad o de privilegio de lo inédito.

4. Asimismo, una información cualquiera extraída tal cual, en su fuerza bruta sin comentarios, puntuando de lejos o poco a poco la serie discontinua de los textos, formará también parte de ese mismo trabajo de investigación.

5. Deberán, pues, y en primer lugar, expresarse o verse expresados, de una manera directa o indirecta, los sin palabras, los no escritores, esos precisamente a los que el discurso no alcanza, incluso si es en este discurso en el que creen hacerse entender mejor.

6. En resumen, el lenguaje no está dado en el contenido de los textos ni en su forma, sino en sus relaciones, en el conjunto, por lo demás, necesariamente discorde que éstas pueden constituir. Gracias a esta discontinuidad, a su ausencia de cierre, aparecerá la búsqueda de un lenguaje más radical, que se sitúe fuera del discurso, fuera de la cultura, un lenguaje que, aun siendo declarativo, debería seguir manteniendo el trabajo de una interrogación incesante.

7. Publicación esencialmente irregular, condenada a la irregularidad tanto en el tiempo como en su formato y formulación.

miércoles, 20 de agosto de 2008

LIBROS CONTADOS. Écrits Politiques (1953-1993) - Maurice Blanchot





Les Cahiers de la NRF-Gallimard acaba de publicar los Écrits Politiques (1953-1993) de Maurice Blanchot. La edición, a cargo de Éric Hoppenot, integra textos ya aparecidos en la selección del año 2003 en Lignes / Léo Scheerer e incorpora algún que otro inédito y algunas notas de contextualización que se echaban en falta en la recopilación anterior. Así que, a pesar de todo, puede decirse que se trata de una novedad editorial, y acaso una de las más destacables en un mercado que, por lo que se refiere a la literatura política, ha estado saturado esta temporada por la conmemoración de los acontecimientos de Mayo.

Y no es que Mayo del 68 no esté presente en los textos de intervención pública de Blanchot. Muy al contrario. Las revueltas de Mayo ocupan aproximadamente un cuarto de la extensión total del libro. Sin embargo, el poder encantatorio de la fecha y su potencial como reclamo comercial quedan diluidos en el paréntesis cronográfico del título. El 68 se difumina del mismo modo que Blanchot se pierde en el anonimato o en la composición de textos de firma colectiva. Blanchot se revela así como el reverso del intelectual comprometido parisino al modo de Sartre. Rehuye los neones y escapa de lo sistemático, pero, cuando el acontecimiento lo reclama, su voz sin nombre está siempre disponible.

La referencia a las fechas tiene, con todo, más enjundia de lo que pudiera pensarse en un primer momento. Para quienes se acerquen por primera vez a la obra de Blanchot o conozcan a medias al personaje, el título puede llevar a engaño. Estos Escritos Políticos no incluyen, como pudiera parecer, todos los escritos políticos que el autor de Thomas el Oscuro produjo a lo largo de su vida (1907-2003). Como señala Hoppenot en su introducción con un giro eufemístico algo sospechoso, aquí se descuidan los “extravíos [de Blanchot] en los periódicos de la derecha nacionalista durante los años treinta”. Porque, en efecto, el Blanchot que se presenta en estos textos es el protagonista y el resultado de una de las más sorprendentes labores de reconstrucción ideológica producidas en la Francia de la Segunda Posguerra. Un Blanchot II, por así decir. Publicista activísimo de la nebulosa protofascista del non-conformisme en la década de los treinta, Maurice Blanchot se transforma, tras tres lustros de duelo y silencio, en militante anti-gaullista, en autor principal del llamado Manifiesto de los 121 y en uno de los más combativos escritores de la izquierda radical durante los movidas de Mayo.

A la espera de una improbable versión en castellano o de que algún editor osado me ofrezca un contrato de traducción, ahí va un par de ejemplos de lo que el libro ofrece:



RUPTURA DEL TIEMPO: REVOLUCIÓN


Desde el instante en el que, por el movimiento de las fuerzas que tienden a la ruptura, la revolución se manifiesta como posible, de una posibilidad no abstracta, sino histórica y concretamente determinada, desde ese instante, la revolución ha tenido lugar. El único modo de presencia de la revolución es su posibilidad real. Entonces, hay interrupción, suspense. En esa interrupción, la sociedad se deshace de parte a parte. La ley se desploma. La transgresión se produce: es, por un instante, la inocencia; la historia interrumpida.

Walter Benjamin: “El deseo consciente de romper la continuidad de la historia pertenece a las clases revolucionarias en el momento de la acción. Es una consciencia semejante la que se afirma en la revolución de julio. En la velada del primer día de lucha, simultáneamente aunque por iniciativas independientes, en diversos lugares se disparó contra los relojes de París” (P. 189).




Blanchot-Lévinas