"Ese juego insensato de escribir..." (El blog de Diego Luis Sanromán)
sábado, 27 de abril de 2013
TENGO UNA CITA. Benjamin y los libros.
domingo, 1 de agosto de 2010
TENGO UNA CITA. Georges Bataille y el Lenguaje de las Flores

*Georges Bataille, Le langage des fleurs, Documents Nº 3 (1929), pp. 160-164. La versión castellana es obra de Silvio Mattoni y procede de La conjuración sagrada. Ensayos 1929-1939, Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires, 2003.
jueves, 4 de febrero de 2010
TENGO UNA CITA. Federico García Lorca
viernes, 6 de noviembre de 2009
TENGO UNA CITA. Günther Anders (1902-1992)

miércoles, 5 de agosto de 2009
TENGO UNA CITA. William S. Burroughs
jueves, 19 de febrero de 2009
TENGO UNA CITA. Frédéric Beigbeder

miércoles, 17 de diciembre de 2008
TENGO UNA CITA. John Fante (1909-1983)

martes, 28 de octubre de 2008
DI-VERSOS / TENGO UNA CITA. Splash - Charles Bukowski

feel it?
miércoles, 27 de agosto de 2008
TENGO UNA CITA. Louis Aragon (1897-1982)
viernes, 21 de marzo de 2008
TENGO UNA CITA. Erwin Schrödinger (1887-1961)

miércoles, 16 de enero de 2008
TENGO UNA CITA. Pierre Guyotat

martes, 27 de noviembre de 2007
TENGO UNA CITA. RAYMOND CHANDLER (1888-1959)

viernes, 19 de octubre de 2007
TENGO UNA CITA. PESSOA DE NOVO.
Quando falo com sinceridade não sei com que sinceridade falo. Sou variamente outro do que um eu que não sei se existe (se é esses outros).

domingo, 7 de octubre de 2007
TENGO UNA CITA. PEQUEÑO FLORILEGIO NIETZSCHEANO.

miércoles, 5 de septiembre de 2007
TENGO UNA CITA. THOMAS HARRIS
miércoles, 15 de agosto de 2007
TENGO UNA CITA. RAOUL VANEIGEM.

miércoles, 20 de junio de 2007
TENGO UNA CITA. FERNANDO PESSOA (1888-1935)

Estas páginas, em que registo com uma clareza que dura para elas, agora mesmo as reli e me interrogo. Que é isto, e para que é isto? Quem sou quando sinto? Que coisa morro quando sou?
Como alguém que, de muito alto, tente distinguir as vidas do vale, eu assim mesmo me contemplo de um cimo, e sou, com tudo, uma paisagem indistinta e confusa.

Sou como alguém que procura ao acaso, não sabendo onde foi oculto o objecto que lhe não disseram o que é. Jogamos às escondidas com ninguém. Há, algures, um subterfúgio transcendente, uma divindade fluida e só ouvida.
Releio, sim, estas páginas que representam horas pobres, pequenos sossegos ou ilusões, grandes esperanças desviadas para a paisagem, mágoas como quartos onde se não entra, certas vozes, um grande cansaço, o evangelho por escrever.
Cada um tem a sua vaidade, e a vaidade de cada um é o seu esquecimento de que há outros com alma igual. A minha vaidade são algumas páginas, uns trechos, certas dúvidas...
Releio? Menti! Não ouso reler. Não posso reler. De que me serve reler? O que está ali é outro. Já não compreendo nada...
GRANDES SAO OS DESERTOS... (ÁLVARO CAMPOS)
viernes, 25 de mayo de 2007
TENGO UNA CITA. Marcel Schwob (1867-1905)
"El arte es lo contrario de las ideas generales, sólo describe lo individual, no desea más que lo único. No clasifica: desclasifica. En lo que nos atañe, nuestras ideas generales pueden ser semejantes a las que circulan en el planeta Marte mientras tres líneas que se cortan forman un triángulo en todos los puntos del universo. Pero mirad una hoja de árbol, con sus caprichosas nervaduras, sus tonos variados por la sombra y el sol, la hinchazón que en ella levanta la caída de una gota de lluvia, la picadura dejada por un insecto, la huella argentada del pequeño caracol, el primer dorado mortal con que la marca el otoño; os desafío a buscar una hoja exactamente igual en todos los grandes bosques de la tierra. No hay ciencia del tegumento de un folíolo, de los filamentos de una celdilla, de la curvatura de una vena, de la manía de un hábito, de las rarezas de un carácter. Que tal persona haya tenido la nariz torcida, un ojo más alto que el otro, o nudosa la articulación del brazo; que haya solido comer pechuga de pollo a tal hora, que haya preferido el Malvoisie al Château-Margaux, eso sí que no tiene paralelo en el mundo."sábado, 5 de mayo de 2007
TENGO UNA CITA. Friedrich Engels (1820-1895)


