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jueves, 4 de junio de 2026

¿Hiperión, el libertario?

 


“¡Tenemos, pues, que ir también más allá del Estado! Porque todo Estado tiene que tratar a hombres libres como a engranajes mecánicos, y puesto que no debe hacerlo debe dejar de existir”.

                      Hegel-Hölderlin-Schelling

 

En julio de 1793, Hölderlin le escribe a su amigo Christian Ludwig Neuffer: “[…] mi obrita, mi Hiperión, en la que yo vivo y respiro realmente […]”. Los vientos revolucionarios que soplan en Francia son en el viejo ducado de Suabia apenas una brisa que enardece los corazones de unos pocos jóvenes airados, como los de ese grupo de afinidad que Hölderlin forma con Hegel, Schelling y algunos otros en el seminario de Tubinga. En Francia, ese año el tiempo parece acelerarse: tras la ejecución de Luis XVI en enero, la Revolución empieza a devorar a sus primogénitos. Hölderlin vivirá, respirará en su “obrita” aún seis años más, hasta que el segundo volumen aparezca en 1799, pero el espíritu libertario que lo alienta no lo abandonará jamás, ni siquiera cuando sea la razón la que lo abandone.

Hiperión, ficción epistolar, es tal vez la obra más explícitamente política de Hölderlin y puede ser leída no solo como una exposición de su ideario político, sino también como un relato de los entusiasmos, dudas y decepciones que el proceso revolucionario suscitaron en el poeta. Hölderlin se sintió horrorizado por el Terror del año 93 y la represión de la Gironda le hizo recelar del jacobinismo, pero nunca dejó de considerarse un revolucionario. Analistas como Prignitz o Ferrer han señalado que estos hechos lo convertirían en un “liberal”, una categoría que incluiría a todos aquellos que defendieron la Revolución y la República, pero rechazaron el Terror como una degeneración de las ideas revolucionarias originales.

A mi parecer, esta conclusión se basa en un falso dilema del tipo: o se es jacobino o se es liberal y, si no se es lo primero, entonces se es necesariamente lo segundo. Sin embargo, creo que en Hiperión hay elementos suficientes para rebatir un juicio como este. En primer lugar, la repulsión que en Hölderlin despierta el aparato estatal va mucho más allá de la prédica liberal en favor del Estado mínimo. Para Hölderlin, cuya norma, a la manera de Rousseau, será siempre la Naturaleza, el Estado es un sistema maquínico que se opone violentamente al orden armónico natural. Y aunque en ocasiones el poeta reconozca la dificultad o incluso la imposibilidad de restituir tal orden en términos históricos y, en consecuencia, de liberarse completamente de la maquinaria estatal, jamás cambiará su negativa valoración del Estado.

En segundo lugar, Hölderlin es un crítico radical de los nuevos modos de alienación generados por la recién nacida sociedad burguesa. Como William Blake, otro outsider. Y, desde esta perspectiva, puede ser considerado un precursor de la crítica socialista en sentido amplio. El modelo para enjuiciar dicha sociedad no es otro que la Atenas de la época clásica: una comunidad de hombres libres fuertemente vinculados por lazos sagrados de socialidad. No es la libertad de los modernos, que podemos identificar con la simple eliminación de todo aquello que pueda suponer una traba al flujo franco de las mercancías, la que Hölderlin propugna, sino la de los antiguos. Y esto constituye un tercer aspecto que lo aleja de las posiciones liberales al uso. El helenismo de Hölderlin es un horizonte utópico y, como tal, apunta hacia el futuro y no hacia el pasado; eso lo convierte en una herramienta potentísima para enjuiciar de forma radical el presente. En cierto modo, Atenas es el opuesto absoluto de la sociedad mercantil que contempla a los hombres como individuos, es decir, como átomos perfectamente intercambiables. Antiestatismo, antiburguesismo y republicanismo o democratismo radical son, a mi entender, rasgos esenciales del pensamiento político de Hölderlin. Todos ellos hacen de él no un liberal, sino un libertario, aunque en su tiempo aún no se hubiera acuñado el término.

Y esa polis libre poblada por seres humanos libres es necesariamente una comunidad de iguales en la que el Estado ha sido por fin abolido. A este respecto merece la pena comparar la figura de Alabanda (trasunto del jacobino Isaak von Sinclair, amigo de Hölderlin) con la de Hiperión. Alabanda es un hombre de acción y un firme creyente en la simple revolución política; Hiperión, por el contrario, cree que las transformaciones han de ser más profundas e ir más allá del ámbito puramente político, y por otro lado descree del potencial transformador de una acción que no opere sobre un suelo ya abonado por una nueva educación en el respeto a la sacralidad de la Naturaleza.

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¿Hölderlin, el libertario?

                                           


 

“¡Tenemos, pues, que ir también más allá del Estado! Porque todo Estado tiene que tratar a hombres libres como a engranajes mecánicos, y puesto que no debe hacerlo debe dejar de existir”.

            Hegel-Hölderlin-Schelling

 

En julio de 1793, Hölderlin le escribe a su amigo Christian Ludwig Neuffer: “[…] mi obrita, mi Hiperión, en la que yo vivo y respiro realmente […]”. Los vientos revolucionarios que soplan en Francia son en el viejo ducado de Suabia apenas una brisa que enardece los corazones de unos pocos jóvenes airados, como los de ese grupo de afinidad que Hölderlin forma con Hegel, Schelling y algunos otros en el seminario de Tubinga. En Francia, sin embargo, ese año el tiempo parece acelerarse: tras la ejecución de Luis XVI en enero, la Revolución empieza a devorar a sus primogénitos. Hölderlin vivirá, respirará en su “obrita” aún seis años más, hasta que el segundo volumen aparezca en 1799, pero el espíritu libertario que lo alienta no lo abandonará jamás, ni siquiera cuando sea la razón la que lo abandone.

