"Ese juego insensato de escribir..." (El blog de Diego Luis Sanromán)
domingo, 12 de octubre de 2008
VOCES. 'Nivel 30': Stefano Tamburini según Kortatu
viernes, 17 de agosto de 2007
CAJA DE MÚSICA. LES NEGRESSES VERTES Y LA REINVENCIÓN DE LA TRADICIÓN

Los temas de Les Negresses evocaban además PARÍS. Así, con mayúsculas. Un París legendario que tal vez –precisamente por ser legendario- no había existido nunca, pero que podía situarse vagamente en la época de entreguerras. Allá por los años 30 y 40 del siglo pasado. Un París malevo, nocturno y existencialista en el que ellos vestían pañuelo rojo al cuello y camiseta de marino y ellas parecían escapadas de un tango de Gardel. Un París en el que los hombres habían vuelto a las cavernas para escuchar la música de los negros y se tarareaban canciones de Prévert y Vian; donde se follaba mucho, sobre todo si eras americano –lean, si no, a Miller-, y en el que la Grande Guerre se había olvidado lo suficiente como para que todos se precipitasen, alegres e inconscientes, hacía una nueva y más brutal carnicería. Un París en blanco y negro, como en las películas de Marcel Carné. En fin y como dijo el otro: una auténtica fiesta.
Es curioso, pero resulta más fácil traer a la memoria recuerdos postizos que auténticos recuerdos. Por eso me pierdo en evocaciones espectrales y pseudolíricas y, sin embargo, no soy capaz de acordarme de cuándo y cómo me enteré de la existencia de Las Negras. Pongamos que fue a comienzos de la segunda mitad de la década de los ochenta, pues acabo de informarme de que el primer disco data del 87, y que escuché algo suyo en Radio 3 o en La Cadena del Váter, únicas emisoras que, por entonces y acaso también ahora, podían programar algo así, o bien que algún colega que sabía lo que se cocía en lo musical me los dio a conocer. No sé y no importa. Sí es casi seguro que el tema en cuestión hablaba de una mosca incazable que se moría por las nalgas túrgidas de las jovencitas y por colarse en la mui de los que leen boquiabiertos la Biblia. Eh Ouais! C’est Zobie la Mouche!
Después ya no les perdí el rastro. De lejos y enlatados, porque nunca fui –por desgracia- a un concierto suyo (*), pero fiel hasta el final. Sus discos salían además de pascuas a ramos, lo cual los hacía aún más deseables. En los veinte años que han transcurrido desde su debú hasta el día de hoy, Les Negresses Vertes sólo han producido cinco LPs de estudio, si se excluyen múltiples remezclas de temas previamente grabados, recopilaciones y un directo registrado durante la gira del año 1996. Problemas con la discográfica, un gusto excesivo por la música en vivo y la muerte de Helno (Noël Rota) por sobredosis a comienzos de 1993 tuvieron, sin duda, la culpa. La desaparición del cantante supuso, de hecho, un punto de inflexión en una trayectoria que se diría animada por un curioso juego dialéctico. Zig-zague (1994), el disco grabado inmediatamente después de la tragedia, oscila entre la melancolía de Après la Pluie o Tango sous la Lune y la invitación a la juerga de Fanfaron o Ivresse, pero todas las canciones transpiran la presencia fantasmal del camarada muerto. Le sigue después el inesperado acercamiento a la electrónica, bajo la guía del productor Howie B, de Trabendo (1999), un disco al que se tarda en coger el punto, y finalmente el intento de síntesis entre la pachanga bullanguera de los orígenes y la elaboración cibernética del final: Acousting Clubbing (2001), uno de mis favoritos. Ya se sabe: afirmación, negación y negación de la negación.
Pero mejor me callo y dejo que los escuchéis.
3. Mambo Show.

4. La Gadoue (avec Jane Birkin).
martes, 8 de mayo de 2007
PEQUEÑA FILMOTECA PORTÁTIL. Richard Kern y el Cine de la Transgresión

Richard Kern nace en Carolina del Norte en el año 1954. A finales de los setenta se muda a la ciudad de Nueva York y va a parar al Lower East Side de Manhattan. Aprovechando los últimos rescoldos del punk y el nacimiento de la No Wave, artistas de distintas disciplinas están poniendo entonces en marcha un movimiento de contestación al baboso consenso de la era Reagan, que acaba de iniciarse. Por allí andan David Wojnarowicz, Lidia Lunch, la de los Teenage Jesus and the Jerks, Tommy Turner, Beth B y su compañero, Lung Leg o Nick Zedd, algo así como el padre intelectual de lo que, desde mediados de la década de los ochenta, vendrá a ser conocido como Cinema of Transgression.
