Mostrando entradas con la etiqueta Estados Unidos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estados Unidos. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de diciembre de 2025

Hawthorne en Brook Farm

 


Mark Twain dijo en una ocasión que nunca había vivido un invierno tan frío como cierto verano en San Francisco. Nathaniel Hawthorne podría haber dicho otro tanto de la primavera en Brook Farm, Nueva Inglaterra. “¡Ya estoy aquí, en mi paraíso polar!”, exclama en una carta fechada el 13 de abril de 1841 a su llegada a la granja. “No sé si será un buen o un mal augurio”, añade. Después de todo, los peregrinos del Plymouth llegaron en medio de la tormenta “y, sin embargo, prosperaron y se convirtieron en un gran pueblo”. Pero “el hombre no regenerado” temblaba en su interior.


A comienzos de ese mismo año el ex pastor George Ripley y su esposa Sophia habían creado una sociedad anónima junto con otros diez inversores, entre los que se contaba Hawthorne, con el objetivo de fundar una comunidad basada en los principios del trascendentalismo, una tendencia radical surgida en el seno de la iglesia unitaria que se inspiraba en el romanticismo inglés y en el idealismo poskantiano alemán. En cierto modo, los fundadores de la comunidad eran como los doce apóstoles de una nueva fe, con Ralph Waldo Emerson como ausente e involuntario profeta.


“Nuestros objetivos, como usted sabe -le había escrito Ripley a Emerson poco antes-, son asegurar una unión más natural entre el trabajo intelectual y el manual que la que existe actualmente; combinar al pensador y al trabajador […] garantizar la más alta libertad mental, proporcionando a todos un trabajo adaptado a sus gustos y talentos […] eliminar la necesidad de servicios menores, abriendo los beneficios de la educación y las ganancias del trabajo para todos; y así preparar una sociedad de personas liberales, inteligentes y cultas, cuyas relaciones entre sí permitan una vida más sencilla y saludable que la que se puede llevar en medio de la presión de nuestra institución competitiva”.


El lugar elegido para instalar la granja fue un terreno de unas setenta hectáreas de extensión en West Roxbury, a pocos kilómetros de la ciudad de Boston. Cada acción de la sociedad se vendió por quinientos dólares, lo que daba derecho a cada inversor a un 5% de las ganancias obtenidas. El trabajo, al que trascendentalismo otorgaba un poder regenerador, debía realizarse de forma cooperativa y conforme al principio de “a cada cual según sus intereses y sus querencias”. La idea era que una organización así no solo sería más enriquecedora para los individuos, sino también más eficiente, liberando de tal suerte un tiempo que los miembros podrían dedicar a actividades creativas y recreativas de su elección. Hawthorne, que ya se acercaba a los cuarenta años y que acababa de comprometerse con la pintora Sophia Peabody, aburrido de su trabajo en la aduana de Boston, vio aquí una oportunidad para fundar su nuevo hogar y consagrarse a lo que de verdad deseaba: la literatura.


Desde el principio, todas las anotaciones de Hawthorne en Brook Farm están preñadas de ironía, como si nunca hubiera acabado de creérselo del todo, y en todas resalta los efectos adversos de un clima poco benigno y el carácter embrutecedor del trabajo extenuante en la granja. “Todavía no he tomado mi primera lección en agricultura -confiesa al poco de llegar-, si exceptuamos que fui a ver cómo comían las vacas”. Para el granjero bisoño, una horca es, por lo demás, un extraño instrumento dentado que se convierte, como por arte del mago Frestón, en una lanza con la que acometer el asalto contra un montón de estiércol. “Me he purificado”, sentencia al concluir la faena. “Seré un excelente marido… Siento al Adán originario reviviendo dentro de mí”. El 16 de abril grita por fin lleno de entusiasmo: “¡He ordeñado una vaca!”, a lo que añade: “El señor Ripley ha comprado cuatro cerdos negros”. “La vida rural no es una vida de tranquilidad y serenidad”, se ve obligado a reconocer, sin embargo, algo más tarde, cuando descubre que Brook Farm se ha asentado literalmente sobre un nido de avispas y que los insectos empiezan a reclamar sus derechos adquiridos como pobladores originarios en cuanto empieza a suavizarse la temperatura.