Hiperión, ficción epistolar, es tal vez la obra más explícitamente política de Hölderlin y puede ser leída no solo como una exposición de su ideario político, sino también como un relato de los entusiasmos, dudas y decepciones que el proceso revolucionario suscitaron en el poeta. Hölderlin se sintió horrorizado por el Terror del año 93 y la represión de la Gironda le hizo recelar del jacobinismo, pero nunca dejó de considerarse un revolucionario. Analistas como Prignitz o Ferrer han señalado que estos hechos lo convertirían en un “liberal”, una categoría que incluiría a todos aquellos que defendieron la Revolución y la República, pero rechazaron el Terror como una degeneración de las ideas revolucionarias originales.

A mi parecer, esta conclusión se basa en un falso dilema: o se es jacobino o se es liberal y, si no se es lo primero, entonces se es necesariamente lo segundo. Sin embargo, creo que en Hiperión hay elementos suficientes para rebatir un juicio como este. En primer lugar, la repulsión que en Hölderlin despierta el aparato estatal va mucho más allá de la prédica liberal en favor del Estado mínimo. Para Hölderlin, cuya norma, a la manera de Rousseau, será siempre la Naturaleza, el Estado es un sistema maquínico que se opone violentamente al orden armónico natural. Y aunque en ocasiones el poeta reconozca la dificultad o incluso la imposibilidad de sustituir tal orden en términos históricos y, en consecuencia, de liberarse completamente de la maquinaria estatal, jamás cambiará su negativa valoración del Estado.

En segundo lugar, Hölderlin es un crítico radical de los nuevos modos de alienación generados por la recién nacida sociedad burguesa. Como William Blake, otro outsider. Y, en este aspecto, puede ser considerado un precursor de la crítica socialista en sentido amplio. El modelo para enjuiciar dicha sociedad no es otro que la Atenas de la época clásica: una comunidad de hombres libres fuertemente vinculados por lazos sagrados de socialidad. Y este constituye un tercer aspecto que aleja a Hölderlin de las posiciones liberales al uso. Pues no debe descuidarse que el helenismo de Hölderlin es un horizonte utópico y, como tal, apunta hacia el futuro y no hacia el pasado, y por ello es también una herramienta para enjuiciar de forma radical el presente. En cierto modo, Atenas es el opuesto absoluto de la sociedad mercantil que contempla a los hombres como individuos, como átomos perfectamente intercambiables. Anti-estatismo, anti-burguesismo y republicanismo o democratismo radical son, a mi entender, rasgos esenciales del pensamiento político de Hölderlin. Todos ellos hacen de él no un liberal, sino un libertario, aunque aún no se hubiera acuñado el término.

Para el Hiperión de Hölderlin, Atenas es el equilibrio, el bello término medio entre los extremos, que se opone, por un lado, al modelo egipcio, identificado con el despotismo, y por otro, al Norte, que equivale al frío dominio de la ley, a “la justicia con forma legal”, la encarnación de la cultura europea moderna y del sistema kantiano en cuanto dominio del mero entendimiento y de la mera razón. El concepto hölderliniano de renacimiento (Wiedergeburt) anuncia una revolución en su sentido original: la reapertura en un plano superior de un proceso estructuralmente análogo. La República de la Nueva Atenas no es en el fondo más que esa “polis griega sin esclavos” que deseara Horkheimer.

Y esa polis libre poblada por seres humanos libres es necesariamente una comunidad de iguales en la que el Estado ha sido por fin abolido. A este respecto merece la pena comparar la figura de Alabanda (trasunto del jacobino Isaak von Sinclair, amigo de Hölderlin) con la de Hiperión. Alabanda es un hombre de acción y un firme creyente en la simple revolución política; Hiperión, por el contrario, cree que las transformaciones han de ser más profundas e ir más allá del ámbito puramente político y, por otro lado, descree del potencial transformador de una acción que no opere sobre un suelo ya abonado por una nueva educación en el respeto a la sacralidad de la Naturaleza. Utilizando un lenguaje más actual, Alabanda estaría a favor de una revolución desde arriba, empleando los aparatos del Estado en la destrucción de los enemigos del cambio revolucionario. A Hiperión-Hölderlin le horroriza una perspectiva semejante, y se expresa como libertario cuando afirma: “Siempre que el hombre ha querido hacer del Estado su cielo, lo ha convertido en su infierno”.   

De Hölderlin, el más profundo de los poetas, se ha dicho que era un burgués enfermo de nostalgia por la “fase heroica” de la Revolución, incapaz de avenirse, como habría hecho después su amigo Hegel, a la grisura de los tiempos en los que la burguesía se transforma por fin en clase social hegemónica (Lukács), o bien que era simplemente un proletario (D’Hondt). Pero tal vez sería más acertado afirmar que fue lo uno y lo otro a la vez o que no fue ni lo uno ni lo otro, sino un “notable” desclasado y proletarizado por mor de la poesía. Hölderlin se propuso vivir para la poesía, y no de la poesía, y vivir para la poesía era un acto político, pues para él se trataba en el fondo de volver a poetizar el mundo, de realizar históricamente las promesas de la poesía y de la filosofía modernas. 