El cine de la transgresión es un cine pobre, construido literalmente a partir de desechos: en muchas ocasiones el material fílmico procede del cubo de la basura o es producto del robo. Es un cine de mierda. Se alimenta además de lo que la potente industria del espectáculo ha ido arrojando a los márgenes de los circuitos comerciales: sobre todo, del fantástico y el terror de serie Z y de las películas pornográficas. Los referentes estéticos, los elementos temáticos (Sex & Drugs & Rock’n’roll) son los mismos que los del punk y derivados y no es extraño que sus cultivadores transiten con comodidad entre las pequeñas salas de conciertos del Bajo Manhattan y los platós de rodaje improvisados en apartamentos cochambrosos. Sin embargo y a pesar de ser un cine de rechazo y ruptura, también se asienta en una tradición torcida y es mucho lo que toma de la mordiente contestaria del viejo cine underground de los sesenta: Anger, Smith, Warhol y todos esos. Pero no le basta: el Cine de la Transgresión quiere superarlo. “Rompe tantas reglas como puedas”, recomienda Zedd en su Manifiesto. “Un film que no impacte –añade- no merece ser visto”.
Los trabajos que Kern va a producir, dirigir, fotografiar y, a veces, protagonizar se ciñen perfectamente a este imperativo de la ausencia de imperativos, a esta libertad que quiere escapar a cualquier tipo de constricciones morales o estéticas y que no se impone acaso más regla que la siguiente: “haz lo que te salga de los cojones u ovarios, se breve y no des el coñazo”. La primera película de Kern, un paseo por las tiendas de pornografía de la calle 42, lleva por título Goodbye 42 Street y está rodada en el año 1983. A ésta le sigue un par de cortos hiperrealistas en los que el cineasta retrata los efectos inmediatos de la heroína. Después rueda You Killed Me First, Woman at the Wheel, Thrust in Me, Submit to Me, Stray Dogs y así hasta cerca de una decena de películas, todas durante el año 1985. A finales de la década la fiebre productiva de Kern sufre una severa recaída; con las venas hinchadas de jaco, vagabundea por las calles de Frisco. Retorna, como un fantasma, a comienzos de los noventa: graba video-clips para músicos como Sonic Youth o Marilyn Manson y vuelve a rodar películas que nada han perdido de la crudeza y mala baba de antaño, pero ahora se dedica fundamentalmente a la imagen fija.
Selección de películas
You Killed Me First (1985). Uno de los primeros cortos de Kern. Drama familiar salido de madre protagonizado por una arrebatadora Lung Leg y por el artista plástico David Wojnarowicz. La versión que hay disponible en Youtube presenta una merma importante: está amputada; faltan alrededor de seis minutos de metraje.
Thrust in Me (1985). Realizada al alimón con Nick Zedd, que se desdobla en los protagonistas femenino y masculino de la película, es una de las cuatro historias que conforman ese fresco sobre el scum neoyorquino que es Manhattan Love Suicides. La música de la banda sonora es de The Dream Syndicate. No diré mucho, para no revelar sorpresas antes de tiempo; tan sólo una advertencia: absténgase creyentes en el Crucificado y no aficionad@s al sexo oral.
Stray Dogs (1985). Como la anterior, fue incluida en Manhattan Love Suicides. David Wojnarowicz y Will Rice, el que fuera Pope de la escena artística del Lower East Side, frente a frente en una pequeña comedia sobre la relación del fan y el objeto de su veneración.
My Nightmare (1993). Última película de Richard Kern, al menos por lo que sé. Sobre la esencia masturbatoria de las prácticas artísticas; valga con esto.
1. You Killed Me First
3. Stray Dogs
Manifiesto del Cine de la Transgresión – Nick Zedd (1984)
Nosotros, que hemos violado las leyes, mandatos y deberes de la vanguardia -i. e. aburrir, sedar y ofuscar mediante un proceso parasitario dictado por la conveniencia práctica- nos declaramos culpables de los cargos. Renunciamos abiertamente a y rechazamos el arraigado esnobismo académico que erige monumentos a esa pereza conocida como estructuralismo y se dedica a expulsar a aquellos cineastas que poseen la capacidad de ver a través de su mascarada.