El segundo descubrimiento importante de Marx consiste en haber puesto definitivamente en claro la relación entre el capital y el trabajo; en otros términos, en haber demostrado cómo se opera, dentro de la sociedad actual, con el modo de producción capitalista, la explotación del obrero por el capitalista. Desde que la Economía Política sentó la tesis de que el trabajo es la fuente de toda riqueza y de todo valor, era inevitable esta pregunta: ¿cómo se concilia esto con el hecho de que el obrero no perciba la suma total de valor creada por su trabajo, sino que tenga que ceder una parte de ella al capitalista? Tanto los economistas burgueses como los socialistas se esforzaban por dar a esta pregunta una contestación científica sólida; pero en vano, hasta que por fin apareció Marx con la solución. Esta solución es la siguiente: El actual modo de producción capitalista tiene como premisa la existencia de dos clases sociales: de una parte, los capitalistas, que se hallan en posesión de los medios de producción y de sustento, y de otra parte, los proletarios, que, excluidos de esta posesión, sólo tienen una mercancía que vender: su fuerza de trabajo, mercancía que, por tanto, no tienen más remedio que vender, para entrar en posesión de los medios de sustento más indispensables. Pero el valor de un mercancía se determina por la cantidad de trabajo socialmente necesario invertido en su producción, y también, por tanto, en su reproducción; por consiguiente, el valor de la fuerza de trabajo de un hombre medio durante un día, un mes, un año, se determina por la cantidad de trabajo plasmada en la cantidad de medios de vida necesarios para el sustento de esta fuerza de trabajo durante un día, un mes o un año. Supongamos que los medios de vida para un día exijan seis horas de trabajo para su producción o, lo que es lo mismo, que el trabajo contenido en ellos represente una cantidad de trabajo de seis horas; en este caso, el valor de la fuerza de trabajo durante un día se expresará en una suma de dinero en la que se plasmen también seis horas de trabajo. Supongamos, además, que el capitalilsta para quien trabaja nuestro obrero le pague esta suma, es decir, el valor íntegro de su fuerza de trabajo. Ahora bien; si el obrero trabaja seis horas al día para el capitalista, habrá reembolsado a éste íntegramente su desembolso: seis horas de trabajo por seis horas de trabajo. Claro está que de este modo no quedaría nada para el capitalista; por eso éste concibe la cosa de un modo completamente distinto. Yo, dice él, no he comprado la fuerza de trabajo de este obrero por seis horas, sino por un día completo. Consiguientemente, hace que el obrero trabaje, según las circunstancias, 8, 10, 12, 14 y más horas, de tal modo que el producto de la séptima, de la octava y siguientes horas es el producto de un trabajo no retribuido, que, por el momento, se embolsa el capitalista. Por donde el obrero al servicio del capitalista no se limita a reponer el valor de su fuerza de trabajo, que se le paga, sino que, además crea una plusvalía que, por el momento, se apropia el capitalista y que luego se reparte con arreglo a determinadas leyes económicas entre toda la clase capitalista. Esta plusvalía forma el fondo básico del que emanan la renta del suelo, la ganancia, la acumulación de capital; en una palabra, todas las riquezas consumidas o acumuladas por las clases que no trabajan. De este modo, se comprobó que el enriquecimiento de los actuales capitalistas consiste en la apropiación del trabajo ajeno no retribuido, ni más ni menos que el de los esclavistas o el de los señores feudales, que explotaban el trabajo de los siervos, y que todas las formas de explotación sólo se diferencian por el distinto modo de apropiarse del trabajo no pagado. Y con esto, caían también por su base todas esas retóricas hipócritas de las clases poseedoras de que bajo el orden social vigente reinan el derecho y la justicia, la igualdad de derechos y deberes y la armonía general de intereses. Y la sociedad burguesa actual se desenmascaraba, no menos que las que la antecedieron, como un establecimiento grandioso montado para la explotación de la inmensa mayoría del pueblo por una minoría insignificante y cada vez más reducida."
FRIEDRICH ENGELS (1877).

miércoles, 4 de abril de 2007
TENGO UNA CITA. Robert Bresson (1969)