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL Nº 411 DE


lunes, 20 de abril de 2026

¿Qué es el anarquismo? Una entrevista con Miguel Amorós

 


Miguel Amorós (Alcoy, 1949) es autor de una extensa obra como teórico e historiador del anarquismo. En la década de los setenta formó parte de distintos grupos ácratas de existencia efímera como Los Incontrolados o los Trabajadores por la autonomía proletaria y la revolución social y, entre 1984 y 1992, de la redacción de La Encyclopédie des Nuisances, impulsada entre otros por su amigo Jaime Semprun, una publicación que continuaba de forma crítica la línea abierta por la Internacional Situacionista y en la que llegaría a participar el propio Guy Debord. Hace unos meses, la editorial vallecana La Rosa Negra publicaba su último libro, un breve volumen titulado sencillamente ¿Qué es el anarquismo? De él, aunque no exclusivamente, hablamos en la siguiente entrevista.

 

DLS- ¿Qué es el anarquismo? Anarquismo individualista, colectivista, comunista, anarcosindicalismo, posanarquismo e incluso anarquismo de derechas, anarco-capitalismo o nacional-anarquismo… ¿No es un empeño imposible definir lo que parece, por definición, indefinible: un conjunto de tendencias dispares y, en algunos casos, abiertamente contradictorias, que parecen no tener en común entre sí más que aquello que niegan?


MA- Actualmente, en plena crisis del estado de cosas característico de la globalización capitalista e inmersos en un proceso de distorsión ideológica, todavía podemos considerar anarquismo el conjunto de enseñanzas y tareas que persiguen la implantación de la anarquía, un sistema sociopolítico que prescinde del Estado y de toda clase de autoridad. Sin embargo, con la palabra anarquismo ocurre como con todos los “ismos”: que su significado real depende de quién la pronuncie. Esta particular polisemia sirve al orden establecido, cuyas consignas y mensajes se divulgan mediante una provechosa colonización del lenguaje. El empleo unilateral de las palabras por parte de los dirigentes, o sea, su recuperación por el poder, tiene por objetivo la incomunicación, la base fundamental del dominio. Corresponde a los enemigos del statu quo clasista usarlas en su contra, dotarlas de nuevo contenido subversivo, reinventarlas, redefinirlas. Trabajo a la vez positivo y negativo, es decir, dialéctico. El situacionista Khayati dijo en la revista “I.S.” que “una definición es algo siempre abierto, jamás definitivo; las nuestras son válidas históricamente, durante un periodo dado ligado a una praxis histórica.” Cualquier determinación contemporánea del anarquismo ha de contar con eso.


DLS- “El anarquismo ya no es gran cosa” –dices-. “El panorama no es halagüeño”. ¿Crees, no obstante, que hay algún lugar en el que aún pueda reconocerse siquiera un chispazo de ese impulso emancipador que encendió las revueltas del pasado?


MA- Digamos que hoy en día, en la mayoría de países, el anarquismo es un movimiento social insignificante, sin influencia sensible entre los asalariados, incapaz de alterar mínimamente el sistema y de incidir en la mentalidad de quienes lo padecen. No obstante, en algunos “pueblos sin historia”, es decir, en sociedades que se han mantenido más o menos al margen del capitalismo, han persistido lazos comunitarios y modos auto-organizativos lo suficientemente sólidos como para resistir al Estado y administrarse por su cuenta. Tal podía ser el caso de pueblos campesinos indígenas de países como Chile, Ecuador, Bolivia o México, o el de los habitantes de las tierras altas del sudeste asiático como los karen, hmong y lahu. Estamos ante sociedades que se revuelven contra el desolador presente con rasgos inequívocamente anarquistas, a las que añadiríamos la más moderna sociedad kurda municipalista. En el mundo occidental apenas saltan chispazos libertarios en las luchas anti-desarrollistas, en la defensa del territorio y en movilizaciones espontáneas como la de los chalecos amarillos, pero sin conexión espiritual con las revueltas ejemplares del pasado. 


DLS- En el libro señalas que el único modo de superar la confusión de los anarquismos posmodernos, o de las lecturas del anarquismo como una tendencia transhistórica y connatural al ser humano, es la reactivación de la conciencia histórica. Es ella, por ejemplo, la que nos permite discernir el papel decisivo que el movimiento obrero desempeñó en la génesis de las ideas anarquistas. Destacas, creo, dos hitos: la fundación de la AIT y la función de Bakunin como teórico del anarquismo revolucionario, por un lado, y la Revolución Española de 1936, por otro. En ambos casos, se diría que la derrota trajo consigo el declive y la fragmentación del movimiento, así como la sustitución de la teoría revolucionaria por una ideología casi completamente separada de la práctica. ¿No sé si nos podrías contar algo más al respecto?


MA- Destacaría unos cuantos hitos más ricos en enseñanzas: el movimiento magonista mexicano, la insurrección makhnovista en Ucrania y la revolución asturiana de 1934. En verdad las derrotas comportan retrocesos que resultan desastrosos para la conciencia, puesto que al perderse la capacidad de respuesta a la dominación, desaparece el pensamiento crítico y su lugar queda ocupado por la ideología, el producto doctrinal propio de la conciencia alienada, la cristalización de una visión falsa y maniquea de la realidad. La verdad de este mundo queda sumergida en una nebulosa de ideas abstractas con las que los vencidos tratan de justificar su papel post festum y sus renuncias. En un contexto de decadencia del movimiento obrero, desmemoria, evaporación de las perspectivas revolucionarias y aburguesamiento, la ideología desciende un peldaño más en la degradación y tiende a seguir las indicaciones de las modas juveniles. Así contemplamos en el campo autodenominado anarquista el desfile sucesivo de fórmulas milagreras mesocráticas como la renta básica, el decrecimiento, el especifismo, lo woke, el procès o la payasada nacionalista de “revoltes de la terra”.   