Rechazamos asimilar su fácil enfoque sobre la creatividad cinemática; un enfoque que arruinó el underground de los sesenta cuando el azote de la Escuela de Cine se hizo con el control. Al legitimizar cualquier estúpida manifestación de cine blandengue llevada a cabo por una generación de estudiantes engañados, los lúgubres media de los centros artísticos y los críticos cinematográficos han ignorado completamente los estimulantes logros de los que se encuentran en nuestras filas: underground invisibles como Zedd, Kern, Turner, Klemann, DeLanda, Eros y Mare, y DirectArt Ltd., una nueva generación de cineastas que se atreven a desgarrar los rígidos corsés de la teoría cinematográfica en un ataque directo contra cualquier sistema de valores conocido por el hombre.
Proponemos que todas las escuelas de cine salten por los aires y que no vuelva a hacerse ninguna película aburrida. Afirmamos que el sentido del humor es un elemento esencial descartado por académicos seniles y, aun más, que un film que no impacte no merece ser visto. Todos los valores deben ser cuestionados. Nada es sagrado. Todo debe ponerse en cuestión y ser reconsiderado para liberar nuestras mentes de la fe en la tradición. El desarrollo intelectual exige tomar riesgos y que se produzcan cambios en los ámbitos político, sexual y estético, no importa quien pueda desaprobarlos. Nos proponemos ir más allá de todos los límites prescritos o establecidos por el gusto, la moralidad o cualquier otro sistema tradicional de valores que constriña la mente de los hombres. Nosotros pasamos por encima de las fronteras de los milímetros, las pantallas y los proyectores para alcanzar un estado de cine expandido.
Violamos el mandamiento y la ley que dice que debemos aburrir mortalmente a la audiencia en rituales de circunlocución y proponemos romper todos los tabúes de nuestra época pecando cuanto nos sea posible. Habrá sangre, vergüenza, dolor y éxtasis, en una forma en la que nadie se ha imaginado aún. Nadie saldrá ileso. Puesto que no hay vida después de la muerte, el único infierno es el infierno del rezo, de obedecer las leyes y de rebajarse ante las figuras de autoridad; y el único cielo es el cielo del pecado, de ser rebelde, divertirse, follar, aprender cosas nuevas y romper tantas reglas como puedas. Este acto de coraje se conoce como transgresión. Proponemos la transformación mediante la transgresión: convertirnos, transfigurarnos y transmutarnos en un plano más elevado de existencia para alcanzar la libertad en un mundo lleno de esclavos inconscientes.
Nick Zedd (Foto: Echo Dannon)
Cinema of Transgression Manifesto by Nick Zedd
We who have violated the laws, commands and duties of the avant-garde; i.e. to bore, tranquilize and obfuscate through a fluke process dictated by practical convenience stand guilty as charged. We openly renounce and reject the entrenched academic snobbery which erected a monument to laziness known as structuralism and proceeded to lock out those filmmakers who possesed the vision to see through this charade.
We refuse to take their easy approach to cinematic creativity; an approach which ruined the underground of the sixties when the scourge of the film school took over. Legitimising every mindless manifestation of sloppy movie making undertaken by a generation of misled film students, the dreary media arts centres and geriatic cinema critics have totally ignored the exhilarating accomplishments of those in our rank - such underground invisibles as Zedd, Kern, Turner, Klemann, DeLanda, Eros and Mare, and DirectArt Ltd, a new generation of filmmakers daring to rip out of the stifling straight jackets of film theory in a direct attack on every value system known to man.
We propose that all film schools be blown up and all boring films never be made again. We propose that a sense of humour is an essential element discarded by the doddering academics and further, that any film which doesn’t shock isn’t worth looking at. All values must be challenged. Nothing is sacred. Everything must be questioned and reassessed in order to free our minds from the faith of tradition.Intellectual growth demands that risks be taken and changes occur in political, sexual and aesthetic alignments no matter who disapproves. We propose to go beyond all limits set or prescribed by taste, morality or any other traditional value system shackling the minds of men. We pass beyond and go over boundaries of millimeters, screens and projectors to a state of expanded cinema.
