"Ese juego insensato de escribir..." (El blog de Diego Luis Sanromán)
viernes, 25 de noviembre de 2011
ESPECIAL 5º ANIVERSARIO. La ausencia de libro / Nietzsche y la escritura fragmentaria - Maurice Blanchot
viernes, 30 de septiembre de 2011
AGITPROV. La ilusión democrática – René Schérer (1997)

“Vosotros, pueblos modernos, no tenéis esclavos, vosotros lo sois”
El debate sobre la democracia directa sin duda atestigua una profunda inquietud, una legítima sospecha con respecto a la evidencia democrática, a ese consenso del que hacen alarde y se enorgullecen los regímenes occidentales frente al resto del planeta, de esa forma política, en fin, que pretenden propagar e imponer universalmente.
Democracia es una bonita palabra, una palabra ineludible en su oposición al totalitarismo o a la dictadura. Pero ¿es algo aparte de una palabra? ¿Algo aparte de una consigna? Mucho más difícil resulta formar y formular un concepto claro. Un concepto en el centro del cual brille esa noción ambigua y –lo sabemos de sobra- falaz, de “directa”, que a menudo se ha vuelto contra la democracia misma.
Aunque no tengo la pretensión de que la problemática de la “democracia directa” esté ya presente toda entera en J. J. Rousseau, sí creo que el recurso al Contrato Social resulta particularmente esclarecedor si se quieren establecer sus bases conceptuales, deshacer el embrollo y llegar a comprender cuál es aquí, con exactitud, el problema.
Mi propuesta consiste, pues, en referirme enseguida al Contrato Social, apoyándome en sus puntos fuertes y destacados, que constituyen algo más que un trasfondo de interés exclusivamente erudito e histórico, pues siguen estructurando la reflexión actual. Estos puntos –no señalaré sino tres- son la representatividad parlamentaria, la relación de la soberanía popular con el gobierno y la soberanía popular en sí misma; es decir, la voluntad general y su expresión. En todos estos niveles, en torno a estos tres puntos, Rousseau resalta una dificultad inherente a la expresión democrática, una división y una separación que obstaculiza la transparencia de las relaciones; una pantalla que viene a interponerse en el camino de la expresión.
Al mismo tiempo que sitúa en el pueblo la condición misma de posibilidad de un estado racional y libre, Rousseau revela la existencia, en el propio corazón de la democracia, a poco que se quiera expresar ésta en su concepto y su perfección, de una imposibilidad. La democracia está presa en un juego de lo posible y lo imposible, que también puede interpretarse como abriendo y ocupando a su rededor un espacio utópico específico capaz de despertar y de dejar que se despliegue la reflexión.
* ENTREVISTA CON RENÉ SCHÉRER.
miércoles, 13 de octubre de 2010
BLANCHOT YA ESTÁ AQUÍ