DLS- En el segundo texto incluido en el libro, realizas un análisis de la situación actual, marcada por la parálisis –o la desaparición sin más- del movimiento obrero, la desintegración de las grandes ideas de la modernidad y el ascenso de las clases medias asalariadas. Comienzas afirmando: “la palabra «revolución» ha desaparecido del vocabulario de los oprimidos y explotados”, y más adelante señalas: “[sin democracia directa] no hay revolución”. ¿Podrías desarrollar un poco más esta última idea?


MA- Los cambios sociales desde abajo son muy difíciles, pues unas masas atomizadas, endeudadas y enclaustradas en el consumo no se sienten inclinadas a favorecerlos. Solamente en los momentos en los que pende sobre ellas la precariedad, la amenaza de exclusión, el embargo o el desahucio, en los momentos en que no tienen nada que perder, se ven obligadas a moverse y cuestionar su proletarización. La creciente capacidad represora del sistema dejará entonces de verse como un obstáculo insalvable. Cuanto más prolongado sea el conflicto, más probable será que abandonen el espíritu de clase media y adopten una visión más realista de la superación de sus condiciones de vida, es decir, antiestatal y anticapitalista. La democracia directa es el sistema que mejor responde al funcionamiento autónomo de la población rebelde y el que mejor puede desarrollar sus potencialidades revolucionarias. Las estructuras asamblearias cumplen con la dinámica de auto-organización de los movimientos de masas. El peligro reside en la pérdida de autonomía por la acción de los partidos políticos que persiguen una deriva institucional burocrática, ante lo cual no caben otras medidas que la expulsión de los representantes que actúen por su cuenta o la auto-disolución. 




DLS- El tercer texto incluido en el libro está dedicado al análisis de las causas probables del auge de la extrema derecha, “el fenómeno más llamativo de nuestra época reciente”, como afirmas al comienzo. Leyéndote me acordaba de algo que decía el Comité Invisible en las primeras líneas de su panfleto Ahora: “Todas las razones para hacer la revolución están ahí. Pero no son las razones las que hacen las revoluciones; son los cuerpos. Y los cuerpos están delante de las pantallas”. Tú también apuntas a las redes sociales como el “factor definitivo” en el auge de la extrema derecha. “Las redes –te cito- han desempeñado el mismo papel que jugó antaño la radio en el advenimiento del partido nazi”. Durante algún tiempo, y hasta hace no mucho, algunos albergaron la ilusión de que la WWW podía hacer realidad la democracia directa en las sociedades complejas y densamente pobladas. ¿Qué queda de esto, si algo queda? Cuestiones de orden ecológico al margen, ¿te parece que Internet es necesariamente una herramienta de control?


MA- Cualquier coincidencia mía con el Comité Invisible, forma vanguardista posmoderna del radicalismo infantil, es obra del azar. Aquí tenemos un producto ideológico de escuela primaria hecho con materiales diversos, desde el situacionismo al foucaultismo, hábilmente presentado. Hace ya un tiempo, Jacques Ellul respondía al tópico de “la máquina es neutra, el uso que le demos depende de nosotros”, con el argumento de que no se trataba de un objeto aislado sino de un completo sistema mecánico que no habíamos elegido y no podíamos dominar; bien al contrario, nuestra conducta y nuestra vida quedaba determinada por él. Teníamos libertad para aceptarlo, pero no para rechazarlo. Cuando apareció Internet, lo primero que me preocupó no fue la supresión de puestos de trabajo típica del avance capitalista, sino la virtualización de las relaciones sociales. El desplazamiento de la comunicación y el debate a un espacio imaginario, o sea, fuera del mundo real, banalizante y fácilmente controlable, donde cualquiera podía ejercer de extremista sin moverse de la silla. No faltaron informáticos progresistas que ponderaran las posibilidades ecológicas, democráticas y liberadoras de tal encarnación de la megamáquina de la que hablaba Mumford. A medida que avanzaba, la informatización del mundo terminó revelándose como una fuente inagotable de problemas. Con el advenimiento de las redes sociales, el debate se convertía en pelea de gallos, donde todo estaba permitido y las únicas reglas eran las fijadas por los algoritmos de las plataformas. La viralidad primaba sobre la verdad y la realidad terminaba por esfumarse en medio de una avalancha industrial de fake news, deyecciones y presentismo. El salto cualitativo en la incomunicación y desinformación de las redes dejaba atrás el carácter frívolo y baladí del comienzo y conformaba una temible arma para la dominación, la primera de alcance global. Las redes, refugio de una juventud super-alienada, fomentaban el caos, el medio idóneo de los depredadores político-mediáticos. Y precisamente, junto con el miedo, el caos es hoy, en la fase última del capitalismo, el elemento imprescindible del nuevo estilo de gobierno.  


DLS- Nos conocimos personalmente en el contexto de las movilizaciones del 15-M - ¡hace ya quince años! -. De tus respuestas se pueden derivar claves para el diagnóstico, pero me gustaría saber qué piensas al respecto y preguntarte directamente: ¿Qué falló entonces? Creo que fuimos muchos los que, en ciertos momentos, pensamos que el desbordamiento del orden era posible, y sin embargo no se produjo…