We violate the command and law that we bore audiences to death in rituals of circumlocution and propose to break all the taboos of our age by sinning as much as possible. There will be blood, shame, pain and ecstasy, the likes of which no one has yet imagined. None shall emerge unscathed. Since there is no afterlife, the only hell is the hell of praying, obeying laws, and debasing yourself before authority figures, the only heaven is the heaven of sin, being rebellious, having fun, fucking, learning new things and breaking as many rules as you can. This act of courage is known as transgression. We propose transformation through transgression - to convert, transfigure and transmute into a higher plane of existence in order to approach freedom in a world full of unknowing slaves.
MÁS SOBRE EL CINE DE LA TRANSGRESIÓN EN LA RED:
jueves, 29 de marzo de 2007
CAJA DE MÚSICA. Joy Division: Danger, Always Danger

Con todo, el concierto que nos interesa no es el de los Groovies, sino otro que se celebró apenas un par de semanas después del citado en el Manchester Lesser Free Trade Hall, casi 300 kilómetros al norte de la ciudad de Londres, y en el que algunos de los que entonces bailaban pogo al son del punk-surf ramoniano se contorsionan ahora sobre las tablas de la escena. Cuenta la leyenda que el proceso de gestación de lo que primero sería Warsaw y después Joy Division arranca justamente de aquí, de esta actuación que los Pistols ofrecen el día 20 de julio ante un público poco numeroso pero muy entregado en la parte alta de la isla. Winterbottom, en su 24 Hour Party People (2002), aprovecha incluso para reunir en la sala a los más destacados representantes de lo que años más tarde se conocería como ‘Sonido Manchester’. Tony Wilson, Martin Hannett, Shaun Ryder o Mick Hucknall comparten sudor y codazos con algún que otro miembro de los Buzzcocks o de los futuros Smiths, pero también con un par de jóvenes ex -skins que han bajado al Trade Hall desde el barrio obrero de Salford: Bernard Sumner y Peter Hook, que al parecer son colegas desde antiguo.
Foto: Kevin Cummins (1979)Sumner y Hook no recuerdan con exactitud el concierto en el que el feliz encuentro con Ian Curtis tuvo lugar, así que es muy probable que el relato de aquella actuación a la que sólo asistieron unas cuatro decenas de personas y que habría sido la matriz de un más-allá-del-punk caiga más bien del lado de lo mitológico. En cualquier caso y como afirma el proverbio italiano, ‘se non è vero, è ben trovato’. Porque el punk había reventado los esquemas de la representación artística, incluso aquellos en los que evolucionaba la música rock, aún situada en los márgenes de la expresión cultural y condenada, conforme al discurso dominante, a ser producto de consumo de una juventud más o menos socialmente inadaptada. Pero era preciso superar sus propuestas estéticas si no se quería caer en un manierismo hueco o en el gesto rebeloide fácilmente recuperable por la industria musical. “Bernard Sumner es tan listo que molesta –sentencia Tony Wilson-. Una vez dijo que la vitalidad del punk-rock estribaba en haber rescatado la música de la basura y haberla devuelto a la realidad. Pero el vocabulario del punk era limitado; solo podía expresar cosas como ‘jódete’ o ‘estoy aburrido’. Bernard dijo que tarde o temprano alguien tomaría la energía y la inspiración del punk y las canalizaría hacia emociones más complejas. Y esto es lo que hicieron Joy Division. En lugar de decir ‘vete a la mierda’, dijeron ‘estoy hecho una mierda’. De esta manera inventaron el post-punk y regeneraron una gran forma artística, el rock’n’roll”.
La primera formación del grupo incluía, pues, a Sumner, Hook y Curtis, y también a Terry Mason, que primero se ocuparía de las baquetas y más tarde del managering de la banda. Los dos primeros procedían de la zona norte de Manchester, viejo páramo de la primera revolución industrial perpetuamente cubierto por la neblina apestosa que emanaba de las fábricas de productos químicos y textiles. Martin Hannett, futuro productor y, en buena medida, principal responsable del sonido ‘Joy Division’, lo recordaba así en 1989: “Es como una ciudad de ciencia ficción. Todo es arqueología industrial, plantas químicas, almacenes, canales, vías de tren, carreteras que no tienen ninguna consideración por las zonas que atraviesan. En el norte de Manchester la incidencia de enfermedades graves es un 50 % superior al del resto del país. Deprimente, ¿verdad?”. Ian Curtis, por su parte, procedía de los bloques de viviendas de Park View, en Macclesfield, pero se había criado lejos de la pesadilla post-industrial de Salford, en Hurdsfield, donde todavía era posible pisar más hierba que cemento y donde los arroyos aún no estaban contaminados del todo por los residuos fabriles.