Sin duda Hawthorne albergaba la esperanza de que alejarse del ajetreo de la ciudad favorecería ese aislamiento imprescindible para que pueda prosperar la labor del escritor. “No leo los periódicos y apenas recuerdo quién es el presidente -escribe el 22 de abril- y, como si habitara en otro planeta, siento que no me preocupa en absoluto lo que a otra gente perturba”. Pero enseguida descubre que también en esto ha marrado. “Tras una dura jornada de trabajo en la mina, mi alma se niega obstinadamente a derramarse sobre el papel”, anota el 11 de mayo. Y el tono se vuelve aún más sombrío conforme se acerca el final de su estancia en la granja: “[Aquí] no tengo la sensación de perfecto aislamiento que siempre ha sido esencial para mi capacidad de producir alguna cosa -escribe el 22 de septiembre-. […] Mi mente no consigue abstraerse”. La intromisión de una necesidad exterior en las labores de la imaginación y el intelecto es para él muy dolorosa, añade un par de días después.


El trabajo parecía estar muy lejos, pues, de ser esa fuerza regeneradora que predicaban los trascendentalistas. Al principio, Hawthorne afronta la cuestión con sorna: “Para mí es una sorpresa sin fin cuánto trabajo hay que hacer en el mundo -dice-; pero, gracias a Dios, soy capaz de hacer la parte que me corresponde, y mi capacidad crece cada día. ¡En qué personaje robusto, de anchos hombros, elefantiásico voy a convertirme a este paso!”. Pero también en esto el tono va agriándose con el paso del tiempo. “¡Oh, el trabajo es la maldición del mundo y nadie puede involucrarse en él sin verse proporcionalmente embrutecido! -escribe el 12 de agosto- ¿Es digno de elogio que me haya pasado cinco dorados meses alimentando vacas y caballos? Yo diría que no”. “¡Ay, qué diferencia entre el ideal y lo real!”, se lamentaba ya un par de semanas antes.


El experimento de Brook Farm duró poco más de seis años y, tras la partida de Hawthorne, fue derivando hacia el fourierismo. Hawthorne, por su parte, se inspiraría en sus vivencias en la granja para escribir The Blithdale Romance (1852).


ARTÍCULO PUBLICADO EN EL Nº 406 DE



miércoles, 17 de septiembre de 2014

NOVEDADES. Quimera Nº 371: octubre de 2014.



SUMARIO
El salón de los espejos
Entrevista a Alberto Olmos, por Daniel López García
Entrevista a Tim Powers, por Adrià Guxens
El cielo raso
Dossier: H. P. Lovecraft
(Coordinador: Iván Humanes
Ilustraciones: Miquel Rof ©)
Iván Humanes: Entrevista a José Antonio Molina Foix
Raúl Herrero: Vida y hazañas del caballero Lovecraft
Roger Ferrer Ventosa: El caos acecha en los abismos siderales
Manel Calderón: La geografía y el mundo de Lovecraft
Diego Luis Sanromán: El horror de Neoamérica. Lovecraft político
Salvador Alario Bataller: El Necronomicón
José Óscar López: Cthulhu, llamadas perdidas que insisten
La vida breve
Setenta días de lluvia, relato inédito de Marina Perezagua
Los pescadores de perlas
Microrrelatos inéditos de Mar Horno
El castillo de Barba Azul
Poemas inéditos de Aitor Francos
La voz humana
Entrevista a Carmen Resino, por Ana Gorría
Einstein on the Beach
Jesús Alacid: Agustín Gómez-Arcos: un escritor intercultural
El ambigú
Gemma Pellicer: Autopsia de Miguel Serrano Larraz
José Antonio Vila: Lento proceso de José Luis Cancho
Ana Prieto Nadal: Lolito de Ben Brooks
Rubén Castillo Gallego: Hablar durante las comidas de Pascual García
Ricardo Martínez Llorca: Voy de Gabi Martínez
Lola Nieto: Carcaj : Vislumbres de Mercedes Roffé
Almoraima González: Nocturno casi de Lorenzo Oliván
José Ángel Cilleruelo: Vomit. Antología de poesía joven norteamericana de
Luna Miguel (Ed.)
El pianista
Librería Black Mask
El tercer acto
Andrade a destiempo, de Martín López-Vega
Literatura en Lanzarote, de Eduardo Moga
Cuento español actual, de Julia Otxoa





viernes, 21 de octubre de 2011

AGITPROV. Especial Panteras Negras

Octubre de 1966. Oakland, California. Bobby Seale y Huey Newton crean el Black Panther Party for Self-Defense. Se cumplen ahora 45 años.