MA- Aquello no fue una movida importante, aunque sí sintomática, coetánea y digna de twitter y facebook. Tras la crisis económica de 2008 se produjo en los retoños de las clases medias, privados de futuro, un aparente despertar que por un instante pudo ilusionar a quienes quisieron ver en aquellas acampadas consentidas la realización de sus fantasías contestatarias. Sin embargo, a tal “indignación” pronto se le vio el plumero. Por activa y por pasiva la juventud indignada dejó claro que no permanecía en las plazas para cambiar el orden político, sino para mejorarlo y ¡ay de quienes quisieran subvertirlo! Con la excusa del pacifismo se despertaban vocaciones de policía; bajo una atmósfera lúdico-festiva y un animoso agitar de manos se alentaba el espíritu delator. Los tópicos ciudadanistas nutrían un lenguaje con el que se expresaba la voluntad de colaborar con el sistema parlamentario por poco que este se reformarse: “Democracia real ¡ya!”. Los indignados se sentían estafados por políticos que no les representaban, ya que no procuraban su bienestar, el del 99 %, y sí el de los banqueros, el 1 % restante. No falló nada; en realidad, el 15-M triunfó, aunque la crisis política no se solucionase con rapidez. La pérdida de credibilidad de los partidos habituales tuvo que conjurarse con la creación de nuevos partidos –Podemos, Ciudadanos, Comunes...- que, a pesar de sus iniciales proclamas regeneracionistas en sintonía con la indignación, supieron apoltronarse a velocidad de vértigo, permitiendo una estabilización tranquila del espectáculo social amparado por el Estado.


DLS- Cinco años antes ya habíamos colaborado en la edición de los textos de la sección italiana de la Internacional Situacionista, tú poniendo el prólogo y yo poniendo la traducción. Y volvimos a encontrarnos en 2018 en De la miseria en el medio estudiantil, con el mismo reparto de papeles. Para terminar, me gustaría preguntarte: ¿Qué queda del legado situacionista? ¿Sus análisis, sus propuestas estratégicas, siguen todavía vigentes en nuestros días?


MA- La crítica situacionista fue la que mejor supo explicar su tiempo y la que más coherentemente indicó la manera de superarlo. ¿Cuál es la parte no vencida de su legado? No ciertamente la corrección hegeliana del marxismo, la fórmula consejista o la fe ineluctable en el proletariado revolucionario. Sí, en cambio, el método dialéctico, la teoría del espectáculo, la crítica del urbanismo, la superación del arte, la práctica del escándalo y la apuesta por la vida. El capitalismo ha colonizado la vida cotidiana de la gente, su abrazo financiero abarca ya a todo el planeta, y en el momento actual se está militarizando a marchas forzadas. Las masas asalariadas van a la deriva y el deterioro mental de la población empieza a ser alarmante. Nunca antes una sociedad alcanzó tal grado de psicosis, indignidad y predación. Hoy, cuando la civilización se desmorona y no se vislumbra una revolución inminente por ninguna parte, ni los análisis de las crisis, ni las estrategias anticapitalistas pueden ser las mismas. Los puntos de ruptura son otros y los actores son distintos. La repetición de las viejas tesis no nos llevaría muy lejos, pero una revisitación transgresora de las teorías situacionistas nos proporcionará elementos críticos que creativamente empleados nos ayudarán a impulsar proyectos sediciosos.

 

6 de marzo de 2026.


ENTREVISTA PUBLICADA EN EL Nº 410 DE



lunes, 10 de marzo de 2025

Plutôt la vie ! Las anarquistas individualistas de la Belle Époque



         

 

¿Qué es vivir para el anarquista? Es trabajar libremente, amar libremente, poder conocer cada día un poco más de las maravillas de la vida… Reivindicamos toda la vida. ¿Sabéis lo que se nos ofrece? Once, doce o trece horas de labor cada día para obtener el papeo cotidiano. ¡Y menuda labor y qué papeo! Labor automática bajo una dirección autoritaria en condiciones humillantes e indecentes, por medio de la cual se nos permite la vida en la grisalla de los barrios pobres.

Le Rétif (Victor Serge), l’anarchie, nº 354, 18 de enero de 1912.

 

Ellas eran en su mayoría jóvenes de provincias que llegaban a París antes de cumplir los veinte huyendo de las miserias del campo, hijas de una modernidad que permitía la movilidad geográfica gracias a los nuevos medios de transporte colectivo y alentaba las esperanzas de movilidad social a través de un sistema educativo democratizado, y tan universal como necesario para las nuevas exigencias de la acumulación capitalista. Muchas habían continuado sus estudios hasta obtener su diploma elemental y se declaraban institutrices de profesión, aunque solían terminar como modistas o desempeñando puestos de oficina poco cualificados. Las menos dotadas de capital cultural se veían, sin embargo, obligadas a trabajar como criadas o lavanderas, o intentaban escapar de la esclavitud asalariada montando puestecitos de mercería en los mercadillos. Ellos eran, por lo general, jóvenes obreros parisinos, nacidos en provincias entre 1880 y 1890 en el seno de familias apenas alfabetizadas, que habían abandonado la escuela con doce o trece años y que habían sufrido tempranamente el choque de un trabajo extenuante y embrutecedor. Ni ellas ni ellos aceptaban mansamente el nicho social al que habían sido condenados, ni acababan tampoco de comulgar con los ideologemas más difundidos en el movimiento socialista de la época. Parecían no tener un lugar en el mundo.