Foto: Kevin Cummins (1979)Parece ser que la idea de formar la banda partió de Hook, Sumner y Mason. Inmediatamente se hicieron con un bajo, una guitarra y una batería; sólo les faltaba alguien que se ocupase de ponerle voz al conjunto. A Curtis ya lo conocían porque todos frecuentaban los mismos pubs y salas de conciertos, pero fue preciso que mediase un anuncio solicitando cantante sobre la puerta de una tienda de discos de la ciudad para que el chico de Park View se incorporase al proyecto. Sus padrinos de pila fueron los Buzzcocks, que les sugirieron presentarse bajo el nombre de Stiff Kittens, una denominación que nunca satisfizo a Ian y los demás. De hecho, cuando el 29 de mayo de 1977 llegó el momento de su presentación en el Electric Circus, la banda cambió de nombre y de batería. Mason, que no se sentía muy seguro de su destreza con la percusión, cedió los palillos a Toni Tabac; y el grupo decidió transformarse en Warsaw, sin duda en homenaje a ‘Warszawa’, un tema que David Bowie había incluido en su disco ‘Low’, publicado a comienzos de ese mismo año. Esa noche Warsaw acompañó en el cartel y en el escenario a los Buzzcocks y a Penetration.
El sonido del grupo fue tomando forma durante los años 1977 y 1978. Todos los sábados por la tarde se reunía para ensayar durante unas tres horas –el resto de la semana no era posible porque todos sus miembros trabajaban- y cuando tenía ocasión tocaba en garitos punk de la ciudad como el Circus o el Rafters. El local de ensayo estaba emplazado en T. J. Davidson’s, un viejo almacén textil situado muy cerca de la estación de Deansgate, a pocos pasos del centro de Manchester, y que ya ha sido demolido. “Nadie sabía tocar –confiesa Sumner-, de manera que nos estrujamos el cerebro para como mínimo hacer algo original. Aprendimos a tocar dentro de nuestras limitaciones. Lo que hacíamos era simple y enérgico”. A Warsaw tampoco le sobraban los medios técnicos; Peter Hook, por ejemplo, se veía obligado a interpretar las líneas melódicas del bajo en la parte superior del mástil porque su equipo era tan malo que de otra manera no lograba captar los sonidos que emitía. Curiosamente, será la peculiar forma de tocar el bajo de Hook, que se aleja de su función habitual en la música rock como simple componente de la base rítmica para ocupar una posición dominante en la estructura de las composiciones, la que más contribuya a generar ese nuevo estilo que será el propio de Joy Division, primero, y de New Order, algunos años después.
Foto: Philippe CarlyTabac tampoco duró demasiado tras el bombo. De hecho, no llegaría ni a participar en la primera grabación del grupo: cinco canciones aún pegadas al sonido sucio y agresivo del punk que serían conocidas como The Warsaw Demo, y para cuya realización se solicitó la ayuda de Steve Brotherdale, que también le daba a la batería en Panik, otra formación mancuniana. La implicación de Brotherdale no pasaría, sin embargo, de ahí. De vuelta del estudio, le hicieron bajar para que comprobase las ruedas del vehículo y lo abandonaron en la cuneta. El cuarto miembro de Warsaw iba a ser reclutado utilizando el mismo método que había atraído a Ian Curtis a la banda. En esta ocasión, el que respondió al anuncio fue Stephen Morris, otro chaval de Macclesfield al que Curtis recordaba de sus años escolares. “¿Que si eran ‘outsiders’ por ser de Macclesfield? –se pregunta Peter Hook-. Sí, en cierto modo. Macclesfield son colinas verdes y espacios abiertos. Stephen e Ian estaban como una puta cabra”. Morris sí llegó para quedarse. El modo en que golpeaba la batería, cercana a la mecánica del krautrock, “much simpler; faster but slower” (como le aleccionará el Martin Hannett de la película de Winterbottom), impregnado además de cierto aire de oscura marcialidad, terminará por asentar el estilo de los futuros Joy Division.