Su violenta radicalidad incomoda incluso a muchos de sus seguidores. Los textos y declaraciones reunidos aquí por primera vez fueron escritos para revistas efímeras e incluso a veces confidenciales y aparecieron firmados por muchas personas (para manifestar así un movimiento colectivo) o por nadie (para que cualquiera pudiera sentirse responsable).
Desde la afirmación del derecho a la insumisión en la Guerra de Argelia hasta la revuelta de Mayo del 68, Blanchot, maestro del lenguaje indirecto e inacabado, escribe palabras cristalinas y directas para invocar la fuerza común y anónima del rechazo, la fuerza amistosa del NO. Ese NO que no es la expresión de un juicio o de una condena desde la distancia, sino que es la efectuación de una ruptura.
Comunidad anónima de nombres, potencia del rechazo, muerte política, palabra infinita e incontrolable... Hoy, cuando se extiende por todas partes una atmósfera gelatinosa de posibilismo y consenso, las intervenciones de Maurice Blanchot tienen el poder de interpelar, interrogar y sacudir nuestro presente como si no hubiese pasado un solo día desde que fuesen escritas. No es poco.
La obra política de Blanchot va precedida de un magnífico texto introductorio de Marina Garcés, de Espai en Blanc. De la traducción sólo se me puede culpar a mí. Podéis leer algunas muestras de lo que os váis a encontrar en el libro AQUÍ, AQUÍ y AQUÍ.
sábado, 19 de septiembre de 2009
AGITPROV. Blanchot y el Comité de Acción Escritores-Estudiantes
1. Los textos serán anónimos. El anonimato no está sólo destinado a levantar el derecho de propiedad del autor sobre lo que escribe, ni siquiera a despersonalizarlo liberándolo de sí mismo (su historia, su persona, la sospecha que se asocia a su particularidad), sino a constituir una palabra [parole] colectiva o plural: un comunismo de la escritura.
2. Los textos, por esta razón, serán de carácter fragmentario: precisamente para hacer posible la pluralidad (una pluralidad no unitaria); abrirle un lugar y, al mismo tiempo, no detener jamás el propio devenir: siempre ya rotos y como destinados a la ruptura, a fin de encontrar su sentido no en ellos mismos, sino en su conjunción-disyunción, su puesta en común, sus relaciones de diferencia.
3. Puesto que el sentido deriva de la puesta en común (la continuidad de una serie de textos siempre discontinuos e incluso divergentes, de formas y “géneros” esencialmente diferentes), no hay motivos para distinguir entre textos ya publicados y textos escritos para la publicación. Hay a menudo en los textos ya publicados, latente en ellos, una posibilidad de cita, es decir, una pertenencia al fragmento, o más simplemente fragmentos, frases, parágrafos, los cuales, puestos en relación con otros, pueden adquirir un nuevo sentido o servir a nuestro trabajo de investigación. Abandonar toda idea preconcebida de originalidad o de privilegio de lo inédito.
4. Asimismo, una información cualquiera extraída tal cual, en su fuerza bruta sin comentarios, puntuando de lejos o poco a poco la serie discontinua de los textos, formará también parte de ese mismo trabajo de investigación.
5. Deberán, pues, y en primer lugar, expresarse o verse expresados, de una manera directa o indirecta, los sin palabras, los no escritores, esos precisamente a los que el discurso no alcanza, incluso si es en este discurso en el que creen hacerse entender mejor.
6. En resumen, el lenguaje no está dado en el contenido de los textos ni en su forma, sino en sus relaciones, en el conjunto, por lo demás, necesariamente discorde que éstas pueden constituir. Gracias a esta discontinuidad, a su ausencia de cierre, aparecerá la búsqueda de un lenguaje más radical, que se sitúe fuera del discurso, fuera de la cultura, un lenguaje que, aun siendo declarativo, debería seguir manteniendo el trabajo de una interrogación incesante.
7. Publicación esencialmente irregular, condenada a la irregularidad tanto en el tiempo como en su formato y formulación.
miércoles, 20 de agosto de 2008
LIBROS CONTADOS. Écrits Politiques (1953-1993) - Maurice Blanchot

Y no es que Mayo del 68 no esté presente en los textos de intervención pública de Blanchot. Muy al contrario. Las revueltas de Mayo ocupan aproximadamente un cuarto de la extensión total del libro. Sin embargo, el poder encantatorio de la fecha y su potencial como reclamo comercial quedan diluidos en el paréntesis cronográfico del título. El 68 se difumina del mismo modo que Blanchot se pierde en el anonimato o en la composición de textos de firma colectiva. Blanchot se revela así como el reverso del intelectual comprometido parisino al modo de Sartre. Rehuye los neones y escapa de lo sistemático, pero, cuando el acontecimiento lo reclama, su voz sin nombre está siempre disponible.
La referencia a las fechas tiene, con todo, más enjundia de lo que pudiera pensarse en un primer momento. Para quienes se acerquen por primera vez a la obra de Blanchot o conozcan a medias al personaje, el título puede llevar a engaño. Estos Escritos Políticos no incluyen, como pudiera parecer, todos los escritos políticos que el autor de Thomas el Oscuro produjo a lo largo de su vida (1907-2003). Como señala Hoppenot en su introducción con un giro eufemístico algo sospechoso, aquí se descuidan los “extravíos [de Blanchot] en los periódicos de la derecha nacionalista durante los años treinta”. Porque, en efecto, el Blanchot que se presenta en estos textos es el protagonista y el resultado de una de las más sorprendentes labores de reconstrucción ideológica producidas en la Francia de la Segunda Posguerra. Un Blanchot II, por así decir. Publicista activísimo de la nebulosa protofascista del non-conformisme en la década de los treinta, Maurice Blanchot se transforma, tras tres lustros de duelo y silencio, en militante anti-gaullista, en autor principal del llamado Manifiesto de los 121 y en uno de los más combativos escritores de la izquierda radical durante los movidas de Mayo.
Desde el instante en el que, por el movimiento de las fuerzas que tienden a la ruptura, la revolución se manifiesta como posible, de una posibilidad no abstracta, sino histórica y concretamente determinada, desde ese instante, la revolución ha tenido lugar. El único modo de presencia de la revolución es su posibilidad real. Entonces, hay interrupción, suspense. En esa interrupción, la sociedad se deshace de parte a parte. La ley se desploma. La transgresión se produce: es, por un instante, la inocencia; la historia interrumpida.
Walter Benjamin: “El deseo consciente de romper la continuidad de la historia pertenece a las clases revolucionarias en el momento de la acción. Es una consciencia semejante la que se afirma en la revolución de julio. En la velada del primer día de lucha, simultáneamente aunque por iniciativas independientes, en diversos lugares se disparó contra los relojes de París” (P. 189).

Blanchot-Lévinas