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domingo, 12 de enero de 2025

¡Inadaptados de todos los países, uníos! Sobre Otto Gross



En el Café Stefanie de la muniquesa Amalienstrasse, al que muchos llamaban Café Grössenwahn (Café Megalomanía), él siempre ocupaba la misma mesa junto a la estufa. Su aspecto de fauno enardecido irradiaba un magnetismo demoniaco y desde su rincón predicaba la buena nueva del psicoanálisis, entre citas de Nietzsche y llamamientos a la liberación libidinal y a la abolición del patriarcado. Europa estaba preparándose para un siglo de guerras totales y de revoluciones que estremecerían el mundo y la agitación también era palpable en los cafés de sus grandes ciudades. En las veladas del Stefanie, dadaístas como Emmy Hennings y Hugo Ball conspiraban en la destrucción del arte y anarquistas como Erich Mühsam preparaban el asalto contra el orden burgués. El hombre junto a la estufa era hijo del ilustre Hans Gross, uno de los fundadores de la criminología científica moderna, y el mismísimo Freud lo contemplaría en alguna ocasión como su posible heredero espiritual. Pero a ambos les salió rana. Porque para Otto Gross el asesinato de la figura paterna era algo más que una simple metáfora: era un imperativo revolucionario.


    De hecho, el propio psicoanálisis estaba llamado, según Gross, a convertirse en “la filosofía de la revolución”. En su interpretación, el auténtico origen de los conflictos psíquicos reprimidos se encontraba en la contradicción que se produce en la infancia entre las tendencias innatas de desarrollo individual y las tendencias moduladoras externas, instituidas por la educación. “Creo que el conflicto interior desempeña un papel más esencial en la generación de las represiones que el factor sexual”. El método freudiano consistiría precisamente en hacer aflorar a la conciencia esos factores psíquicos relegados al inconsciente y recuperar así la armonía perturbada en la psique del individuo, pues al hacerse conscientes –y esto es lo fundamental- tales factores pierden todo su potencial dañino. Por eso el psicoanálisis es un instrumento de liberación, porque al servir de fermento para la subversión dentro de la psique capacita interiormente al individuo para la revolución y al mismo tiempo prepara el terreno para la revolución. 


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lunes, 9 de diciembre de 2024

“El poder y las estructuras jerárquicas son el enemigo”. Una entrevista con Dennis Cooper



Dennis Cooper nació el 10 de enero de 1953 en Pasadena, en el condado de Los Ángeles. Desde muy temprana edad empezó a interesarse por la literatura. Con solo quince años leyó la obra de Arthur Rimbaud y algunos textos del marqués de Sade. Ambos autores dejaron en él una huella indeleble que es fácil detectar en su producción literaria hasta el día de hoy. En la Flintridge Preparatory School for Boys, de la que sería expulsado en undécimo curso (el equivalente a nuestro 1º de bachillerato), conoció a George Miles, musa e inspiración de la pentalogía que lleva su nombre (Contacto, Cacheo, Tentativa, Guía y Period) y también de I Wished, su última novela publicada y como Period todavía inédita en castellano. La revista The Nation reconoció la saga como “una de las historias épicas de amor del siglo XX”.  En 1976 fundó la Little Caesar Magazine, una influyente publicación underground que más tarde se convertiría en la editorial Little Caesar Press, de la que fue responsable hasta 1982. Ese mismo año viajó al Reino Unido, donde empezaba a eclosionar el movimiento punk. “El punk tuvo un enorme impacto sobre mí en el 76 –reconocerá más tarde-. Afectó a mi modo de escribir y me impulsó a hacerlo de forma desnuda y minimalista”. En 1979 se convirtió en el coordinador del grupo de poesía alternativa Beyond Baroque, un cargo que ocupó hasta que en 1983 presentó su renuncia. Le puso el punto final a su primera novela, Contacto (Closer), en 1989, mientras residía en Ámsterdam. A esta le siguió Cacheo (Frisk), que Todd Verow llevó al cine en 1995. La película traicionaba descaradamente la esencia del libro, por lo que Cooper acabó renegando de ella. Tras vivir un par de años en Nueva York y regresar durante algún tiempo a su California natal, Cooper parece haber cumplido su sueño de “convertirse en un escritor famoso en París”. En los últimos años, además de continuar escribiendo prosa, poesía y ensayo, ha hecho incursiones en las artes escénicas en colaboración con la artista francoaustriaca Gisèle Vienne y dirigido tres películas junto al joven cineasta Zac Farley: Like Cattle Towards Glow (2015), Green Light (2018) y Room Temperature (2023).


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viernes, 8 de noviembre de 2024

Johnsons & Shits (Burroughs político)

 



La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de… los johnson contra los mierdas. La ontología política, o tal vez sería mejor decir la mitología política, del escritor estadounidense William S. Burroughs (1914-1997) podría reducirse a estos dos elementos en conflicto: la familia Johnson y los mierdas o shits.

    Burroughs solía referir una anécdota aparentemente anodina. Cierto día estaba sentado en la terraza de un pequeño café tangerino con sus amigos Brion Gysin e Ian Sommerville cuando vieron pasar a un español de unos cuarenta o cincuenta años de porte desastrado. Los tres dejaron escapar casi al unísono un “¡Dios mío, ahí va una persona de aspecto inofensivo!”. Su paso fue como el de un cometa, añade Burroughs, que les recordó lo raro que es encontrarse a gentes de tal condición, individuos que se ocupan de sus propios asuntos y tratan de apañárselas lo mejor posible en un mundo poblado por seres a los que solo mantiene vivos la esperanza de fastidiar a los demás. De inmediato se supieron en presencia de un miembro de la familia Johnson.