Warsaw no acababa de estar a gusto con su nombre. Por otro lado, había en Londres una banda autonominada Warsaw Pakt y lo mejor era adelantarse a las posibles confusiones, ahora que el grupo había empezado a registrar sus temas. La inspiración para rebautizar a la banda provino de La Casa de las Muñecas (1956), una novela del escritor polaco-israelí Ka-tzetnik 135633 (Yehiel De-Nur) en la que se narraban las vicisitudes de las Divisiones de la Alegría, grupos de esclavas sexuales de origen judío que, en los campos de exterminio, se dedicaban a aliviar la libido de sus verdugos nacionalsocialistas. La banda pasaría, pues, a llamarse Joy Division a finales del año 1977, una denominación que inmediatamente suscitó acusaciones de filofascismo desde los más diversos sectores. El Tony Wilson de 24 Hour Party People sale al paso de la imputación de simpatías nazis con la siguiente respuesta (cito de memoria): “¿Ha oído hablar de postmodernidad? También tenemos [en referencia a su compañía, Factory Records] un grupo que se llama The Durutti Column”. Y es cierto: el punk había llevado a cabo un vaciamiento y un tratamiento irónico de la iconografía política que, en cierto modo, recordaba a los détournements situacionistas. Los Sex Pistols podían combinar, por ejemplo y sin ningún tipo de complejos, un retrato de Karl Marx impreso en una camiseta cuajada de desgarrones con una esvástica prendida a la chupa de cuero con un imperdible oxidado. La mezcla de símbolos tan contradictorios tenía un efecto de anárquica provocación. Los más recalcitrantes podían –y pueden- además escuchar con un mínimo de atención canciones como Leaders of Men o They Marched in Line para abandonar definitivamente su error: de fascismo, nada. Más bien todo lo contrario.
Cartel diseñado por P. SavilleEn diciembre del 77 el grupo graba sus primeras sesiones bajo la nueva denominación. La primera actuación como Joy Division se produce el 25 de enero del año siguiente. En junio debutan con Short Circuit y, poco después, lanzan al mercado An Ideal for Living, un EP en el que se recogen las grabaciones de diciembre. Dos de sus canciones son incluidas en A Factory Sample, un disco que aparece a finales de año y en el que Tony Wilson (de Granada Television) quiere presentar a los artistas que forman parte del sello discográfico que está poniendo en marcha. Poco a poco, la banda va ganando notoriedad. A comienzos de 1979, Ian Curtis aparece en la portada de la revista New Musical Express y John Peel los invita a tocar en su programa de la BBC1. La grabación de su primer LP arranca en abril de ese mismo año. De la producción del disco se ocupa –como ya se dijo- Martin Hannett que, previamente, había interpretado el bajo y producido Disguise in Love para John Cooper Clarke y que va inspirarse en el Strange Days de los Doors para dotar a la banda de un sonido propio y con pocos antecedentes claros.
El disco sale poco después a la calle con el título de Unknown Pleasures. La portada, completamente negra sin referencias al nombre de la banda o del álbum y en la que se sobreimprimen los grafos en blanco de las últimas pulsaciones de una estrella moribunda registradas por el pulsar CP 1919, es obra de Peter Saville, co-fundador, junto a Wilson y Hannett, de la Factory Records. El sonido es extraño, denso, literalmente inaudito; las trepidaciones del punk se han atemperado, sometido a un ritmo cavernoso, telúrico –no sé como decirlo-, y las letras se han cargado de un poderío lírico y tenebroso al que ningún grupo de la época se había acercado ni siquiera de lejos. Stephen Morris abre fuego en Disorder, la primera canción del disco, después entra el bajo de Hook, más tarde se escuchan los riffs de Bernard ‘Albrecht’ Sumner, y al final la voz algo trémula de Curtis que canta: “I’ve been waiting for a guide to come and take me by the hand, / Could these sensations make me feel the pleasures of a normal man?” Le siguen nueve canciones más, algunas de las cuales (New Dawn Fades o She’s Lost Control, por ejemplo) se convertirán con el tiempo en auténticos clásicos de la música rock de finales de los setenta.