" [...] los “Panteras” me han aceptado tal como soy. No se da un rígido moralismo entre ellos. Son militantes las veinticuatro horas del día. Todos los domingos, entre las cinco y las siete, los militantes dan clases de educación política. En ocasiones, también he asistido a clases de formación que tenían lugar en plena noche, fusil en mano. Las mujeres hacen el mismo trabajo que los hombres. Todas las casas de los “Panteras” se encuentran dentro de barrios negros y están vigiladas día y noche por guardias armados. Con todo, la policía siempre halla el medio de llevar a cabo redadas, a menudo con víctimas, bajo diversos pretextos, el más frecuente de los cuales es la droga. ¿Sabía usted que los miembros del B.P.P. no se ponen jamás al volante de un coche? Las infracciones al código de circulación, reales o inventadas, son una trampa en la que no quieren caer". - De la entrevista con Jean Genet que puede leerse más abajo.

viernes, 5 de agosto de 2011

OBSCENIDADES TURÍSTICAS. San Francisco (CA, USA)

OBSCENIDAD. De 'obsceno'. Probablemente, de ob + scenus: Lo que no aparece o no debe aparecer en la escena, por sucio (caenum) e irrepresentable. La paradoja está en que, para adquirir condición de tal, lo obsceno ha de exhibirse.

TURÍSTICO/A. De 'turista', 'turismo', y éste a su vez de tornus (vuelta, giro). El turista es la degradación post-lo-que-sea del viajero. Propiamente, no viaja; se desplaza: da vueltas para quedarse siempre en el mismo sitio. El turismo es así la negación del viaje: se prepara el desplazamiento y después se muestra su registro gráfico (en diversos soportes) a otros turistas ocasionales, pero entre ambos momentos no hay nada.


*

"And beyond, beyond, over the Sierras the other side of Carson sink was bejewelled bay-encircled nightlike old Frisco of my dreams". Jack Kerouac, On the Road. The Original Scroll.


1. VERTIGO





2. BOOKS





3. PEOPLE



4. WALLS





5. SURREAL NATURE





6. BUILDINGS





7. STREETS





8. CITY




- ANTES EN OBSCENIDADES TURÍSTICAS

sábado, 19 de diciembre de 2009

AGITPROV. Genet entre los Panteras Negras (1970)



El autor de Los Negros acaba de pasar más de dos meses en Estados Unidos con los militantes revolucionarios del “Black Panther Party”. En su entrevista con Michèle Manceaux expresa los motivos que lo han llevado a ponerse al servicio de su causa.

¿Cómo llegó a reunirse con los “Panteras Negras” en Estados Unidos?

Jean Genet.- Dos miembros del “Black Panther Party” vinieron a verme a París y me preguntaron qué podía hacer para ayudarlos. Creo que venían con la idea de que les sirviera de ayuda en París, pero les dije: “Lo más sencillo es ir a América”. Me pareció que mi respuesta les sorprendía un poco. Me dijeron: “Pues entonces, venga. ¿Cuándo le parece bien?”. Y contesté: “Mañana”. Lo cual les sorprendió aún más, pero enseguida reaccionaron: “De acuerdo, vendremos a buscarlo”. Así fue cómo ocurrió. Por otra parte, no tenía visado.

¿No tiene usted visado desde que escribió sobre la Convención de Chicago?

J. G.- No, nunca lo he tenido. Me lo deniegan.

Entonces, ¿cómo se las arregla?

J. G.- Es muy fácil pasar la frontera. Haría falta que escritores y sindicalistas franceses fuesen también a América a dar conferencias para el B.P.P. De todos modos, se acaba de crear un comité de solidaridad con el B.P.P. en París.

Su causa tal vez no sea la de ellos. ¿Por qué es la suya?

J. G.- Si soy sincero, he de decir que lo que me afectó en primer lugar no fue su interés por recrear el mundo. Sin duda es algo que llegará y no soy insensible a ello, pero lo que me hizo sentirme cercano a ellos inmediatamente fue el odio que les inspira el mundo blanco, su interés por destruir una sociedad, por quebrarla. Interés que era el mío cuando yo era muy joven, pero yo no podía cambiar el mundo solo. No podía más que pervertirlo, corromperlo un poco. Lo que procuré hacer mediante una corrupción del lenguaje, es decir, en el interior de esa lengua francesa que aparenta ser tan noble, y que, por otra parte, tal vez lo sea; es algo que uno nunca sabe.

¿Se considera usted un revolucionario?

J. G.- Mi situación es la de un vagabundo, y no la de un revolucionario. ¿Cómo quiere usted que me defina a mí mismo? Y además las palabras con las que se me puede etiquetar no tienen ninguna importancia: ladrón, pederasta… ahora revolucionario. No, no me apetece decir que soy revolucionario.