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jueves, 14 de octubre de 2021

(Tal vez) Georges Brassens. Un anarquismo congénito





Para celebrar el centenario del cantautor francés Georges Brassens la editorial Pepitas de Calabaza publica este octubre una compilación de artículos que he tenido la fortuna y el placer de traducir y prologar. Los artículos en cuestión son textos breves –“crónicas”, según el propio Brassens- que Georges publicó entre 1946 y 1947 en el periódico Le Libertaire, a la sazón el órgano de la Federación Anarquista. Era práctica habitual en la prensa libertaria de la época que los artículos de los colaboradores apareciesen bajo seudónimo, por eso no es posible encontrar entre ellos ningún texto que lleve explícitamente la firma de Brassens. En nuestra selección para Pepitas hemos seguido escrupulosamente el criterio establecido por los editores franceses de sus obras completas, y ello nos ha obligado a excluir algunas crónicas que, sin embargo, por su tono, timbre y temática, barruntamos también son obra el autor de La mala hierba. Los cuatro artículos que el lector puede degustar a continuación forman parte de esos descartes.




jueves, 6 de noviembre de 2014

NOVEDADES. Zodaxa nº 2.




http://www.edicionesinnisfree.com/#!revista-zodaxa/c1q2r



ÍNDICE


-         Mi anarquismo individualista, por Raymond Román Maugé.
-         Declaraciones de Georges Étiévant (Introducción y traducción de Diego Luis Sanromán).
-         Encomio de la desnudez, por Gabi Romano.
-         LDF, entrevista a fondo, por Oliverio.
-         El Ángel Negro de Paterson, por Pedro Arturo Aguirre.
-         El Manifiesto de la Anarquía, por Anselme Bellegarrigue.
-         El falso principio de nuestra educación, por Max Stirner.
-         Oneida, por Émile Armand.
-         Desafío cinematográfico: el cine libertario, producción durante la guerra civil, por Reme M. Gisbert.

domingo, 27 de abril de 2014

NOVEDADES. Entrevista en Radio Euskadi en torno a Boxcar Bertha

Los pilares de la Hobohemia


Audio de la entrevista con Teresa Yusta sobre Boxcar Bertha. "Boxcar Bertha  es el título  de un magnífico libro escrito por Ben Reitman, conocido como " El rey de los hobos ". Médico de los mendigos y trotamundos, plasma la vida de Bertha Thompson en este libro editado por Pepitas de Calabaza. El compromiso de Reitman y la valentía de Bertha hacen una conjunción que atrapa al lector entre las líneas de un relato donde los protagonistas consiguen - no sin sacrificio y "castigo"- vivir en libertad, luchando por sus derechos sociales y sus convicciones políticas".



martes, 22 de abril de 2014

Sobre Ben Reitman y Boxcar Bertha - Barry Pateman



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Con esta, es la cuarta ocasión en que se reedita Boxcar Bertha, y por primera vez nos sentimos obligados a dejar claro que se trata en realidad de una obra de ficción. En lo que a nosotros respecta, esto no le resta mérito alguno al libro, pero sí hace que merezca más la pena saber algo sobre su verdadero autor, que por cierto era un tipo de lo más fascinante y peculiar.

Ben Reitman (1879-1942) fue en distintas fases de su vida hobo, ginecólogo, escritor, agitador anarquista y –en una época en la que era considerado algo subversivo y escandaloso- un activista por el control de la natalidad. A la edad de doce años ya estaba recorriéndose América en tren. Más adelante trabajó en un vapor que surcaba los mares de Europa y África. De vuelta a América, estudió medicina, limpió vagones de ganado y se codeó con jugadores, prostitutas y ladrones de todo pelaje. Escuchaba y aprendía. Vivió en carne propia la experiencia de múltiples cárceles y comenzó a amar la vida en movimiento, con su extraña mezcla de camaradería e infortunios, de grandes intelectos y triste alienación. Tales experiencias no solo le animaron a vivir el momento, sino también a rebajar su ego. Contemplaba a la gente con la que vivía y viajaba como gente sencilla, ni peor ni mejor que cualesquiera otros. Era un hombre intensamente consciente de su propia debilidad, pero no mostraba ningún deseo de imitar a la sociedad “respetable” que desdeñaba a la gente entre la que había decidido vivir su vida. Para él, esa gente eran sus iguales tanto personal como profesionalmente. Reconocía sus deficiencias en sí mismo. Pero también sus puntos fuertes.

En 1906, Reitman se comprometió con la International Brotherhood Association en su intento por apoyar a los trabajadores migrantes en el terreno educativo. A través de dicha asociación fundó la rama de Chicago de la Universidad Hobo, donde se ofrecían regularmente clases sobre economía, derecho laboral y ciencias sociales. En tal labor, destacó de forma brillante. Cerca de un siglo después aún podemos imaginárnoslo… un consumado performer político: organizando banquetes hobos, encabezando manifestaciones de desempleados, creando clínicas sociológicas en las que los hobos contaban sus historias con sus propias palabras. “Doc” Reitman inició un incesante e infatigable cortejo con la prensa, que se transformaría en la relación más duradera de su vida.

martes, 29 de enero de 2013

AGITPROV. Clase media, partitocracia y fascismo - Miguel Amorós



El pasado viernes 25 de enero, Miguel Amorós estuvo presentando su último libro, Salida de Emergencia (Pepitas de Calabaza), en la librería La Malatesta de Madrid. Lo que podéis leer después de estas líneas es el texto preparado para la ocasión. Lo difundo aquí por deseo expreso de su autor. 