Foto: Pierre-René Worms (1979)En octubre del 79 Joy Division se embarca en una gira por toda la isla junto a la banda de Howard Devoto, un viejo conocido. Durante mes y medio hacen de teloneros de los Buzzcocks en salas con un aforo de más de 2000 personas. El disco se vende bien; las juergas y las borracheras se suceden. En el escenario, la banda es tan contenida como en sus grabaciones de estudio. Acaso con la excepción de Ian, cuya extraño modo de coreografiar los temas que interpretan sus compañeros se hará ilustre. Unas veces parece entrar en trance; otras se asemeja a un enajenado que se creyese un soldado desfilando al son de una marcha militar descoyuntada; y hay ocasiones, en fin, en que uno diría que está sufriendo descargas de alto voltaje. Sus contorsiones, sin embargo, no eran siempre voluntarias. Según se dice, y mientras duró la gira, Curtis tuvo ataques epilépticos sobre el escenario casi cada noche. “Confusion in her eyes that says it all –había escrito poco antes en She’s lost Control- / And a voice that told her when and where to act”. Muchas de las actuaciones del tour europeo que el grupo emprendería en enero del año siguiente tendrán que suspenderse precisamente a causa del precario estado de salud de su cantante.
En marzo, cuando la gira por Europa llega a su fin, el grupo se encierra de nuevo con Hannett en los Britania Row Studios de Islington. Closer está listo en apenas una docena de días. Cuando salga al mercado, el 12 de julio de 1980, será ya un disco póstumo. Es un álbum que ahonda en los elementos que habían dotado de su idiosincrasia a Unknown Pleasures, pero tal vez más sombrío –si es que algo así era posible- y también algo más barroco. Abundan los efectos de estudio y el recurso a la electrónica, algo que Joy Division ya había venido cultivando en realidad desde los tiempos de Warsaw (Cf. As you Said) y que probablemente se debía al influjo de Kraftwerk, uno de los referentes fundamentales de la banda. Su primera canción es la aterradora Atrocity Exhibition, inspirada en la novela de igual título de J. G. Ballard, uno de los autores preferidos de Curtis. El corte dos es la premonitoria Isolation: “Mother I tried please believe me –canta Ian-, / I’m doing the best that I can. / I’m ashamed of the things I’ve been put through, / I’m ashamed of the person I am”. Vienen después Passover, Colony, A Means to an End, Heart and Soul, 24 Hours, The Eternal y Decades. La portada incluye una fotografía de Bernard Pierre Wolff, tratada por Martin Atkins y Peter Saville, en la que pueden verse imágenes del Cimitero Monumentale di Staglieno en Génova. Una elección un tanto luctuosa que no sólo justifica el contenido del disco, sino también el hecho de que Ian Curtis llevase ya un par de meses bajo tierra.
Foto: Kevin Cummins (1979)Ian Curtis era un padre de familia recién estrenado. Todavía no había sido capaz de escapar a su condición proletaria, pero parecía que las cosas empezaban a mejorar. Joy Division había satisfecho en cierta medida sus deseos de transformarse en escritor, de mostrar ante el público todo lo que llevaba en las entrañas. En abril, Joy Division había lanzado Love will Tear us Apart, un tema que conseguiría encaramarse hasta el número trece de las listas inglesas y que ayudaría al grupo a elevarse por encima de los medios underground en los que se había desplazado hasta entonces. El tema se alejaba de la temática habitual en el cancionero de Curtis, y tal vez debiera a eso su éxito. Sin embargo, apuntaba a una situación complicada y a una herida de cierta profundidad: su matrimonio con Deborah, a la que conocía desde los dieciséis años y con la que se había casado en 1975, se estaba viniendo abajo a causa de sus escarceos con una groupie belga llamada Annik Honoré. “Why is the bedroom so cold? –se cuestionaba Ian en algún momento- / You’ve turned away on your side / Is my timing that flawed?”
El día 18 de mayo de 1980 caía en domingo. Al día siguiente, Stephen, Bernard, Peter e Ian tenían que tomar un avión que los llevaría hacía su gira de conciertos por los Estados Unidos de Norteamérica. Al llegar a casa, Ian persuadió a Deborah para que se llevase a la niña y pasasen la noche en casa de los padres de ella. Cuentan que pinchó The Idiot de Iggy Pop en el tocadiscos familiar, y podemos imaginárnoslo escuchando aquello de “Calling sister midnight […] / Can you hear me at all / Calling sister midnight / I’m an idiot for you / Calling sister midnight / I’m a breakage inside”. Versos que, desde luego, no invitan a escapar de la melancolía. Antes o después, estuvo viendo Stroszek, una película del año 77 dirigida por Werner Herzog, uno de sus cineastas de cabecera. Curiosamente, la película narra las desventuras de Bruno Stroszek, un ex –presidiario alcohólico que malvive como músico callejero por las calles de Berlín y que decide emprender viaje hacia los Estados Unidos en compañía de una prostituta aún más asendereada que él. “En estos momentos me gustaría estar muerto”, dejó escrito y después se colgó del techo de la cocina. Esteta hasta el final, se diría que Ian había cuidado hasta el último detalle para hacer de su muerte también una pieza lírica. “Solía fantasear –recuerda su viuda- con la idea de quitarse la vida, con la idea romántica de morir joven. Todas las personas a las que admiraba ya no están vivas. Era lo que quería, ser como ellas”.
Stephen MorrisJoy Division no sobrevivió a la muerte de su cantante, pero se reencarnó en New Order. Los N. O. iniciales no era otra cosa que Joy Division – Ian Curtis + Gillian Gilbert. Su primer disco se publicó en noviembre de 1981 e incluía ocho canciones que querían sonar de forma explícita como Joy Division. Como los anteriores, estaba producido por Hannett y hasta el bueno de Bernard Sumner hacía lo posible para resucitar la voz de Curtis en su garganta. Pero eso era todo. Joy Division había desaparecido con su cantante y, por fortuna, los supervivientes se dieron cuenta a tiempo de que era un cadáver que no podía ser reanimado. El suicidio de Ian ayudó –es lo habitual; los mártires del rock’n’roll siempre han sido un negocio rentable- a que los discos de Joy Division aumentaran su cuota de mercado durante algún tiempo. Después la novedad de la tragedia fue perdiendo brillo hasta que el fantasma de Curtis casi se esfumó. Pedro Ortega y Alberto Monreal, del fanzine Maldoror, aún podían escribir a mediados de 1996: “En la época del post-grunge, del Indie-pop y del ambient-dance, nadie parece reparar ya en la memoria histórica de un mito tan oscuro y violento como el de Joy Division. Sustituido por Kurt Cobain, y negado al olimpo donde descansan las grandes estrellas del rock suicida como Jim Morrison o Jimi Hendrix, Ian Curtis ha sido ignorado sistemáticamente por los mass-media de forma casi repetitiva y continua”. Por mi parte, no estoy muy seguro de que “ser ignorado por los mass-media” no sea una bendición de los dioses, pero de lo que no me cabe duda alguna es de que, diez años después, Curtis ya no puede disfrutar de las dulzuras del olvido. Poeta-profeta del desconcierto de la blank generation, Ian y también Joy Division pueden presumir de haber abierto las puertas a mil estilos musicales finiseculares, de haber contribuido al parto de eso que ahora se llama post-rock y de haber traído al mundo una buena recua de saludables nietecitos: (que cada cual ponga tras los dos puntos aquellos que sean de su preferencia).
[El testimonio de los implicados está extraído del artículo Joy Division - The outsider, traducido por Ferrán Llauradó para la revista Rock de Luxe, mayo de 2005.]
Y a continuación:
- Algo de Joy Division (y Warsaw).
- Joy Division en imágenes (vídeos).
- Joy Division según los otros (versiones).
- Joy Division en el cine.
-Letras de canciones (en castellano).
IAN CURTIS Y JOY DIVISION EN LA RED.
ANTES EN CAJA DE MÚSICA.
martes, 26 de diciembre de 2006
ARTAUD. Antonin Artaud según Bauhaus.

The young man held a gun to the head of God
Stick this holy cow
Put the audience in action
Let the slaughtered take a bow
The old man's words, white hot knives
Slicing through warm butter
The butter is the heart
The rancid peeling soul
Scratch pictures on asylum walls
Broken nails and matchsticks hypodermic hypodermic hypodermic RED FIX
One man's poison another man's meat
One man's agony another man's treat
Artaud lived with his neck paced firmly in the noose
Eyes black with pain,
Limbs in cramps contorted
The theatre and its double
The void and the aborted
THOSE INDIANS WANK ON HIS BONES (repeat).
Segundo corte del disco Burning from the Inside (1983).
miércoles, 6 de diciembre de 2006
TENGO UNA CITA. Enrico Brizzi
Blood, Shit & Cum - g.g. allin
John Coltrane