 
El tema de la partitocracia no ha sido seriamente estudiado ni por la sociología académica ni por la crítica “antifascista” del parlamentarismo moderno, y eso a pesar de que la crisis de los regímenes autoproclamados democráticos haya desvelado su realidad específica en tanto que sistema autoritario con apariencias liberales donde los partidos, y mucho más sus cúpulas, se abrogan la representación de la voluntad popular a fin de legitimar su acción y sus excesos en defensa de sus intereses particulares. No debe de extrañar el hecho, pues al igual que sucedió con la burocracia de partido único en los regímenes estalinistas y fascistas, la clase política conformada por la partitocracia existe en la medida que oculta su existencia como clase. Como apunta Debord, “la mentira ideológica de su origen jamás puede revelarse.” Su existencia como clase depende del monopolio de la ideología, leninista o fascista en un caso, democrática en el otro. Si la clase burocrática del capitalismo de Estado disimulaba su función de clase explotadora presentándose como “partido del proletariado” o “partido de la nación y la raza”, la clase partitocrática del capitalismo de Mercado lo hace exhibiéndose como “representante de millones de electores”, y por lo tanto, si la dictadura burocrática era el “socialismo real”, la suplantación partitocrática de la soberanía popular es la “democracia real”. La primera ha tratado de apuntalarse con la abundancia de espectáculos rituales y sacrificios; la segunda lo ha hecho con la abundancia de viviendas y de crédito para poseerlas. Sendas abundancias han fracasado. 

Para comprender el fenómeno de la partitocracia hay que remontarse a sus orígenes históricos, cuando el caciquismo deja de ser operativo debido a la pérdida de poder de las oligarquías locales en favor del Estado. En un momento determinado de desarrollo capitalista, aquél en el que la burocratización juega un rol central en la historia, la administración partidista sustituye al paternalismo de los terratenientes y de la alta burguesía. El susodicho fenómeno hay que enmarcarlo entre la degeneración extrema del parlamentarismo, la concentración del capital, la degradación de las organizaciones obreras, la expansión del Estado y la profesionalización total de la política, hechos intensificados en la posguerra mundial. Podíamos también aludir a los vaivenes imperialistas, a la guerra fría, al “eurocomunismo”, a los procesos de modernización tecnológica y a la crisis energética, como otros tantos condicionantes de la fusión de la política, el Estado y el capitalismo nacional. Pero la patrimonialización del Estado por una clase política no alcanza su cenit y, por lo tanto, no desempeña un papel crucial, más que cuando proclama como objetivo único el crecimiento de la economía autónoma, es decir, el abandono del nacionalismo económico en pro del desarrollo mundial del Mercado. Entonces la clase política, apoyada en una extensa clientela creada con fondos y empleos públicos, se convierte en parte de la clase dominante. En una nueva burguesía, si se quiere. No es una clase subalterna, ni es toda clase dirigente (salvo en China); tampoco se trata de una clase nacional. Precisamente, cuando se internacionaliza deviene un elemento fundamental en las relaciones de producción impuestas por la globalización financiera. La partitocracia suprime la contradicción entre intereses nacionales e intereses globales al recrear en todas partes las mismas condiciones políticas óptimas para la expansión de la economía; por un lado, forjando al mismo tiempo una extensa red clientelar; por el otro, desactivando las protestas que emanan de la sociedad civil y aportando la violencia institucional allí donde falla la violencia económica. La economía no funciona sin el orden, y la partitocracia es, si no exactamente el orden, es un desorden que funciona en beneficio de la economía. Es el desorden establecido.

 LEER TEXTO COMPLETO

lunes, 28 de noviembre de 2011

ESPECIAL 5º ANIVERSARIO. LAS AVENTURAS de Nono - Jean Grave




AL PROFESORADO

Una nueva edición de «Las Aventuras de Nono», después de tres años de prueba práctica en la Escuela Moderna, donde es el libro favorito y ha colmado las esperanzas que nos hizo concebir, nos ofrece ocasión de manifestar que con él hemos obtenido excelentes resultados, porque, además de inspirarse en un criterio puramente científico y humano, se adapta perfectamente a la pedagogía racional.

Su lectura, comentada por los alumnos a excitación y bajo la dirección de los profesores, penetra en su inteligencia y en ella arraiga la convicción de que puede existir una Autonomía todo paz y felicidad, opuesta a esta Argirocracia en que vivimos, donde por efecto de injusticias sociales, todo es guerra y desdicha.

Libro tan en consonancia con lo natural, porque lo mismo evidencia cuanto hay de irracional, convencional y ficticio en la sociedad presente, es indicadísimo para la formación intelectual de las nuevas generaciones que han de instalar el régimen de ciencia en su fundamento y de solidaridad universal en sus consecuencias.
Por eso lo recomendamos a nuestros colegas.

El Director de la Escuela Moderna

F. FERRER GUARDIA


viernes, 11 de diciembre de 2009

AGITPROV. ¡Abajo los jefes! - Joseph Déjacque (1859)


Obrero decorador, especializado en papel pintado, poeta, revolucionario de los del 48 (1800, se entiende), preso político en diversas ocasiones, anarquista de los de la primera hornada, discípulo respondón de Proudhon, publicista de la Idea, migrante en el Nuevo Mundo, editor del primer periódico comunista libertario de la historia de los Estados Unidos, autor de El Humanisferio, utopía anárquica, Joseph Déjacque o Déjacques (1821-1864), según el caso, es conocido por haber entregado a la lengua francesa el neologismo libertaire.

Hasta hoy había permanecido inédito en castellano; con ¡Abajo los jefes! inauguramos nuestra propia Biblioteca Déjacque.


“Todo lo que no es la libertad está contra la libertad. La libertad no es cosa que se pueda conceder. No corresponde al capricho de cualquier personaje o comité de salud pública el decretarla o el entregarla como regalo. La dictadura puede cortar las cabezas de los hombres, pero no hacer que vuelvan a crecer y que se multipliquen; puede transformar las inteligencias en cadáveres; puede hacer que los esclavos se arrastren y agiten bajo su bota y su fusta, como si fuesen gusanos u orugas, aplastarlos bajo su dura pisada, pero sólo la libertad puede darles alas”.
- ¡Abajo los jefes! (1859).